L a crisis política producida por la destitución de Lavagna dejó al desnudo el enorme tendal de la corrupción oficial. Más que un cambio de gabinete pareció un derrame de pus. Durante diez días la opinión pública fue vapuleada con denuncias de sobreprecios en las licitaciones que organiza el ministro De Vido; con sospechas de que el Banco Mundial está ‘operando’ para el ingreso de constructoras internacionales en el negocio de la obra pública; con informaciones de manejo irregular de los fondos del presupuesto asignados a gastos específicos; y al final con denuncias periodísticas acerca de malversación de fondos en el trueque comercial con Venezuela de fuel oil por maquinaria agrícola (Lanata en Perfil). Cuando se despoja a la polémica que provocó la caída de Lavagna del macaneo académico, queda en evidencia que eclosionó una disputa por el control de las cajas que representan esos fondos presupuestarios, y que la ganó De Vido, el cajero de Kirchner, como no podía ser de otra manera. Lavagna quería que toda esa plata fuera a Economía para contribuir a su proyectado ‘fondo anticíclico’ (para pagar la deuda y pactar con el FMI), pero Kirchner decidió que quedara en manos del Ministerio de Obras Públicas, para lo que fuera. La velocidad con que actuaron los protagonistas fue tal que ya el miércoles 30 el ‘fondo anticíclico’ había desaparecido del proyecto de presupuesto para el 2006. Es necesario poner la atención en el aspecto ‘mafioso’ de la disputa, porque deja en evidencia los enormes choques que provoca dentro de la burguesía misma la cuestión de las obras públicas. Hay en carpeta proyectos faraónicos, que están relacionados con el comercio exportador y con los negocios con China. Por ejemplo, la construcción de una autovía al Pacífico, la reconstrucción del Belgrano Cargas, la circunvalación de Rosario y la autopista a Córdoba (todo ligado a la agroexportación). La Bolsa de Cereales de Rosario reclama insistentemente la realización de éstas y otras obras. El santafesino Obeid y el propio Reutemann señalaron hace varios meses el tema de los sobreprecios. En varias provincias, por otra parte, hay mega proyectos turísticos, que necesitan de obra pública. Es lo que ocurre con Alperovich, en Tucumán; Romero, en Salta; Sobisch, en Neuquén; el propio kirchnerismo, en Santa Cruz. La ‘recuperación económica’ desata contradicciones explosivas en la burguesía. Es que, de un lado, esas contradicciones se dan en condiciones de extrema pobreza de una mayoría de la población y de gran caída de los salarios, y como consecuencia de ello, en condiciones de mayores luchas sindicales, movilizaciones de desocupados y reclamos populares. Por otro lado, el presupuesto que debe satisfacer los apetitos de las contratistas está condicionado al pago de la deuda externa y a una recaudación de impuestos que exige una devaluación permanente (relativa) del peso y creciente inflación. Un sistema general de obras públicas sobrepreciadas, en un marco inflacionario, puede llevar rápidamente a la ruina de las finanzas públicas. Lo volteó la inflación Como cuestión de conjunto, Lavagna cayó porque su propuesta contra la inflación afectaba muchos negocios de la burguesía. El ex ministro pretendía ‘enfriar’ la demanda. Para ello reclamaba menor gasto público, una reducción del crédito y una suba de los intereses, y por último, un acuerdo con el FMI que conllevaría una cierta revalorización del peso. Con un nivel inflacionario más bajo habría puesto en marcha el aumento de las tarifas de energía y agua. Este planteo de conjunto afectaba los negocios presupuestarios de De Vido, que ya fueron mencionados. El ‘enfriamiento’ que quería Lavagna debía servir, por encima de todo, para ‘disciplinar’ la rebelión sindical, porque reintroduciría las amenazas de despidos. En suma, la inflación como fondo y la disputa por los fondos como detonante provocaron la crisis política. Kirchner ha elegido defender la tasa de crecimiento ‘asiática’ y enfrentar la inflación con presiones y, por sobre todo, con subsidios. El problema es que el objeto principal de sus ‘presiones’ no será Coto sino los trabajadores