Se acaba de realizar en Rosario el II° Encuentro sindical del llamado “Grupo de Burzaco”. Integran esta tendencia el viejo sector ubaldinista de ATE-Ctera-Telefónicos de Buenos Aires, de un lado, y el también viejo sector centroizquierdista de Piccinini y los dirigentes del Neumático y de Periodistas, del otro. Pero a la reciente reunión se añadieron dirigentes sindicales del PC, compañeros de ruta de la ex-lU, como Bazán de Córdoba; dirigentes del interior de Luz y Fuerza; y hasta el radical Ediberto Sánchez, del sindicato de docentes de Santa Fe. Este bloque de burócratas sindicales se encuentra empeñado desde hace tiempo en encontrar un remedio al descomunal fracaso de la experiencia ubaldinista y en homogeneizar a sus componentes. Aunque hasta ahora no han logrado avanzar un paso en semejantes propósitos, la “reunificación" de la burocracia menemista en Parque Norte le ha servido como oportuno pretexto para presentarse como su “alternativa”. Daría la impresión que muchos se apresuraron en hacerse presentes en este Encuentro a partir de la idea, precisamente, de que éste sería una especie de "réplica” o “respuesta" al congreso cegetista. El recurso de contraponer uno y otro sirvió a quienes pretenden caracterizar al Encuentro como "progresista”. Pero esos supuestos e ilusorios alcances “progresistas "del Encuentro se pusieron de manifiesto casi de inmediato cuando los asistentes se negaron a apoyar la huelga que vienen sosteniendo las “seccionales rebeldes” de La Fraternidad — y esto a pesar de que algunos dirigentes del Encuentro, como el “fraternal" Tronconi, participan de la huelga. En menos de lo que canta un gallo el Encuentro se encontró “a la derecha” de la burocracia sindical menemista, que no había demorado en formar una comisión para “mediar” en el conflicto ferroviario y denunciar la “intransigencia” del ministro de Trabajo. En tanto que realidad social, los dirigentes del Encuentro no se diferencian en nada de sus “rivales” menemistas: son burócratas sindicales —“comen”, al igual que lo hacen sus “colegas”, de la misma “mano” estatal que los autoriza a manejar sin ningún control los fondos de los sindicatos y de las obras sociales (más la “yapa” de los “arreglos” que realizan con las patronales). Pero aún si esta semejanza fuera “secundaria” con relación a los problemas que plantea la realidad política concreta, hay que añadir que los fundadores del Encuentro son activos socios del Estado en materia de privatizaciones y no menos socios de las patronales en lo que se refiere a la “flexibilidad laboral”. ¿Qué separa a la “combativa” Foetra de Buenos Aires de los “traidores” de Luz y Fuerza, cuando leemos a diario sus “solicitadas” que reclaman la “propiedad participativa” en el capital accionario de las ex-empresas estatales? ¿Qué separa a un José Rodríguez del Smata “menemista”, de un Piccinini o de los “pichones” del Neumático, cuando todos ellos han firmado las cláusulas de "productividad” que condicionan los aumentos salariales? Existe una perfecta igualdad entre menemistas y anti-menemistas a la hora de correr detrás de las migajas que les ofrece la política de entrega de Menem. En Córdoba, los "comunistas” de la burocracia sindical de la seccional de Foetra han hecho un bloque con Telecom para expulsar del Sindicato y despedir del trabajo a dirigentes sindicales reconocidos del Mas y del PO. A partir de aquí: ¿Sobre la base de qué principios políticos podrían fundarse los miembros del Encuentro, en el caso de que lo quisieran, para hacer una política de oposición al gobierno y a las patronales? En la declaración que aprobó el Encuentro se hacen continuas referencias a “las políticas de ajuste salvaje de este gobierno”, como si los autores del texto pretendieran convertirse en los garantes de un “ajuste” civilizado. ¿Pero cómo podría haber un “ajuste” civilizado cuando la propia “civilización” que produce estos ajustes es salvaje? Salvo que se suponga que los integrantes del Encuentro son unos ingenuos, las “ingenuidades” de su declaración son la evidencia de una pérfida demagogia y de una política de disimulo. En un párrafo que seguramente fue inspirado por ATE, se denuncia el “desmantelamiento del Sistema de Defensa Nacional” y se lo vincula a “la desintegración... geográfica de nuestro territorio”. Pero plantear en semejantes