La situación internacional ocupó, sin lugar a dudas, el lugar central en los debates del V° Congreso del Partido Obrero. No conforme con esto, el informe que presentó el compañero Jorge Altamira estuvo dedicado, en toda su primera parte, a reclamar la realización de una conferencia especial del PO dedicada a la cuestión internacional. La propuesta estuvo fundamentada en la necesidad de una intervención en los debates sobre este tema de todo el Partido; de elaborar reivindicaciones y consignas referidas a la lucha de clases considerada a nivel mundial y de establecer una política sistemática del PO en este terreno. Método Político (El siguiente es un resumen del informe presentado al Congreso, cuya versión completa será publicada en la revista “En Defensa del Marxismo”). Cuando se debaten los problemas da la situación internacional se hace referencia, normalmente, a la coyuntura política del momento, la cual se desenvuelve en un cuadro histórico determinado. La característica principal de la presente situación internacional, sin embargo, no tiene que ver con una cuestión de coyuntura sino con la ruptura del cuadro político preexistente, esto como consecuencia de una serie de acontecimientos de importancia capital: el derrumbe de la burocracia, la crisis económica más seria del capitalismo y la llamada “unidad” de Alemania. No estamos, al menos en lo fundamental, frente a una alteración de las relaciones de fuerza entre las clases en un cuadro determinado, sino ante la ruptura de ese cuadro; frente a una crisis mundial. A diferencia del stalinismo, de muchas corrientes nacionalistas e incluso del liberalismo burgués, el marxismo parte, como método, de la economía y de la política mundiales; no establece barreras entre los distintos países que integran la economía mundial, sean cuales fueran sus estadios de desarrollo y sus características sociales. Para los marxistas no han existido cosas tales como el “campo socialista’ y el “campo capitalista" como dos entidades separadas, cuando desde el punto de vista histórico el mundo se constituyó desde hace mucho tiempo como una unidad, e incluso cuando el surgimiento de Estados que tuvieron por base la expropiación del capital se debió a la madurez histórica alcanzada por esa unidad. Aunque no se aprecien los vínculos y las presiones de la economía mundial sobre el conjunto de sus partes componentes, aquéllos hacen un trabajo lento pero implacable que en determinado momento adquiere proporciones gigantescas. Este ángulo metodológico ya nos está diciendo que la crisis en Europa del Este y el derrumbe de la burocracia soviética y de sus estructuras políticas totalitarias, independientemente de sus características particulares, son una expresión de una crisis de alcance mundial. Crisis mundial La crisis mundial es una categoría histórica precisa, que se refiere al momento en que la descomposición de conjunto del capitalismo (sistema mundial) adquiere la forma de crisis políticas y revoluciones, y que integra a los Estados Obreros burocratizados, ya vinculados a la circulación económica mundial y a la burocracia como una agencia de la burguesía mundial en el seno del Estado Obrero. Trotsky ya había señalado que si la burocracia lograba estabilizar su dominación, se preparaban al mismo tiempo las condiciones de la restauración capitalista. En el curso del proceso histórico, el entrelazamiento entre la burocracia y el capitalismo se fue haciendo cada vez más intenso, desde el respaldo a los créditos de guerra de Francia (1934), el ingreso a la Sociedad de las Naciones (1935) (1) y los frentes populares, hasta los acuerdos de Yalta y Postdam (2),la firma de la Carta de la ONU (3) y los tratados de Helsinki (1974) (4), que establecen, con carácter de ley internacional, los principios básicos del derecho burgués. Aún en los momentos de mayor enfrentamiento entre la burocracia y el imperialismo (guerra de Corea, 1950/53; “crisis de los misiles”, 1962; Afganistán, Irán, 1979; etc.), estos acuerdos nunca perdieron vigencia. La tendencia de la burocracia a la restauración capitalista tiene un largo recorrido. En este marco se montó en los últimos años un proceso de integración económica, que tiende a revertir por completo el rechazo al Plan Marshall y al ingreso al FMI y al Banco Mundial, por parte de Stalin, en 1946. Lo testimonian el acuerdo de abastecimiento de gas de la Unión Soviética a Europa Occidental; el ingreso de Hungría, de Yugoslavia y de Polonia al Fondo Monetario Internacional y las “reformas económicas" consiguientes; los acuerdos entre Alemania Oriental y Occidental en materia de créditos y el propio endeudamiento internacional de la URSS. La revuelta de bs trabajadores polacos y el fracaso de las "reformas económicas" denuncian una crisis del orden mundial, no crisis nacionales específicas. Si no se considera esta integración operada entre esos Estados Obreros y el imperialismo y la rebelión de las masas contra las políticas fondomonetaristas y contra las burocracias que las llevaban adelante, no se puede comprender el lugar histórico de la crisis ni, mucho menos, sus alcances revolucionarios de conjunto. ¿“Revolución tecnológica capitalista” o crisis mundial? Para los apologistas del capitalismo, entre bs que se cuentan los burócratas stalinistas, existiría nada menos que una victoria del capitalismo sobre el socialismo. Se trata de un punto de vista que comparten, con agregados, el castrismo o el PT brasileño, quienes "explican" esta victoria como consecuencia de una "revolución científico-tecnológica" capitalista. Pero esta gente no dice que aún esta supuesta “revolución tecnológica" no sólo ha dejado en obsolescencia comparativa a las fuerzas productivas de la URSS o de Cuba (su retraso relativo con respecto al capitalismo es muy antiguo y