Canadá: derrotados por su propio referéndum El triunfo del “no”, con el 54% de los votos, en un referéndum convocado recientemente en Canadá para considerar un proyecto de reforma constitucional lanzo al país a una profunda crisis política. La reforma constitucional rechazada establecía mayores derechos para las provincias, en particular para la francófona Quebec, y para las minorías indígenas. Había sido “consensuada”, después de meses de discusión, por el primer ministro Brian Mulroney, los primeros ministros de tas diez provincias canadienses, los tres partidos nacionales (el Conservador, oficialista, y los opositores Liberal y Nuevo Democrático) y los principales dirigentes de las tribus indígenas. El proyecto de reforma constitucional contaba, además, con el apoyo de k)6 líderes sindicales, de la burguesía canadiense y aún del imperialismo norteamericano. Este bloque concentraba al 99% del “establishment” político y económico canadiense. El campo del “no”, por el contrario, era sumamente heterogéneo: el “Parti Quebecois”, partidario de la independencia del Quebec; los partidos anglófonos ultra- derechistas, opuestos a cualquier “concesión a los franceses” la principal organización feminista canadiense, algunos sindicatos del Quebec y la tribu “mohawk*. Las tres principales fuerzas políticas canadienses, el primer ministro federal y la mayoría de los gobernadores fueron derrotados por esta “oposición”. La reforma fue presentada como el proyecto de un ' “federalismo generoso” y hasta “progresista”, esto porque “reconocía” al Quebec francófono el status de “sociedad distinta” y otorgaba el “autogobierno” a las comunidades indígenas. Pero esta “generosidad” no pasaba de las palabras: “Abogados constitucionalistas señalaron que en la realidad estas vagas provisiones no tienen significado legal alguno” (The Militant, 25/9). Los “autogobiernos” de los nativos, por ejemplo, deberían ser negociados con cada uno de los gobiernos provinciales y subordinados a las leyes federales y provinciales existentes... es decir que carecían de cualquiera de los atributos de un gobierno. El objetivo era, en realidad, completamente reaccionario: promover un conjunto de reformas puramente “cosméticas” del régimen político para enterrar el reclamo del pueblo del Quebec por su autodeterminación. Desde la “unificación” forzosa de los dominios coloniales británico y francés al norte de los Estados Unidos, ocurrida en el siglo XVIII, los “quebecois” francófonos han sido ciudadanos de segunda categoría: en 1985, por ejemplo, “un francófono en Quebec ganaba en promedio 3.145 dólares canadienses menos que un anglófono. Montreal (segunda ciudad canadiense, la más importante de habla francesa) contiene la mayor concentración de pobreza, con sólo el 50% de la población adulta empleada, en 1991” (ídem). Después de la derrota de la “reforma generosa”, el reclamo democrático de la autodeterminación del Quebec ha pasado al centro de la escena política. Pero la “reforma generosa” perseguía otro objetivo reaccionario. El columnista de negocios del diario “Globo and Mail” de Toronto apuntaba que “no importa quién gane el referéndum, la crisi9 económica continuará” (citado por The Militant, 16/10). Efectivamente, Canadá sufre la peor y más prolongada recesión y el mayor desempleo de todo el “Grupo de los 7” y “un caos monetario comparable al europeo” (Cambio 16, 26/10), Para la burguesía canadiense, la única salida a la crisis es, precisamente, la que recomienda el editorialista del “Globe and Malí”: “una drástica acción” como la llevada a cabo por los gobiernos europeos para destruir fas condiciones de trabajo y reducir los salarios. Pero el problema, para la burguesía canadiense, es que el gobierno de Mulroney, golpeado por la recesión, el desempleo, y odiado por los aumentos de impuestos al consumo popular, está en ruinas. Precisamente, esperaba que un triunfo del “si” le diera a Mulroney la fuerza de la que hoy carece para imponer las “drásticas acciones” que la burguesía reclama. Pero esta jugada también ha fracasado y, en consecuencia, han comenzado a llover – desde la propia burguesía – los reclamos de la renuncia de Mulroney. ¡Otro “vencedor del comunismo” que se hunde a poco de su “victoria”! Francia: ¿una situación pre-revolucionaria? El régimen político francés