Crisis mundial: “Deflación en Japón, depresión en Gran Bretaña“ Michel David-Weill, el dueño de la banca de inversión Lazard Fréres, es uno de los mayores financistas del planeta. La revista “Le Nouvel Observateur" (15/9) lo entrevista para conocer "su diagnóstico sobre el estado de la economía mundial"« Se trata, evidentemente» de una opinión “autorizada”. “Vivimos una crisis financiera mundial”, afirma Weill, que la explica como una consecuencia del enorme endeudamiento de los bancos, las corporaciones, los gobiernos y los particulares contraído en la década pasada. ¿Pero por qué se endeudaron? “Para escapar de los efectos recesivos del shock petrolero”... que ocurrió hace casi veinte años. Pero David Weill también podría haber dicho que ese endeudamiento fue creciendo persistentemente en toda la década del ´60, al extremo de que provocó la suspensión indefinida de la conversión del dólar al oro y su sistemática devaluación. La crisis actual no es entonces una “típica" crisis cíclica sino una crisis histórica, expresión del agotamiento del capitalismo. “Hoy se habla de recesión —continúa Weill— pero lo que vivimos es una deflación1*. Esto significa, nada menos, que las empresas están obligadas a vender sus producciones (o sus propios capitales) por debajo de su costo de producción. Los ejemplos abundan: las Bolsas se han derrumbado en todo el mundo; “en Gran Bretaña, más de un millón de viviendas valen hoy menos que los créditos tomados para adquirirlas”; el banco First Chicago puso a la venta una parte de su cartera de préstamos inmobiliarios valuada en 2100 millones de dólares al 46% de su cotización... pero aún con semejante “reto/a” no consigue compradores. La “alternativa” para los que se niegan a seguir este curso es, simplemente, la quiebra, porque el crédito ha desaparecido. Por un lado (deflación) o por el otro (bancarrota), el capital mundial está obligado a llevar adelante una brutal destrucción de fuerzas productivas para eliminar el capital excedente. Weill afirma que “el país que más me inquieta es Japón porque es el país que ha cometido los mayores excesos financieros. Allí los precios inmobiliarios y de las acciones se habían vuelto locos: el valor de las acciones de la Nippon Telephone se elevaba a 300.000 millones de dólares ¡es decir más que toda la Bolsa alemana!”. ¿Qué queda ahora del mito que presentaba una burguesía japonesa “industrialista" en oposición a una burguesía occidental “rentista'1 ? Semejantes “excesos" obligan ahora a Japón a “sufrir la más demoledora deflación en los 190” (Wall Street Journal, 7/10): las acciones de la Bolsa de Tokyo han perdido el 60% de su valor en los últimos dos años, pero aún se las considera “sobrevaluadas” (The Economist, 1/10). Como consecuencia del derrumbe bursátil, “en los próximos meses es posible que Japón vea grandes bancarrotas y quizás también el rescate forzoso de uno o dos grandes bancos” (ídem). El “problema", sin embargo, no es sólo Japón sino el capitalismo mundial porque, como afirma Weill, “un crack en Japón tendría consecuencias dramáticas (porque) existe una imbricación pavorosa (sic) entre las instituciones financieras del mundo entero”. Gran Bretaña, según el presidente de la Lazard Éribrés, está directamente en la depresión: “su economía se hunde en una crisis alimentada por el derrumbe de los activos bursátiles y sobretodo inmobiliarios, que alcanza en particular a las clases medias”... “en el período precedente, particulares y empresas se endeudaron masivamente. Hoy, no tienen los medios para refinanciarse”... lo que los condena, inevitablemente, a la quiebra Pese a pintar un cuadro de catástrofe financiera y de quiebras tan agudo, Weill opina que tenemos grandes posibilidades de salir”, porque “los países del Este constituirán gigantescos mercados... con millones de nuevos consumidores. Esto constituirá, concluye, una fantástica fuente de crecimiento”. Pero este “prospecto", lejos de ser idílico, asegura la emergencia de enormes crisis políticas, de violentos choques imperialistas y de gigantescas conmociones sociales. En primer lugar porque la “conquista de Rusia”, como la de Polonia o la de la ex-RDA, implicará el desguace de su industria —excedente en el mercado mundial— y, por sobretodo, necesitará quebrar la resistencia de los trabajadores. Pero antes, deberá resolverse la cuestión de quien se beneficiará con la recolonización de la URSS: ¿los alemanes, los japoneses o los yankis? La crisis económica y las tendencias explosivas a la quiebra en todos los países excluyen cualquier posibilidad de un “reparto" pacífico. La lucha interimperialista por el botín de la URSS está a la orden del día. ¿Tendrá el imperialismo mundial, acuciado por violentas crisis políticas y crecientes movilizaciones de masas en cada una de sus ciudadelas el “aguante" necesario para acometer semejante tarea? Esta es la pregunta que ni Weill ni "Le Nouvei Observateur” se atreven a formular, esto porque la respuesta simplemente los aterroriza. Crisis mundial: “Deflación en Japón, depresión en Gran Bretaña“ Michel David-Weill, el dueño de la banca de inversión Lazard Fréres, es uno de los mayores financistas del planeta. La revista “Le Nouvel Observateur" (15/9) lo entrevista para conocer "su diagnóstico sobre el estado de la economía mundial"« Se trata, evidentemente» de una opinión “autorizada”. “Vivimos una crisis financiera mundial”, afirma Weill, que la explica como una consecuencia del enorme endeudamiento de los bancos, las corporaciones, los gobiernos y los particulares contraído en la década pasada. ¿Pero por qué se endeudaron? “Para escapar de los efectos recesivos del shock petrolero”... que ocurrió hace casi veinte años. Pero David Weill también podría haber dicho que ese endeudamiento fue creciendo persistentemente en toda la década del ´60, al extremo de que provocó la suspensión indefinida de la conversión del dólar al oro y su sistemática devaluación. La crisis actual no es entonces una “típica" crisis cíclica sino una crisis histórica, expresión del agotamiento del capitalismo. “Hoy se habla de recesión —continúa Weill— pero lo que vivimos es una deflación1*. Esto significa, nada menos, que las empresas están obligadas a vender sus producciones (o sus propios capitales) por debajo de su costo de producción. Los ejemplos abundan: las Bolsas se han derrumbado en todo el mundo; “en Gran Bretaña, más de un millón de viviendas valen hoy menos que los créditos tomados para adquirirlas”; el banco First Chicago puso a la venta una parte de su cartera de préstamos inmobiliarios valuada en 2100 millones de dólares al 46% de su cotización... pero aún con semejante “reto/a” no consigue compradores. La “alternativa” para los que se niegan a seguir este curso es, simplemente, la quiebra, porque el crédito ha desaparecido. Por un lado (deflación) o por el otro (bancarrota), el capital mundial está obligado a llevar adelante una brutal destrucción de fuerzas productivas para eliminar el capital excedente. Weill afirma que “el país que más me inquieta es Japón porque es el país que ha cometido los mayores excesos financieros. Allí los precios inmobiliarios y de las acciones se habían vuelto locos: el valor de las acciones de la Nippon Telephone se elevaba a 300.000 millones de dólares ¡es decir más que toda la Bolsa alemana!”. ¿Qué queda ahora del mito que presentaba una burguesía japonesa “industrialista" en oposición a una burguesía occidental “rentista'1 ? Semejantes “excesos" obligan ahora a Japón a “sufrir la más demoledora deflación en los 190” (Wall Street Journal, 7/10): las acciones de la Bolsa de Tokyo han perdido el 60% de su valor en los últimos dos años, pero aún se las considera “sobrevaluadas” (The Economist, 1/10). Como consecuencia del derrumbe bursátil, “en los próximos meses es posible que Japón vea grandes bancarrotas y quizás también el rescate forzoso de uno o dos grandes bancos” (ídem). El “problema", sin embargo, no es sólo Japón sino el capitalismo mundial porque, como afirma Weill, “un crack en Japón tendría consecuencias dramáticas (porque) existe una imbricación pavorosa (sic) entre las instituciones financieras del mundo entero”. Gran Bretaña, según el presidente de la Lazard Éribrés, está directamente en la depresión: “su economía se hunde en una crisis alimentada por el derrumbe de los activos bursátiles y sobretodo inmobiliarios, que alcanza en particular a las clases medias”... “en el período precedente, particulares y empresas se endeudaron masivamente. Hoy, no tienen los medios para refinanciarse”... lo que los condena, inevitablemente, a la quiebra Pese a pintar un cuadro de catástrofe financiera y de quiebras tan agudo, Weill opina que tenemos grandes posibilidades de salir”, porque “los países del Este constituirán gigantescos mercados... con millones de nuevos consumidores. Esto constituirá, concluye, una fantástica fuente de crecimiento”. Pero este “prospecto", lejos de ser idílico, asegura la emergencia de enormes crisis políticas, de violentos choques imperialistas y de gigantescas conmociones sociales. En primer lugar porque la “conquista de Rusia”, como la de Polonia o