tiene un origen histórico preciso), ha tenido un resultado aún más grave para la inmensa mayoría de las industrias de los propios países capitalistas. El proceso de fabricación mundial del capital ha creado un capital excedente extraordinario, que no encuentra lugar en el mercado. El “desguace" industrial no sólo caracteriza a las naciones atrasadas y a los “países socialistas", sino a regiones y ramas enteras de los países desarrollados. La desvalorización del capital bancario y financiero o de industrias como la automotriz, la siderúrgica y sectores enteros de la electrónica supera en envergadura a todo el "capital" de los Estados Obreros, un desnivel que se encuentra oculto debido al gigantesco remate de la propiedad estatal realizado en los últimos cinco años por la burocracia. Desde el punto de vista de la circulación internacional de mercancías, capitales y fuerzas productivas, la crisis en la Unión Soviética, China, en Polonia, o en Cuba, es una manifestación excepcional de la crisis general del capitalismo, que se refracta en los Estados obreros por el agotamiento absoluto de las posibilidades de la burocracia para jugar un papel de intermediación entre el imperialismo y las masas. Crisis económica Resulta muy evidente que la crisis mundial, desde el punto de vista estrictamente económico, no es ni coyuntural ni cíclica. La crisis presente del capitalismo pone de relieve limitaciones estructurales profundas de su actual etapa histórica. Como régimen históricamente progresivo el capitalismo llegó al límite de su desarrollo hace mucho tiempo, con la Primera Guerra Mundial, la crisis del '30, y la Segunda Guerra Mundial. A través de bs recursos políticos del Estado, de una centralización económica enorme, encontró en el pasado bs medios para superar la crisis en términos cíclicos. Esos medios extra-económicos, sin embargo, desnudaban a un régimen que se estaba sobreviviendo a sí mismo: no eran las fuerzas productivas del capital las que, desenvolviéndose libremente, superaban bs escollos a su desarrollo, sino la intervención de una fuerza exterior, del poder político del Estado, de las guerras. El capitalismo utilizó a fondo las posibilidades del gasto armamentista, del desarrollo parasitario, de la formación de capitales ficticios, del desarrollo incluso artificial de las naciones atrasadas con vistas a crear mercados para exportar sus capitales y sus mercancías. Lo hizo de una forma absolutamente sistemática y en ese proceso agotó sus recursos. En la crisis actual, la producción mundial cae por primera vez desde 1945, pero no aparecen las medidas capaces de reactivar la economía. La principal de ellas, ya señalada por Marx en “El Capital", es la continua expansión del crédito, es decir, la expansión del mercado más allá de sus verdaderos límites. Pero hoy, la deuda general de los EE.UU. es de catorce billones de dólares; no hay régimen monetario que la pueda seguir sosteniendo; de ahí la amenaza de un derrumbe monetario general, la caída del valor de las monedas, de los patrimonios, de los capitales, de los salarios y la perspectiva de una hambruna generalizada en medio de la abundancia general. Estados Unidos no puede expandir más el crédito pe se a la rebaja continua de las tasas de descuento, porque ni los bancos quieren dar créditos (porque los deudores son insolventes) ni las empresas quieren tomarlos (porque no tienen a quien venderle su producción). Más aún, la reducción de las tasas de interés a corto plazo está en contradicción con la altísima tasa de interés real a largo plazo, lo que bloquea la reactivación ya que bs bancos canalizan el dinero “barato” a la especulación bursátil, en tanto el crédito para la inversión más caro, es incompatible con las actúales tasas de beneficio capitalista. En este marco general (el endeudamiento de las familias en los EE.UU. es del 110% sus ingresos), el sistema económico ¿a encuentra formalmente en quiebra, algo que explica sobradamente la confusión de la propia burguesía imperialista frente a la crisis. La agudeza de la crisis económica los sucesivos fracasos de los “remedios" destinados a superarla y la insoportable tensión social consiguiente, han puesto en crisis al conjunto de los regímenes políticos imperialistas desde Tokyo a Washington. En pocos meses han rodado cabezas de varios gobiernos (Cresson, Thatcher, la coalición “penta- partido" italiana); se han producido gruesas crisis —como la ocasionada en Alemania por la renuncia del ministro Hans Dieter Genscher— y los partidos oficialistas han recibido significativas derrotas electorales en todos lados (Canadá, Italia, Francia, Alemania). [Un cronista de “Los Angeles Times” acaba de definir la reciente reunión del “G-7" realizada en Múnich como “una reunión de perdedores”]. La crisis también ha avanzado de lleno al régimen político norteamericano, lo que se expresa deformadamente en las desventuras pre-electorales de Bush y fundamentalmente en la impotencia del conjunto de las instituciones del estado frente a la crisis económica (fracaso de bs acuerdos entre el Ejecutivo y el Parlamento —dominado por la oposición— para reducir el déficit fiscal) y frente a las agudísimas contradicciones sociales (el conjunto de las instituciones “democráticas” del Estado y sus partidos e incluso una parte del aparato represivo quedaron paralizadas frente a la rebelión de Los Angeles). Cuando más necesita el imperialismo una mano fuerte y segura para enfrentar la crisis mundial, la revolución política en el Este, el agotamiento de los regímenes democratizantes latinoamericanos y el ascenso huelguístico en sus propios países, la crisis política golpea al corazón de los regímenes políticos imperialistas. En estas circunstancias se agravar las luchas interimperialistas (la ronda Uruguay del GATT