términos la oposición a la privatización de Fabricaciones Militares es peor que la propia enfermedad. El “sistema de Defensa "es el aparato de las fuerzas armadas y la “desintegración geográfica” son los conflictos de límites con Chile, de lo que resulta que nuestros sindicalistas progresistas han tomado para sí las banderas de Rico y Seineldin y de que su antiimperialismo se confunde con un nacionalismo anti-chileno reaccionario. El Encuentro, por lo que se ve, está muy lejos de ser la “alternativa” de Parque Norte; simplemente refleja la completa división de la burocracia sindical en su conjunto frente a la política menemista, más el agregado, en el caso del Encuentro, de la completa bancarrota política y moral de la izquierda stalinista o tributaria del stalinismo. Del mismo modo que la “reunificación” no es la última palabra en las peripecias que sufren los sectores “menemistas”, esta "alternativa” o réplica centroizquierdista tampoco es el punto final en las viejas relaciones de ésta con el oficialismo. Las perspectivas de un re-acercamiento entre el “oficialismo” y su “réplica” se encuentran incluso bien apuntadas en la declaración del Encuentro. El "nuevo espacio” de De Gennaro, Piccinini y Mary Sánchez propone "definir una estratega con los sectores del empresariado nacional (para) afrontar las actuales políticas de apertura global sobre nuestras economías" y "evitar los efectos negativos que una pseudo integración pueda tener”. El planteo, pretende “vincularla organización de los trabajadores con tos bloques productivos que presenta la economía nacional tomando en cuenta a su vez el carácter diversificado e internacionalizado de los grupos Empresariales”; este planteo calza como un zapato con los intereses del Club de Exportadores, de Techint y Acindar, y hasta del propio Citibank —que convertido en dueño de Celulosa logró “afrontar” la “apertura global sobre” la industria del papel al conseguir que el gobierno estableciera cupos de importación contra los brasileños que se aprovechan de la “seudo integración . A los organizadores del Encuentro no se les puede escapar el significado que tiene el planteo contenido en la declaración, ya que sus principales jefes están ligados, precisamente, a esos pulpos industriales. Recientemente, la patronal de Propulsora le advirtió a la Comisión Interna que no debía esperar un aumento salarial hasta que Cavallo no devaluara el peso —“una estrategia”, válida como cualquier otra, para "afrontar las actuales políticas de apertura global”. Semejante acercamiento a las grandes patronales, que dicho sea de paso se encuentran ahora enfrentadas al Banco Mundial, que no les permite asociarse para la privatización de Somisa; constituye un puente natural con muchos otros sectores de la burocracia sindical, también empeñados en defender a los "bloques productivos que presenta la economía nacional”. También se lo puede considerar un puente, y esto sin exagerar los tantos, con Rico y con Julio Ramos de Ámbito Financiero, si se tiene en cuenta que este último publicó hace tres semanas un artículo firmado donde reclama contra el desplazamiento del capital nacional en el campo de las privatizaciones. ¿Por qué sorprenderse, a la luz de todo k> anterior, que el Encuentro no. haya satisfecho la ilusión de algunos de sus concurrentes de impulsar la formación de un "partido de trabajadores”? No solo esto; la declaración, un monumento a las vaguedades en el 90% de su desarrollo, es bien precisa en este punto, pues no solamente se opone a la formación de un partido propio del movimiento obrero sino que elabora con el mayor cuidado la alternativa política opuesta. En efecto, el texto votado por el Encuentro declara que “Este nuevo espacio de unidad de los trabajadores... lo ofrecemos... al conjunto de los sectores comunitarios como espacio de referencia sindical para una estrategia de poder nacional”, o como se dice en otro párrafo “como aporte a la conformación del movimiento político y social”. Hay que convenir que el planteo de subordinación de los sindicatos y del movimiento obrero a las otras clases de la “comunidad” (y no solo las clases sociales, porque después de todo el clero y los generales también forman parte de la "comunidad") no podía estar más nítidamente formulado, como tampoco el sometimiento al “poder