¡10.000 Puntos!
Pero..., ¿‘termómetro’ de qué? El propio vocero de la bolsa neoyorquina admite que "nunca se había registrado un período positivo tan largo en el mercado de valores (pero sí) uno igual de poderoso: el que terminó en 1929", es decir, el que concluyó en la mayor catástrofe económica del siglo (The Wall Street Journal, 31/3). Entonces, ¿mide el DJ, la potencia, el crecimiento de conjunto del mercado mundial, el impulso general de la producción y de la acumulación de capital? ¿O, al revés, es un registro de enormes desequilibrios en la economía internacional, de la hipertrofia de beneficios especulativos y de factores excepcionales insostenibles en el próximo período? En otras palabras: ¿es un índice de salud y vitalidad o la evidencia febril del metabolismo patológico de la economía ‘globalizada’? Especulación Primer dato: el aumento de las acciones yanquis no es una consecuencia del aumento de las ganancias de las empresas respectivas, que "sólo explican el 20% del incremento de los papeles" (International Herald Tribune, 31/3). El 80% restante debe atribuirse a la "extraordinaria aceleración de la oferta monetaria a partir de 1992", que llegó en el ‘98 a cuadruplicar el crecimiento del producto bruto norteamericano (Financial Times, 10/12). La emisión masiva de moneda estuvo destinada al salvataje del capital financiero norteamericano (los fondos de inversión y cobertura) y a evitar un colapso en la economía mundial, luego de las crisis asiática y rusa. La emisión provocó una caída en las tasas de interés, la que permitió financiar la acumulación de stocks, paralizó el dinero retenido en el sistema bancario y en los bonos del Tesoro norteamericano y canalizó los fondos al mercado de valores yanqui. La consecuencia de este proceso fue una inflación de créditos. Esto ha dado lugar a un endeudamiento sin precedentes del capital norteamericano; a la sobrevaluación del dólar por la demanda para la especulación; y a un enorme resultado negativo de la balanza comercial yanqui (el dólar caro fomenta las importaciones y bloquea las exportaciones). Es, por lo tanto, un mecanismo que conduce a un "equilibrio imposible" (Financial Times, 17/2). Son síntomas de una situación de quiebra. Las evidencias están ahí para el que las quiera ver: los dividendos de las acciones de Wall Street ya son casi nulos, "inferiores al 1%", un fenómeno idéntico al que precedió, diez años atrás, el comienzo del derrumbe de la bolsa y de la economía japonesas (Financial Times, 17/4). Sobreproducción Es que el fenómeno de la capacidad ociosa de la economía es mundial, y "será, al final de 1999, sólo comparable a la de los años ‘30". Las tendencias deflacionarias "pueden ser más dañinas que la pasada inflación... provocando una espiral de caída de precios y demanda que se alimenta mutuamente, como sucedió en la Gran Depresión" (The Economist, 20/2). Si la expansión de la economía estadounidense en los últimos años actuó como contrapeso del resto de la economía mundial, encuentra un límite que asusta a los economistas y voceros del gran capital. El endeudamiento de los consumidores y de la ‘sobreinversión’ en la industria pesada "pueden transformarse en la principal causa de una recesión e inclusive de una depresión, mucho más que posible (en los EE.UU.)" (New York Review of Books, 8/10/98). Quebranto Un anticipo muy poco conocido de esta situación se revela en el hecho de que, en buena medida, el ascenso del Down Jones no obedece a una mayor demanda de acciones sino a la caída de la oferta. Las grandes empresas están comprando... sus propias acciones para sostener su valor, aprovechar ventajas crediticias y fiscales y canalizar sus propios fondos, los que no pueden ir a la producción que está saturada. Es decir, la bolsa crece porque se descapitaliza: en 1998, "200.000 millones de dólares en acciones fueron retirados de Wall Street" (Financial Times, 13/3). De todos modos, el "Down Jones" se elabora con un promedio de no más de 30 acciones entre las miles que se negocian en el mercado. Otros índices, menos difundidos, que siguen el precio de los papeles de empresas de menor porte, se han desmoronado entre un 30% y un 40% en los últimos años, según un reciente estudio sobre este tema en la bolsa inglesa (Financial Times, 17/2). En definitiva, el ascenso ‘meteórico’ del Down Jones les parece a los propios ‘gurúes’ del capital como una suerte de fuga hacia la nada. Es también sintomático que los 10.000 puntos hayan coincidido con el inicio de los bombardeos de la Otan en Yugoslavia. El imperialismo busca salir de la impasse con los métodos que les son propios: la guerra, la destrucción y‘quema’ de capital, el armamentismo, la recolonización y depredación de los mercados. También, la salida a la ya citada Gran Depresión de los años ‘30, se logró con la carnicería de la Segunda Guerra Mundial.