la de la ex-RDA, implicará el desguace de su industria —excedente en el mercado mundial— y, por sobretodo, necesitará quebrar la resistencia de los trabajadores. Pero antes, deberá resolverse la cuestión de quien se beneficiará con la recolonización de la URSS: ¿los alemanes, los japoneses o los yankis? La crisis económica y las tendencias explosivas a la quiebra en todos los países excluyen cualquier posibilidad de un “reparto" pacífico. La lucha interimperialista por el botín de la URSS está a la orden del día. ¿Tendrá el imperialismo mundial, acuciado por violentas crisis políticas y crecientes movilizaciones de masas en cada una de sus ciudadelas el “aguante" necesario para acometer semejante tarea? Esta es la pregunta que ni Weill ni "Le Nouvei Observateur” se atreven a formular, esto porque la respuesta simplemente los aterroriza. América latina “capitaliza” al Citibank John Reed, presidente del Citibank, anunció recientemente que espera obtener ganancias por 600 millones de dólares de la venta de la participación accionaria del Citi en compañías latinoamericanas, adquiridas en los últimos años mediante la conversión de deuda externa en acciones de empresa públicas. Según “The Wall Street Journal" (9/10), el Citi viene deshaciéndose de “activos no esenciales" desde hace 18 meses. “¿Para qué necesita el CHI una cervecería mexicana?”, preguntó Reed a los accionistas, sin por supuesto, explicar, primero por qué la compró. Esta afirmación confirma otra vez que las privatizaciones latinoamericanas no fueron otra cosa que un colosal subsidio de los Estados a los bancos acreedores, que se deshicieron de títulos inservibles a cambio de empresas y ahora venden las empresas, obteniendo un beneficio extraordinario. La decisión del Citi tira por tierra la tesis menemista de que las privatizaciones pretenden “capitalizar" a las empresas. Al contrario, los únicos que se han “capitalizado" son los bancos mediante el vaciamiento (venta de acciones) de las empresas privatizadas. Pero la operación de venta de acciones latinoamericanas, según “The Wall Street Journal" tiene por objeto “compensar una precaria posición de capital y un significativo crecimiento de los préstamos no cobrados (en los Estados Unidos)”. Lejos de capitalizar al Tercer Mundo, las “privatizaciones” sirven para re-capitalizar a los bancos acreedores del primer mundo que se encuentran en quiebra Pero el saqueo de América Latina no es suficiente para salvar al Citi, que acumula —aún con una contabilidad “trucha" (WSJ, 6/10) —préstamos incobrables por más de 9.000 millones de dólares. Esto porque “una ganancia de 800 millones de dólares (solo) podría aumentar en 0,25% la base de capital de la empresa. Actualmente, 4,25% de los activos están sujetos a corrección por riesgos. Por lo tanto, el fundamental índice de capitalización de la empresa está todavía bien por debajo de la mayoría de los otros grandes bancos” (ídem). El Citi carece de capital lo que equivale a una condena a muerte para una empresa capitalista. El Citi, que como Panam, la General Motora o la IBM, marcha a la bancarrota, es un retrato vivo de cómo la crisis capitalista exacerba la expoliación de las naciones atrasadas. La directiva N° 7 de la burocracia china EI espectro de la revolución política aterroriza a la burocracia china. Es por esto que el recientemente finalizado XIV Congreso del PC chino ha puesto su acento, en el “temor a la agitación laboral” (Clarín, 14/10) que amenazan provocar las “reformas económicas de mercado". La desocupación urbana alcanza al 15% de la población, unos 20 millones de trabajadores, y “está creciendo con una rapidez alarmante” (Página 12, 14/10); en el campo el número de parados supera los 100 millones. Pero “cuando la liberalización financiera apriete las clavijas sobre las empresas estatales, que según el gobierno dan en un 40% pérdidas, los despidos en esa área pueden convertir las cifras actuales en un recuerdo añorado” (ídem). Por otro lado, “los economistas occidentales coinciden en que para que las reformas tengan éxito, las empresas estatales tendrán que abandonar sus programas de asistencia gratuita” (Clarín, 14/10); en consecuencia, los trabajadores tendrán que pagar “a precios de mercado” sus alimentos, su vivienda y su asistencia médica, hasta hoy fuertemente subsidiados por la burocracia por temor a la revuelta popular. Por todo esto, el documento más importante del Congreso ha sido la “directiva central número siete” en la cual el PC expresa un “especial temor de la agitación laboral” (Clarín 14/10). “Debemos estar