La victoria de Tabaré Vázquez en la primera vuelta de las elecciones uruguayas desató el júbilo popular. Este triunfo está a planteado desde hace años, pero la introducción del doble turno electoral por parte de los partidos oficiales, incluso con a ver FA alargó la agonía de los blancos y los colorados. Para una gran parte del pueblo uruguayo esta victoria es vivida como una pendiente desde el golpe militar de 1973 —que, en definitiva, apuntó a la proscripción y el aniquilamiento de la Izquierda Uruguaya. La larga “travesía del desierto” por parte del FA sirvió, finalmente, como un instrumento de domesticación política, al ex re tirio en agencia del imperialismo. En estas tres décadas, el FA actuó como el “gran organizador de derrotas” del proletariado.
Tabaré estuvo lejos de la avalancha de votos que recibió Chávez o, más lejos en el tiempo, Perón en la Argentina, gano con algo menos del 51% de los votos, casi lo justo para evitar una segunda vuelta. El Frente Amplio-Encuentro Progresista-Nueva Mayoría, además de la presidencia, una mayoría parlamentaria: 53 de los 99 diputados y 17 de los 30 senadores.
El resultado más abultado de la fecha, sin embargo, no lo obtuvo ningún candidato: el 60% de los uruguayos votó en el referendo acerca de incluir en la Constitución una enmienda que impida la privatización del servicio de abastecimiento de agua potable y cloacas (hoy en manos de privatizadas españolas y francesas).
En contraposición con la magnitud de la victoria obtenida, las crónicas de la noche de la victoria del FA-EP-NM destacan “moderación” del júbilo popular. Pone en evidencia la dosis cierta de escepticismo, y hasta de desconfianza, en el nuevo gobierno
El resultado no fue una sorpresa para nadie. Todas las encuestadoras pronosticaban que Tabaré Vázquez ganaría las elecciones en la primera vuelta. Con la seguridad del resultado en el bolsillo, los dirigentes del FA- EP-NM salieron a demoler cualquier ilusión popular.
“Queríamos cambiar el mundo y el mundo nos cambió a nosotros”, declaró Danilo Astori, ministro de Economía designado (Clarín, 29/10). Con estas palabras, le pasaba el trapo a algunos puntos del viejo programa del FA (ruptura con el FMI, nacionalización de los bancos, no pago de la deuda externa) y los reemplazaba por lo que un periodista definió como “un acercamiento a las líneas de la derecha liberal” (pago de la deuda externa, defensa del secreto bancario, mantenimiento de los acuerdos con el FMI). Por sobre todo, le anunció al pueblo uruguayo que no espere nada del nuevo gobierno.
El ministro de Economía es un viejo defensor reconocido de las privatizaciones. Las mismas palabras de Astori las repitieron Tabaré y José Mujica, ex dirigente tupamaro y dirigente del MPP. “El mundo ha cambiado; la región ha cambiado; el país ha cambiado; una fuerza política que no asuma tales cambios está condenada a desaparecer”, declaró Vázquez (Clarín, 30/10), para “explicar” su conversión en la derecha del FA. “Antes queríamos cambiar el mundo; ahora nos conformamos con cambiar la vereda del barrio”, agregó Mímica (La Nación, 31/10), para mejor insultar a los anhelos populares.
Este operativo concertado para demoler las expectativas populares se reforzó en las horas posteriores a la votación.
Las primeras palabras de Astori fueron para anunciar que se reuniría inmediatamente con el FMI para negociar el próximo acuerdo y para asegurarles que “no buscamos una quita” (¡ni eso!) de la deuda externa.
Tabaré anunció que a pesar del rechazo del 60% de los uruguayos a las privatizadas, la medida “no es retroactiva” -aunque de todos modos, las concesionarias quieren irse previo cobro de las indemnizaciones.
Mientras el pueblo cantaba “ya se van...”, otros “referentes” del FA- EP-NM anunciaron que se invitaría a figuras del Partido Blanco y, eventualmente, del Colorado a integrar el nuevo gabinete. El anuncio, de paso, pone en ridículo a los que -como el MST argentino- justificaba su voto al gobierno de terratenientes y capitalistas encabezado por Tabaré con la excusa del “fin del bipartidismo”. Naturalmente, todos repitieron que el gobierno del FA-EP-NM “respetaría los compromisos internacionales del Estado uruguayo”.
La izquierda frenteamplista
Con relación a la mayoría parlamentaria, la derecha del FA obtuvo la abrumadora mayoría de los votos dentro de la coalición y la casi totalidad de los cargos parlamentarios.
El PCU obtuvo alrededor del 7% de los votos del FA (3,5% a escala nacional), lo que le permite mantener su senador y 3 ó 4 diputados. El “26 de Marzo”, del diputado Raúl Sendic, obtuvo el 2% de los votos del FA (20.000 votos), lo que le permitirá mantener esa banca. La Corriente de Izquierda obtuvo el 0,7% de los votos del FA (7.500 votos) y no tendrá ningún parlamentario.
El “bloque de izquierda” del FA (si se considera, lo que es un abuso, al PCU dentro de este bloque) no llegó al 10% de los votos de la coalición. En términos parlamentarios, esto significa que no consiguió ninguno de los cuatro nuevos senadores y ninguno de los diez nuevos diputados de la coalición. La derecha fue la ganadora neta. El “apoyo crítico” fue aplastado.
Estas cifras ponen en ridículo a quienes pretendían “presionar desde el parlamento” al gobierno capitalista o a quienes, como el MST, “amenazaban” con una “ruptura” ante el inevitable rumbo proimperialista del nuevo gobierno. Al defender el voto por la coalición con los capitalistas y terratenientes, la izquierda frenteamplista se ha suicidado.
La composición derechista del voto del FA-EP-NM confirma que la victoria del domingo pasa do no es la manifestación de un ascenso popular La clase obrera ha sido aplastada, hasta ahora, por el FA. La burocracia política y sindica] del FA era plenamente consciente, desde hace mucho, de que el aplastamiento del movimiento obrero y popular era 1a condición fundamental para llegar al gobierno. Ha tenido éxito en esta tarea.
“Unidad latinoamericana”
Con la victoria del FA-EP-NM, Uruguay se suma a la “ola” de gobiernos de centroizquierda que gobiernan América Latina: Lula, Kirchner, Lagos en Chile, Duarte en Paraguay.
Gente que nunca se cansa de hacer el ridículo, ha acuñado la idea de que se está forjando una nueva “unidad latinoamericana”. Claro que se cuidan de establecer cuál es el contenido social de esa nueva “unidad”: el pago de la deuda externa, la defensa de los intereses capitalistas, el ataque a las condiciones de vida de las masas de sus respectivos países, las tropas en Haití.
Y, por sobre todo, ocultan esto último: el acuerdo político con el gobierno de Bush para llevar sus tropas a Haití, donde éstas actúan como gendarmes de la ocupación y del gobierno títere establecido por los yanquis y el FMI.
Los centroizquierdistas se encargan de cumplir las exigencias de “seguridad” del imperialismo.
Los ocupantes de Haití gobiernan América Latina y en Uruguay.