sobre acuerdos comerciales está al borde del fracaso). El proteccionismo se agudiza, no solo con respecto al comercio agrícola sino también respecto a la industria, los servicios, patentes, etc. La lucha comercial tiene ya alcances muy amplios en la política mundial, es decir, en las relaciones entre los distintos Estados. Con relación a los países del Este y de la ex-URSS, se va a desarrollar una lucha feroz entre los distintos Estados capitalistas para copar el mercado soviético. Antes de poder conquistar económicamente a la ex-URSS van a tener que sacarse los ojos entre ellos, para ganarse el derecho a esa conquista. Fracaso de la utopía del socialismo en un solo país La economía mundial no es la suma de sus partes: entre la economía mundial como un todo y los distintos países y naciones y mercados nacionales, existe una relación contradictoria. El derrumbe de los regímenes burocráticos (sus fuerzas productivas dejaron de crecer) es consecuencia de la política general de esos Estados que se desprende necesariamente de su estructura estatal burocrática. Esta política debía conducir inevitablemente al derrumbe porque pretendía desarrollar en un marco autárquico las fuerzas productivas que mucho antes habían adquirido una dimensión internacional, o alcanzar a los estadios modernos del desarrollo económico al margen de la división internacional del trabajo. En tanto que naciones que expropiaron al capital, esos Estados sólo podían integrarse a la economía mundial por medio de la victoria de la revolución en los principales países avanzados. La política de la burocracia en el campo económico ha sido la autarquía (socialismo en un sólo país) y, en el campo político, la coexistencia con el imperialismo, en calidad de nueva casta parasitaria que intermedia entre el imperialismo mundial y las masas de su propio país. Por lo tanto, no se trata simplemente de la superioridad de la economía mundial sobre las naciones atrasadas en abstracto, incluso sobre aquéllas que han expropiado al capital, sino que se trata del impasse general a la que han llevado a esas sociedades los regímenes burocráticos. Las contradicciones generadas por la autarquía y por la presión del capitalismo estrangularon la posibilidad de desenvolvimiento de los Estados obreros y llevaron las conquistas sociales de la' revolución a una complete impasse. El régimen burocrático ha significado una traba extraordinaria al desarrollo económico; la ausencia de libertad política para las masas inviabiliza, a partir de cierto momento, cualquier desenvolvimiento económico en términos absolutos. Los progresos gigantescos de la Unión Soviética en el campo militar y espacial demuestran el carácter social parasitario de la burocracia, que ha sacrificado el porvenir de los Estados Obreros en aras de “su" seguridad, y al mismo tiempo refuta las tonterías descomunales de los centroizquierdistas que afirman que la planificación sería un factor de bloqueo del desarrollo moderno y que sólo la anarquía de la producción permitiría tal desarrollo. Cuando la burocracia intentó por enésima vez llegar a un acuerdo con el capitalismo mundial, a través de Gorbachov, en función de recibir apoyo crediticio, integrarse pacíficamente a la economía mundial, etc., se puso de manifiesto: a) que no puede haber auto-reforma de los regímenes burocráticos sin crear una situación revolucionaria, y b) que la burocracia no puede desarrollar ninguna política de acuerdo con el capitalismo mundial sin desarrollar, al mismo tiempo, las bases de la restauración capitalista. Este es el punto de vista que sostuvo el PO frente a la política de Gorbachov y que se ha confirmado plenamente, contra las principales corrientes del “trotskismo", que afirmaban que Gorbachov era el Biamarck o el Roosveelt de la Unión Soviética, el hombre que pretendía salvar al régimen burocrático aplicando medidas que el conjunto de la burocracia rechazarla. Revolución política Hemos señalado las contradicciones de los regímenes burocráticos, la inviabilidad de la autarquía; la política de saqueo de la propiedad estatal por parte de la burocracia, que se apropia en su beneficio de la economía del país y que va destruyendo sus bases; la presión del capitalismo mundial. Pero el desarrollo histórico concreto debe ser precisado; la inviabilidad histórica de los regímenes burocráticos se materializó en la forma de una lucha de clases determinada. La primera manifestación profunda y de gran alcance que determinó el origen y las consecuencias de esta crisis fue la huelga general polaca de 1980, la ocupación de los astilleros y el surgimiento de Solidaridad. A quienes niegan el fenómeno de la revolución política y disuelven la crisis en términos de “tecnología", “presión", etc., hay que recordarles que fueron las luchas de las masas en Polonia, Hungría, Checoeslovaquia, Alemania Oriental, las que determinaron la inviabilidad política concreta de los regímenes burocráticos. La burocracia lanzó la perestroika y el glasnost, antes que para resolver su problema económico, como una medida de defensa contra la revolución proletaria y como un reclamo de apoyo al imperialismo contra la revolución. En Europa del Este y la URSS existe un proceso de revolución política porque 1a) los regímenes han sido quebrados por sus propias contradicciones, 2a) no han sido sustituidos por una contrarrevolución triunfante, y 3°) han caído porque ya no pueden contener más a las masas. Se ha abierto un proceso revolucionario: o el régimen restablece y por vías democráticas o contrarrevolucionarias directas, un nuevo equilibrio o vamos a una revolución. El grado actual de participación de las masas en esta revolución política importa para determinar su grado de claridad, organización, compromiso, envolvimiento, es decir, para comprender en