hace agua a la vista de propios y extraños. Eso es lo que surge del despacho del corresponsal en París del diario británico “The Guardian” (2/10), escrito poco después del referéndum sobre el tratado de Maastricht: “Un líder anciano y enfermo gobernando en una penetrante atmósfera de “fin de reino” un establishment político inflexible y fuera de alcance, una plétora de escándalos, un aparentemente intratable problema de desempleo de largo plazo, una población rural descontenta y tensiones raciales exacerbadas por la extrema derecha”. Pero esto no es todo. “La real causa de preocupación es que el país parece moverse hacia una era post-política que ni sus líderes ni sus instituciones pueden manejar —y su fracaso en hacerlo produce una serie de sucesivas dislocaciones sociales y políticas en el corazón de la Comunidad Europea”. El referéndum sobre Maastricht fue una expresión de esta crisis política, pues el “sí” venció por una diferencia mínima de votos a pesar de que fue apoyado por el conjunto de los partidos “oficiales” del Estado (el PS, el partido de Giscard y el de Chirac). Este resultado no solamente evidenció que el PS está en ruinas y que su “piso electoral” del 30%, se ha reducido al 20%, sino que “los doce departamentos que votaron más masivamente por la izquierda en las elecciones presidenciales de 1981, votaron 'no' esta vez”. El corresponsal de “The Guardian” constata que se ha producido “una dislocación entre la dirigencia política (especialmente Mitterrand) y una gran parte de la población del país... esos lazos se han roto y será muy difícil restaurarlos”. La base de la dislocación del “ancien regime” —como lo llama el corresponsal británico— es la crisis económica. El consumo y la inversión, están en retroceso y el desempleo y el déficit comercial en ascenso. Las grandes empresas francesas, como Michelin, Peugeot o Bull enfrentan crecientes pérdidas y un sostenido retroceso en los mercados exteriores y aún en el propio mercado francés. La aerolínea Air France directamente “lucha por sobrevivir” (Le Nouvel Observateur). El reclamo burgués de una política de “defensa industrial” llevó a la caída del primer ministro Roccard y al ascenso de Edith Cresson, conocida como “Madamme Peugeot” por su intransigente defensa de la industria automotriz contra los japoneses. Pero el fracaso de la política “proteccionista” llevó a la caída de la Cresson apenas un año después de asumir y en medio de grandes movilizaciones de trabajadores estatales. El crecimiento del déficit presupuestario estatal concentra todas estas contradicciones, al punto que Le Monde (29/8) no duda en afirmar que el proyecto de presupuesto de 1993 “está en la tormenta” y hasta que fue “dibujado” sobrevaluando el dólar y calculando tasas de interés inferiores a las reales. La crisis monetaria europea de setiembre y la salvaje especulación contra el franco agudizaron violentamente la crisis económica. Una crisis económica que se profundiza, un régimen político agotado, los partidos “de Estado” divididos y crecientemente abandonados por las masas. El corresponsal de “The Guardian” caracteriza la situación francesa como “pre-fascista”, quizás en razón de las similitudes que ve entre la crisis actual y la de la década del '30 o, quizás, en razón de anteojeras ideológicas que le hacen suponer que la única “salida” a la crisis del régimen parlamentarlo es el fascismo. Pero, para este mismo corresponsal, el fascista Le Pen “no se convertirá (en la próxima etapa) en un protagonista central”; el mismo destino, dice, espera al partido comunista. En resumen la situación “pre-fascista” determinada por la crisis económica y el dislocamiento del Estado y de sus partidos bien puede ser la configuración de una situación pre-revolucionaria. Alemania entró en la recesión Otto Lambsdorff, líder del partido Demócrata Ubre alemán, fue el primer miembro de la coalición gobernante en Bonn que reconocí oficialmente algo que los pronósticos y u indicadores económicos venían anunciando desde hace rato: “Alemania entró en recesión” (Clarín, 23/10). La declaración pone fin a la última esperanza de encontrar una “locomotora” capaz de sacar a la economía mundial de la depresión y la recesión. El producto bruto alemán volvió a caer en el segundo trimestre de este año. Pero el producto