Victoria “izquierdista” en la tierra de Stroessner Roberto Benítez
Carlos Filizzola, un médico de 31 años, fue electo intendente de Asunción en las primeras elecciones municipales de la historia paraguaya. Filizzola encabezó el movimiento centroizquierdista “Asunción para Todos", derrotando por un amplio margen al candidato del oficialismo y al del PLRA, el principal partido burgués de oposición. Filizzola fue propuesto como candidato por la CUT (Central Unitaria de Trabajadores), y a su alrededor se condensaron distintas tendencias centroizquierdistas —principalmente el apoyo político y financiero de la socialdemocracia europea— y el stalinismo. Aún cuando durante su campaña Filizzola pretendió dejar de lado todo matiz izquierdista o sindicalista y presentarse como un candidato por encima de las clases—algo que se puso en evidencia en la propia denominación de su movimiento— el candidato centroizquierdista es muy popular por su antigua militancia estudiantil y apoyo a las huelgas obreras, que lo llevaron repetidamente a la cárcel bajo el stronismo e incluso bajo la actual presidencia del “general demócrata" Andrés Rodríguez. Aunque Filizzola obtuvo una votación muy pareja en todas las secciones electorales asunceñas, el grueso de su votación provino de la clase media, de la intelectualidad y del activismo sindical nucleario en la CUT. La victoria de Filizzola traduce el hundimiento y descomposición del coloradismo, que fue durante treinta años el sostén civil de la dictadura. En la capital, más del 70% de los asunceños votó por partidos opositores. En el Partido Colorado se ha acentuado, como cabía prever, la violentísima lucha de clanes y camarillas, con acusaciones cruzadas de corrupción y de vinculación con el narcotráfico y el contrabando, entre el sector que responde al presidente Rodríguez (el llamado sector “democrático”) partidario de un entendimiento con la oposición burguesa y los denominados “ortodoxos”. El candidato a la intendencia de Asunción por el coloradismo pertenecía a la fracción opuesta a Rodríguez y se debe dar crédito a los rumores de que el rodriguismo llamó bajo cuerda a votar por el candidato del Partido Febrerista para acabar políticamente con la fracción-“ortodoxa" El presidente Rodríguez rápidamente reconoció la victoria de Filizzola y felicitó al ganador, algo que a diez dias de los comicios aún no ha hecho el candidato oficialista. El PLRA de Domingo Laino, aunque duplicó sus votos y obtuvo una treintena de intendencias en todo el país, sufrió una dura derrota al salir tercero en la capital. La prensa paraguaya caracteriza esta pésima elección liberal como consecuencia de las divisiones partidarias. Sugestivamente, la prensa burguesa saludó calurosamente la victoria del candidato centro-izquierdista a la que calificó nada menos que como “el final de una época” y una muestra de “madurez del electorado frente al autoritarismo”, y lo convocó inmediatamente a “lubricar las relaciones con el poder central” y a mostrar “una alta capacidad de negociación” (Última Hora, 27/5). Con el beneplácito de la prensa y los partidos patronales, pocas horas después se reunieron el intendente electo y el presidente Rodríguez. El triunfo de Filizzola traduce el hundimiento del aparato político stronista y una tendencia hacia la izquierda de las masas dentro del campo de las ilusiones democráticas. Esto acentúa, por un lado, las posibilidades de éxito de las maniobras políticas democratizantes para contener la lucha de los trabajadores, del tipo del “pacto social” o “concertación” como las que propone el propio Filizzola y aislar a la vanguardia de los obreros y a la masa campesina que está luchando por la tierra. Pero de otro lado, la conquista de mayores posibilidades de organización es un factor enorme para potenciar la lucha de clases de los explotados, con la condición de que sea independiente de la pequeñoburguesía colorada, liberal o centroizquierdista. El resultado de las elecciones paraguayas desmiente a los charlatanes de la “ofensiva neoliberal” y de la “derechización de las masas". Al final, Asunción, Montevideo y San Pablo — las tres principales ciudades de sus respectivos países— están en manos de la “Izquierda”. Pero al mismo tiempo, la “gestión izquierdista” de estos centros urbanos ha servido para mostrar su impotencia frente a los gobiernos capitalistas y su rápida evolución a la derecha. Los políticos “modernos" y “post-modernos” fracasan miserablemente, y demuestran con ello la vigencia de la política revolucionaria. MAS: “Revolución democrática” en Paraguay Es conocido que el Mas, al calor de los procesos democratizantes latinoamericanos, había “descubierto” un nuevo tipo de revolución “no previsto por Trotsky, las revoluciones democráticas”, unas “revoluciones (que) tiraban abajo dictaduras”. Pero en realidad se trataba de “revoluciones" dirigidas por la misma clase social que estaba en el poder —los “capitanes de la industria "y fundamentalmente los bancos acreedores— que se transformaban en la base social de la “democracia” luego de haberlo sido de las dictaduras y aún de la “transición” entre una y otra. Esta “modificación" no constituye de ningún modo una "revolución”; su importancia radica en que pone en evidencia el inicio de la desintegración del Estado burgués y la conquista por parte de las masas de un campo más amplio de actuación, que de nada les serviría, por supuesto, si se someten a la política de gobiernos y partidos democratizantes. Ahora, Solidaridad (30/5), al comentar las elecciones municipales paraguayas, no sólo omite los escasos 700 votos de su PT paraguayo (0,4%) sino que aprovecha la oportunidad para ratificar su teoría oficial. “A pesar de haber sido derrocado Stroessner —dice— en el curso de una revolución democrática que llevó al poder a su yerno, el general Andrés Rodríguez, el aparato totalitario de la dictadura no había sido desmantelado”. Así caracteriza el Mas a un típico golpe de Estado motorizado por un sector del ejército, sostenido por la diplomacia norteamericana, la Iglesia y el conjunto de las burguesías latinoamericanas. El aparato totalitario del Estado no fue desmantelado, no “a pesar” de la “revolución democrática" sino gracias precisamente a ella, porque su pretensión fue pegar un viraje en el timón del Estado, nunca destruir el barco. Todo esto revela el carácter democratizante del Mas, que toma como eje para caracterizar a un proceso o etapa política y al régimen que se asienta sobre ella, a la “democracia" como abstracción, sin importarle su carácter de clase ni la base social que lo sustenta.