Por qué Lula violenta la democracia interna del PT
Para consumar el frente con los partidos patronales, PSB y PDT, la dirección del PT tuvo que vetar la resolución de la convención estadual de Río de Janeiro, que había lanzado la candidatura al gobierno del Estado del petista Vladimir Palmeira. Ese veto fue una exigencia del PDT, para imponer a su candidato, Antonio Garotinho, un hombre calificado casi como delincuente, incluso, por la prensa brasileña. A fines de mayo, una Convención Nacional del PT ratificó —por 310 votos contra 201— el veto de la Dirección Nacional. Lula, amenazó con retirar su candidatura presidencial si la Convención Nacional no ratificaba ese veto. Los partidarios de Palmeiras han declarado que no harán campaña por Garotinho y han recurrido a la justicia. "La ruptura con el ala radical (fue la) clave para garantizar el frente (...) el momento en que Lula rompió con el ala radical era la señal que Brizola y Arraes esperaban (de que) Lula estaba libre para desplazarse al centro" (O Estado de Sao Paulo, 31/5). Ahora que se derrumba literalmente el plan real, el carácter reaccionario del frente del PT con la burguesía se hará más notorio aun, ya que su eje pasará por ofrecer el rescate económico de la clase capitalista, a costa naturalmente de las masas. La izquierda del PT Tanto la derecha como la izquierda del PT son frentistas. Pero para la izquierda, ese frente debe estar encabezado por el PT; no debería incluir a los partidos del gobierno, y su programa debe combatir al neoliberalismo y la ‘globalización’; la izquierda del PT dice, repetidamente, en sus documentos, que la salida a la crisis nacional pasa por el desarrollo del mercado interno. Esta estrategia la ha llevado a oponerse a la posibilidad de frentes encabezados por disidentes del gobierno, pero del mismo modo apoya el frente que se ha establecido con el PDT y el PSB. El veto de la dirección del PT a las resoluciones del PT de Río de Janeiro le plantea, objetivamente, una crisis política muy clara, porque la violación de la democracia interna se ha fundado en la necesidad de viabilizar el frente con el que comulgan igualmente la derecha y la izquierda. Lo sucedido en Río de Janeiro se reproduce con pelos y señales, en el Estado de Pernambuco. El PT de este Estado no apoya la reelección del gobernador Arraes, del PSB, porque es derechista, privatizador, hostil a los movimientos de los trabajadores, represor de los Sin Tierra y tiene un gabinete oligárquico. El PT pernambucano rompió con el gobernador hace ya más de un año. De una manera general, en cada uno de los Estados donde el PT apoya un candidato ‘aliado’, la base petista se encuentra sometida a la extorsión de la dirección nacional: o se somete o sufre la ‘intervención federal’ como en Río de Janeiro. Una auténtica crisis La izquierda del PT ha ofrecido alternativas ‘razonables’ a la crisis planteada, siempre sobre la base del respeto a la democracia interna. Por ejemplo, excluir la gobernación de Río y, eventualmente, de Pernambuco del Frente Popular, que se mantendría en todo el país y en el resto de los estados. Pero ni Brizola ni Arraes aceptan estas variantes ‘pluralistas’, es decir que lo que está en juego es la propia sobrevivencia del Frente Popular. La autenticidad de la crisis que enfrenta la izquierda del PT consiste precisamente en que los acontecimientos han puesto en cuestión la concepción estratégica que comparten con el conjunto del partido: el frente popular con los partidos de la burguesía. Lula y la derecha del PT conciben al frente como un ofrecimiento de colaboración de clases dirigido al conjunto de la burguesía y del imperialismo; la izquierda lo entiende como una alternativa combativa: por eso reclama siempre que sea encabezado por el PT y por Lula, y que impulse un programa combativo. Pero ni Brizola ni Arraes aceptan esta versión combativa del frente popular, ni tampoco lo hace Lula; la estrategia que plantea la izquierda resulta, entonces, claramente abstracta. Un frente combativo o revolucionario con partidos ligados al orden social prevaleciente es una contradicción sin salida. Incluso si se planteara que el frente popular se efectúa con la pequeña burguesía y no con la burguesía, esto sólo sería así si la presencia de esa pequeña burguesía estuviera claramente fisonomizada, es decir, libre de ataduras con los partidos que la someten al orden capitalista en vigencia — y esto no ocurre con el frente popular brasileño. La crisis dentro del frente popular y dentro del PT tiene lugar en circunstancias en que existe la posibilidad de que la situación del país evolucione hacia una situación pre-revolucionaria o incluso revolucionaria. Las opciones políticas que se adopten pueden tener un carácter decisivo. La intervención al PT de Río y, probablemente, al de Pernambuco, como antes lo fueron la expulsión de Causa Operaria y del PSTU, no responde a una no querida violación de la democracia partidaria que resultaba imprescindible para asegurar el frente que pudiera derrotar a Cardoso. Se trata de otra cosa. Es una medida de liquidación de la independencia de clase del PT para proceder a someterlo a un frente burgués, que sirva como carta última de la burguesía que hoy apoya a Cardoso para el caso de una evolución revolucionaria de la crisis actual. De esta caracterización surge también la alternativa: la ruptura con el frente popular y estructurar en su lugar un frente de la clase obrera, de los trabajadores sin tierra y de los campesinos pobres. Se trata de una estrategia política incompatible con la actual dirección del PT, que exige la formación de un nuevo partido obrero.