L a guerra de patotas en la quinta de San Vicente dejó al desnudo un cadáver que no es el de Perón, sino el de todo un régimen político. En este caso, se trata de un cadáver insepulto. La patota es el método al que recurre este régimen capitalista, en forma sistemática, para derrotar las luchas populares. En las escalinatas de la Facultad de Medicina, hace unos meses, una patota de la burocracia no docente agredió a los estudiantes que luchan contra las camarillas profesorales, siguiendo las órdenes de Alterini, el candidato oficial al rectorado de la UBA. Esa misma patota ‘sindical’, pero en la condición oficial de servicio de seguridad privado, aterroriza a los estudiantes de Psicología de la UBA, orientados por la decana y el consejo directivo de la facultad. En Plaza Huincul, en Neuquén, una patota de la burocracia de la Uocra atacó a un piquete de maestros por orden del gobernador Sobisch, para derrotar una huelga docente. Es lo que se puede llamar ‘una política de Estado’. Kirchner la enunció, por primera vez, a principios de 2004, cuando declaró la intención de formar una “brigada anti-piquetera”. Por eso mismo, pretendió impedir hace un año el acceso de los movimientos populares a la Plaza de Mayo. Una patota encubierta atacó, en 2004, a los vendedores ambulantes que protestaban frente a la Legislatura contra un código de contravenciones infame. El ex ministro Beliz denunció que habían sido organizadas desde la Side. Una patota quiso también poner fin a la lucha del Hospital Francés, bajo las órdenes directas, nada menos, que del jefe de Gabinete, Alberto Fernández. En estos precisos momentos, patotas pagadas por Telefónica están impidiendo el acceso a los edificios de la empresa de los trabajadores que se encuentran realizando una huelga en los lugares de trabajo. La ‘oposición’ se queja, sólo algunas veces, es cierto, por estos actos que califica de “vandalismo”. Les opone la necesidad de “respetar las instituciones”. Pero fue esta misma ‘oposición’ la que acosó al gobierno con demandas de represión de los piqueteros, incluso después de la masacre de Puente Pueyrredón y especialmente desde entonces. Es ella la que está pidiendo ‘mano dura’ contra los asambleístas de Gualeguaychú. La que defiende a los gritos a la camarilla profesoral, ladrona de los fondos de la Universidad, que recurre a método patoteros. Los métodos ‘institucionales’ mostraron su calaña, en diciembre de 2001, cuando asesinaron a sangre fría a decenas de manifestantes. Las ‘instituciones’ sancionaron la flexibilidad laboral y la destrucción de los convenios colectivos a fuerza de tarjetas Banelco. Es absolutamente cierto que el gobierno es una camarilla que dirige los recursos del presupuesto para sus bolsillos. Pero el Congreso no le va a la zaga, pues no representa otra cosa que una suma de grupos de presión o de ‘lobbys’, que negocian cada proyecto o cada ley a cambio de contribuciones para la ‘caja’ de los bloques y sub-bloques. Los ‘institucionalistas’ no tienen empacho en juntarse con la Iglesia, que es, por excelencia, un gobierno de camarilla, secreto, conspiración y manipulación. La ‘oposición’ llama a “respetar las instituciones”, cuando el Poder Judicial es cómplice de los grandes delincuentes; la policía no otorga seguridad sino gatillo fácil, la Side espía y conspira contra sus ciudadanos; y todas ellas juntas son incapaces de encontrar a Jorge Julio López, por la simple razón de que es un testigo de cargo fundamental contra uno de los principales jefes de la mayor patota que hubiera habido en Argentina —la Bonaerense militarizada de Videla y de Camps. El Partido Obrero denuncia al régimen de camarillas y de atropello que representa el oficialismo, pero denuncia también la hipocresía y la infamia de una ‘oposición’ que se escuda en la fraseología de la ‘transparencia’ para esconder sus intereses económicos capitalistas y su profunda aversión a las luchas populares. En oposición a los políticos patronales ‘caudillistas’ y a los políticos patronales ‘institucionales’, el Partido Obrero plantea un gobierno obrero y socialista, el único que barrerá realmente a toda esta escoria al servicio de la violencia capitalista contra los trabajadores. La burocracia sindical contra el movimiento obrero Pero los acontecimientos de San Vicente han vuelto a mostrar algo más: que la burocracia sindical es incompatible con el movimiento obrero. No va a ser un régimen de pandillas el que va a organizar la defensa de la clase obrera contra la patronal. En efecto, hace décadas que la burocracia se empeña en destruir a los sindicatos como órganos de una lucha obrera. Quienes