Hacia fines de la semana pasada, Cavallo se puso de acuerdo con los burócratas de la CGT y con los banqueros e industriales para impulsar el proyecto de “jubilación privada” en el Congreso. El hombre de los diez mil dólares de salario aseguró que había llegado a un entendimiento perfecto con los dirigentes que poseen propiedades de dólares y con los capitalistas que endeudaron a la Nación en 60.000 millones de esa misma moneda. La “transformación” que lograría viabilizar la aprobación de ese proyecto, consistiría nada menos que en sacarle compulsivamente a los trabajadores el 11% de sus salarios, con el fin de entregárselos a los Fondos de Pensión que organizarían los bancos y las compañías de seguro. Estos pulpos se quedarían de entrada con un mínimo del 30% de ese aporte, en concepto de comisión, con lo que el “ahorro” del trabajador debutaría con una confiscación, cada mes, equivalente al 3% de su salario —algo que de ningún modo ocurre en el actual sistema estatal. Los Fondos se embolsarían por esta vía unos 3.500 millones de dólares al año, que la ley los autoriza a invertir en títulos del Estado y en acciones de la Bolsa. Si se tiene en cuenta lo que ha ocurrido con esos títulos en los últimos diez años, y con las acciones en los últimos ocho meses, el eventual régimen de “jubilación privada” aparece como un seguro camino al desastre. Los trabajadores podrán perder, no ya el 3% de sus salarios, sino la totalidad del fondo acumulado. El proyecto deroga el 82% móvil, y tiene sus razones para ello. Según todos los cálculos actuariales, el futuro jubilado no podría recibir más del 40% de su salario a la fecha del cese laboral, esto como consecuencia de la eliminación del actual aporte patronal. Aunque el régimen es llamado de “capitalización” y consiste esencialmente en una descapitalización para el trabajador, al cual se le reconoce siempre como máximo solo el 70% de lo que aporte, más la eliminación del aporte patronal, el cual no era otra cosa que el pago diferido del salario. Queda claro que con el nuevo proyecto los trabajadores verán aducidos los salarios en la proporción correspondiente a la contribución previsional de los patrones. Los actuales jubilados seguirán cobrando de las Cajas del Estado, cuyos ingresos quedarán mermados como consecuencia de la transferencia compulsiva del aporte previsional del trabajador a las Cajas privadas. Esta modificación deberá aumentar el déficit de las Cajas oficiales en 3.500 millones de dólares al año, o 35.000 millones de dólares en la próxima década. Pero como Cavallo prometió eliminar el aporte patronal, que podrá ser deducido del IVA, él incremento del déficit podría llegar a 50.000 millones de dólares para el año 2.003. Se trata de una “hermosa” perspectiva para las Cajas Privadas, pues significa que el Estado deberá emitir títulos por ese monto, que las Cajas Privadas habrán de comprar con el dinero de los trabajadores, a cambio de un jugoso interés. El gobierno Menem-Cavallo no pretende superar, entonces, el déficit fiscal sino aumentarlo, precisamente para ofrecer una oportunidad brillante de negocios a los capitalistas. En estas condiciones, los jubilados de la próxima década no podrán recibir una jubilación mayor a la que hoy cobran. El proyecto es al respecto muy preciso, porque ata la evolución de las jubilaciones, no al costo de vida ni mucho menos a la necesidad de recuperar su poder adquisitivo de hace diez años, sino a la recaudación previsional. Pues bien, la recaudación impositiva en general, desde setiembre pasado, ha comenzado a caer. ¿Puede concebirse una estafa mayor que ésta? A los inspiradores del proyecto no les interesa en lo más mínimo reformar el sistema previsional, lo que les interesa es “reformar” el sistema de confiscación económica de los trabajadores. La previsión social en cuanto tal quedará definitivamente destruida. Los burócratas de la CGT aceptaron el proyecto oficial a partir de la modificación que autoriza a los sindicatos a participar de la creación de Fondos de Pensión. Los gangsters sindicales están convencidos de que se encuentran a un paso de la participación en el negocio del siglo XXL Por eso tienen programado concurrir en los próximos días al Congreso, acompañado» de Cavallo, los banqueros y los industriales, para convencer a la Comisión de diputados de la conveniencia de una rápida aprobación. Se van a llevar un chasco. Roque, Maccarone, que es presidente del Banco Río, asociado al Citibank para establecer un Fondo de Pensión, le dijo a Clarín (29/11), “El régimen debe ser exclusivo para las sociedades anónimas”. Si a pesar de esto, “don” Roque se manifestó dispuesto a acompañar a Lescano al Congreso, la explicación del entuerto es muy simple: una vez que saquen la ley, los bancos impondrán su política, sea por vía de un reglamento del poder Ejecutivo o por las vías de hecho del “mercado”. Al ceder en su posición original, de que la afiliación a la “jubilación privada” debía ser optativa, los gangsters de la CGT se privaron de la principal arma de presión para garantizar su