nacional” —que choca naturalmente con el sometimiento a sus respectivos “poderes nacionales” que deberían impulsar los trabajadores peruanos, cubanos, brasileños, uruguayos, británicos, etc.; Es así como los partícipes del Encuentro tuvieron en cuenta la “internacionalización "de las empresas “nacionales’ 1 El Encuentro se propone ser el apéndice "sindical", o más precisamente burocrático, de un partido o movimiento políticos de contenido capitalista. La conclusión mínima que se puede extraer de las conclusiones del Encuentro es que el “espacio” no ofrece nada “nuevo”, lo cual es un “defecto” realmente mortal. El informe político del V° Congreso sobre el “nuevo espacio” “Los centroizquierdistas han justificado su política de adaptación al régimen con el pérfido argumento de que luego de las masacres de la dictadura la masa trabajadora y su vanguardia “no son lo que habían sido”; que el régimen militar en realidad habría triunfado al haber impuesto una especie de "lobotomía en la memoria popular”. No se han percatado, parece, que la “vanguardia” de los 70, los llamados “combativos'’ incluidos los foquistas, lejos de haber desaparecido del escenario político se encuentran hoy, todos, en posiciones oficiales, y que a su modo “han conquistado al poder”. Mary Sánchez; Piccinini; Guillán y luego los disidentes de Guillán; los tosquistas de Luz y Fuerza de Córdoba (y también en telefónicos); los Caamaño en periodistas; los Ongaro y Goldar; los Dighon de Tabaco; los burócratas de las regionales del interior que en su momento representó Ubaldini; Gdansky de Matanza; los Villavicencio de Fotia; y hasta tos “hostilizados” De Gennaro, Abdala o Brunelli; los piccininistas del Sindicato del Neumático, que entregaron la huelga de Fate, todos estos opositores, disidentes o combativos del pasado, junto a la “nueva camada” del Mas y hasta del acabado y nunca combativo PC; todos éstos tienen hoy posiciones oficiales, y no solo esto, son los responsables políticos directos de todas las entregadas y derrotas del período democratizante, y particularmente de las que facilitaron la salida del ascenso de Menem y prepararon el “plan” Cavallo. “La vieja oposición a la burocracia Regó a la dirección de los sindicatos, casi en un ciento por ciento, las bases sindicales pudieron realizar una experiencia política novedosa, que por momentos pareció consagrar la democracia en los sindicatos. Esta experiencia mostró las descomunales limitaciones del centro- izquierdismo, su rápida asimilación al régimen burocrático en los sindicatos y principalmente, su veloz adaptación a las exigencias de superexplotación económica de los trabajadores que les eran presentadas en nombre de la inevitable “modernización” y de la defensa de la "democracia” “La política centro-izquierdista ha sido un mayúsculo fracaso: en ningún lugar, absolutamente ninguno, ha podido conciliar su política de colaboración de clases con la defensa de las conquistas anteriores del movimiento obrero, ni su política de adaptación y defensa del Estado con la preservación de la autonomía, independencia o democracia en los sindicatos. En Ctera la propia burocracia "combativa” ha abolido la democracia e independencia sindicales; en Villa el sindicato se ha tomado un año de vacaciones con la firma de la “paz social” en Sanidad, la política de desmoralización del Mas condujo a la entregada pactada del sindicato a la intervención estatal (lo mismo en la UOCRA Neuquén). La situación social de los docentes se ha convertido en miserable; los metalúrgicos de Acindar y Somisa han perdido empleos y la vigencia de sus conventos; los plenarios en Gráficos han desaparecido al mismo ritmo en que se fueron achicando los salarios; los “combativos” de Foetra están rivalizando por ingresar al directorio de las empresas telefónicas para sentarse junto al Citibank y al Morgan. Para toda esta gente, la destrucción de las fuerzas productivas propias de la crisis capitalista, representa nada menos que la ’’modernidad”, sin percibir lo inconsecuentes que son al presentar al imperialismo con una faceta económica civilizadora; de un lado, y con una faceta política bárbara, del otro por ejemplo cuando agrede a Panamá. Pero muchos centroizquierdistas que ya notaron esta contradicción, en oportunidad de la guerra del Golfo apoyaron...a las Naciones Unidas.”