se han apoderado de los sindicatos como una propiedad privada, e incluso han formado empresas propias con los dineros sindicales o con la corrupción que les prodiga el Estado, no son ni pueden ser una valla contra la explotación, la miseria social, la injusticia y los atropellos patronales. El patoterismo es consustancial con la burocracia sindical porque constituye un método de atemorizamiento contra la base del movimiento obrero y un método de ‘disciplinamiento’ y de control de los trabajadores. ¡Por eso los patrones la apoyan! ¿Acaso no le han reforzado las cajas a la burocracia, en oportunidad de la firma de los convenios colectivos, con ‘contribuciones’ de decenas de miles de dólares? La patronal se queja de las patotas para la gilada, pero las sostiene y refuerza con su propio dinero. De este modo convierte a la burocracia en su capataz o supervisora de los trabajadores. Lo hemos visto este año cuando la burocracia firmó, sin discutir con nadie, un aumento ‘regulado’ de salarios, del 19% en cuotas, y convenios que refuerzan la flexibilidad laboral y la ‘tercerización’. Esto vale para los sindicatos de la CGT como los de la CTA; no es casual que los docentes y los estatales hayan sido los sectores que han perdido mayor poder adquisitivo de todo el movimiento obrero, desde 2002. Kirchner, las patronales y los ‘opositores’ quieren repetir la ‘hazaña’ en 2007; esta vez por un tope del 13%, que en promedio no llegará al 10%. La burocracia de los sindicatos no tiene la menor intención de recuperar el poder adquisitivo perdido, ni los derechos laborales, ni tampoco sacar del infierno al 60% de los obreros que ganan entre 600 y 900 pesos. La burocracia no ha siquiera planteado la cuestión del régimen jubilatorio, lo cual llevará a la miseria a cualquier trabajador que se retire hoy, porque no rige el 82% ni la movilidad. Las acusaciones oficiales y ‘opositoras’ por lo ocurrido en San Vicente son una pantalla: el tema es que los obreros ‘banquemos’ la ‘lucha contra la inflación’, resignando de nuevo salarios, jubilaciones y condiciones de trabajo. El gobierno de las patronales y los ‘opositores’, también de las patronales, no van a acabar con la burocracia sindical; ella forma parte del mismo régimen político. Cambia, todo cambia Pero es indudable que los hechos de San Vicente han puesto a la luz un nivel extraordinario de descomposición de la burocracia sindical. No puede manejarse con la ‘comodidad’ de otros tiempos. Como es incapaz de ganarse la confianza de los vivos, ha buscado ampararse en la autoridad de un muerto. Se han tirado a matar por la manija de un cajón porque están divorciados de todo movimiento popular. Las patotas han sido derrotadas. En el Hospital Francés esto es claro, al punto que el gobierno ha debido reincorporar a todos los despedidos. En la Universidad lo mismo. A Plaza de Mayo vamos cuando queremos. Gualeguaychú vuelve a cortar rutas; los docentes vuelven a las huelgas; Foetra da de nuevo una batalla a fondo contra la ‘tercerización’; lo mismo ha ocurrido en Metrovías; hay una insurgencia en toda la nueva generación de obreros, sea que trabaje en supermercados o MacDonald’s, en ‘call centers’ o en las metalúrgicas. Los petroleros del sur renuevan sus luchas, que ya en parte han ganado, y paran en los pozos de Rincón de los Sauces, donde también en una oportunidad las patotas habían intentado, aunque no logrado, apalear a los maestros. El Partido Obrero llama a tomar conciencia de toda esta situación y a unir fuerzas para cambiar el rumbo y acabar con la burocracia sindical en el marco de los problemas y luchas que se avecinan. En oposición a los métodos y propósitos de la burocracia sindical y del gobierno y las patronales que la apoyan, exigimos que los convenios colectivos se negocien por medio de paritarios electos en asambleas conjuntas de afiliados y no afiliados, y que del mismo modo se establezcan los ante-proyectos de convenios laborales. En oposición al método burocrático y de patota opongamos la soberanía de las decisiones de la clase obrera, tomadas colectivamente. Empecemos una gran campaña de discusiones, reuniones, plenarios para establecer una dirección de trabajo común. Arrebatemos a la burocracia y a las patotas el derecho a decidir sobre NUESTROS salarios, NUESTRAS condiciones de trabajo, NUESTRAS jubilaciones, NUESTRA forma de organización sindical. San Vicente muestra que la burocracia sindical es un anacronismo, lo mismo que el régimen que la respalda. Se vienen tiempos muy interesantes. Manos a la obra. Recuperemos nuestros sindicatos en el marco de las luchas que se avecinan. Partido Obrero