Coyuntura europea y situación política española Redacción
Barcelona, 16/5/92 Compañeros del Partido Obrero: Saludamos con simpatía la celebración de vuestro V° Congreso y lamentamos no poder contribuir con nuestra presencia al acto. La clase obrera española está protagonizando en estos últimos meses, grandes movilizaciones contra la reconversión industrial y los planes antiobreros del gobierno de Felipe González, que condenan a los trabajadores al paro y a la miseria, en nombre de una mítica unidad de la Europa capitalista. En otros países, como Alemania, la huelga general también está siendo utilizada por los trabajadores en defensa de sus puestos de trabajo y de sus condiciones de vida. Las luchas actuales demuestran que la clase obrera española y europea no ha muerto, y que, aunque desorientados y confundidos por las direcciones tradicionales, la socialdemocracia y los restos del stalinismo, que se arrodillan respetuosamente ante “el ídolo del libre mercado", los trabajadores necesitan una dirección revolucionaria que los ayude a encaminarse victoriosamente hada el socialismo, frente a un capitalismo en crisis que sólo puede ofrecerle hambre y pobreza. Ante esta situación, la izquierda española no es más que un cadáver político en descomposición que necesita ser enterrado. Nuestro pequeño grupo, “En defensa del marxismo" nadó en estas duras condiciones, hace apenas un año y medio, a partir de un puñado de compañeros simpatizantes de la TCI y del Partido Obrero, y de otras comentes que se reclaman del trotskismo. Con nuestro trabajo en común, estamos luchando por la construcción de un partido revolucionario de la dase obrera española, que deberá formar parte de la futura IV° Internacional reconstruida. El V° Congreso del Partido Obrero de Argentina es un paso muy importante es esta dirección. Los compañeros de “En defensa del marxismo" en España, somos conscientes que, cuando nuestros hermanos argentinos y latinoamericanos avanzan, nosotros avanzamos con ellos en el camino de la sociedad socialista. Lamentamos no poder estar con vosotros en estos momentos y esperamos poder estrechar, en el futuro inmediato, nuestra colaboración en el duro y prometedor trabajo de la reconstrucción de la IV Internacional. Recibid un cálido y fraternal saludo revolucionario de los compañeros de “En defensa del marxismo" (España). En Italia, Gran Bretaña y Francia las elecciones han marcado la situación política durante 1992. Los resultados son generalizables: pobres resultados de la socialdemocracia, marginalidad de los partidos ‘'comunistas" y división de la derecha, que si bien mantiene posiciones, se ve flanqueada por grupos regionales y por la extrema derecha racista y xenófoba La aparición con fuerza de los Verdes en Francia, como ya ocurriera en Alemania, es síntoma del agotamiento del sistema político. En Italia el agotamiento del régimen político es ya crónico, ahora con la dimisión del presidente sin sustituto firme y con la quiebra del modelo de pentapartido con "oposición leal” (baja de la DC y del PDS) mientras la Liga Lombarda y el neofascista MSI presionan contra los partidos del gobierno. En Francia el gobierno Cresson entró en crisis aguda, Mitterrand se desgasta a ojos vista y el PS se divide con una guerra a muerte entre los “delfines”. La presión de Le Pen y la crisis económica exacerban los conflictos raciales. En Gran Bretaña las elecciones han sido un balde de agua fría para las esperanzas laboristas de derrotar el thatcherismo y hacerle pagar el fracaso del poll-fax. No ha sido así, Major ha revalidado la mayoría no por mérito propio sino por la desconfianza popular hacia la política conciliadora de Kinnocfc. El ascenso del grupo de Ashdown y su presión por la reforma electoral para eliminar el bipartidismo demuestra la falta de alternativa a los conservadores. Major ha anunciado nuevos planes de privatización y hace frente con la euforia conservadora a la polarización social y autonomista de Escoda y Gales. En Alemania sigue la derecha con crecientes dificultades y la pesada carga de la unificación que dispara la inflación, aumenta los impuestos y es un antecedente de la conflictividad social que ha dado la mayor huelga del sector publicó en quince años saldada con victoria obrera | ha estimulado otras en los sectores principales (metal). Los problemas de la unidad europea, las dificultades para cumplir los compromisos de la cumbre de Maastricht, el debate de los controvertidos fondos de cohesión que han sido recortados a manos deja mitad, el acuerdo de ampliación del espacio económico de la CEE a la EFTA (Suecia, Noruega, Finlandia, Islandia, Austria y Suiza) —con la exclusión significativa de los temas de agricultura y pesca—, así como la posición común ante el conflicto yugoslavo vienen a agravar el cuadro de nacionalidades descritas. El desempleo y el déficit público seguirán creciendo a pesar de los recortes generalizados en inversión pública y la tendencia a recortar o privatizar los servicios públicos en sanidad, pensiones, educación, transportes, vivienda, etc. A pesar del esfuerzo en rebajar la inflación y los tipos de interés, y del enfrentamiento con los trabajadores que están suponiendo los topes salariales, la recuperación económica anunciada no se produce. En estas condiciones, los planes de unificación política tienen una pesada hipoteca y múltiples condicionantes: de inmediato representan un acicate a la conflictividad de clase y se preparan estrategias defensivas y proteccionistas en muchos sectores, sin excluir el recurso al “dumping social" que van a representar los bajos costos sociales en el Este y la afluencia creciente de los inmigrantes africanos y magrebíes. La unidad europea como coartada para imponer mayores sacrificios se está agotando rápidamente. Lamentablemente la posición de la izquierda, incluidos los sindicatos, está comprometida a fondo en la dirección de la unidad europea y son incapaces de responder