El gobernador kirchnerista Rovira pretende reformar la constitución provincial para imponer, como en su momento lo hizo Kirchner en Santa Cruz, la reelección indefinida. Para oponerse a este intento se ha formado un bloque político que incluye a la derecha y a la izquierda, bajo la tutela política de la Iglesia. Están el PJ, la UCR, la CTA, el PS, el ARI, el PC (y hasta, vergonzantemente, la CCC). El primer candidato de este bloque es el obispo de Iguazú; su principal “articulador”, sin embargo, es el peronista Ramón Puerta, un ‘amigo’ de Macri y uno de los impulsores de la candidatura presidencial de Lavagna. Precisamente, según La Nación , el objetivo de Puerta es “eliminar las resistencias que existen hoy entre Lavagna y Macri para formar un frente electoral conjunto”. La Constituyente misionera muestra que el centroizquierda se encuentra disponible tanto para un apoyo o alianza con el gobierno como para una alianza contra éste bajo la batuta de la derecha y la Iglesia. En la Ciudad de Buenos Aires un sector del PS integra el gobierno kirchnerista de Telerman; en Córdoba “coquetea” con Juez, e incluso en Santa Fe son manifiestos los acuerdos de la intendencia socialista de Rosario con el gobierno nacional. La disponibilidad del centroizquierda a un acuerdo con la derecha, en nombre de la “defensa de las instituciones”, se manifiesta de múltiples maneras. En Tucumán, la Democracia Cristiana — que actúa como vocero “laico” de las posiciones de la Iglesia — convocó a una reunión a la que concurrieron el PS, el ARI, sectores del radicalismo y hasta Parajón (aunque se retiró anticipadamente). Este sector está a la expectativa de una eventual ruptura entre el gobernador kirchnerista Alperovich y su vice Juri, para alinearse con éste último. En las elecciones misioneras, Kirchner enfrenta la perspectiva de una derrota política; es lo que sugieren la mayor parte de las encuestas. Esta eventualidad aceleraría el comienzo de la campaña electoral de 2007 y forzaría a todos los partidos a definir más rápidamente sus alianzas, incluido el oficialismo, que está dividido en una infinidad de grupejos y camarillas. Un escenario similar al de Misiones se perfila en Entre Ríos, donde habrá elecciones a gobernador en marzo. La llamada “Concertación Entrerriana” reúne a un bloque bautizado “Nuevo Espacio”, el PS, el PC, el Partido Intransigente, ex integrantes del ARI y la UCR, el Partido Popular Cristiano y organizaciones vecinalistas. En varios departamentos del interior, los candidatos de esta “concertación” se presentarán en conjunto con la UCR. Frente a ellos, aparece un peronismo dividido: por un lado el gobernador Busti (PJ); por el otro el intendente de Paraná, Solanas (Frente para la Victoria). De aquí derivan dos conclusiones provisionales. De un lado, que Kirchner comenzaría el camino hacia las elecciones generales de 2007 con serios traspiés políticos. Del otro lado, que el centroizquierda y una parte de la izquierda se han transformado en una alternativa para los partidos patronales tradicionales, como la UCR, y no solamente esto sino incluso para el clero. El centroizquierdismo que encabeza el Partido Socialista, no parece capaz, sin embargo, de llevar esta tendencia hasta el final. Es por eso que continúa siendo una reserva política para el kirchnerismo, por ejemplo en una segunda vuelta electoral. Un cajero del centroizquierdismo, el Credicoop, respalda la ‘política de crecimiento’ del gobierno. El aspecto más importante de la prueba misionera es la intervención de la Iglesia, que caracteriza al gobierno como un ‘adversario cultural’. Esto tiene que ver con asuntos como la educación sexual, ciertos derechos de la mujer y una exclusión del clero de los asuntos políticos corrientes. Hay que agregar lo que caracterizan como una ‘alianza’ de Kirchner con Chávez, al cual ven enfrentado con el clero venezolano. Una parte del sionismo religioso comulga con esta posición del clero católico. División oficialista El kirchnerismo, a su vez, se encuentra dividido en la mayoría de los distritos; el oficialismo es un amontonamiento de camarillas que coinciden al momento de votar los proyectos que exige la Rosada. La “concertación plural” con gobernadores e intendentes radicales amenaza con dejar fuera del reparto electoral a estas camarillas kirchneristas en varias provincias y distritos municipales. En Córdoba hay una crisis política por la sucesión de De la Sota, principalmente entre el vicegobernador Schiaretti y el intendente Juez. De la Sota pretende que Kirchner avale a Schiaretti y al PJ local; Kirchner, sin embargo, coquetea con el apoyo a Juez e incluso al ex basquetbolista