industrial cavó aún más; las órdenes de compra para la industria vienen cayendo desde hace seis meses y en agosto registraban un notable retroceso del 6% respecto de agosto del '91 (International Herald Tribune, 3 y 4/9). En consecuencia, “la industria está utilizando cada vez más trabajadores de Jornada reducida”… (Estos) aumentaron un 60% entre agosto y setiembre especialmente en las industrias de maquinaria eléctrica y automotrices” (Wall Street Journal, 7/10). La reducción de la jornada laboral es la antesala de los despidos masivos: Mercedes Benz, Volkswagen y Porsche anunciaron, en conjunto, 24.000 despidos para los próximos meses. En las industrias claves como automotrices y electrónicos, él desempleo llega al 13% duplicando la media nacional del 7%. “Estamos frente a una declinación persistente”, sintetizó Wolfgang Strohm, economista jefe de la Estadística oficial (Ámbito Financiero, 21/10). Todos los economistas identifican a la “recesión europea” como el “villano” que desencadenó la recesión alemana. ¡Pero la anexión de la ex-RDA fue un gigantesco incentivo a la producción europea! “EI aumento masivo de las importaciones alemanas después de la unificación —señala un informe mensual del Commerzbank, reproducido en “The Economist” 19/9— incentivó significativamente el crecimiento económico en todo el resto de Europa (occidental) y aún continúa sosteniendo la demanda”; por primera vez en décadas, esto provocó un saldo comercial negativo. Si a pesar de este fenomenal aumento de la demanda, Europa entró en recesión, ¡qué habría pasado sin la caída del Muro! La recesión alemana es un síntoma de la profundidad de la crisis capitalista. Con la recesión alemana, “el financiamiento de su unificación no puede asegurarse por medio del crecimiento”, afirma Le Monde (22/10). Pero las cosas fueron exactamente al revés; el crecimiento alemán de los últimos años se debió a la excepcional demanda subsidiada creada por la anexión de la RDA. Como lo reconoce el ex-canciller Helmuth Schmidt, “La aparentemente generosa conversión uno a uno (del marco oriental por el occidental) fue uno de los motivos del rápido derrumbe de la economía de Alemania Oriental, la causa por la que el Este cayó en grandes demandas financieras y el sector público alemán debió recurrir al préstamo” (Financial Timas, reproducido por El Cronista, 22/10). El “1 por 1” - una gigantesca revaluación del marco oriental— fue, en realidad, uno de los negociados más grandes de la historia, una gigantesca operación de “plata dulce” mediante la cual la burguesía alemana occidental destruyó a un potencial competidor y elevó la demanda a su industria gracias a los subsidios del Estado. Sólo esta política de saqueo del “este” explica el crecimiento alemán. ¿Dónde está pues el supuesto “costo” de la “unificación” para los capitalistas? Pero la “fiesta” de la anexión pasó; destruyó Alemania oriental, dejó una “resaca” monumental, el déficit presupuestario, que alcanza los 250.000 millones de dólares. A esto habría que sumarle otros 250.000 millones de los “fondos especiales”, que se encargan de la privatización de las empresas orientales, “que han sido deliberadamente mantenidos fuera del presupuesto” (Wall Street Journal, 15/9) y cuyo manejo “The Financial Times” (14/9) califica de “oscuro”. A la hora de pagar la cuenta de la “fiesta”, la burguesía alemana ataca a los trabajadores: se aumentado los impuestos a la nafta y al consumo, al mismo tiempo que Khol ha lanzado la idea de un “pacto social” con los partidos, los patrones y los sindicatos, cuyo punto principal de discusión es la “contención” salarial” (Financial Times, 14/9). La recesión, el desempleo y los impuestazos al consumo han liquidado el “capital político” de Kohl. Como Bush, que se fue a la lona un año después de la Guerra del Golfo, la crisis capitalista hundió a Kohol apenas dos años después de su “hora de gloria”, la conexión de la ex RDA. Esto explica que “The Financial Times” (15/9) afirme que “Khol no tiene como evitar la necesidad de cierto grado de entendimiento con los socialdemócratas… sin cuya aprobación será imposible la necesaria restructuración del sistema financiero para distribuir los recursos a los 16 estados alemanes y cualquier acuerdo con los sindicatos”. El reclamo es aún más notable si se considera, como