La Revolución Rusa de 1905 está indisolublemente ligada a la de 1917, y más de una vez ha sido presentada como su “ensayo general”. Por primera vez, en 1905, la huelga política de masas jugó el papel decisivo en la revolución, que asume desde el primer día un manifiesto carácter obrero. Por primera vez, en 1905, los obreros crearon un Soviet (Consejo de delegados obreros) para organizar la huelga general que, por la propia naturaleza de la revolución, se convirtió en el embrión de un gobierno propio de los explotados. El “Domingo Sangriento” El 23 de enero de 1905 (9 de enero, según el antiguo calendario ruso) entró en la historia de Rusia como el “Domingo Sangriento”. Ese día, 150.000 obreros en huelga de San Petersburgo, acompañados por sus esposas e hijos, organizaron una marcha hacia el Palacio de Invierno para entregar una petición al zar. Era una marcha pacífica, organizada por un sindicato clerical y encabezada por un sacerdote, el cura Gapón. Los manifestantes marchaban con retratos del zar, íconos religiosos y velas. El tono de la petición era decididamente respetuoso: “Señor. Nosotros trabajadores, nuestras esposas e hijos, los viejos desvalidos que son nuestros padres, venimos a ti en busca de justicia y protección”. Listaba todas las ofensas a los obreros, desde las fábricas sin calefacción a las arbitrariedades de la burocracia. Reclamaba la jornada de ocho horas, salarios justos, amnistía y libertades públicas, la entrega gradual de la tierra a los campesinos, la separación de la Iglesia del Estado. La encabezaba el reclamo de una Asamblea Constituyente elegida por sufragio universal. Pero el zar Nicolás II, que a partir de ese día sería conocido como “el sanguinario”, no quería recibir a “su pueblo”. Por toda la ciudad fueron apostadas tropas para bloquear el paso de los manifestantes. Cuando la marcha intentó superar los bloqueos, las tropas fusilaron a la multitud. Durante toda la jornada se repitieron los disparos sobre los obreros desarmados. Al término de la jornada, quedaron en las calles mil muertos y más de dos mil heridos. La clase obrera ya no se dirigiría al zar con respeto sino con odio de clase. “En ese despertar de la conciencia política en inmensas masas populares, que se lanzan a la lucha revolucionaria, estriba la significación histórica del 9 (23) de enero de 1905” (Lenin, Informe sobre la revolución de 1905 ). Los preparativos 1904 había terminado con una serie de huelgas. En una de las mayores fábricas de San Petersburgo –la usina Putilov, en la que trabajaban más de 10.000 obreros– la patronal despidió a cuatro activistas de la “Asociación de obreros rusos de las fábricas de San Petersburgo”, el sindicato organizado por Gapón. El 3 de enero, los obreros de Putilov se declararon en huelga. El 4 se sumaron otras fábricas. El 5 para la gran empresa Semiannikov. El 7, la huelga es virtualmente general: 120.000 obreros están parados. Madura entonces la idea de una manifestación. Se discuten los términos del petitorio; los socialdemócratas, que intervienen activamente en el movimiento, logran incorporar consignas políticas, en particular la de la Asamblea Constituyente. Un obrero de fábrica, corresponsal del diario que Lenin editaba en el exilio, escribe entonces: “Vemos un cuadro como jamás hemos visto, y el corazón se angustia ante lo desconocido: ¿estará la organización socialdemócrata a la altura de encabezar el movimiento? La situación es extremadamente seria. Todos los días hay reuniones en todas las secciones de la Asociación (de Gapón). Los socialdemócratas repartimos nuestros volantes y decimos nuestros discursos. Se nos escucha con simpatía, pero cuando atacamos al zar, los zubatovistas [en referencia al jefe de Policía de Moscú, Zubatov] gritan: ‘no es nuestro problema; el zarismo no nos interesa’. Pero en sus propios discursos figuran todas las reivindicaciones socialdemócratas” (citado por Gerard Walter, en Lenine ). En los días previos, el gobierno se había mostrado pasivo frente al crecimiento de la huelga y los anuncios de la manifestación. No lanzó ninguna advertencia ni prohibió la marcha. “¿Provocación astuta? ¿Confusión patética? Ambas –escribe León Trotsky–. La banda de Trepov (ministro del Interior), ansiosa de poner fin a la ‘primavera’ y por esa misma razón conscientemente deseosa de una masacre, dejó que los acontecimientos se desarrollaran hacia su lógica conclusión. Y el gobierno ruso no hizo nada para evitar la masacre”. A la mañana del domingo 9, una multitud se concentra frente a la Casa del Pueblo. A mediodía comienza la marcha hacia el Palacio de Invierno. La huelga, el método de la revolución La masacre detonó un tumultuoso movimiento huelguístico. Desde San Petersburgo y Moscú, rápidamente se extendió al resto del imperio: “Empresa tras empresa, fábrica tras fábrica, ciudad tras ciudad, dejaron de trabajar” (León Trotsky, 1905 ). El movimiento huelguístico alcanza a 122 ciudades y decenas de minas; en los meses siguientes al “Domingo Sangriento”, un millón de obreros y obreras van a la huelga. Los ferroviarios actúan como detonantes de las huelgas y las líneas férreas son los canales por los que se extiende la “epidemia”. “Las masas proletarias estaban agitadas en el verdadero corazón de su existencia. Por casi dos meses, sin ningún plan, en muchos casos sin adelantar ninguna reivindicación, parando y recomenzando, obedeciendo sólo al instinto de solidaridad, la huelga dominó el país (...) Sobre el área operacional de la huelga –y esa área operacional es todo el país– campea algo amenazante, siniestro y desafiante” (León Trotsky, 1905 ). En las ciudades del interior, el estado de ánimo revolucionario de los obreros se extiende a los campesinos. “El medio principal de esta transición fue la huelga de masas” (Lenin, Informe... ). Comienzan revueltas campesinas, con ocupación de tierras y expulsión de terratenientes. La agitación campesina repercute en el ejército y provoca insurrecciones y amotinamientos. La más célebre es la del Acorazado Potemkin, luego de la derrota de la armada imperial en Toushima, respaldada por la clase obrera de Odessa con la huelga general. Todo lo que hay de vivo en la Rusia zarista se levanta contra la autocracia. A su cabeza está la clase obrera, con sus propios métodos. “La huelga fue el medio principal para poner en movimiento a las masas y el fenómeno más característico del desarrollo, en oleadas sucesivas, de los acontecimientos decisivos” (Lenin, Informe... ). Después del 9 de febrero, la revolución no conoce respiro. Su método fue la huelga política de masas, que lleva a la revolución, “sin preocupación por el secreto militar, abiertamente, ruidosamente, burlándose de la rutina, disipando su estupidez narcotizada, a su propio punto culminante” (León Trotsky, 1905 ). Este llegará en octubre, con la primera huelga general política de toda Rusia y la creación del Soviet (Consejo de delegados obreros) de San Petersburgo, embrión de un gobierno obrero, y, más tarde, en diciembre, con la insurrección de Moscú.