qué etapa del desarrollo revolucionario nos encontramos, pero de ningún modo para negar ese carácter. La crisis mundial y la rebelión de los trabajadores de la URSS y Europa del Este forma parte de la revolución mundial. Al defender sus conquistas sociales y sus nuevas conquistas de organización y de acción, la lucha de las masas del Este generaliza, apuntala y ayuda a la defensa de esas mismas conquistas dentro de los países capitalistas. Esto explica las tendencias ascendentes que empiezan a manifestarse en las masas de occidente luego del derribamiento de bs regímenes burocráticos. El capitalismo ha tenido que contemporizar con la clase obrera de los diferentes países y defender las superestructuras democratizantes que las masas les impusieron cuando cayeron las dictaduras militares, en contraste con el cuadro político Ideal para el imperialismo frente a una crisis como la de la URSS, que seria tener bien sujetas a las masas en Occidente. El imperialismo no puede ir a la contrarrevolución en la URSS en un cuadro de libertades democráticas y huelgas en su propia ciudadela. Algunos “trotskistas”, como en la revista que dirige Pierre Broué, sostienen que en la URSS hay una revolución política, pero no una revolución política "socialista" sino “democrática". Identifican a la revolución política no con la dictadura del proletariado sino con el parlamentarismo, el cual sólo puede significar, de un lado, un camuflaje de la burocracia que conserva su dominación económica y, del otro, el camuflaje de la restauración. El contenido histórico del parlamentarismo es contrarrevolucionario. El Mas, por su parte, afirmó en su momento que habla una revolución política antiburocrática, un enorme movimiento de masas y activistas de vanguardia, pero que el imperialismo logró luego lanzar una “contraofensiva" por la falta de un partido revolucionario. Pero esto no pasa de ser un esquema. Para tener un partido revolucionario, los grandes movimientos revolucionarios tuvieron que pasar, antes, por diversas etapas de maduración revolucionaria. El Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, por ejemplo, se fundó en 1896, hubo grandes huelgas, movilizaciones y luchas en 1902, el "ensayo general" de 1905; la lucha por derrocar a la monarquía desde los estratos inferiores de la nobleza comenzó en 1825. Hoy estamos, entonces, ante bs primeros pasos (que son diferentes en cada país) de un movimiento de enorme alcance; no se puede negar la revolución política y condenar los esfuerzos de las masas con el pretexto de que falta un partido. Cuando Trotsky señaló la perspectiva de una contrarrevolución, afirmaba que si el partido burgués tomaba el poder, primero aplastaría a las masas y luego organizaría la restauración capitalista; primero el Estado debía potenciarse en su capacidad de acción contrarrevolucionaria. Una manifestación de que estamos en un proceso de revolución política es que estos Estados se han quebrado como consecuencia de la crisis y de los movimientos de las masas, y de ningún modo se han potenciado. En Rusia Yeltsin que es Presidente y Primer Ministro, no controla las localidades ni los municipios ni las empresas, que no llevan adelante muchas de sus medidas. El carácter del Estado en la ex-URSS La crisis actual ha demostrado que la burocracia es efectivamente una casta parasitaria que expropia económicamente las conquistas de la Revolución y el patrimonio del país, y que expropia políticamente al proletariado, pero que sólo puede afirmar sus privilegios si se transforma en una clase propietaria. En este proceso se manifiestan en forma extraordinaria las tendencias restauracionistas capitalistas de la burocracia. Está claramente en desarrollo un proceso abierto y declarado de acumulación privada del capital. Algunas corrientes "trotskistas", como los posadistas y especialmente Mandel, decían que esto era imposible porque la burocracia depende de la propiedad estatal y que, por lo tanto, estaba “condenada” a defenderla ante la presión del imperialismo. Mandel afirmó que la burocracia está constituida por dieciocho millones de personas, divididas en numerosos estratos, y que como la inmensa mayoría de estos estratos no tenía ningún recurso para transformarse en capitalista, estaba "condenada" a defender la propiedad estatal. El primer error es creer que los burócratas necesitan recursos para convertirse en capitalistas; lo que necesitan es el poder para expropiar propiedad estatal, y esto depende de su alianza con el capital mundial. El otro error fundamental es que entre el millón de burócratas superiores que dominan las palancas del Estado y los otros diecisiete millones existe la misma relación que entre la gran burguesía y la pequeñoburguesía en el proceso de polarización social capitalista o se someten a sus dictados y se asocian a ella o se proletarizan. El proceso de disolución del Estado Obrero y la tendencia restauracionista de la burocracia ya estaban presentes con anterioridad a la perestroika; en Polonia (que con una deuda externa de 40.000 millones de dólares se había convertido en una semi-colonia financiera del FMI, al igual que Hungría, Rumania o Yugoslavia); en los acuerdos con el FMI, en la “reforma económica” en la URSS en la época de Liberman y Kruschov y en su elevada deuda externa. Asistimos a un giro muy importante de la situación mundial. Los procesos de restauración capitalista que se inician tímidamente bajo Gorbachov, adquieren de golpe características muy acentuadas con la toma del poder por Yeltsin. Pero Yeltsin no tiene una sola idea clara sobre como introducir el capitalismo, porque la restauración capitalista que no arranca de la victoria de la contrarrevolución y de la militarización de las masas es un proceso absolutamente caótico de descomposición económica. Es