El pasado jueves 19 de mayo se reanudó la reunión entre los representantes de Izquierda Unida y el Partido Obrero, que había pasado a un cuarto intermedio tres semanas antes. En esta reunión, la delegación del Partido Obrero hizo la propuesta formal de que IU y el PO produjeran una declaración que anunciara la concreción del frente de izquierda; que se hiciera un llamado a integrarlo a todos los partidos de izquierda y a las organizaciones que participan en las luchas populares; y a convocar de inmediato a un acto público popular del Frente. Como base programática para la proclamación del Frente de Izquierda abierto a todos los movimientos combativos, proponíamos las reivindicaciones que han caracterizado a la izquierda y a los luchadores en los últimos treinta años. Desde el no pago de la deuda y la ruptura con el FMI hasta el salario mínimo igual al costo de la canasta familiar, la realización de un plan de obras públicas bajo control obrero para acabar con la desocupación y la estatización bajo control obrero de las empresas privatizadas, pasando por la disolución de los aparatos represivos, el juicio y castigo a todos los culpables pasados y presentes, la defensa incondicional de Cuba, los derechos democráticos tales como el derecho al aborto y la asistencia médica pública y gratuita, y la educación laica única (fin de la educación privada y confesional) y gratuita. Planteamos, como la idea central, que la proclamación del Frente de Izquierda debía ser el marco para pasar a discutir un programa más acabado y el método de selección y el carácter de las candidaturas. La propuesta, insistimos en la reunión, equivalía a una proclamación de voluntad política frentista hasta la concreción de todos los acuerdos necesarios. A tirar la llave y sólo salir con todos los acuerdos alcanzadas La respuesta de los compañeros de todas las corrientes que integran IU fue clara, neta y sin ambigüedades: NO. Izquierda Unida no está de acuerdo con un Frente de Izquierda. Al menos, una clarificación El argumento fundamental esgrimido por los compañeros que venían en representación de IU para rechazar un Frente de Izquierda era la necesidad de abrir una discusión con Coincidencia Popular y con el partido socialista de la provincia de Buenos Aires. Coincidencia Popular está constituida por la tendencia que encabeza Mario Cafiero, por la de Alicia Castro, por la Democracia Cristiana, por el PSA y por el PCR. Ante este planteo, dejamos en claro que los sectores mencionados, con la excepción del PSA y el PCR, estaban identificados, unos con el clericalismo ‘nacional’, otros con la burocracia sindical moyanista, y otros más con una tentativa de reconstrucción de la Alianza (como lo demostraba el acuerdo Binner-UCR en Santa Fe y la tentativa de algo similar entre Stolbizer y Rivas en la provincia de Buenos Aires). No hace falta decir que el rechazo a un Frente de Izquierda desde el ángulo expuesto por IU zanja una serie de polémicas que se ventilaron por medio de los periódicos de cada partido en las últimas semanas. Zanja la denuncia de que las elecciones internas que propicia el PO podrían servir para una manipulación del frente de izquierda desde fuera de la izquierda. La tentativa de subordinar el frente de izquierda a fuerzas extrañas a la izquierda (para decir lo menos) no ha venido de la propuesta de elecciones internas. Zanja también la acusación de que el Partido Obrero carecería de voluntad política para concretar un frente de izquierda. No puede haber manifestación más contundente de esa voluntad política que plantear irrevocablemente la constitución del Frente, incluido un acto público popular. Zanja la más odiosa y manipuladora de las acusaciones realizadas contra el PO: de que nos habríamos negado a concretar un frente de izquierda en Salta. Ahora está claro que IU nunca tuvo el propósito de constituir un frente de izquierda, ni mucho menos de usar a Salta como un antecedente de tal frente de izquierda. Esta clarificación política es muy importante. Se trata de una delimitación de posiciones que despeja la confusión que ha reinado, hasta un cierto punto, en el seno de la izquierda acerca de la construcción de un frente de izquierda. Coloca el debate sobre el frente de izquierda en un plano más claro, y esto debería ayudar a todos los hombres y mujeres que militan en la izquierda a una intervención mejor y más profunda para que se pueda concretar un frente de izquierda. ¿Ampliar el frente o autoliquidarlo? La necesidad de ampliar el espectro de las fuerzas políticas con las cuales discutir un frente no se opone necesariamente a la proclamación de un Frente de los partidos de la izquierda. La propuesta que ha hecho el PO incluía, expresa y precisamente, el llamado a otras organizaciones a debatir el frente, en especial al PCR, el PTS, el MAS, así como a organizaciones piqueteras y asambleas populares. El asunto es si ampliamos el debate frentista desde el frente de izquierda o si lo hacemos para liquidar las posiciones que históricamente ha levantado la izquierda. La segunda opción sería una liquidación histórica de la izquierda. Cuando los representantes del PO en la reunión con IU plantearon esta contradicción, la respuesta de los compañeros de IU fue aún más clara que nuestro cuestionamiento. Dijeron que para llegar a un frente amplio estaban dispuestos a hacer las concesiones programáticas que fueran necesarias, incluidos el derecho al aborto y el laicismo (hay una cierta coherencia en esto, puesto que Tabaré Vázquez acaba de vetar una ley de derecho al aborto en Uruguay). Si prospera el punto de vista expresado por los compañeros de IU en la reunión, se podría llegar a obtener una voz en el parlamento, pero que no sería anticlerical, ni laica, ni (por lo tanto) democrática, ni (mucho menos) socialista. Aunque la reunión no avanzó más de lo relatado en el tema de las