Plan Cavallo: ¿Estabilidad? Las pelotas Redacción
La mentada “estabilidad económica” es uno de los tantos cuentos chinos que circulan por esta Argentina “democrática”. Los especialistas patronales le ocultan celosamente el fracaso al pueblo, pero lo ponen todos los días en conocimiento de sus clientes banqueros y capitalistas en un lenguaje sibilino. A pesar de asfixiar financieramente a las provincias —al punto que “no se ha pagado todavía el aguinaldo en quince de ellas” (Ámbito Financiero, 2/8); a pesar de reventar los servicios públicos, la educación, la salud, las jubilaciones y los salarios estatales; y a pesar, también, de saquear los bolsillos de la población laboriosa con impuestos al consumo, las “cuentas fiscales” no le cierran al ministro. El “superávit fiscal” (base del plan de convertibilidad y de los acuerdos con el FMI) no supera los 60 millones de dólares mensuales, aún después de contabilizarse los ingresos por privatizaciones, “una cifra que no alcanza ni siquiera para los pagos de la deuda interna a efectuar” (ídem). En estas condiciones, para “defender" la convertibilidad y para engordar a los pulpos capitalistas, Cavallo se ha lanzado a lodo tipo de “dibujos contables a postergar pagos “por más de 300 millones de dólares en julio” (ídem) y a emitir clandestinamente, violando la propia ley que lleva su nombre. Solo en julio, la emisión monetaria aumentó en casi un 20% a través de “préstamos” y “redescuentos” por cientos de millones de dólares con destino a los bancos y a las empresas públicas. Mientras los jubilados aún siguen esperando para cobrar los 300.000 australes, en un sólo día Segba recibió préstamos del Banco Nación por más de cien millones de dólares. Este préstamo, que no se devolverá porque Segba está “en rojo", deberá ser cubierto oportunamente por el BCRA con emisión monetaria. Todo esto pone de relieve que la pretensión de Cavallo de que las deudas monetarias del BCRA están “respaldadas” por las reservas de divisas es una completa mentira. ¿Y la deuda “no monetaria” del Tesoro? El “Buenos Aires Herald” (4/8) señala que “la deuda pública con los jubilados, proveedores, contratistas y empleados estatales que ha recibido confirmación judicial o administrativa equivale a 27.000 millones de dólares, lo que es aproximadamente el 50% de la deuda externa”. El “austral convertible” es la moneda de un estado insolvente y en quiebra y, por lo tanto, la pretensión de que su valor pueda ser “respaldado” por las reservas del BCRA es una tontería. La burguesía, naturalmente, no tiene ninguna expectativa en la “convertibilidad” y en la “estabilidad”. Esto explica que tanto los acreedores externos como los internos reclamen un “paraguas político”, un “acuerdo fiscal”, un “pacto de gobernabilidad" o como se lo quiera llamar al compromiso de peronistas y radicales (pero también de ucedeístas, provinciales y... centroizquierdistas) que le garantice a los capitalistas el cobro de sus títulos de deuda contra el Estado. Unas muestra de este “pacto fiscal” en marcha, un verdadero acuerdo de saqueo al pueblo, es la negociación parlamentaria del “bono de consolidación de deudas”: los congresistas ya han establecido, según lo reclamaban la “patria contratista” y la banca privada nacional, que se “separen" las deudas y que se establezcan dos bonos diferentes, uno para los contratistas —cotizado en dólares y que se podrá utilizar para las privatizaciones— y otro para los jubilados. Los parlamentarios, además, ya han anunciado que antes de fin de año modificarán el sistema previsional “para evitar el crecimiento de la deuda pública en el futuro”, es decir, para liquidar el 82% móvil. El "plan de convertibilidad” está en ruinas. En estas condiciones, el “Buenos Aires Herald” (21/7) se extrañaba que “a diferencia de otras situaciones, el sentimiento de dificultades crecientes no induce a los sectores (patronales) afectados a reclamar una devaluación”. Lo mismo vale para los bancos privados, afectados por una “crisis de rentabilidad” (La Nación, 27/7) e incluso para la banca acreedora, que ha aceptado discutir las condiciones de pago de los intereses atrasados después de las elecciones. Inservible desde el punto de vista económico (a excepción de justificar el congelamiento salarial), el mito de la “estabilidad” tiene aún una función política fundamental: preservar la suerte electoral del gobierno del “gran privatizador” y del “gran flexibilizador laboral”. Las reverencias patronales a una “convertibilidad” que todos saben inexistente juega la misma función de encubrimiento gubernamental que todas las andanzas alrededor del “narco-gate". Los patrones y los banqueros esperaran cobrase la factura después de las elecciones...