Somalía: Una intervención “humanitaria” que provocará mayores desgracias
La guerra civil, el hambre, la sed y las enfermedades infecciosas han matado 300.000 personas en Somalia en lo que va del año. El 75% de los niños menores de cinco años han muerto en la ciudad de Baidoa y alrededores. Los organismos de socorro internacional —según Le Monde (28/11)—predicen que dos millones de personas —¡el 25% de la población!— están directamente amenazadas por el hambre. La tasa de mortalidad es de mil personas por día. La tragedia del pueblo somalí alcanza las dimensiones de un espantoso genocidio, otro más en el “nuevo orden mundial Las bandas armadas (de clanes, subclanes y hasta de simples bandidos) aterrorizan a la población e impiden el reparto de alimentos y las tareas de las organiza- dones internacionales de socorro; el 80% de los envíos de alimentos han sido “desviados” hacia sus propios cofres por las bandas armadas de los "señores de la guerra" El hambre es un arma en la guerra civil. Según Le Monde (28/11), “El general Aldid, que domina el sur de la capital, rechaza dejar partir los convoyes hacia el norte... que son sistemáticamente saqueados por sus partidarios, mientras que su rival (Ali Mahdi, que domina la parte norte de la capital)... amenaza bombardear a cualquiera que intente utilizar el puerto, controlado por una tercera fuerza que se contenta con un saqueo sistemático, imponiendo tarifas extravagantes (a sus usuarios): 10.000 dólares de ‘derechos de puerto*, a los cuales se agrega un 'impuesto' de 100 dólares por tonelada descargada”. La descarga de alimentos en el aeropuerto de Baidoa tiene una “tarifa” cercana a los 500 dólares por avión, que van a engrosar los bolsillos del “señor de la guerra” local. Estos grandes "señores de la guerra”, con todo, no dominan a sus tropas, que se dedican a realizar exacciones en su propio beneficio. Le Monde llega a afirmar que el saqueo a los convoyes de las organizaciones de socorro —y su revente, en el mercado negro— es la “única actividad económica" existente en Somalia, a cargo de guerrilleros de ambos bandos, "comerciantes” y ladrones. En este cuadro de desastre, aparentemente sin salida, Bush ordenó una “inesperada” (Financial Times, 5/12) e “impulsiva” (Time, 14/12) intervención militar, que cuenta con el apoyo del electo Clinton. Bajo el “paraguas” de las Naciones Unidas, 30.000 marines norteamericanos desembarcarán en Somalia para asegurar la distribución de alimentos y desarmar las bandas de los “señores de la guerra”. ¿Será que por primera vez habría que estar de acuerdo con una intervención militar del imperialismo norteamericano en defensa de los principios “humanitarios”? La responsabilidad del imperialismo Pero el imperialismo norteamericano sostuvo durante más de una década a la sanguinaria dictadura de Siad Barre, que precisamente devastó al país y condujo a la presente hambruna. Como reconoce Time (14/12), "Washington estaba ansioso por (dominar) una posición estratégica cercana a los campos petroleros de Arabia y firmó un acuerdo (con Barre) para terminar con las antiguas facilidades dadas por éste a los soviéticos. En los siguientes diez años los Estados Unidos hicieron llover cientos de millones de dólares para armar al país”. El gasto somalí en armamentos alcanzó el 14% de su escaso producto bruto, una de las proporciones más altas del mundo... en beneficio de los fabricantes norteamericanos de armas. Estados Unidos usó a Somalia como base para atacar a la dictadura militar pro-soviética de Etiopía (al norte), en una guerra devastadora para ambos países. El dictador sostenido por los yanquis masacró sistemáticamente a los clanes rivales y destruyó sus sembradíos. El fin de la “guerra fría”, la caída del régimen etíope y la presencia norteamericana en Kuwait y Arabia Saudita a partir de la guerra del Golfo relativizaron la importancia “estratégica” de Somalia y con ella desapareció la “lluvia de cientos de millones de dólares”, desatando una guerra civil que volteó a Barre y llevó al país al caos y a su fragmentación. Todo esto acabó por destruir la base agraria somalí, verdadera causa de la hambruna actual. El fracaso de la ONU La “intervención humanitaria” de la ONU fue naturalmente impotente para desterrar la hambruna, ya que ésta se debe a la destrucción de la base productiva del país—en particular la agrícola, que aportaba el 70% del