que reclaman aumentos de salarios. Ya el martes 29, Kirchner se reunió con Mastellone, testaferro de la francesa Danone, con el que discutió la ‘totalidad’ de los costos de los lácteos —o sea el costo laboral. Un acuerdo de precios con el acaparador de leche sería antes que nada para congelar los salarios. En especial ahora que se viene el período estacional de escasez de los tambos. De todos modos, el violento ataque del gobierno contra los pilotos y los técnicos aeronáuticos es la manifestación más evidente de la intención de meter un ‘pacto social’ a como sea, para impedir las luchas salariales. La reunión con la CGT fracasó, a pesar de que Moyano es una espada del oficialismo. Kirchner ha poblado de ‘setentistas’ el gabinete, pero para poder atacar mejor a los trabajadores. En los setenta, estos ‘setentistas’ le votaron a Perón el ‘pacto social’, que congeló los salarios, y la ley de asociaciones profesionales, que le dio a la burocracia cuatro años de mandato. Con estos antecedentes... Los cambios ministeriales no afectaron, sin embargo, a la secretaría de Industria, donde seguirán los empleados de Techint, Miguel Peirano y Federico Poli. Héctor Massuh, un capitalista de la corriente de Techint, ha propuesto incluso que Peirano se hiciera cargo del Banco Central. Hay que tener en cuenta que los negocios siderúrgicos pueden ensombrecerse como consecuencia del alza de los precios del mineral de hierro y un comienzo de descenso de los precios del acero. Techint sigue necesitando un Estado ‘nacional y popular’ que salga en su socorro. La patria kirchnerista La opción por el ‘calentamiento’ económico responde también a una cuestión política, porque Kirchner tiene que armar el aparato que le permita la reelección en 2007. La reorganización del gabinete deja ver que ha puesto para ello a sus incondicionales. Lo mismo la reciente reunión en Parque Norte organizada por la ‘eminencia gris’ de Kirchner, el ‘chino’ Zannini. Habrá que esperar entonces nuevos choques con los remanentes del duhaldismo, como Scioli, o con algunos gobernadores. Para ese menester, el Presidente cree necesitar una ‘economía en crecimiento’. De todos modos, seguirá pagando al FMI e incluso negociar un acuerdo que le permita revalidar un título propio de ‘economista’. Ya Solá está suscitando un gran entusiasmo entre los acreedores internacionales (fondos de inversión especulativa) con su propuesta de canje de la deuda bonaerense, que incluye el pago de todos los intereses vencidos entre 2002 y 2005 (unos 800 millones de dólares, sobre una deuda de 2.300 millones). Solá ha metido en su gabinete al intendente de Campana, del grupo de Othacehé, para manejar el presupuesto social. Es decir que el ‘giro a la izquierda’ que la prensa le imputa al Presidente no es incompatible con una dosis de ‘fascismo’, ‘ni yanqui, ni marxista’. El ‘hegemonismo’ que ha puesto en marcha Kirchner provocará inevitablemente delimitaciones políticas y la tendencia a formar una oposición que buscará aprovechar la figura de Lavagna. Las características de este reagrupamiento dependerán del proceso económico y de las delimitaciones que la economía produzca en la burguesía. La inflación y el ‘enfriamiento’ seguirán condicionando el proceso en su conjunto. La crisis política ha desatado, de todos modos, un reagrupamiento de fuerzas. Una parte del centroizquierdismo ha salido a apoyar los cambios de gabinete, imaginando una ‘redistribución de la riqueza’. Es el caso de Lozano, de CTA, o del banquero Heller, del partido comunista, del cooperativismo, de las Apymes y hasta del ‘socialista’ Binner. Binner, en el coloquio de Mar del Plata, había apoyado a Lavagna, pero después le dio el apoyo a Miceli. Lo que une a toda esta gente es el beneficio que la agroexportación ‘desparrama’ en sectores agrarios y bancarios ‘cooperativos’. Vuelve a quedar al desnudo sus lazos con el gobierno y la hipocresía de los dirigentes del PC, que fingen lo contrario. Elisa Carrió se plantó de una forma diferente y caracterizó a Kirchner de “fascista” por el ‘miedo’ que siembra entre los empresarios (declaraciones en Hora Clave). Debilitamiento El