Un “entierro de lujo” para la reelección
Las grandes-grandes-grandes patronales acaban de enterrar con una cena de lujo en los salones del Jockey Club los apetitos reeleccionistas de Carlos Menem. Pero con este funeral festivo la gran patronal ha puesto también en marcha una crisis política “La reelección no es imprescindible”, dijo el titular de los agasajantes, presidente del Consejo Empresario Argentino (CEA) y hombre de la banca Roberts, Enrique Ruete Aguirre. Su antecesor en el CEA, Armando Braun prefirió el ángulo “ético”: “no me gusta la relación directa entre la persona que promueve una reforma y después se beneficia con ella”. Pero Luis María Flyn del pulpo exportador devaluacionista, Cargill, puso el dedo en la llaga cuando apuntó que, “Si el partido gobernante no tiene mayoría para sacar leyes cómo puede asegurarse que las modificaciones de la Constitución apuntarán sólo a cuestiones de forma”. Este veto de los “privatizadores” tuvo su eco en la Unión Industrial. Es así que la nueva conducción, de tinte menemista sin embargo, “decidió suspender el seminario sobre la reforma constitucional, el mismo que le había prometido celebrar en mayo Gilberto Montagna a Carlos Corach hace dos meses en un almuerzo en Casa de Gobierno, como una muestra de buena voluntad de los nuevos hombres de la UIA para la reelección de Menem” (Ambito, 14/5). Conocedor del paño, Domingo Cavallo le “puso sordina al debate de la reelección” (La Nación, 12/5), al señalar que era contraproducente para la continuidad del plan económico. La verdad, sin embargo, es la contraria: el agotamiento del “plan económico” se ha transformado en una traba absoluta para la reelección. La burguesía necesita un gobierno multipartidario por que le teme a la catástrofe que pueda provocar una devaluación. Crisis de gobierno ¿Cómo se explica que los grandes beneficiario de las privatizaciones veten al hombre que les regaló las empresas públicas y satisfizo más del 100 por ciento de sus aspiraciones? Se explica porque la gran burguesía entiende que se impone operar un cambio de política. Para los grandes pulpos está planteada la devaluación. Como lo señaló oportunamente a La Nación ( ) el banquero Conrado Hebling, la preocupación de la gran banca es el caos económico que podría producir, en especial con relación a las privatizaciones cuyas tarifas están dolarizadas en la deuda pública que está nominada también en dólares. La revista The Economist acaba de señalar (3/4) que la “convertibilidad” está en un callejón sin salida, que obligará a modificar el tipo de cambio. Pérez Companc acaba de declarar, por su lado, que con este dólar no puede exportar ni siquiera petróleo, una mercancía cuyo costo es, sin embargo, 1/7 del precio internacional. El gobierno comenzó a recorrer la vía de la devaluación con los reembolsos para las exportaciones que anunció en setiembre pasado, y que Menem acaba de reforzar con las rebajas y eximiciones impositivas a granel para los grandes pulpos que anunció en el Parlamento el 1º de Mayo. Pero estos anuncios abrieron un frente de tormenta debido a la liberación completa de las importaciones de bienes de capital. Mientras la Unión Industrial trataba de “tener paciencia hasta las próximas elecciones y no levantar el perfil crítico para poder negociar mejor con el gobierno” (La Nación,12/5), comenzó a producirse “uno de los mayores dramas que presionan hoy sobre la UIA... la dispersión de asociados que en el interior están dejando la entidad y volcándose a las filas de la Confederación General de la Industria...” (Ambito, 14/5), la cual, no casualmente, lanzó un “duro comunicado contra los anuncios presidenciales...” (La Nación, 12/5). La venta de YPF también ha acelerado la crisis, porque al ofrecerla a un precio de remate mandó a pique a la Bolsa, cuyas acciones deberán alinearse con el nivel de cotización de YPF. Valuada en unos 12.000 millones de dólares, YPF se vendería por menos de 5.000 millones. La baja de la