Mientras los diarios argentinos llenaban sus páginas y páginas con el “milagro brasileño” que salvaría al “plan” Cavallo de la recesión, en Prensa Obrera (N° 447, del 16 de mayo) mostramos que las agudas contradicciones del Plan Real —debían conducir a otro desenlace. La semana pasada, la renuncia del Presidente del Banco Central, Persio Arida, puso esas contradicciones al rojo vivo. “La salida intempestiva de este funcionario es producto de una puja, hasta ayer silenciosa, en el interior del propio gobierno. La disputa es entre un ala que preferiría devaluar la moneda y otra, la de Arida, que busca mantener la actual paridad del real con el dólar, a cualquier precio” (Clarín , 1/6/95). Sucede que para hacer frente a la fuga de capitales, el gobierno elevó la tasa de interés a niveles impresionantes. “Con el dólar fijo, el Tesoro está pagando intereses superior al 60% anual en dólares. Una i paridad”, se quejó en un editorial Folha de Sao Paulo (19/5/95). Días en PO N° 447 (16/5/95), dijimos que el Plan Real había llevado la deuda Pública a 220.000 millones y torno la tasa de interés de esa deuda se ubica en el 5% mensual, se generan intereses por más de 100.000 millones anuales” una verdadera bomba. Esa política a su vez, ha acumulado un déficit de la balanza comercial de 4.000 millones de dólares en los primeros 5 meses del año, que proyectada a todo el año supera los 10.000 millones. Como Brasil debe pagar, además, vencimientos de la deuda externa por otros 10.000 millones, las reservas alcanzan sólo para unos meses. “El Banco Central viene practicando intereses extravagantes, que amenazan causar daños difíciles de reparar a muchas empresas, a las finanzas federales y a los diversos gobiernos provinciales (estaduales)” (Folha). Los intereses usurarios estrangularon el crédito, con lo cual el “boom consumista” se cortó de cuajo y comenzó a insinuarse una recesión. “Los stocks de autos aumentaron 50% desde abril para los primeros 20 días de mayo” (Folha). A mediados de mayo, el ex-ministro Mario Simonsen, un representante de los intereses de la gran patronal industrial, declaró que “en materia cambiaría, el gobierno se equivocó más que el mejicano...” para pronosticar que “es difícil que la actual banda cambiaría dure ´mucho, mucho tiempo´ como afirman los funcionarios del gobierno”. (O Estado de Sao Paulo ,16/5). Se formó así un fuerte frente de la gran patronal para quebrar la política del Banco Central, sostenida por el Ministerio de Economía y el propio Presidente Cardoso. Según un periodista de laFolha (1/6/95), Persio Arida le confesó, días antes de su renuncia, que estaba “preocupado con el gigantesco complot que se formaba a favor de la inflación—uno de los objetivos preferidos de empresarios y sus lobbystas dentro y fuera del Congreso... Se refería a la presión para que se bajaran los intereses...”, lo que lógicamente debería conducir a la devaluación del real. No por casualidad la renuncia de Persio Arida fue saludada con satisfacción por la gran patronal industrial. El presidente de la Cámara de Máquinas y Herramientas —Sergio Magalhaes— lo dijo sin tapujos: “Quedé muy satisfecho con la salida de Arida, que causó daños irreparables en la industria con la elevación de tasas de interés. El cambio en el Banco Central debe significar la flexibilización del tipo de cambio, reducción de los encajes bancarios e intereses” (Folha, 1/6). Sin rodeos, “el ex-ministro Delfim Netto propuso nuevamente que el gobierno devalúe...” (El Cronista ,2/6). La crisis bancaria La renuncia de Persio Arida destapó otro gran frente de crisis: la explosiva situación bancaria y las pujas por el control de la banca estatal. Arida era partidario de la rápida privatización de más del 50% del paquete accionario de los bancos de los Estados de Sao Paulo y Río de Janeiro para que “los accionistas privados tuviesen un claro control del Consejo de Administración” de los bancos (Oazeta Mercantil , 1/6/95). El gobernador de Sao Paulo, Mario Covas, reclamó para la gobernación la mitad más uno de las acciones, para no perder el control del banco (“El Banco es del Estado”). Por eso, las gobernaciones de Sao Paulo y de Río de Janeiro también saludaron con satisfacción la renuncia de Arida. “El secretario de Planeamiento del Estado de Río, Marco Aurelio Alencar, sostuvo que el nuevo presidente del Banco Central, Gustavo Loyola, tendrá ‘un entendimiento más flexible´ que Persio Arida sobre la situación del Banco” (Gazeta, 1/6). La gran burguesía industrial de Sao Paulo quiere que los bancos estatales sigan subvencionando los créditos y sus intereses, algo que podría peligrar si esos bancos pasaran a manos de los banqueros internacionales. Estos exigen que Cardoso privatice a precio de regalo las grandes empresas en manos del Estado, con patrimonios de más de 60.000 millones y les entregue a las telefónicas y petroleras internacionales el control de las telecomunicaciones y la energía. Estas exigencias imperialistas y la lucha interburguesa en curso pueden conducir rápidamente a una nueva fuga de capitales y a una devaluación del real Esta variante “pondría fin al ´veranito´ exportador (argentino) hacia ese mercado justo cuando en Buenos Aries soplan fuertes vientos de recesión” (Clarín, 1/6). La pretensión de Cavallo de salvar su plan exportando a Brasil sufriría así un golpe decisivo.