ingreso al negocio. Lorenzo Miguel o Pedro Goyeneche de textiles, algo de esto deben haber husmeado, porque sacaron un comunicado contrario a la “reforma previsional”. En oposición a la confiscación de la “jubilación privada’' y al saqueo efectuado por lo “jubilación estatal” en el último medio siglo, reclamamos un sistema previsional basado exclusivamente en el aporte patronal, con Pondos controlados por los trabajadores y la garantía de una jubilación mínima igual al 82% del salarlo a la fecha del cese laboral. En el Congreso existen proyectos alternativos, que plantean el régimen privado con carácter optativo (Clérici) o el mantenimiento del actual (UCR). La “ventaja” (para los patrones) del régimen optativo es que no comprometería al Estado en el caso, harto probable, de que quiebren los Fondos de Pensión, sin dejar de aprovechar la circunstancia de que el trabajador no tendría otra opción que ir al régimen privado dada la miseria de la jubilación estatal. Los radicales, sin embargo, no solamente quieren la vigencia del sistema actual, sino además la derogación del 82% móvil y la elevación a 65 años de la edad para jubilarse. Sobre esta base entienden que se podría llevar la jubilación a los 300 pesos, es decir a un 30-40% de lo que fue el salario dejos actuales jubilados cuando dejaron de trabajar. A los radicales ni se les pasó por la cabe zaque con la eliminación de lo evasión patronal (7,000 millones de dólares al año), se podría pagar más del 82%, según lo dijo el propio subsecretario de Economía, Juan Llach. Ni que decir que en caso de aprobarse el régimen privado, la UCR lo defendería en el futuro, en nombre de la “continuidad Jurídica”, como ya lo hizo Alfonsín con las leyes y funcionarios de la dictadura, según lo declaró Dele Rúa en le campaña electoral!. A los radicales no les importaría que esta “continuidad jurídica" viole el artículo 14 bis de la Constitución Nacional, que obliga al listado a otorgar los beneficios jubílatenos. De acuerdo a una información de Página 12, el diputado Álvarez del Frente del Sur apoyaría el proyecto radical, lo cual ilumina la posición sobre este punto del CTA. En efecto, la organización de De Gennaro y Mary Sanchez se ha manifestado contra la reorma de Cavallo, pero no ha dado su propia posición con respecto a la propuesta radical de derogar el 82% y aumentar la edad para jubilarse. Queda claro de esto, que la política del CTA se limita a presionar en el campo del parlamento en favor del “mal menor”, como ya lo hiciera con la “reforma educativa”, lo cual, tanto en un caso como en el otro, es un "mal mayor”, pues implica en el caso previsional una confiscación directa de los trabajadores que han aportado para cobrar el 82%, y no el 30%, de sus salarios. La política del CTA renuncia conscientemente a la lucha consecuente contra los proyectos anti-obreros, que más tarde o temprano sólo puede manifestarse como tal a través de la huelga general y la movilización de masas contra el gobierno y todas sus expresiones. El uruguayo Mario Benedetti se equivocó en cierta oportunidad cuando dijo que “a los capitalistas los une la billetera”; demostró con ello que es un gran escritor y poeta pero de ningún modo un político marxista. Precisamente el tema de la billetera es lo que ha empantanado a la "reforma previsional” hasta el momento, lo que puede frustrarla más adelante y lo que, en todo caso, no permitirá que sea aprobada sin antes pasar por nuevas y más agudas crisis. Detrás de los diferentes proyectos en pugna hay intereses divergentes, e incluso algunos industriales entienden que la “reforma” les aumentaría el “costo argentino”, si el gobierno debe aumentar los impuestos para financiar los mega-déficits futuros de las Cajas oficialistas. Es necesario aprovechar esta crisis de la burguesía para profundizar la lucha contra este saqueo de la previsión social. La devaluación Algunos comentaristas han interpretado que si Cavallo logra sacar la “reforma previsional” y la liquidación de las convenciones de trabajo, el “mercado” demostraría su satisfacción mediante el mantenimiento de la paridad del peso con el dólar. Todo lo contrario. La sanción de esas leyes deberá ser la señal de una devolución en serio del peso, que en tales circunstancias seria respaldada masivamente por la burguesía nacional y extranjera. El solo hecho de que el gobierno se haya puesto de acuerdo con los burócratas en maestría de “precisión”, y que este chocando con ellos en la cuestión de los convenios, demuestra el camino de la devaluación “ordenada” esta plagado de contradicciones. La burocracia resiste la derogación del convenio de trabajo negociado por el sindicato, porque el convenio con representantes de empresa la llevaría a la desaparición. Los burócratas admiten la liquidación de los derechos laborales y los convenios por empresa, siempre que ellos tengan el monopolio de la representación. Sólo los izquierdistas que han cedido a las presiones sicológicas de Cavallo, es decir, a la presión del capitalismo, pueden creer, siquiera por un solo instante, que el