lo reconoce el diario británico, que tanto Khol como los socialdemócratas rechazan la posibilidad de una “gran coalición”. El “consejo” del ultra-conservador “The Financial Times”, el mismo diario que sorprendió a la City londinense en abril “recomendando” votar a los laboristas, revela que la burguesía imperialista necesita de la colaboración directa y abierta de las burocracias obreras para hacer pasar la “austeridad” y para estabilizar los regímenes políticos en crisis, se trata de un síntoma inocultable de la envergadura de la crisis mundial. El volcán italiano Las elecciones recientes en la provincia italiana de Mantova, celebradas en medio de la rebelión popular contra el plan de “ajusto” y “privatizaciones” del gobierno de Amato, han servido para verificar el hundimiento excepcional que ha sufrido ese partido-estado que es la Democracia Cristiana de Italia. En efecto, la DC, apenas llegó al 14% de los votos, mientras que el PS, su socio principal, sólo alcanzó el 7%. La “Liga Lombarda” una agrupación regionalista que realiza una violenta demagogia “anti-partidos” y que proclama la necesidad de la secesión del norte “rico” respecto del sur “pobre” y de la “Roma corrupta”, obtuvo un apabullante 42%. El PDS, el ex partido stalinista, salió segundo con casi el 18% y “Refundación Comunista “una escisión de izquierda” del ex PCI que se proclama “marxista-leninista” obtuvo el 7% de los votos. Se puso de manifiesto, de este modo, que el “centro” gubernamental ha desaparecido y que se asiste a una creciente polarización. La Democracia Cristiana está en ruinas, arrasada por tos escándalos de corrupción y por la oposición popular al “plan de ajuste”. No se comprende —afirma La Reppublica, 11/10—con qué caras y con qué programa la DC podría desafiar la ira popular, en particular en las comunas de Lombardía, después de todo lo que ha ocurrido en aquella ciudad donde los jefes comunales de la DC están acusados de corrupción y muchos de sus componentes terminaron en la cárcel”. En cuanto al Partido Socialista, “tal es la degradación, el descontento y el aislamiento en el que se encuentra... que se puede decir de él que “estaba caminando y era un muerto'. Los hechos simplemente lo han cancelado” (ídem). ¡Pero hoy no hay sustituto al gobierno DC-PS! El ascenso de la “Ligan” “amenaza la trama misma del sistema político” (Patrick Worsnip, de la agencia Reuter, ver Ambito Financiero, 21/10) porque, como sostiene Giorgio La Malfa, dirigente del Partido Republicano, “pone en riesgo la unidad nacional... al cuestionar el pacto fundamental del Estado” (Corriere della Sera, 4/10) y podría llevar a Italia a 4a “prospectiva yugoslava” (ídem). La crisis capitalista no sólo ha convertido en ruinas el régimen político sino que amenaza con destruir la obra histórica de la burguesía italiana, el Estado unificado. El llamado “milagro italiano” se ha hundido bajo una montaña de deudas. La deuda pública ha superado el producto bruto italiano anual, esto sin contar las deudas por miles de millones de dólares de los “entes industriales” del Estado, como el IRI, el ENI y el EFIM. Recientemente, el EFIM —propietario de fábricas de aluminio y minas de bauxita— se ha declarado en “insolvencia” (The Economist, 29/8). Sólo el pago de esta monumental deuda se lleva el 95% del déficit presupuestario (Le Monde, 3/7). La crisis fiscal ha precipitado la caída de la lira y la fuga de capitales, poniendo al país al borde de la hiperinflación y de la cesación de pagos. “La situación es tan delicada — afirma The Wall Street Journal, 20/8— que nerviosos banqueros en Londres y París están dibujando paralelos entre la Italia de hoy y el México de una década atrás, al comienzo de la crisis de la deuda externa”. El sistema bancario italiano está en la lona, “Después de la crisis monetaria y de la crisis de la deuda fiscal la crisis bancaria”, anuncia La Malfa. La fuga de capitales que siguió a la devaluación, y que limpió las reservas del Banco de Italia, fue, según La Malla, “un pequeño ensayo de qué cota podría ser una crisis bancada con corridas a retirar depósitos y con el primer ministro obligado a duplicar, triplicar la emisión, Jugándose la escasa credibilidad de las Instituciones” (ídem). La salida capitalista a esta crisis es la guerra contra las masas: congelamiento