“Los hechos destruyen todo. Nuestras compañeras son hermosas, son una topadora; qué decisión, qué claridad, qué firmeza, no se amilanan ante nadie.” Las palabras de la sampedrina Marta, cansada y feliz, describen con precisión el papel que cumplieron las 800 compañeras del Plenario de Trabajadoras en el Encuentro de Mujeres de Jujuy. Presentes en prácticamente la totalidad de los talleres, las mujeres del Polo y del Partido Obrero -algunas delegaciones llevaban 36 horas de viaje encima- fueron las únicas decididas a responsabilizar al gobierno de Kirchner y al régimen social de la situación de las mujeres oprimidas. El acto de apertura ya dejó en claro la adaptación de la Comisión Organizadora al gobierno y la Iglesia. Antes de que entraran la mayoría de las delegaciones se leyó una carta de Romina Tejerina y más tarde un tedioso documento plagado de generalidades sobre “los merecimientos” de las mujeres. Los carteles sobre Romina, Julio López o el aborto corrieron por cuenta de las que no subimos al palco. Un sonido potente y el remanido “a pesar de todo/ les hicimos el encuentro”, que nunca explicita quién lo quiso evitar, intentó tapar las consignas antigubernamentales. Que el kirchnerismo iba a tratar de revertir la paliza que recibió en Mar del Plata el año pasado, era evidente, y su instrumento fue la agrupación Tupac Amaru, de la CTA, dirigida por la puntera Milagros Salas, que responde a la línea de Luis D’Elía. Las otras integrantes fueron funcionales a esta intención. Todo se revirtió en los talleres. Nuestra delegación iba decidida a que ningún taller dejara de discutir todos los ejes políticos de la situación nacional: la convocatoria a un paro por la aparición de Julio López; el desmantelamiento del aparato represivo, el castigo a los represores de ayer y de hoy; la lucha por el pase a planta permanente de las y los trabajadores de los planes Jefas y Jefes; la solidaridad con los trabajadores del Francés; la denuncia del trabajo infantil y el asesinato de Fabián Pereyra por parte de El Tabacal; la libertad de Romina; la aparición con vida de Marita Verón y todas las chicas secuestradas por las redes de prostitución; el castigo a los asesinos de Paulina Lebbos, Liliana Ledesma y todos los crímenes del poder y de los hijos del poder. Por supuesto, también íbamos a plantear un método de lucha para obtener el aborto legal, el acceso gratuito a la anticoncepción, y a denunciar la flamante Ley de Educación Sexual como una rendición incondicional de todos los partidos patronales ante las exigencias de la Curia. Teníamos con qué. La delegación del NOA incluía nuestras legisladoras salteñas y tucumanas, las mujeres que están a la cabeza de la lucha por el pase a planta permanente en ¿el Estado? las docentes de la Marcha Federal, las candidatas de la lista de oposición nacional de la CTA, dirigentes de comunidades originarias y campesinas en lucha contra la tala y el desmonte, la santiagueña Alejandra Ibarra, cuyo hijo ha sido secuestrado por una red de adopción fraudulenta en la que está involucrada la Iglesia y el Poder Judicial y político local y nacional, obreras de Zanón, las jóvenes de la Fuba que han dado la pela contra Alterini, luchadoras contra la depredación capitalista del medio ambiente de Orán, de Dock Sud, de todo el país, militantes de la lucha por la tierra y la vivienda y de causa del aborto legal, víctimas de violaciones que han desnudado la complicidad del poder político con los abusadores. En fin, las piqueteras socialistas. En todos los talleres había mujeres de la Tupac Amaru, una organización punteril que maneja miles de planes y tiene escuelas con títulos oficiales, centros de salud y de recuperación de adictos, comedores, fábrica textil, bloqueras, guarderías y cooperativas, todo subsidiado por el gobierno provincial y nacional. Ha construido barrios enteros y los albañiles son sus “pibas”, que trabajan bajo los rayos del sol sin ninguna protección. Su dirigente Milagros Salas — que ha amenazado de muerte a la dirigente del Partido Obrero de Jujuy, Gabriela Arroyo — tuvo un papel protagónico en todo el desarrollo del Encuentro, en lo que parece un esfuerzo por catapultarse a nivel nacional en el marco de la lucha entre las diversas camarillas burocráticas de la CTA. Salas fue “correcta”, se pronunció por el aborto legal, la libertad de Romina, etc. Pero en los talleres “las pibas” venían a