a los planes imperialistas, a lo sumo exigen la cohesión social, y dejan a los trabajadores inermes ante el ataque patronal que viene. La situación política española En consecuencia con la situación europea, el Gobierno PSOE ha pisado el acelerador. El tiempo apremia y las dificultades crecen para Felipe González. Estos planes exigen recorte de los tipos de interés, rebaja espectacular del déficit público en tiempo récord (pasar del 4,4% del P.I.B. al 1% en el ´96), recorte de la inflación a la mitad, liquidación de los sectores Gotarios o subvencionados, política fiscal regresiva. Se trata en la práctica de un ataque en toda regla a las conquistas de los trabajadores en materia de cobertura al desempleo, pensiones, seguridad social, derechos laborales (con “flexibilidad" laboral para la movilidad geográfica y funcional, y editando la contratación eventual, recortando el derecho de huelga. Todo ello está destinado a la rebaja del salario medio, a atacar a los colectivos estables y con empleo fijo y conseguir así un diferencial de beneficio patronal que aumente la competividad de la economía española (extremadamente débil y dependiente) frente a los competidores comunitarios. El decreto sobre el desempleo y el “Plan de Convergencia” son los primeros pasos de un ambicioso programa de reformas de mercado labora!. Y todo esto va a llevarse a cabo en un período inflacionario (crece por encima de lo previsto), hay especulación con los servidos, aumento del paro y recorte del crecimiento económico a un nivel insignificante que cuestiona la racionalidad de los objetivos marcados por el Gobierno PSOE. El descenso de la inversión pública es el dato más notable aunque la inversión privada casi ha desaparecido y el desempleo alcanza el 16,2% de la población activa, el más alto de Europa, con especial incidencia entre las mujeres y los jóvenes, y una evolución negativa en derechos y estabilidad que ha ocasionado ya un 30% de trabajadores eventuales (el contrato indefinido es una reliquia en desuso). La negociación colectiva del '92 y la lucha contra la reconversión industrial ha dado ya el mayor ascenso de luchas de los últimos años, con numerosas huelgas generales locales y regionales, enfrentamientos y marchas de los mineros, paro de los sectores fundamentales: construcción, metal, hostelería y muchos colectivos aún sin cerrar la negociación. En conjunto, en los cuatro primeros meses se hicieron 16,6 millones de horas de huelga, la cifra más alta de Europa, con la participación de 770.000 obreros según cifras oficiales (normalmente a la baja por citar fuentes patronales). Pero los enfrentamientos sólo han empezado. La agresividad del Gobierno y ante la ausencia de toda oposición política, deja a las centrales sindicales (sobre todo CC.OO. y UGT) ante la necesidad de responder y llamar a la movilización para no verse desplazados en todos los terrenos. El temor a la pérdida de poder contractual, el recorte de la base afiliada paralelo al del empleo fijo y la perspectiva de ataques aún más demoledores vuelve a situar la disyuntiva de la situación que condujo a la huelga general del 14 de Diciembre de 1988. En esta ocasión el gobierno se esfuerza por cerrar filas y tratar de evitar fisuras en el partido socialista. La derecha advertida del peligro que supone jugar al desgaste del gobierno cuando viene por el lado de la movilización popular, cierran filas y trata de ilegalizar el paro y confundir a la población para evitar que la pequeña burguesía y los sectores populares apoyen a la clase obrera, empleando la convocatoria de la huelga general como canal para expresar el descontento como ya ocurriera en el 14 de diciembre. Sin embargo son las propias centrales sindicales las que frenan fa beba y le niegan toda perspectiva. La convocatoria de sólo media jomada de huelga general (además de llegar tarde y mal) dificulta la coherencia y organización del paro, dejándolo en protesta semi-simbólica. Pero más alá de la voluntad de la socialdemocracia y de las burocracias sindicales, (alta todo margen de maniobra para el a- cuerdo. El 14 de diciembre sólo aplazó los problemas y ahora el Gobierno intenta acelerar a fondo los planes antiobreros de modo que cualquier acuerdo es impóstate. Los sindicatos siguen alimentando tales ilusiones (el objetivo de la lucha es que el PSC- cambie su política económica en favor de los trabajadores con el lema “Se equivocan”) y se debaten en ¡a contradicción del recuerdo de la Huelga General del 1S38 (que indica la posibilidad de verse desbordados y no poder maniobrar) y la necesidad imperiosa de plantar cara al gobierno (para no verse desplazados institucionalmente recortado su poder contractual y en entredicho ante las masas). Nicolás Redondo reitera la esperanza de que la base del PSOE reaccione y obligue al gobierno a cambiar de política económica. Las condiciones que impone la burocracia no son las más apropiadas para el ascenso de la movilización, pero la voluntad de lucha de la vanguardia y la profundidad de los ataques plantean la posibilidad de un desbordamiento que ya empieza a materia (izarse en las convocatorias independientes más radicales por zonas y sectores y en los pronunciamientos de entidades y asociaciones, así como en las presiones sobre la izquierda del PSOE. El resultado de la movilización decidirá la posibilidad de continuar con los planes antiobreros, así como la continuidad del gobierno y fe posibilidad de crisis abierta en la socialdemocracia. Está en juego un cambio decisivo en la correlación de fuer zas. Las burocracias sienten —y temen— que nada será igual tras esta batalla. Pero aunque consiguieran aplazar la lucha y se negasen a convocar la Huelga General en octubre, te presión de la situación les lleva a tener que plantar cara para salir de un marco de presión crecente hacia la movilización La necesidad de una alternativa política de dase como referencia de la izquierda ante la lucha pesa dramáticamente.