Campana. Sin embargo, Kirchner carece de un candidato propio. Pero a este enfrentamiento se agrega una sub-interna del kirchnerismo, que podría llevar a una elección local a tres o cuatro bandas. En la Capital, el kirchnerismo está dividido en tres fracciones: Scioli, Alberto Fernández y Telerman. Una parte del centroizquierdismo porteño se encuentra asociado a estas dos últimas fracciones kirchneristas; otra levanta candidatos que pretenden ser independientes del oficialismo, pero que podrían ir atados a Telerman o a Bonasso u otros, en la lista de diputados, y que votarían a Kirchner para presidente. A partir de estos datos se llega a la conclusión de que las elecciones próximas se caracterizarán por una ‘gran interna’ patronal, donde bajo el paraguas de una misma candidatura presidencial se dirimirán espacios de poder entre diversas camarillas, en especial donde las elecciones locales vayan separadas de las nacionales. El centro-izquierdismo, que incluye a la CTA, al partido comunista y a algunos grupos trotskistas que han descubierto la filosofía del ‘realismo’, forma parte de esta ‘interna’ de la política capitalista. En una serie de distritos, el PJ reclama a Kirchner el “respeto a los liderazgos provinciales” mientras insinúa la variante de ir con Lavagna. Es lo que ocurre con Romero en Salta; con Barrionuevo o Saadi en Catamarca; o con el vicegobernador Juri en Tucumán. Una serie de dirigentes del PJ se ha reunido recientemente en Salta para formalizar este planteo. En el PJ surge una “oposición a Kirchner”, dice La Nación (10/8), aunque estos “opositores”, por el momento, preferirían ser los representantes de Kirchner en cada una de sus propias provincias. El principal problema para Kirchner, sin embargo, se concentra en la provincia de Buenos Aires. Aunque el mentidero político asegura que el ‘pollo’ de la Rosada es Solá, la desaparición de Julio López puede haber sido un golpe mortal a esa candidatura, así como la de su rival, Aníbal Fernández, tan responsable del fracaso de las investigaciones de ese secuestro en su condición de ministro del Interior. Aparecen como alternativas los nombres de Pampuro o Balestrini, cuyas camarillas en la provincia tienen un peso reducido. Por esto mismo, en los municipios la disputa por los cargos es todavía más aguda. La postergación del lanzamiento de la candidatura responde a esta enorme crisis del conjunto del armado oficial. Tenemos, de esta manera, a un ‘presidente-árbitro’ que enfrenta escollos insalvables para ‘arbitrar’ en su propio ‘entorno’. Pero si Kirchner no ejerce su función de árbitro correrá el riesgo de que surjan caudillos con peso propio, que luego ejerzan esa ‘independencia’ de cara a la Rosada. En este caso, una seguidilla de victorias kirchneristas no significaría, necesariamente, un fortalecimiento político de Kirchner. División opositora La oposición está más dividida aún. Lavagna intenta presentar su candidatura como “de centroizquierda”, lo que refleja la tendencia política popular hacia la izquierda después del Argentinazo. Pero se trata claramente de un fraude político si se considera que sus principales impulsores son Alfonsín y Puerta. Sin embargo, acaba de aparecer un importante sector de la dirección de la UCR que insinúa presentar una candidatura propia, aunque podría orientarse posteriormente a un frente con el centroizquierda, siguiendo el ‘modelo’ del ‘frente progresista’ de Santa Fe entre el PS, la UCR, el ARI, al cual se agregarían la CTA, el partido comunista e incluso grupos desprendidos del bloque que se separó del reciente Seminario Programático de la izquierda. Detrás de un alejamiento de la UCR de Lavagna se alinean un conjunto de intendentes de la UCR, particularmente de la provincia de Buenos Aires, incluso quienes apuntan a dividir a la oposición patronal para beneficiar a Kirchner. Una candidatura nacional propia de la UCR sería puramente “testimonial”, es decir, sin ninguna posibilidad; por eso puede emerger la alternativa de centroizquierda. En cualquier variante, la UCR no podrá evitar una nueva división y hasta la desaparición política. Por razones relativamente similares, también en el PS comienza a diseñarse la posibilidad de una “candidatura propia”, pero solamente a nivel presidencial y para el primer turno. Ariel Basteiro y Jorge Rivas, del PS de Buenos Aires, lanzaron la candidatura de Polino (quien fue partidario, hace muy poco, de integrar la Secretaría de Acción Social del gobierno), para la formación de un “frente de centroizquierda” con el ARI, la CTA y los integrantes del Encuentro de Rosario, es decir el PC y sus aliados, y algunos grupos trotskistas. La dirección