No pocas veces asumí la clara posición de polemizar con grupos o individuos que defendieron el voto nulo. Así fue, entre otras ocasiones, en la elección municipal de 2004, en Florianópolis, cuando los militantes ligados al movimiento de lucha por el pase libre estudiantil reivindicaban el voto nulo, incluso en el primer turno. En aquel momento, caracterizaba que los problemas políticos de las candidaturas presentadas por el PSTU no eran motivo suficiente para no llamar a votarlas. Ese llamado a votar por el PSTU debía estar encuadrado en un debate franco sobre los límites políticos de ese partido y de sus candidatos. (…) Fue también en el año 2004 que comencé a señalar una serie polémicas con las principales fracciones de la izquierda fuera del PT, en especial con el PSTU -con el cual había roto poco tiempo antes- y los sectores que dieron origen al PSOL, los “radicales”. (…) En especial, en aquel momento, polemizaba en el sentido de que el movimiento en defensa de la formación de un nuevo partido de izquierda, de un lado, tuviera en su seno una fracción articulada de revolucionarios y, de otro, no fuese abortado, dando origen a una simple lista electoral. Con todo, no se dio nada de eso, pues las organizaciones que dirigían el proceso no querían otra cosa que formar un gran paraguas electoral para los oportunistas sin partido. (…) Con eso, ni se desarrolló un movimiento de organizaciones socialistas, que fuese embrión de una nueva dirección política para los trabajadores ni, mucho menos, se construyó un polo revolucionario que, aunque no garantizara la unidad de un movimiento de socialistas, por lo menos fuera un frente de discusión y de acción de las organizaciones que se reivindicaban del campo del marxismo revolucionario. (…) En lo que se refiere a las elecciones, desde mediados del 2006, señalé la necesidad de unidad de la izquierda socialista, materializada en un frente de izquierda y de los trabajadores. (…) Partiendo del entendimiento de que ninguna organización era -teórica, política y orgánicamente- lo suficientemente fuerte y, mucho menos, enraizada de hecho entre los trabajadores, proponía la unidad de un “movimiento socialista”. (…) Ni el PSOL ni el PSTU trabajaron en esa perspectiva. El PSOL, preso de su oportunismo electoral oriundo del vientre petista, lanzó la candidatura de Heloísa Helena y luego se puso a discutir con los partidos el apoyo. Sus aproximaciones se dieron con el PDT y el PPS, e incluso con el PV y sectores del PMDB, o sea, en nada se diferenciaba el PSOL de cualquier otro partido de derecha. No era necesaria una candidatura como expresión de las luchas, pues debería ser apenas la expresión parlamentaria de la lucha contra la corrupción. Dando la espalda a los trabajadores, el PSOL salió a negociar con sectores marginales de la derecha, procurando construir la candidatura de Heloísa Helena con el apoyo de la “sombra” de la burguesía. Como era de esperar, el programa salió lo más rebajado posible. El PSTU se mantuvo estéril frente a este cuadro. De un lado, se negaba a un frente de lucha con el PSOL, pues éste no defendía de forma clara la ruptura con la CUT. Por el otro, llamaba al PSOL a un frente electoral, sin que éste sea una materialización de las luchas concretas de los trabajadores. (…) Construido el frente, éste era de izquierda, limitada y estéril, pero no “clasista”. Como vice no tiene a Zé María, que era una de las condiciones del PSTU para entrar en el frente, sino a un nacionalista. En cuanto al programa, tiene como eje la propuesta de buscar una forma mejor (o menos peor) de administrar el capitalismo en crisis en Brasil. Ni siquiera defiende un nacionalismo limitado. Lejos de apuntar otro camino, el PSTU aceptó someterse a esa política, afirmando que era positivo el hecho de que el PSOL aceptara un frente de “izquierda” sin el PDT y el PPS. O sea, el PSTU cumple el papel de pata izquierda de un frente electoral cuyo papel político es defender la ética y oponerse a las tasas altas de interés de Lula (algo que también defiende el PSDB), limitándose cuando mucho, a un socialismo genérico. Al lado del PSTU, abrazados por el PSOL, sectores de la “sombra” de la burguesía apoyarán a Heloísa Helena. O sea, Heloísa Helena no es nada más que una mala caricatura de lo que fue la ya limitada candidatura de Lula en 1989 que, aunque con la sombra de la burguesía, levantaba propuestas que, por lo menos, tenían algo de nacionalistas y eran de interés de los trabajadores. El PSTU podría haberse planteado como una alternativa política seria, realizando las discusiones con el PSOL, realizando un llamado a un frente de izquierda y socialista, al mismo tiempo que apuntando a la necesidad de un debate realizado con los trabajadores, y construyendo los espacios para ese debate. El PSTU debería haberse negado a ser avalista de ese frente que incluye al fantasma del PCB, a los más variados oportunistas que utilizan las listas del PSOL, a Garotinho del PMDB, entre otras cosas. El PCO, un partido más a la izquierda que el PSTU, acabó infelizmente asumiendo una posición abstencionista en el proceso de discusión del frente de izquierda, incluso sin hacer un llamado, aunque fuera formal, a un frente de izquierda o lo que sea. Se limitó a publicar una media docena de textos, que apenas lee su militancia. Al final de cuenta, el PCO se colocó fuera de la disputa política concreta, aislándose de la clase que dice ser dirección. Esto no quiere decir, sin embargo, que defendemos la impugnación de la candidatura de Rui Pimenta a la presidencia: mientras parlamentarios declarados de la “caja 2” (corrupción) podrán concurrir a elecciones, se encamina un proceso para impedir la única candidatura que se presenta, de hecho, como de izquierda y socialista. (…) En el campo electoral, en las próximas elecciones, para los revolucionarios está señalado un único camino: el voto nulo. El PSOL, el PSTU y el PCO no son alternativas políticas para los trabajadores, limitados como están al mero debate sobre candidaturas y espacios de televisión. Cabe, en primer lugar, hacer un balance de la actuación de estos partidos en el proceso de la organización de la izquierda y los socialistas. Segundo, intentar articular en un movimiento único a los sectores que se ubican en forma crítica frente a este cuadro, o sea que no defienden ni el “voto útil” al PSOL ni un abstencionismo sectario que no parte de un análisis concreto de la situación concreta. Eso podría significar un primer paso para articular un movimiento de socialistas (…). Michel Silva (Florianópolis)