RESPUESTA A LAURA GINSBERG
En su crítica al artículo “Amia: El enKubrimiento de la masacre” (PO N° 958), Laura Ginsberg califica de “confuso informe de inteligencia” (PO N° 962) lo que sólo es un análisis político y de situación acerca del crimen cometido hace 12 años. Ese análisis se sustenta en una serie de datos vinculados, de los cuales se desprenden hipótesis de trabajo. La crítica no señala dónde radica la “confusión” de esa nota, aunque sugiere que el artículo de PO N° 958 estaría “contaminado” con datos proporcionados por los servicios de espionaje, por todo ese pescado en putrefacción salido de las oscuras oficinas de “Stiusso y compañía”. Simplemente, no es así. No hay en la nota publicada en PO N° 958 un solo dato que no haya sido publicado con anterioridad en diversos medios de prensa.
Dice Ginsberg que la nota en cuestión no se refiere a las propuestas centrales de la Apemia, lo cual es cierto. Pero no nos referimos a ellas porque hasta el cansancio hemos manifestado una y otra vez nuestro acuerdo con esas propuestas en muchísimas ediciones de nuestro periódico. Por eso hemos creído posible dar por supuesto ese aspecto del asunto. Nadie puede decir que el PO no estuvo en todo momento junto a Apemia en la lucha por “organizar una agenda de trabajo y debate contra la prescripción de la causa Amia”, como bien propone la crítica.
También concordamos con Ginsberg que la constitución de una Comisión Investigadora Independiente del Estado y sus avances prácticos permitirán responder a toda una serie de preguntas; por ejemplo, las que se formula la compañera Gabriela, de terciarios, en el Correo de Lectores de Prensa Obrera N° 961.
Por supuesto, estamos en un todo de acuerdo — lo dijimos incontables veces — con la condición de terrorismo de Estado que ha tenido el crimen contra la Amia, “realizado y encubierto por el Estado argentino mismo y sus socios internacionales como Estados Unidos e Israel”, tal como Laura Ginsberg sostiene en su nota.
El nuevo “Plan Cóndor”
Creemos haber estado entre los primeros denunciantes de la permanencia del “Plan Cóndor” en la Triple Frontera, a veces en artículos firmados por quien esto escribe. Hemos denunciado incluso la presencia allí de personajes como John Battaglia Ponte y otros por el estilo, que actuaron en tiempos del “Plan Cóndor” original, dedicados ahora, igual que antes, al espionaje, la represión, el contrabando, el tráfico de armas y de drogas.
El artículo de Laura Ginsberg también sostiene que la Argentina se ha incorporado a ese “neo Plan Cóndor”, bautizado ahora con el nombre de Centro Regional de Inteligencia, “respondiendo al reclamo de sus socios locales de la Daia, la Amia y el Centro Wiesenthal”. En nuestra nota de PO N° 958 sostenemos casi con las mismas palabras que “el alineamiento internacional con las estrategias de Estados Unidos y de Israel le impide al Estado argentino cualquier posibilidad de avanzar en la investigación y el esclarecimiento de la masacre de la Amia...”. Nuestra nota dice que esa es la “política de Estado” imperante en la Argentina respecto de aquel crimen.
En nuestro artículo señalamos, coincidentemente, los compromisos de Kirchner con el Congreso Judío Mundial.
De cómplices y encubridores
El artículo formula la hipótesis de que la bomba que voló la Amia fue colocada dentro de la institución. Esta hipótesis, reiteramos, sólo se refiere al lugar de colocación de los explosivos; no atribuye ni pretende deducir de esa ubicación ninguna otra cuestión (por ejemplo, la complicidad, por acción u omisión, de la dirigencia de la Amia). Por supuesto que una hipótesis acerca de dónde fue colocada la bomba no convierte a las víctimas en victimarios. Los trabajadores y los asociados de la Amia, así como los transeúntes y vecinos, que murieron en el atentado, son víctimas, con completa independencia de si la bomba fue colocada tres metros afuera o tres metros adentro de la Amia.
Mi artículo en ningún momento afirma o sugiere que la preparación del atentado haya estado a cargo de las cúpulas de la Daia o la Amia; pero sí asegura, como lo hace el artículo que me critica, que esas cúpulas tomaron parte activa en el encubrimiento; por tanto, añadimos nosotros, en la preparación de coartadas y pistas falsas.
Tampoco es cierto que si la bomba hubiera sido colocada dentro de la Amia esto disminuiría la responsabilidad del Estado argentino y su complicidad con los criminales.
La participación de las direcciones oficiales de la Amia y de la Daia y del propio Estado sionista en el encubrimiento no debe sorprender. “El sionismo... desde sus orígenes... limitó su responsabilidad a defender a los judíos que emigraban a Israel (a la Palestina ocupada) para expulsar a la población árabe; nunca lo hizo con los judíos que seguían viviendo en el exterior, incluso bajo el nazismo. Ben Gurión, líder histórico del sionismo, respondió a un reclamo de ayuda y hasta de acción militar en defensa de los judíos en la Alemania nazi, diciendo que si querían evitar el genocidio debían partir hacia Palestina. Las embajadas de Israel apoyaron a Videla y a Pinochet mientras éstos secuestraban, torturaban y mataban a judíos chilenos y argentinos”. 1
Otra vez: “certezas y suposiciones”
En cuanto a la dichosa Trafic, tampoco se ve por qué constituiría prueba de la complicidad del Estado si, hasta ahora, ese vehículo que nadie jamás vio ha servido para lo contrario: para desviar la investigación hasta conducirla hacia un juicio oral en el cual, como se sabía de antemano, todo el montaje se derrumbaría por sí.
No hay que probar la inexistencia de esa camioneta: la carga de la prueba debe caer sobre quienes dicen que sí la hubo. Ellos deberían demostrarlo, pero todos sus intentos quedaron demolidos, reducidos a un pedazo de motor que sí se puede llevar en un bolsito de mano. Además, reiteramos que el acta de su hallazgo es falsa, como se demostró judicialmente.
Hay en el expediente de la causa testimonios de sobrevivientes, empleados de la Amia, que relatan cómo veían a diario, aterrorizados, el ingreso en el edificio de bolsas de cemento para refacciones, sin que nadie controlara su contenido.
Se trata de datos de los cuales, como decíamos, se desprenden hipótesis de trabajo e investigación que no pueden descartarse a priori. El papel de las víctimas y los victimarios no cambia por el lugar en que haya sido colocada la bomba.
Respecto del ingeniero “Jaime” Stiusso, me remito a lo que publiqué años atrás sobre ese criminal en una nota de tapa de la revista Trespuntos, titulada “Guerra en la Side”.
En definitiva, no encuentro contradicciones entre la nota de Laura Ginsberg y mi artículo. Por mi parte, sólo me queda manifestarle mi mayor respeto, así como a su organización, y la seguridad de que seguiremos encontrándonos en la calle, en la lucha de cada día contra la impunidad, por pan, trabajo y libertad.
Alejandro Guerrero