peso no está condenado. Julio Nudler, en Página 12 (26/ 11) señala que el déficit en cuenta corriente del balance de pagos para 1992 será de la exorbitante suma de 7.100 millones de dólares. “El principal agujero, dice, es responsabilidad de los servicios financieros (intereses de la deuda externa pública y privada): una factura de 3.200 millones de dólares”. Luego destaca un déficit de 2.500 millones de dólares en turismo, importación de fletes y contratación de seguros y reaseguros en el extranjero. El dato es instructivo, porque revela las consecuencias de la “desregulación” portuaria, del desmantelamiento de los astilleros y de la liquidación del Instituto de reaseguro del Estado. Para 1993 se prevé un déficit de 5.700 millones de dólares, pero sobre la base de hipótesis de cálculo “benévolas”. De cualquier manera, hay que agregar a eso que en 1993 Cavallo tiene que reunir 4.000 millones de dólares para completar las garantías exigidas por los bancos extranjeros para renegociar la deuda externa. Walter Graziano, de Ámbito Financiero (30/11), llega a la misma conclusión con otras cifras. “La balanza de pagos ha pasado de arrojar un superávit de 5.000-6.000 millones de dólares, dice, a un déficit que – como mínimo – se encuentra hoy en los 2.000 millones de dólares y que… solo puede ser solventado con venta de divisas”. Su conclusión es obvia: “Es sumamente desacertado que desde el gobierno se hayan lanzado en los últimos días señales triunfalistas acerca del fin de la crisis cambiaria de noviembre”. Daniel Sosa, de Pagina 12 (28/11), asegura que el subsecretario Schiaretti “acaba de recibir una carpeta en la que prolijamente demuestra que algunos dueños de holdings no están satisfechos con sus ingresos por exportación”. Agrega: “las presiones están lejos de calmarse. A la mini corrida de principios de me le podrían suceder otras como muestra la insatisfacción de los grandes operadores…”. Como “una señal de alerta para el plan Cavallo”. Interpreta Ámbito Financiero (25/11), la aguda disminución del crecimiento de los depósitos en pesos (0.9% en octubre), en contraste con el dólar, cuyos depósitos subieron un 2.3% Mientras los impresionistas de la izquierda aseguraban que la “estabilidad.'’ aguanta, un “gerente financiero de un banco extranjero” le decía a Clarín (25/11): “En esta semana vi cómo grandes fondos americanos y británicos desarmaron sus posiciones de BIC (Bonos de Inversión y Crecimiento), temerosos de que se realice una devaluación directa”. Pero resulta que los BIC son “una excelente inversión (30% anual)”, que se ajusta por tasas de interés, lo que no impidió que fueran vendidos y que su cotización bajara en una semana de suba de las tasas de interés, todo por la perspectiva de una devaluación. Para Rubén Giordano, gerente de la Cámara de Exportadores, “el avance del dólar en Europa no hace más que agudizar la difícil situación de las empresas argentinas”. Esto constituye un llamado a devaluar. Lo más interesante, con todo, son las declaraciones de Martín Lagos, un “liberal” de la gran banca, que hasta ahora había repetido como un loro que la convertibilidad es por definición un seguro contra cualquier devaluación. A Clarín (30/11) le acaba de decir otra cosa: “No está claro que los bancos hagan eso (recibir depósitos en dólares y prestar en pesos), porque ahora perciben que es más arriesgado tener activos en pesos y pasivos en dólares... El riesgo (de una nueva corrida) existe... Estas medidas (no) eliminan la desconfianza en el peso... Existiendo (dos monedas), siempre hay una probabilidad, por más pequeña que sea, de que una moneda se devalúe con respecto a la otra”. De un modo general, los capitalistas que tienen que tomar préstamos en dólares para comprar empresas públicas, para especular en ’a Bolsa o para especular con las tasas de interés más alta» de Argentina, sólo van a hacerlo cuando se disipe la posibilidad de que su plata se devalúe, lo que solamente podría ocurrir luego de una devaluación. Incluso los Fondos de Pensión solo se aplicarían a la especulación con la deuda pública o en la Bolsa luego de que una devaluación del peso asegure por un cierto tiempo un tipo de cambio fijo o de devaluaciones mensuales mínimas, La devaluación será un golpe descomunal al nivel de vida de las masas y deberá acentuar el período de luchas abierto hace algunos meses. También deberá agudizar la crisis política. Es en este marco que los trabajadores debemos damos una política propia. La política oficial está agotada, no ofrece salida para las masas, por el contrario anuncia nuevas catástrofes. Es con asta convicción que nos debamos plantear el reclamo a todas las organizaciones de los trabajadores para que lancen un paro general activo de 36 horas, por un salario mínimo de 800 pesos y una jubilación mínima de 500 pesos, contra la jubilación privada, por la renacionalización de las empresas privatizadas (sin indemnización), por la apertura de los libros de todos los monopolios capitalistas y el control de la producción. Argentina volverá a tener un verano caliente.