salarial, aumento de la edad jubilatoria y de los Impuestos al consumo, liquidación en mesa de los “gastos sociales” en educación y salud. “SI no sabemos Inventar una economía de guerra, sufriremos altas tasas de interés, amenaza de moratoria de la deuda, financiamiento de la deuda con emisión, inflación y desocupación” (Ídem). “El crecimiento de la deuda —advierte La Malta— pone en riesgo la seguridad democrática” (ídem), es decir, al Estado. Por eso, la burguesía reclama la reforma del régimen político y un “gobierno de salvación nacional” que englobe desde la “Liga lombarda” al PDS. El conjunto de contradicciones explosivas que sacuden al régimen político Italiano explican el apoyo de la prensa a la creación de un nuevo partido, la “Alianza democrática por la reforma”, “el partido del cual se habló como el único antídoto posible a la acelerada disgregación del cuadro político” (La Repubblica, 11/10). La “Alianza” se proclama como el nuevo “centro político” italiano “contra la liga y los partidos”... pero su “personal” es un rejunte de hombres provenientes de la DC y del PS. Fuera de esta “Ingeniería política”, montada al calor de la crisis y que puede “llegar tarde” frente al desarrollo de la crisis política y económica, la única alternativa para imponer la “economía de guerra” contra las masas es una dictadura Así, el régimen pinochetista, deseado para imponer la restauración capitalista en la URSS, podría hacer su “debut europeo” en la “democrática” y “milagrosa” Italia para salvar al capital. Pero la burguesía italiana está aterrorizada, sobretodo, por las enormes huelgas y movilizaciones de masas de los trabajadores, que han superado el control de la burocracia staliniana. Cómo advierte La Malfa con temor, “con la gente en la calle y el terremoto permanente, no está dicho que la última palabra la tengan los legisladores. Después de los girondinos vinieron los jacobinos”... es decir, la revolución. ¿Reconversión en EE.UU? “O fabricamos armas o cerramos” Durante la reciente campaña electoral norteamericana Bush repitió hasta el cansancio que gracias a él y a su partido “Estados Unidos ganó la guerra fría” y que, nuevamente sólo él y su partido, serían capaces de cobrar los “dividendos de la paz”. Pero los tan mentados “dividendos” no existen; al contrario, el “fin de la carrera armamentista” amenaza con provocar un derrumbe económico de enormes proporciones en una de las industrias norteamericanas claves,' la dé los armamentos. La Industria armamentista cae en picada. “Ninguna industria despide trabajadores en un número tan grande como los fabricantes de armas” (The New York Times, 20/9): 300.000 trabajadores —el 10% de la fuerza laboral empleada— en un solo año y se pronostican 1,5 millones de despedidos para fin de siglo. Los beneficios se han desplomado, precisamente, en una rama que se caracteriza por los superbeneficios más espectaculares. Consecuentemente, la inversión ha desaparecido. La “historia oficial” afirma que esta catástrofe es apenas “pasajera” hasta tanto culmine la “reconversión” de la producción de armas en producción civil. “Pero la reconversión no esté ocurriendo... y puede no ocurrir Jamás (como consecuencias del) cerrado rechazo de los fabricantes de armamentos” (ídem). William Anders, presidente del pulpo General Dynamics, fabricante de tanques, aviones de combate y submarinos nucleares, fue taxativo: “o fabricamos armamentos o cerramos” (ídem). La industria armamentista no quiere “reconvertirse”... pero tampoco podría hacerlo aunque quisiera. Los anteriores intentos de “reconversión” a la producción civil fracasaron estrepitosamente, particularmente el que se llevó adelante después de la guerra de Vietnam. La empresa fabricante de los supe sofisticados misiles Patriot, por ejemplo, fracasó miserablemente en su intento de construir... lavarropas. Naturalmente, la recesión agudiza el rechazo y la inviabilidad de la “reconversión”. Según “The New York Timos”, la industria reclama que Estados Unidos continúe siendo “líder mundial en armamentos de alta tecnología y también guardián mundial contra países pequeños y agresivos como Irak”. Y efectivamente, el Estado cumple al pie de la letra: “desde hace dos años” (es decir, desde la caída del Muro de Berlín y el fin de la “amenaza comunista”) el gasto del Pentágono