Una tragedia obrera Sebastián Portillo
Un accidente, mal llamado "de tránsito", cobró la vida de 10 jóvenes obreros que se trasladaban desde Santa Ana, al sur de Tucumán, hasta Chilecito, en La Rioja, para trabajar en empresas agrícolas de la zona. Se trata, bien entendido, de un accidente laboral y como tal informa acerca del trabajo, las condiciones en que éste se realiza y sobre todo, acerca de los trabajadores. El azar en este desgraciado hecho es casi una determinación fatal. La localidad de Santa Ana ilustra de manera histórica y estructural los efectos del ‘ajuste’ sobre la población. Una ciudad que en 1960 tenía 12.000 habitantes se redujo a 2.000 en 1970 (hoy en día con unos 4.000), luego del ‘ajuste de mercado’ que cerró ingenios en 1966 y que expulsó de la provincia a 200.000 indigentes... El ingenio Santa Ana fue cerrado definitivamente en 1968. Desde esa época, la propiedad de la tierra y de la producción registra una concentración fenomenal en manos empresarias, con el apoyo del Estado nacional y provincial. Es decir que la zona no se empobreció, sino la gente que vive en ella. Estas empresas, azucareras y citrícolas, han crecido al amparo del apoyo estatal; unos 400 millones de dólares del quebranto provincial (con el que hoy se ‘justifica’ el ajuste fiscal) son créditos morosos de este sector... Pero no se crea que los superbeneficios de estos ricachones provienen sólo de este mecanismo de transferencia (en último caso, los créditos conscientemente ‘incobrables’ provienen de fondos populares, puesto que el grueso del ingreso estatal proviene de impuestos al consumo y al trabajo de la población...). Desde hace tiempo que se emplea en negro a trabajadores por destajo a 10 pesos la jornada y se ‘temporaliza’ a los trabajadores según los ciclos productivos, tanto en los campos como en la industria. Está claro, entonces, que a las familias rurales y de pueblos y ciudades del interior no les queda otra para sobrevivir que desmembrarse, enviando a las mujeres a engrosar las 40.000 domésticas que hay en la provincia, y a los jóvenes a migrar compulsivamente en busca de monedas para comer. Este caso es demasiado ilustrativo: en Santa Ana, en esta época, hay un 55% de desocupación, y la miseria es tan grande que hasta varios "anotados" para el viaje desistieron porque no juntaron los 10 pesos para ello... A raíz del incidente se vivió, en medio del pesar, un circo. Por un lado, el gobierno hipócrita de Bussi hizo presencia de ‘ayuda’ y ‘condolencia’ a los familiares. Por el otro, protestaron la FOTIA y los sindicatos de obreros agrícolas por falta de "controles ruteros". El cinismo llegó hasta el límite, cuando Bussi adujo la conveniencia del transporte de los "golondrinas" en avión y la FOTIA... en ómnibus... Lo cierto es que miles de jóvenes se ven obligados a conchabarse por lentejas, siendo víctimas de contratistas y transportistas truchos que son funcionales y estimulados por las‘eficientes’ empresas ‘de punta’ de Cuyo y del sur del país, que los ‘demandan’ según la‘libertad de mercado’ y los superexplotan (la responsabilidad empresaria, dijeron ‘juristas’, es tranquera adentro). De este doloroso hecho se desprende la reinstalación de viejas verdades que guiaron la lucha de nuestros antecesores: el capitalismo se edifica sobre el sudor y la sangre de los trabajadores. Tanto el gobierno de Bussi como la burocracia podrida y antiobrera de la FOTIA, que declama y practica el afán de negociación sin ... nada a cambio ... han demostrado que son una lacra y un obstáculo para la realización de las mínimas necesidades de los trabajadores. Las diversas CGTs hicieron mutis por el foro, mientras negocian con el gobierno los cupos (y los curros) de vivienda para los sindicatos. Santa Ana es Tucumán. Es imperioso que los partidos y el activismo combativo impulsen la formación de un movimiento de desocupados para luchar por un seguro a los desempleados de 500 pesos, financiado en base a un impuesto extraordinario a los beneficios de los barones del citrus y del azúcar.