a partir del Estado que se puede cambiar la naturaleza social de las sociedades intermedias; al revés sería un proceso extremadamente largo y convulsivo. Por eso, cuando Yeltsin se lanza con mayor vigor a la restauración capitalista es porque la crisis del Estado llega a un punto tan extremo que sin el sostén abierto y descarado del Fondo Monetario Internacional y de la banca mundial, la burocracia no puede hacer frente a las masas ni por un instante. Tiene que dar el salto desesperadamente hacia el vacío para poder presentar un frente común con el imperialismo contra las masas. El Partido Obrero define el carácter de clase de la ex-URSS como un Estado Obrero en descomposición, en disolución, cuyos elementos dinámicos son, de un lado, la negación del Estado Obrero a través de una política de restauración capitalista (y en esa medida, el Estado Obrero, como protección de las relaciones sociales de la Revolución, ha dejado de existir) y, del otro lado, la revolución política de las masas que potencialmente tiende a la expropiación de la propia burocracia. Ese es el elemento contradictorio de la situación, donde no hay una expresión políticamente consciente de los trabajadores en defensa de sus propias conquistas. No se puede encasillar un proceso de restauración capitalista como éste en términos que son apenas sus variantes. Por ejemplo, que un Estado Obrero no sería capitalista hasta que no esté el “sujeto histórico”, a saber, que haya capitalistas. Si fuera con esa condición no va a haber nunca capitalismo en la URSS, porque es muy difícil que aparezcan como clase dominante los sujetos capitalistas si antes no se apoderan del poder del Estado. El capitalismo no desarrollo a los intersticios de la sociedad feudal a través del capital comercial; en la URSS no va a ocurrir una cosa de este tipo o por lo menos es una variante extremadamente remota. Primero hay que resolver el problema político, luego, el problema de las relaciones sociales. Esto no significa que el poder político inventa las relaciones sociales, porque ese poder político que fue capturado por fuerzas restauracionistas va a impulsar el capitalismo apoyándose en todas las relaciones económicas internacionales gestadas bajo el régimen burocrático. Trotsky señalo que si triunfara, la contrarrevolución y tomara el poder, la Unión Soviética dejaría de ser un Estado Obrero, "inclusive, aunque toda la propiedad sea estatal” y hasta llega a afirmar que la contrarrevolución no va a privatizar inmediatamente las empresas; que por el contrario procuraría aprovechar las ventajas del monopolio estatal, que producirá plusvalía, beneficios, que por distintos canales del presupuesto del Estado, del comercio exterior, etc., servirían para alimentar la acumulación privada del capital mundial. Sólo cuando se estabilice, el poder contrarrevolucionario podrá empezar entonces un proceso de privatización en beneficio de los grandes pulpos monopólicos internacionales. ¿Dónde está aquí el “sujeto capitalista”? En la fuerza política que tomó el poder del Estado, que es la representante del capitalismo, de Estados capitalistas, y por lo tanto, el imperialismo mundial el “sujeto” de este Estado. Lo que interesa destacar es que este Estado, con este gobierno —que no es un gobierno capitalista sino restauracionista, es decir, burocrático— no defiende las relaciones de propiedad frente a la presión imperialista. Pero si es un Estado obrero en disolución ¿desde qué ángulo es todavía un Estado Obrero? Desde uno que no tiene nada que ver con la estructura formal del Estado. Las empresas soviéticas no están aún en manos de los capitalistas, no tienen las características de una fábrica de cualquier país capitalista, en donde la autoridad sobre el obrero tiene una base histórica y está fundada en una relación de propiedad: en la ex - Unión Soviética los obreros todavía se consideran dueños de su fábrica. El principio estatal está en contradicción, o está en crisis, en la sociedad. El Estado Obrero todavía existe como realidad en esta presencia, en esta dominación intangible de los trabajadores sobre los medios de producción, en este poder de veto de los trabajadores sobre los medios de producción, que aún debe ser quebrado; en la conciencia de las masas, en la revolución política. Existe como una de las tendencias de la situación en su conjunto. La caracterización del PO de la URSS como un Estado obrero en descomposición o en disolución se atiene estrictamente a lo señalado por Trotsky en “La Revolución Traicionada” cuando explicaba que “la revolución social, traicionada por el partido gobernante (no sólo) vive todavía en las relaciones de propiedad, (sino también) en la conciencia de los trabajadores y en las condiciones de la crisis capitalista”. Las relaciones de propiedad están en completa destrucción; la conciencia de tos trabajadores va redescubriendo el programa revolucionario; la crisis capitalista es mayor que nunca, y por lo tanto las condiciones de la revolución mundial. El destino de todo este movimiento, por lo tanto, depende de la marcha de la situación mundial y del papel que juegue la clase obrera occidental en la lucha contra el capitalismo, que va a ejercer una influencia enorme en potenciar o no la conducta de los trabajadores de la ex-Unión Soviética, con referencia al dominio de la propiedad. Un proceso político de restauración capitalista diferente es el de China, donde la burocracia masacró a los trabajadores y estudiantes, reforzó el poder político contrarrevolucionario y, a partir de un poder consolidado, la penetración del capital en China es infinitamente superior a la de la URSS. Es decir, donde rige el “comunismo", el capitalismo está avanzando más que donde rige el “capitalismo". El objetivo de Yeltsin, en realidad, es aproximarse