producto nacional y más del 90% de sus exportaciones. La acción de las bandas armadas, al “desviar” el 80% de la ayuda internacional, agudizó el caos y desnudó el completo fracaso de la ONU y también su hipocresía. Es que la ONU había abandonado el país en 1991 cuando fue derrocado Barre, a pesar de las señales de advertencia de que una gran hambruna se cernía sobre la nación, debido al desquicio de la producción agrícola” (Ámbito Financiero, 8/12). El representante de la ONU en Somalia, el argelino Mohamed Sahnoun, renunció hace pocos meses después de denunciar que “miles de vidas se habrían salvado si la ONU hubiera realizado una acción más decidida”. Un “protectorado" yanqui Los organismos de socorro internacionales se han mostrado “ambivalentes”, según Financial Times (5/ 12), e “inquietos”, según Le Monde (28/11), por la anunciada intervención militar. Las organizaciones de socorro temen que la llegada de los marines agrave la guerra civil, le que efectivamente ha sucedido, y provoque represalias contra los “extranjeros” cuando los marines se retiren. A contramano de lo anunciado por Bush, los marines no podrán retirarse rápidamente. “La acción militar puede llevar alimentos a los hambrientos mientras los marines estén, pero ¿qué ocurrirá después?”, se pregunta un diplomático occidental en Somalia citado por Time (14/12). La “operación” anunciada por Bush “deja el problema —que en el fondo es lo esencial— de reconstruir el país en manos de otros”, critica Time, cuando “a menos que los pacificadores permanezcan largo tiempo todavía —lo que podría significar años— para moldear cierta forma de autoridad nacional, las causa del caos sólo pueden re-emerger”. El imperialismo norteamericano está obligado a ejercer en Somalia un “protectorado ", lo que sería una “desgracia” según la prensa imperialista porque “los costos y los riesgos son altos” (Time, 14/12), y porque estaría “alejado del interés nacional” (congresista John Murtha). ¿Por cuánto tiempo estará dispuesto a gastar miles de millones en un país donde “los intereses vitales de los Estados Unidos no están ni remotamente en escena” (Financial Times, 5/12)? Pero la cuestión de fondo es que el imperialismo no va a recomponer la base agraria del país porque esto exigiría una movilización revolucionaria de las masas contra los “señores de los clanes” y tampoco podrá hacerlo sobre una base capitalista exportadora (que agravaría el déficit de alimentos), esto en razón de la superproducción agrícola mundial y de la aguda guerra comercial. Precisamente, los dos países más involucrados en la intervención militar son Estados Unidos y Francia, es decir, los que tienen una mayor sobreproducción agrícola y que encuentran en la “ayuda humanitaria” una salida para sus excedentes de granos. El desastre somalí denuncia el descomunal fracaso del nacionalismo africano y de los llamados “procesos de descolonización”, que no superaron la explotación del imperialismo en el plano social ni económico. Son, precisamente, los nacionalistas africanos quienes más han insistido en una intervención militar; “Somalia — dicen— no sólo es un desastre humanitario sino también una amenaza a la paz de la región. Oleadas de refugiados están lloviendo sobre Etiopía y Kenia. estirando al límite sus frágiles estructuras sociales, políticas y económicas” (Time, 14/12). Las diferencias entre Somalia y la inmensa mayoría de los países africanos son apenas de grado. La prensa mundial pregunta por qué no intervenir en Liberia, desgarrada también por la guerra civil y el hambre; Zaire, Kenia. Etiopía y hasta Angola recurren sistemáticamente a la “ayuda humanitaria” internacional para alimentar malamente a sus poblaciones. Este es el resultado de la llamada “descolonización”, a la que durante tres décadas se mostró como una evidencia de la democratización de las relaciones internacionales (y que aún en el terreno de la izquierda se la caracterizó como una prueba del avance de la revolución mundial). La intervención militar del imperialismo agravará a mediano plazo la terrible situación de Somalia, y deberá convertir en permanente esta injerencia “transitoria” Al mismo tiempo el problema de la intervención militar se planteará para el conjunto de África. Son los explotados de África los que deben decidir las soluciones a esta crisis sobre la base de la unidad contra el imperialismo y los explotadores locales.