nacional del PS, reunida el último fin de semana, adelantó el planteo “ni Kirchner ni Lavagna”, sin reparar que va con Lavagna en Misiones, ahora, y en Entre Ríos en un par de semanas. Las contradicciones del PS saltan a la vista. En Misiones, está con los lavagnistas; en Capital va de la mano de Telerman y los kirchneristas. En Santa Cruz, el socialista Di Tulio estableció un pacto electoral con Kirchner (que, asegura Di Tulio, cuenta con la aprobación de Giustiniani y la dirección del PS). En Santa Fe, encabeza una alianza con la UCR y el ARI. Las elecciones provinciales en Santa Fe se realizarán en forma separada de las nacionales; por lo tanto, Binner espera, como anticipó en un reportaje, recibir votos de “los que voten a Kirchner, los que voten a Lavagna y los que voten a otros”. El frente santafesino, sin embargo, enfrenta una impensada crisis luego de que la UCR designara un candidato a vicegobernador en total contradicción con las preferencias de Binner. Como una candidatura propia del PS fragmentaría aún más a la oposición en el plano nacional, abriría la posibilidad de un “entendimiento” posterior con Kirchner para las elecciones nacionales. Una “candidatura propia” sin posibilidades, le permitiría al PS, sin embargo, recoger esos votos para sus alianzas en diferentes distritos. Para evitar un revés político, Kirchner tendría que acentuar su ‘activismo’ personal. Sin embargo, ese ‘activismo’ podría obligarlo a intervenciones que rompan el frente de camarillas que lo apoya — ni qué decir que profundizaría los choques con la Iglesia. Crisis Un oficialismo dividido y una oposición dividida: la situación política se caracteriza por una fuerte desestructuración del cuadro partidario, por un lado, y la tendencia a un realineamiento político de fuerzas por medio de las próximas elecciones. La clase capitalista enfrenta una gran división política, que se encuentra atenuada y en parte neutralizada por el crecimiento de los negocios capitalistas. Aun dentro de esos límites, la crisis político-partidaria de la patronal puede y debe ser aprovechada por parte de las fuerzas y partidos que actúan en nombre de los intereses históricos de la clase obrera, o sea como oposición a todas las variantes de la descompuesta política patronal. De todos modos, debajo del ciclo favorable de los negocios, las contradicciones del capital siguen haciendo su trabajo. La cuestión de la deuda no está resuelta. El superávit ‘primario’ que sale del retroceso de los salarios y jubilaciones reales y del déficit fiscal de las provincias no alcanza para cumplir con los pagos de la deuda “reestructurada”; el gobierno está obligado a contraer nueva deuda (en peores condiciones que la de la deuda “reestructurada”). Todavía está pendiente la reestructuración de la deuda con el “club de París”, que el gobierno piensa refinanciar, o sea comenzar a cancelar antes de las elecciones. La crisis energética ha puesto en evidencia el vaciamiento operado por los pulpos petrolero-gasíferos con la complicidad del gobierno, que ha dejado que continúe la exportación de hidrocarburos a pesar de la caída de la producción. El aumento de las tarifas lo reclaman las petroleras y el conjunto de las privatizadas. La certeza de un aumento de tarifas que impulsará ganancias extraordinarias, explica las inversiones que se aprestan a hacer los grupos de la ‘burguesía nacional’ vinculados a los negociados del gobierno (fondos Pampa, Dolphin, Werthein), que para eso toman fondos del exterior y conciertan alianzas con las grandes constructoras. Claro que un aumento de las tarifas haría saltar por los aires los “controles de precios”. Por eso lo generalizarán luego de las elecciones, aunque ya han comenzado en provincias, para industrias y, en el caso de los usuarios, disimuladas con los “cargos tarifarios”. La situación internacional se perfila como otro factor de crisis, con un carácter de conjunto, o sea decisivo. El agotamiento de la burbuja especulativa inmobiliaria en los Estados Unidos; la recesión en este país; así como la certeza de un estallido de las burbujas inmobiliaria y bursátil en España, o la más seria aun de la burbuja de inversiones en China, golpearán el conjunto de las condiciones del cacareado ‘crecimiento del PBI’. El entorno más importante es, sin embargo, la crisis pre-revolucionaria que caracteriza a América Latina, y que algunos triunfos electorales derechistas sólo harían agravar. Este es el panorama de los explotadores. El Partido Obrero llama a aprovechar las contradicciones políticas del proceso capitalista para desarrollar una oposición obrera de conjunto y una alternativa política socialista. Luis Oviedo