Bolsa provoca una crisis para varios grupos especuladores y cierra la canilla para una captación barata de capitales. El encarecimiento en el financiamiento de las grandes empresas se produce porque deja de ser conveniente emitir acciones, que son una especie de deudas a largo plazo y bajo interés y obliga a emitir “obligaciones negociables”, que son deudas a corto plazo y a un interés superior. El remate de YPF ha abierto además una feroz disputa, porque quien se quede con YPF marcará la música a la que tendrán que bailar el resto de los petroleros. Un correlato político parcial de esta crisis es la formación de un frente antimenemista dentro del PJ compuesto por Bordón, Cafiero, que ha bloqueado la reforma constitucional en el Senado y que postula un cambio de política. Naldo Brunelli se ha alineado por completo detrás de este sector. Alicia, una santa La expulsión de Alicia Saadi del Senado fue la oportunidad para el inicio del operativo de recambio político en el oficialismo. Los Saadi habían combinado la reelección de Alicia con Eduardo Menem. La crisis que se armó contra Alicia Saadi fue tan solo un pretexto para golpear a Menem. “Los senadores le complicaron los planes del Presidente por segunda vez en apenas dos meses. No es eso lo peor. Más grave aún es que en las dos oportunidades la revuelta tuvo los mismos líderes: Antonio Cafiero y Bordón. Primero le trabaron la reelección presidencial hasta convertirla en una fantasía de púberes y ahora no cejaron hasta echarla sin miramientos a su ex aliada Alicia Saadi. Más aún: lo obligaron a dar vuelta su posición ante la amenaza —cierta o potencial— de tumbarlo también a su hermano del segundo lugar en la nomenclatura de la República” (Joaquín Morales Solá, en Noticias, 18/4). Ahora la reforma constitucional duerme el sueño de los justos y, como dijera Rodríguez Saa, el proyecto del consejo nacional justicialista “tuvo un estrepitoso fracaso, porque fue redactado por una burocracia que no realizó consultas, en alusión a la tarea de los 11 juristas partidarios, encabezados por Eduardo Menem...” (La Nación, 14/5). Lo cierto es que la comisión de reforma constitucional del Senado “no se reúne desde hace más de un mes” (ídem). El menemismo debería festejar que no haya rodado la cabeza del hermano Eduardo. Otro entierro de lujo: Bill Clinton El nombramiento del “embajador político” Granillo Ocampo a EE.UU. es una confesión de que la reelección de Menem no tiene “luz verde” en el Departamento de Estado. Granillo tiene la tarea de cambiar el color del semáforo. Adelantándose a esto, Clinton le dijo a Menem que viniera personalmente. Es que está cantado que Carlos Menem tendrá en Washington el mismo resultado que el de la cena en el Jockey Club. El veto norteamericano a la reelección de Menem ya lo escuchó Carlos Corach cuando en enero pasado se entrevistó con Phillip Heymann, secretario de Justicia de EE.UU. Ahora Menem lo escuchará de la boca de Clinton. Los yanquis no quieren aventuras políticas, ni cultivan por ahora (Ross Perot) la “cultura del candilerismo”. Los yanquis tienen en carpeta todas las vinculaciones argentinas con la mafia italiana y su publicitación es sólo una cuestión de oportunidad política. Los yanquis están monitoreando un cambio de frente en el propio oficialismo, en torno a Bordón y Cafiero, y en el radicalismo, a través de De la Rúa y Storani. Lo fundamental es que se ha abierto una crisis de gobierno; que la sucesión presidencial se combina de nuevo con una crisis económica, que el oficialismo está dividido, que la burocracia sindical apoya el cambio de frente de los patrones, que el agotamiento del plan económico puede tener una estallido más o menos inmediato y que el cuadro de insastifacción de las masas, e incluso de la pequeña burguesía es manifiesto. La propuesta del PO de un comando político de los trabajadores y la izquierda abre la posibilidad de un reagrupamiento político a la crisis política inminente (es decir planteada).