todo lo que pueda a China, en el sentido de un régimen políticamente fuerte, con un control general de tos recursos, de la propiedad estatal, es decir, un Estado sólido que pueda negociar, con garantías efectivas, con el capital extranjero, crear zonas francas y, hasta cierto punto, impedir la llamada "restauración capitalista salvaje” en donde van despedazando propiedades. Pero la crisis social en China tiende a crear la misma crisis política que se ha producido en la URSS y abrir una nueva etapa revolucionaria. El derrumbe de los Estados Obreros burocratizados abre para el capitalismo la gran posibilidad de sobrevivir, de tomar el control de esas vastas naciones de millones de personas, expropiar la propiedad estatal, tomarla bajo su control, y abrir fenomenales posibilidades de acumulación capitalista. Pero esta empresa va a tener que pasar por revoluciones y contrarrevoluciones gigantescas, porque en tanto que la revolución política va a colocar en el escenario mundial a ochenta millones de proletarios, la contrarrevolución va a aniquilar a cien millones de trabajadores, los va a someter a la esclavitud y va a reducir en proporciones catastróficas la economía soviética. En las condiciones de la crisis del capitalismo, la expropiación de la propiedad estatal por parte del capitalismo va a significar al mismo tiempo la destrucción generalizada de fuerzas productivas, las que están en demasía en el mercado mundial. Por la independencia de las repúblicas de la ex-URSS Es preciso distinguir entre la desintegración de la URSS (en tanto que "federación”) y la descomposición del Estado Obrero (como estructura social no capitalista). Detrás de la fachada de la URSS existía una descomunal opresión de las nacionalidades, no sólo de las naciones periféricas, sino de la propia nación rusa. Ya en la “Revolución Traicionada”, Trotsky mostró el enorme perjuicio que el régimen burocrático había significado para el desarrollo nacional de Rusia. Hoy, después de la “desintegración”, ninguna república de la ex-URSS es, sin embargo, independiente. La CEI —que es presentada como una “ficción"— tiene la concreta función de seguir negando la independencia efectiva y real de las repúblicas. Ucrania, por ejemplo, no puede emitir su propia moneda porque el FMI la ha obligado a seguir aceptando los rublos. ¿Cómo va a ser soberano un país que no puede emitir su propia moneda y que, además, se comporta como colonia del FMI? La independencia nacional de las repúblicas sigue siendo una tarea revolucionaria, es un ariete de la revolución política. Esto porque no puede haber independencia efectiva de las repúblicas sin la expulsión de la burocracia stalinista, ni tampoco habrá revolución sin darle un contenido anti-burocrático y anti-restauracionista a los reclamos independentistas de las masas de las repúblicas. Los derechos nacionales de tos pueblos son la condición para su desenvolvimiento político y su libertad. Como demócratas consecuentes —es decir, como partidarios del derrocamiento revolucionario de la burocracia— defendemos la vigencia irrestricta para las masas de todos los derechos políticos, el derecho a la independencia nacional (separación) en primer lugar. Como Lenin, no comprometemos el prestigio de la revolución y la causa del socialismo reteniendo a ninguna nación por la fuerza, porque la revolución depende, no de un metro de territorio, sino de la conciencia internacionalista de los trabajadores. Se trata de una gran diferencia con el Mas que, mientras está a favor de la desintegración de Yugoslavia, es partidario de la unión de la URSS en función de la necesidad de mantener la “integración económica" (obviamente, no le importa la “economía" de Yugoslavia). El PO, por el contrario, está por la “desintegración" de la Unión Soviética y por la unión socialista de Yugoslavia, porque para el PO la cuestión nacional no es un problema económico (en este caso de violencia económica) —que puede resolverse simplemente mediante la cooperación entre repúblicas libres— ni étnico —que es un planteo feudal que nos llevaría, directamente, al fascismo— sino histórico que plantea las tareas propias de la democracia y que en el caso de tos países donde se ha expropiado el capital son parte de la revolución política (dictadura del proletariado). ¡Que las masas de las diferentes naciones deliberen colectivamente y decidan sus destinos! Reivindicamos así la tradición política del bolchevismo que, bajo el zarismo, luchó por el derecho de todas las naciones a separarse libremente del imperio (y que luego, en el poder, otorgó efectivamente ese derecho) mientras que en los Balcanes luchaba por una “Federación Socialista de los Balcanes”. Una cosa es la llamada “desintegración” de la URSS, la existencia de repúblicas independientes, otra cosa diferente es la desintegración del Estado Obrero, es decir, la restauración del capitalismo. El PO lucha contra la restauración capitalista, contra la desintegración de la base del Estado obrero; por la nacionalización de la propiedad, el control obrero de la producción y la dictadura del proletariado. Alemania Para todas las corrientes internacionales del trotskismo, con excepción del lambertismo, con el cual en una época el PO integró el Corci, Alemania estaba constituida por un Estado Obrero y un Estado capitalista. El PO siempre negó el carácter de Estado nacional a Alemania Oriental porque era una dependencia de la burocracia rusa y del Ejército Rojo para dividir al proletariado alemán. La revolución alemana era imposible sin la unión de la clase obrera alemana, por eso nunca levantamos la consigna: “por la revolución política en Alemania Oriental”. Cualquier acción del proletariado alemán, en el este o el oeste, planteaba su unidad, y la revolución sólo podía triunfar a través de la