alertas —dice el documento— ante el surgimiento de factores que puedan conducir a la inestabilidad y evitar que gente con motivos inconfesables agite a los trabajadores y los lleve a protagonizar disturbios ... La labor de seguridad debe ser afianzada en las fábricas, minas, yacimientos petrolíferos y otras empresas grandes y medianas y en proyectos estatales claves” (ídem). La burocracia ya está reforzando el aparato para una nueva represión sangrienta: el texto propone la creación de escuadrones antidisturbios, unidades de despliegue rápido y nuevos centros de comandos en todas las ciudades medianas y grandes. Huelgas masivas en Italia Una huelga general de cuatro horas convocada conjuntamente por las tres centrales sindicales acaba de paralizar Italia; la prensa es unánime al señalar que las manifestaciones realizadas ese día en las principales ciudades de la península fueron las más masivas y combativas de los últimos veinte años. Las huelgas y manifestaciones son la respuesta obrera al “paquetazo" decretado por el primer ministro Amato, que con el pretexto de reducir el déficit fiscal, aumenta los impuestos al consumo, reduce los gastos sociales, eleva la edad jubilatoria, congela los salarios y jubilaciones y despide a empleados públicos. El “paquete" fue lanzado al día siguiente de la devaluación de la lira y de la crisis monetaria europea de mediados de setiembre y desde entonces no han cesado las huelgas parciales, regionales y por sindicato, y las movilizaciones en todos los rincones de Italia. Una de las características más notorias de esta enorme movilización es que ha surgido espontáneamente, al margen de las direcciones burocráticas y ha adquirido un carácter marcadamente antiburocrático: en cada uno de los actos en que se han presentado, los burócratas han sido abucheados y han debido hablar bajo una lluvia de huevos, hortalizas y aún de otros objetos más “contundentes" y han debido ser protegidos por la policía de la ira de los manifestantes. La burocracia sindical italiana es un pilar del orden burgués y, por lo tanto, defensora a ultranza del “ajuste" lanzado por Amato. El corresponsal en Roma de “El Cronista” (14/10) afirma que “la gravísima situación económica italiana había sugerido a los dirigentes de las tres centrales sindicales (una stalinista, otra socialdemócrata y la restante demócrata-cristiana) dar su apoyo a las duras medidas proyectadas en Julio para reducir el déficit del Estado". Así, a fines de julio, en momentos en que la mayoría de las fábricas estaban de vacaciones, las tres centrales sindicales firmaron una declaración común con el gobierno que daba carta blanca a una serie de exigencias oficiales: la supresión definitiva de la escala móvil de salarios (aumentos por inflación), la aceptación de la política de congelamiento salarial y la renuncia sindical a las negociaciones salariales por empresa. El acuerdo fue rechazado violentamente por las bases sindicales y se convirtió en “sublevación popular” (ídem) cuando el gobierno lanzó el “paquetazo" de setiembre. Ante la “sublevación”, la burocracia maniobra para derrotarla desde adentro. “Tomados completamente por sorpresa, los dirigentes sindicales —después de haber aprobado sustancialmente la maniobra fiscal del gobierno—, no sabiendo qué decidir, optaron por ganar tiempo con algunas huelgas parciales alternadas en todo el territorio nacional. Pero la presión de la base, no conforme con estos paliativos, los obligó a decidir una huelga general, probablemente contra su propia e íntima convicción” (ídem). Pero, aún bajo esta enorme presión obrera, la burocracia hace lo imposible por salvar el ajuste: la “huelga general" convocada por las centrales fue de apenas cuatro horas y excluyó a los empleados y obreros estatales, a los bancarios, a los docentes y a los módicos. El “sorpresivo" ascenso obrero italiano se da no sólo en un cuadro de violenta crisis económica sino también de aguda descomposición del régimen político. Las encuestas revelan que si hubiera elecciones hoy, la coalición “pentapartido”. Que gobierna Italia obtendría menos del 10% de los votos. Las manifestaciones, por el contrario, muestran un desarrollo de los “sindicatos autónomos”, nacidos en oposición a los oficiales. “El ambiente está sumamente tenso”, concluye el corresponsal de “El Cronista” se trata de otra evidencia, que está lejos de ser la única, de las enormes conmociones sociales y políticas y de los violentos giros en la movilización y aún en la conciencia de los trabajadores que engendra la agudización de la crisis capitalista.