defender a Kirchner, al trabajo en “cooperativas”, la ilegalidad del aborto — la organización les había pasado “El grito silencioso” y todo el material fraudulento de la Iglesia — , y atacaron cerradamente a Romina. El gobierno y la Curia tuvo otras voceras. En el taller de Derechos Humanos — en cuyo temario no figuraba el secuestro de López — estaba la senadora nacional Liliana Fellner. En el de “Mujer y cárcel”, guardiacárceles, policías y juezas. En los de aborto, feligresas de los Hogares de Belén, acusados de tráfico de bebés, y mujeres de la campaña por el aborto que hablaban de las bondades del Plan de Procreación Responsable y Ginés González García. La mayoría de las coordinadoras — vinculadas al PCR — intentaron bloquear nuestra intervención, y una compañera fue agredida en el taller de “Violencia” cuando planteó que el gobierno es el primer violador y el primer golpeador, y responsable de la impunidad del aparato represivo. El argumento de las coordinadoras era “que hablen las mujeres comunes y no las dirigentes”. Fina percepción: nuestras compañeras vienen de los sectores más oprimidos de la sociedad y por eso mismo son protagonistas en todas las luchas: no iban a permitir que las silenciaran. En muchos casos, las “pibas” de Salas terminaron “consensuando” con nuestras posiciones. No hay organización punteril que impida que una mujer superexplotada se reconozca en las palabras de una tribuna socialista. Todos los talleres mencionados más arriba votaron íntegramente nuestro programa. El sábado a la tarde, unas 4.000 mujeres cortaron la ruta frente al Penal donde está presa Romina. Presentes, la Tupac Amaru, la CCC, el movimiento de lesbianas y el movimiento feminista, algunos grupos escindidos del viejo MAS — el PTS ausente. La impresionante columna del Partido Obrero fue aplaudida unánimente (lo pongo porque es la primera vez que pasa). El acto fue un punto de inflexión en el Encuentro; el domingo los talleres se radicalizaron y se cuestionó duramente la adaptación al gobierno y a la Iglesia de la Comisión Organizadora, que diseñó una marcha cuyo recorrido evitaba los centros del poder político, el Poder Judicial y las iglesias. La denuncia sobre el trabajo precario y contra el gobierno como el primer empleador en negro, el apoyo a Gualeguaychú y al Francés, la libertad a Romina, el aborto legal, la denuncia de que la recuperación capitalista se basa sobre la miseria social, el rol de la Iglesia, recorrieron el Encuentro sin excepción. El debate sobre que el Encuentro debía tener continuidad a través de la votación de un plan de lucha recibió la más cerrada oposición del centroizquierda, el PCR — que no se identificaba como tal — y el oficialismo. Pero generó suficientes dudas entre las independientes y las bases de las organizaciones como para que la Comisión Organizadora recorriera los talleres advirtiendo que “estaba prohibido votar” y que el recorrido de la marcha era “una prerrogativa” de la Comisión. Cuando se pone en riesgo la conciliación, todo horizontalismo desaparece. Algunos talleres sindicales “consensuaron” que sí era necesaria la convocatoria a un congreso nacional de mujeres resolutivo, fuera del marco del Encuentro. La marcha reunió a unas 15.000 mujeres, y sectores clericales — que habían anunciado una sentada para impedir que se realizara — , prefirieron rodear las iglesias protegidos por cientos de policías de civil. Los bomberos cerraban el camino a la Casa de Gobierno, algo inédito en los Encuentros. La marcha tuvo la combatividad que no había tenido el acto de apertura y descolló la columna del Partido, segunda en número después de la de CTA. La CCC — por primera vez en XXI Encuentro — no marchó como tal, sino diluida entre las columnas de Encuentros provinciales, en una expresión de la debacle que enfrenta, tanto a nivel local — está dividida en tres sectores, algunos totalmente adaptados al gobierno provincial — como nacional. No hubo tampoco contingentes significativos de la CCC a nivel nacional en los talleres, y sus militantes promovieron las intervenciones testimoniales y carecían de cualquier eje político. Su dirigente provincial se encontraba en Alemania, en un congreso de cooperativas. El Encuentro de Jujuy ha demostrado una vez más el vigor de un programa que defiende integralmente los intereses de los explotados, aún frente a los más poderosos aparatos punteriles. Olga Cristóbal