unidad. Para nosotros la consigna siempre fue “por la Revolución Socialista en Alemania”, la unidad, la destrucción del Muro. La destrucción del Muro tiene un alcance revolucionario independientemente de sus consecuencias inmediatas, aparentes, porque sin ella no había ninguna posibilidad de revolución socialista en Alemania. Al contrario, era con el Muro que Alemania Oriental volvía al capitalismo porque sus bases sociales se descomponían aceleradamente frente a la presión capitalista. La caída del Muro ha abierto la posibilidad de que las masas tomen el problema político de conjunto del país como una unidad de clase. La clase obrera alemana tiene una tradición histórica, es, objetivamente, una unidad clasista. Restaurar esta unidad en la práctica es la clave del porvenir de la revolución europea. Las últimas huelgas marcan el resurgimiento del proletariado alemán. Hoy la clase obrera alemana comienza a transformarse realmente en un factor político y este es un hecho completamente novedoso que el PO pronosticó. Dijimos que como consecuencia de la caída del Muro, la tendencia del capitalismo a reducir el nivel de vida y aumentar la explotación de tos obreros de Alemania Occidental se iba a acentuar. La liquidación de las conquistas sociales por parte del capitalismo en Alemania Occidental forma parte de la tendencia del capitalismo a liquidar las conquistas sociales en todos lados. ¿Cómo podría entonces sostener los derechos y las conquistas sociales de tos obreros orientales, mejorar sus perspectivas? En Alemania estuvo ausente una dirección revolucionaria, pero tampoco existió la menor posibilidad de que hubiera esa dirección, porque ninguna corriente política de la izquierda planteaba la unidad socialista de Alemania. El valor de la consigna de la unidad alemana era tomar la gran tendencia histórica de la« masas y darle un contenido anticapitalista y revolucionario, empezando por reda, mar que la unidad se hiciera por medio de la deliberación popular, y no por la anexión de Alemania Oriental por parte de Alemania Occidental. La posición de la izquierda fue “democraticemos Alemania Oriental”, “no a la unidad”. Resultado: las corrientes de izquierda que y dejaron los movimientos de masas se "fundieron" unas semanas después la caída del Muro, cuando se produjo la votación por la Alemania unida. En cambio, el jefe del partido demócrata cristiano de Alemania Oriental, que integraba desde hacía cuarenta años la coalición con el partido comunista, se pasó al partido Demócrata Cristiano de Kohl y sesenta días después ganó las elecciones. Alemania y el proletariado alemán se han transformado en factores políticos internacionales, lo que significa un cambio profundo en todo el mapa político mundial. ¿Alemania va a mantener una postura de unidad con el capitalismo europeo para competir con Japón y EE.UU. —y además para tomar la delantera en relación a los Estados obreros— o romperá el acuerdo con Francia y el resto de Europa para marchar a un acuerdo con EE.UU. con vistas a la colonización conjunta de Europa del Este? Existe una pugna abierta para ver cómo se distribuyen las piezas en el tablero imperialista y hacia qué lado se inclinará Alemania y esta pugna se ha expresado en la crisis desatada por la reciente renuncia del ministro de Relaciones Exteriores Hans Dieter Genscher. Cuba Detrás de una fachada de slogans socialistas, Cuba está en un proceso de acercamiento al capital internacional absolutamente descomunal. Cuando Fidel Castro dijo, en 1986, que “no habla posibilidad de Revolución Socialista en América Latina, por cincuenta años,” ya estaba señalando una orientación, porque de ahí se desprendía que había que ir a una política de concordancia con el imperialismo, algo que se reafirmó cuando señaló que “ha caído el socialismo” es decir, que se ha producido un retroceso irreversible, lo que se desprende de confundir a la burocracia, negación del socialismo, con el socialismo. En Le Monde Diplomatique, reproducido por Página 12, un artículo de un alto miembro de la burocracia cubana, Lisandro Otero, vicepresidente de la Unión de Escritores, plantea la reforma vía el mercado, la libertad de propiedad, se opone a la libertad de partidos y hasta reclama la renuncia de Fidel Castro. En el plano de la política internacional, el castrismo apoya al PT, a los sandinistas, a Felipe González, etc., lo que tiende a reforzar el aislamiento de Cuba respecto al cerco capitalista, aunque de otro lado refuerza la confianza del capital internacional en Fidel Castro. Echegaray reclama defendí a Fidel Castro y a su política, como antes reclamaba hacerlo con el FSLN y los hermanos Ortega. Los resultados están a te vista. El bloqueo norteamericano ha sido un factor histórico de estrangulamiento para la Revolución cubana y sigue existiendo como factor político. Pero hay un cambio de tendencias: una reciente estadística del New York Times mostraba que el comercio Cuba-EEUU ha pegado un gran salto desde 1989. Cargill, que pretende dominar el mercado de explotación del azúcar cubano, ya tiene contratos de venta del azúcar cubano a cambio de darle a Cuba los productos necesite. No hace falta decir hacia dónde va este tipo de política. La particularidad de Cuba es la existencia una colonia cubana capitalista, económicamente poderosa (que reclama la devolución de todas las propiedades que tenía en 1959). La presión de la colonia gusana, en la eventualidad de un derrumbe del régimen castrista, llevaría a una guerra civil implacable. Por eso, la política de Castro de mantener el Estado firmemente en sus manos mientras llega a acuerdos de distinto tipo con el capitalismo, no es mal vista por grandes círculos del capitalismo mundial. Reconocemos a Cuba el derecho a recurrir a maniobras económicas. Pero en este caso, es