para desarrollo de nuevas armas creció mientras otros programas (sociales) fueron recortados profundamente”. Al mismo tiempo, Bush ha encarado una activa política de “ventas” militares: 150 jets F-16 de la General Dynamics a Taiwán; 72 jets F-15 de la Mc. Donnell Douglas a Arabia Saudita. Voceros de la Mc Donell declararon que “si no hubiera sido por la venta a los sauditas, habríamos debido cerrar la planta de ensamblaje de los F-15” (NYT, 20/9). “El gobierno —concluye “The New York Times”— está obligado o mantener el gasto armamentista para sostener a la Industria” es decir, aumentar el déficit de presupuesto, la deuda pública y el derrumbe de los gastos sociales. Todo esto liquida el mito de que el elefantismo militar norteamericano era la condescienda de la “amenaza comunista”, El desarrollo de la Industria militar fue una de las “salidas”, completamente parasitaria, utilizada por la burguesía para aplicar masas crecientes de capital a una rama protegida y con superbeneficios garantizados por el Estado. Por esta vía logró, por y tiempo, evitar que una “superabundancia” de capitales en las ramas productivas derrumbara la tasa de ganancia. Una Industria armamentista creciente —es decir, la creación de fuerzas destructivas en una relación creciente respecto de la fuerzas productivas—- es una necesidad, no solo militar, sino económica para el conjunto del capitalismo norteamericano y mundial y constituye un retrato insuperable de su parasitismo. La desintegración en Bélgica En los últimos años se ha convertido en un lugar común afirmar que el separatismo y la disgregación de los Estados nacionales es una consecuencia inevitable de la “caída del comunismo”. Ahora, la aparición de fuertes tendencias separatistas en Italia, en Escoda o en Canadá han puesto de relieve que esa tendencia a la disgregación es la consecuencia de la presión centrífuga del mercado mundial y de la crisis capitalista. El corresponsal de “Le Monde” (2/10) en Bruselas lo confirma al informar sobre el desarrollo del “virus separatista” en Bélgica, una país considerado, junto con Alemania y Francia, como el “núcleo duro” de la unidad europea y en cuya capital, Bruselas, se encuentra la sede de la Comunidad Europea. “Los partidarios del divorcio entre Flandes (al norte, más rica, más desarrollada e históricamente ligada a Alemania) y Valonia (al sur, francófona y menos desarrollada) ganan terrenos en ambos lados”. Entre los flamencos, según las encuestas, más del 30% de la población se declara en favor de la independencia, mientras que el movimiento valón, partidario de la unión con Francia, ha crecido en algunos meses de 600 a 200.000 miembros activos”. El gobierno —una coalición de partidos demócratas cristianos y socialistas valones y flamencos— acaba de enviar al parlamento un proyecto de reforma constitucional que dotaría a cada región de un ejecutiva y de un parlamento independientes; las universidades, el servicio' militar e incluso los partidos políticos se constituirían sobre una base étnica. La única institución “nacional” que sobreviviría sería... la monarquía. La fuerza activa de este separatismo flamenco es la burguesía. “Los patrones tienen siempre un discurso unitario de fachada en el seno de la Federación de Empresas de Bélgica, pero sus miembros flamencos tienen un lenguaje diferente en el seno de la VEV, su asociación regional. Como si dejaran de tomar en cuenta la necesidad de conservar un mercado interno demasiado estrecho para imaginar sobretodo exportaciones a la escala europea” (ídem). Las únicas fuerzas “nacionales” que rescata el corresponsal francés, son las centrales sindicales, una socialista y otra demócrata cristiana, que controlan las mutuales de salud. Uno de los dirigentes de la central sindical socialista, el flamenco Mia de Vits, afirma que “aquellos que en Flandes quieren la separación del norte y del sur quieren, por sobretodo, poner en marcha sus ideas neoliberales. Piensan que será más fácil deshacer el sistema de seguridad social belga sin los valones” En su ataque a las conquistas sociales de los trabajadores flamencos y valones, la burguesía postula el retroceso al “estado étnico”, al estilo de los burócratas serbios y croatas. Se trata, sin dudas, de una expresión insuperable de la declinación histórica de la burguesía.