nuevo gabinete recupera a los ‘muertos vivos’ del Frepaso y a la izquierda ‘exiliada’ del peronismo bajo Menem. El alza de los precios de exportación ha devuelto al escenario a una especie que se suponía con buenas razones perimida. Vienen a gestionar la economía capitalista, en especial cuando se trata de poner un freno a la clase obrera. Pero no solamente esto, porque también tienen que hacer frente a una crisis internacional, por ejemplo en Bolivia, donde una victoria de Evo Morales le va a exigir al nuevo gabinete una intervención de apaciguamiento, como en la insurrección de octubre de 2003 y luego ante la caída de Mesa. Los ‘setentistas’ ya fueron agentes del imperialismo con De la Rúa, lo tendrán que ser de nuevo con Kirchner. La ‘homogeneización’ del gabinete no entraña un fortalecimiento del gobierno, en especial de uno que no gobierna con reuniones de gabinete. En principio, se estrecha su base de sustentación; esto se hará más evidente cuando se acentúen las contradicciones de la recuperación económica. El principal obstáculo económico —una reversión de la demanda mundial y una crisis financiera— se ha hecho presente varias veces en el 2005, pero no se ha sostenido. La incesante suba del precio del oro es una señal de que esta crisis está claramente en la perspectiva. La salida de Lavagna entraña una crisis política, porque es el resultado de los desequilibrios generados por la devaluación de 2002 y los costos financieros de la salida a la crisis. Estos desequilibrios generan la inflación y desatan la lucha entre los capitalistas que quieren seguir con un peso devaluado y los que reclaman una ‘corrección’. Están presentes en la disputa por las nuevas tarifas para los servicios públicos y en la falta de mantenimiento de esos servicios. El desequilibrio se manifiesta por sobre todo en el plano popular, con la desocupación, el trabajo en negro, la precariedad laboral, la caída de los salarios y la pérdida de poder adquisitivo que produce la inflación. No estamos simplemente ante una disputa por la ‘caja’ o a un enfrentamiento sobre la ‘infación’, tomada aisladamente, sino ante las manifestaciones de una crisis de conjunto. El momento es ahora Lo que se desprende de esta crisis para todos los trabajadores y organizaciones que luchan, es que la oportunidad para impulsar la organización y las luchas, y para desarrollar una conciencia más amplia, es ahora —no hay que esperar que se produzcan crisis más intensas o el ‘desenlace’ de la experiencia kirchnerista. Solamente aprovechando esta oportunidad podrán aprovecharse todavía más las próximas oportunidades y el propio ‘desenlace’. Naturalmente que la condición para todo esto es no confundir la caracterización; el gobierno se ‘izquierdiza’ de boca para afuera para realizar lo que le reclama la ‘derecha’: domesticar y derrotar las luchas obreras, contener la crisis internacional latinoamericana en los marcos de la convivencia con el imperialismo. En este sentido planteamos formar agrupaciones de lucha en todos los sindicatos y lugares de trabajo, y reforzar a las que ya existen, y en coordinar a todos los luchadores y a sus organizaciones para desarrollar en vastas proporciones el movimiento actual. El Partido Obrero reivindica la realización de un paro nacional en apoyo de los compañeros aeronáuticos. La etapa actual necesita también un eje reivindicativo que abarque a las masas más postergadas y desorganizadas. Ese eje es un salario mínimo de 1.800 pesos, el costo de la canasta familiar. Las fiestas presentan una gran ocasión para hacer sentir, mediante la agitación, este gran reclamo por la supervivencia de la clase obrera y para poner coto a la voracidad capitalista. En el plano político, la crisis pone de manifiesto la necesidad de reagrupar a las fuerzas obreras y socialistas para un combate político consistente, y lo inútil y dañino de los agrupamientos sin principios, de mero carácter electoral. El Partido Obrero impulsa una mesa paritaria de organización, acción y discusión, para formar un gran partido de la clase obrera y desarrollar una alternativa de poder obrera y socialista. Jorge Altamira