todavía más imprescindible la libertad completa de organización y derechos políticos de las masas, para que los obreros tengan toda la capacidad para defenderse de la presión capitalista y de la burocracia. Al revés, junto a las concesiones al capital, el castrismo acentúa el ataque a estos derechos. La reforma de la constitución pretende poner una cáscara parlamentaria al régimen burocrático y establecer un compromiso con los representantes “democráticos” del imperialismo. El Frente Contrarrevolucionario Mundial El Mas quedo herido de muerte, desde el punto de vista de la teoría y del programa, cuando afirmo que existía un “frente contrarrevolucionario mundial”: que Gorbachov, Yeltsin, Thatcher, Castro, Bush, Alan Garcia o Alfonsín eran lo mismo (¡mientras llamaba a apoyar las “moratorias” de Grinspun, Alan Garcia, Sarney, etc.!). pero las contradicciones entre aquellos son muy grandes, ocupan posiciones diferentes en la sociedad y reflejan de distinto modo la situación, la evolución de cada uno de sus países tiene diferentes ritmos. Comprender el contenido de clase, la perspectiva, los límites de los distintos sectores, no significa alinearlos en un “frente contrarrevolucionario mundial”, algo ya superado por la Crítica de Marx a la afirmación del Programa de Gotha, de 1875, de que frente al proletariado el resto de las clases sociales era ‘una única masa reaccionaria’’. No existe un bloque homogéneo del otro lado; del otro lado existe un bloque completamente heterogéneo que se divide, se rompe, se quiebra, lleno de contradicciones; por eso la revolución es posible. El movimiento obrero y la IV° Internacional El Partido debe prestar mucha atención a seguir las modificaciones de conjunto que se han comenzado a producir en el panorama mundial, a las grandes crisis entre los grandes países imperialistas y a las tendencias huelguísticas, a las grandes modificaciones entre EE.UU. Europa, a la evolución del movimiento obrero, etc. ¿Cómo proveemos el desarrollo del movimiento obrero mundial, de la vanguardia, de la IV° Internacional? El conjunto de las corrientes trotskistas no tiene ya nada que ver con el marxismo, ha sufrido un proceso de degeneración política muy claro como consecuencia de su aislamiento, compromisos y burocratismo. El papel del lambertismo en el PT es contrarrevolucionario; lo mismo vale para su posición neutral en la guerra del Golfo. La corriente de Mandel votó a favor de la expulsión del PT de nuestros compañeros de Causa Operaria y votó a favor de la expulsión del Mas (Convergencia Socialista). Son corrientes completamente podridas, dominadas por la pequeña burguesía de Europa Occidental, de los medios universitarios. Han perdido el filón revolucionario y han sido tragadas por la profunda descomposición de la sociedad imperialista. El fenómeno tiene características mundiales. El movimiento obrero no se va a recomponer en términos de perspectivas revolucionarias por un desarrollo independiente en cada país; se va a recomponer por el desenvolvimiento de la experiencia mundial como un todo. Las huelgas en Alemania se lanzaron con el voto del 96 y el 98 % de los obreros; cuando la burocracia firmó el acuerdo, perdió las elecciones que debían ratificar el acuerdo. Este es un fenómeno político profundo, porque quiere decir que a nivel de las masas se ha impuesto la tendencia a luchar, lo que también se refleja en las tendencias huelguísticas que se desarrollan en Europa Occidental (España, Francia) y en América Latina. Derrumbe de los regímenes burocráticos y crisis política de los regímenes imperialistas, agotamiento de los regímenes democratizantes en América Latina; crisis económica, recesión, dislocación de ramas y regiones enteras, ataques brutales a las condiciones de vida de las masas en todo el planeta; revolución política en "Oriente", ascenso huelguístico en "Occidente", descalabro de las direcciones tradicionales del movimiento de masas y de las tendencias democratizantes, en primer lugar de las “trotskistas’'. Estas son las condiciones en que tendrá que luchar el proletariado mundial y en que su vanguardia debe desenvolverse hacia un reagrupamiento internacionalista y clasista. La crisis mundial ha abierto una perspectiva revolucionaria de dimensión planetaria. 24 de mayo de 1992 Notas: (1) Sociedad de las Naciones: organización de Estados formada al finalizar la Primera Guerra Mundial “para defender la paz’’ a iniciativa del "pacifista” Woodrow Wilson, presidente de los Estados Unidos. Según Trotsky (“La Revolución Traicionada’), “la SDN, según el programa bolchevique que ya conocemos, ‘consagra sus esfuerzos inmediatos a reprimir los movimientos revolucionarios”’. (2) Postdam y Yalta: acuerdos establecidos entre las potencias vencedoras al finalizar la Segunda Guerra Mundial por los que se dividió a Alemania y se establecieron "zonas de Influencia" entre la burocracia soviética y el imperialismo. En función de estos acuerdos, el stalinismo hundió las revoluciones en Grecia, Italia y Francia, ubicadas en la “zona occidental”. 3) Carta de la ONU: documento fundacional de las Naciones Unidas, de cuya matriz surgieron el FMI, el GATT, el 8aneo Mundial como instrumentos de penetración económica del imperialismo y autorizaba la intervención política y militar mundial de! imperialismo bajo la bandera del “derecho internacional' (guerras de Corea y del Golfo). (4) Tratados de Seguridad y Cooperación Europea (de Helsinki): firmados por una treintena de países de Europa Occidental y Oriental, Canadá y Estados Unidos, que consagró la Intangibilidad de las fronteras europeas de post-guerra (división de Alemania, ocupación del Báltico y de regiones polacas por la URSS) y los derechos de libre comercio y de propiedad individual a los ciudadanos de todos los países signatarios.