Adónde va el PT
Para el mes de diciembre está previsto, el 1er Congreso del PT. La aguda crisis política en el país tiene su correlato en la propia crisis del partido. Los hechos están a la vista: el PT consiguió elegir poco más de mil concejeros municipales en todo el país en los años pasados, de los cuales más de 300 ya emigraron para partidos burgueses. De las 38 intendencias conquistadas por el PT en 1988, más de un cuarto ha pasado a partido burgueses, lo que incluye a la importante prefectura de Campinas (con el mayor producto per cápita del país) ejercida por uno de los fundadores del partido, el ex-sindicalista petrolero Jaco Bittar. Sin hablar del enorme aparato de la intendencia de San Pablo, que con una política extremadamente antiobrera (despido de huelguistas, represión, subsidios e impulso a la educación religiosa) se transformó en un verdadero Caballo de Troya de la burguesía dentro del PT. La crisis económica, que Collor de Mello y su equipo descargan enteramente sobre las espaldas de los trabajadores, ha llevado al gobierno a aplicar un ajuste salarial sin precedentes: al mínimo de miseria de 47.000 cruceiros, propuesto por Collor, la oposición respondió votando un mínimo igualmente miserable de 62.000 (en ese momento, según las estadísticas oficiales, el mínimo de subsistencia estaba por los 160.000 cruceiros), con el apoyo de la bancada del PT (excepción hecha del diputado Gardella de Convergencia Socialista). La dirección nacional, en setiembre, aprobó que se levantase la lucha por la recuperación del 50% de las pérdidas salariales (lo que equivale, de salida, a amputar el salario casi en un 30%). En la CUT, la dirección petista no sólo no unifica las luchas, sino que aisló las huelgas en desarrollo. En resumen: toda la política de “conquista progresiva de la hegemonía social”, de la dirección petista está en quiebra; más bien ocurre lo contrario: la superestructura política de la burguesía, el Estado, “hegemoniza” cada vez más al PT; el pretendido “conquistador” sucumbe ante los “conquistados” imaginarios. La integración creciente del PT al Estado se manifiesta en un aparato de más de 15.000 funcionarios, compuesto fundamentalmente de burócratas estatales (asesorías parlamentarias, cargos de confianza en las prefecturas, etc.) es decir que no se incluye a la burocracia sindical. La dirección del PT ha convocado al 1 er Congreso en función de diversos objetivos. En lo político, uno de los puntos del temario, la discusión sobre “el socialismo petista”, dejó en claro que la abrumadora mayoría de las posiciones sostienen un “socialismo” basado en la propiedad privada y el Estado, y en el respeto del régimen burgués so pretexto del “valor universal de la democracia” y de sus instituciones, como sostiene la tesis mayoritaria. De manera que en todo el abanico de tendencias que va desde el ala derecha de la dirección (PT Vivo, Vertiente Socialista) hasta la izquierda (mandelismo, lambertismo y morenismo) existe una posición teórica común de carácter democratizante. En lo organizativo, luego de la expulsión administrativa de Causa Operaria y de la exclusión de sus tesis del Congreso, la “derecha” y el "centro" exigen la disolución de todas las tendencias. Jair Meneguelli, presidente de la CUT, propone la expulsión de “Convergencia Socialista” del PT. Al mismo tiempo se propone una estructura organizativa que prevé la disolución de los “núcleos”, es decir de la única instancia de organización de la militancia del PT. Esto tornaría al PT semejante a los partidos burgueses, con todo el poder en las manos de una burocracia partidaria. Cézar Alvarez, responsable organizativo de la Ejecutiva, propuso en la revista Teoría y Debate una estructura que reforzaría el papel de todo tipo de secretarías y se minimizaría, so pretexto de la “ampliación democrática del partido”, precisamente a los “núcleos” de base (ya muy vaciados) con el argumento de la “eliminación de la distinción entre ciudadano y militante”. Los demócratas que dirigen el PT no han reparado que la asimilación del ciudadano y del militante es típica del fascismo, que reclama la afiliación obligatoria al partido del Estado de todos los mayores de edad. En el partido existe una tan numerosa como heterogénea “izquierda”, cuya posibilidad de crecer como consecuencia de la crisis que divide al oficialismo va pareja a su impotencia para plantear una alternativa a la estrategia democratizante. Es que detrás del reclamo de disolver todas las tendencias se encuentra la evidencia a la imposibilidad de mantener una tendencia oficialista estable. La izquierda (en lo fundamental la “trotskista”) es incapaz de plantear el carácter de clase de las posiciones oficiales y por lo tanto su naturaleza inconciliable con relación a los intereses históricos del proletariado. El oficialismo, por el contrario, es harto conciente de ello. De las diferentes alternativas que brinda el desenlace del Congreso (transformación en un partido de funcionarios, definición ideológica contrarrevolucionaria, prohibición de tendencias), la posibilidad de mayores expulsiones y de divisiones no se puede excluir, pero éstas tendrían un carácter confuso por la naturaleza ecléctica de los opositores izquierdistas. Convergencia Socialista (el Mas brasileño) por ejemplo, reclamó “la vuelta al PT original” encubriendo que las formulaciones teóricas de la matriz contenían todos los principios ahora desarrollados en la política pro burguesa. El congreso del PT va a refractar la lucha política y de ideas que se da a nivel internacional, la que se caracteriza por la transformación (o reconversión) de los stalinistas y de sus camaradas de ruta en defensores declarados del sistema capitalista.