concesiones programáticas, debemos decir que esas concesiones deberán extenderse a muchos otros terrenos, ya que el partido socialista (‘aliancista’ y ‘transversal’) apoya el pago de la deuda y la continuidad de las relaciones internacionales existentes. Esto, aunque pueda parecer ridículo, plantearía un problema adicional: porque mientras Mario Cafiero y Patricia Walsh votaron en contra de la “ley cerrojo” que sirvió para cerrar y concretar el canje de deuda (fue recomendado por el Financial Times), Jorge Rivas y la troupe socialista lo hizo a favor. Si las concesiones sobre el laicismo y la democracia son concesiones al clero, las concesiones sobre el canje de deuda y el FMI son concesiones al gobierno de Kirchner. Se eliminaría la distinción entre el frente amplio y el frente transversal. La pregunta que se impone es si desde un frente con componentes clericales, aliancistas y transversales la izquierda podrá defender la revolución boliviana de las injerencias de Kirchner-Lula-Bush, que se realizan por cuenta de Repsol, Petrobras y Chevron; o si podrá defender de esas mismas injerencias al proceso nacional de Venezuela; o, en definitiva, si podrá defender a Cuba, que enfrenta la presión imperialista más intensa de todo el período de la Revolución. El argumento del 0,5% Una novedad fuerte de la reunión es que la delimitación política que se acaba de describir no se circunscribió a las posiciones del partido comunista, que se reflejan en la promoción que el partido comunista hace del Encuentro de Rosario, sino también al MST, el cual no deja pasar ocasión, sin embargo, para despotricar contra el mencionado Encuentro de Rosario. Pensamos que estamos ante contradicciones extremas de parte del MST, para no suponer que pega el grito en un lado y pone el huevo en el otro. Fue el compañero que representaba al PC, precisamente, el que dio el argumento de más peso (si cabe la expresión) para rechazar un frente de izquierda: no queremos, dijo, un frente que saque el 0,5% de los votos. Es claro, sin embargo, que al expresarse de esta manera no tuvo en cuenta el 12% de los votos del PO, solo, en Salta, ni el 14% de los votos, más solo aún, de Luis Zamora, en la Ciudad de Buenos Aires. La importancia, enorme en nuestra opinión, del planteo del 0,5% es que incorporar las posiciones clericales y aliancistas a un frente más amplio supone mucho más que un acuerdo con personalidades aisladas y mucho más también que un ofrecimiento de candidaturas en posiciones relegadas. Para superar ese 0,5%, en este enfoque, será necesario incorporar de modo más masivo a las expresiones del clero y más masivamente a los representantes centroizquierdistas del capitalismo. El argumento del 0,5% desnuda una propuesta de disolución política de la izquierda en un bloque de conjunto de carácter capitalista, de ningún modo un acuerdo relegado, parcial o coyuntural. Un acuerdo parcial o coyuntural, que ofrezca candidaturas relegadas a tal o cual personaje, no resolvería la preocupación por el 0,5%. Si esta preocupación es genuina habrá que ir a fondo en la formación de una nueva Alianza —con componentes clericales y la participación de la izquierda. En resumen, el propósito de resolver la próxima coyuntura electoral con un remiendo de candidatos de tiendas políticas extrañas a la izquierda que lucha en posiciones subordinadas es inviable. Otorgarles el protagonismo central sería entregar una posición política sin correlación con el aporte de votos. Esto ya fue demostrado en las elecciones pasadas, cuando IU hizo un frente con el PS, en esa ocasión con el ‘consuelo’ de que Rivas iba como candidato simbólico a gobernador porque no necesitaba renovar su banca (como sí ocurre ahora). La izquierda en la encrucijada Más allá de sus características programáticas o ideológicas, el conjunto de la izquierda está atravesado por una crisis, que se manifiesta también en todo el mundo. A medida que se profundiza la crisis mundial (algo que no puede ser puesto en duda a partir del empantanamiento yanqui en Irak; la crisis europea en Francia, Alemania e Italia; las crisis políticas y los levantamientos populares en América Latina, para citar algunos ejemplos), la izquierda mundial debe elegir entre su integración parlamentaria al Estado, de un lado, y la profundización de sus lazos con las masas, del otro. El desmoronamiento de los partidos tradicionales, expresión de esa crisis mundial, es usado como pretexto para incorporar a la izquierda a la gestión del Estado capitalista, que de repente cree que se le allana el camino con una ‘política de alianzas’. Verlo de otra manera, o sea como el avance hacia una alternativa de poder, es un autoengaño. Hay una abundancia de experiencias que lo demuestran. La izquierda de Argentina aún puede elegir. La vigencia de esta encrucijada es lo que fundamenta nuestro planteo de que concretemos ya el Frente de izquierda en los términos planteados más arriba. Es lo que lo hace realista. Las propuestas de frente en términos extraños a la izquierda ya han fracasado en Argentina —y no pocas veces. El Frente del Sur, en 1991/2, sirvió de puente al Frepaso y a la Alianza, de miserable destino. EL PARTIDO OBRERO PROSIGUE SU CAMPAÑA POR UN FRENTE DE IZQUIERDA, INCLUSO CON MAYOR INTENSIDAD. Llamamos a involucrarse en este debate a todos los partidos de la izquierda, tanto a los que se encuentran en la Coincidencia Popular como a los que propugnan frentes ideológicos. Por sobre todas las cosas, llamamos a participar en la formación del frente de izquierda al conjunto de la militancia de izquierda, de la militancia obrera y piquetera, de la militancia socialista, de los intelectuales vinculados a la lucha popular y al socialismo. A IZQUIERDA UNIDA LE REITERAMOS EL PLANTEO DE PROCLAMAR LA CONSTITUCION DE UN FRENTE DE IZQUIERDA Y DE LLAMAR A INTEGRARLO A TODOS LOS SECTORES POPULARES. 23 de mayo de 2005