Cuatro posiciones sobre la estrategia de la izquierda Redacción
Por Patricio Echegaray: El grito del tero No me parece que el tema real sea una discusión abstracta sobre “democracia e insurrección”, sino el uso provocador y macartista que la derecha pretende hacer del asunto. Hay alguna gente que nos quiere cambiar la película, y para colmo pasarnos una que ya vimos y conocemos bien: “Los dos demonios”. Y en definitiva uno, la izquierda. Veamos el país verdadero. ¿Cuál es la violencia que se ejerce cada día y de dónde viene? Es el baleamiento cobarde a Pino Solanas, la profanación del cementerio de Berazategui, la que denuncian las marchas por María Soledad y Walter. Es el plan hambreador y entreguista de Menem y Cavallo, la cesantía, la muerte por hambre dictada contra los jubilados, los genocidas impunes y hasta candidateados, los chicos presos por denunciar el asesinato de Walter Bulacio. La hago corta: todos sabemos de qué se trata. ¿Y la izquierda? Aquí también, cuentas claras. Cada conquista democrática, cada palmo de democracia política, sindical y social, de soberanía popular, lleva impresa la lucha del pueblo y de la izquierda como parte del pueblo. Y hoy como siempre, los trabajadores y todo el campo popular, la militancia y las organizaciones de izquierda, son el blanco principal sobre el que se descarga toda restricción o vaciamiento de la democracia. La derecha propone contraponer en abstracto, fuera de la historia, democracia e insurrección. Que discutan con San Agustín, con Cristo cuando echó a los mercaderes del templo, con la Constitución norteamericana de 1776 y con Juana de Arco. Que la derecha haga su reproche al Cabildo Abierto del 25 de Mayo de 1810, a los obreros de la Patagonia Rebelde y la Semana Trágica, al 17 de Octubre, a las multitudes heroicas del Cordobazo. Nosotros, los comunistas, estamos del lado de la soberanía popular siempre. También cuando se abre paso contra los que la violan, pisotean, torturan y fusilan apelando a todas sus fuerzas y formas. Pero, insisto: la derecha no está abriendo un debate académico sino promoviendo una provocación política. Querría obtener el desafuero del compañero Luis Zamora y, mucho más que eso, justificar la represión contra la izquierda y encubrir la violencia cobarde de la reacción que retoma con fuerza en estos días. Como el tero, pega el grito en un lado y pone los huevos en otro. Por Néstor Vicente (Idepo): Nada sin democracia La izquierda que represento no tiene pendiente ningún examen respecto a su vocación democrática. Vale decirlo a cuenta de que, cuando se trata el tema, se suele colocar a este espacio de la vida política del país bajo sospecha. No existe sistema con más contenido democrático que el socialismo y deben quedar atrás —si todavía no quedaron— las posiciones de izquierda que entendían el tiempo democrático como un momento de acumulación para otras etapas. La democracia no puede circunscribirse al ámbito económico, como creyeron los protagonistas de las experiencias del llamado “socialismo real”, ni puede acotarse en lo político-electoral como pretenden nuestros partidos tradicionales. Reitero lo que dije el 1° de Mayo del año pasado en la histórica Plaza del NO: “Esta izquierda ha cambiado... nada tiene de aquella izquierda que entendía la democracia como un valor secundario. Hoy, democratizar la política, la economía, la cultura y la sociedad es revolucionario en la Argentina”. Democracia y revolución no son —no deben ser— palabras antagónicas. Aspiramos a construir un Estado democrático que, fundado en la soberanía popular como única fuente legitima de poder, amplíe constantemente los mecanismos de efectiva participación del pueblo en el proceso de toma de decisiones en todos los campos, instalando a la democracia como valor permanente y sustantivo, a ser ampliado y profundizado, y no como característica coyuntural y con tendencia a restringirse cada vez más. Porque creemos en la democracia, no le cortamos las alas. Democracia es protagonismo popular, participación, pluralismo. Debe ser sinónimo de libertad y solidaridad; La democracia genuina implica socialismo. Y es el pueblo el que se da, como en Chubut o Catamarca, sus formas de lucha, de movilización, de presión para que se reconozcan sus legítimos derechos. Es la gente la que decide —sin importarle si ese acontecimiento se define como movilización, insurrección o resistencia popular— escribir su propia historia, en mayo de 1810, octubre del ’45, en el Cordobazo o con el derrumbamiento del Muro de Berlín. No quedemos atrapados por las palabras, lo importante son los contenidos. En resumen. Nada sin democracia. Nada sin la voluntad protagónica del pueblo. Esa voluntad no necesita tutores ni debe ser encorsetada. Por Jorge Altamira (PO): Orientar la rebelión La catástrofe económica, la descomposición generalizada del capitalismo y la situación sin salida en que esto ha colocado a innumerables gobiernos patronales, han generalizado también la tendencia a la revuelta, a la rebelión y a la insurrección en amplios sectores de las masas. Este fenómeno es la expresión subjetiva de la rebelión de las fuerzas productivas contra las relaciones de producción capitalistas que las asfixian y contra el Estado burgués. Pero las revueltas e insurrecciones sólo se convierten en revolución cuando se combinan con un impasse histórico que afecta a todas las clases sociales y que modifica radicalmente los métodos de lucha de las masas explotadas. Es indudable que la Argentina se aproxima de nuevo a una situación revolucionaria así entendida. La incapacidad del régimen democratizante (no llega a tener las características plenas de la democracia formal) para hacer frente a la crisis capitalista y al saqueo de la nación por el imperialismo, es un insuperable factor de impulso de las tendencias insurreccionales en el pueblo. A medida que se desarrolla la resistencia popular se achican las posibilidades del régimen democrático, el cual se convierte cada vez más en reaccionario. Los regímenes democráticos en América latina no son otra cosa que un sistema de garantías jurídicas del pago de la deuda externa al imperialismo. En el convulsionado período actual, incluso los partidos del orden llegan y se van del poder como consecuencia de grandes crisis políticas. Tenemos aquí otra manifestación de la crisis histórica del sistema. Pero los dispositivos constitucionales están concebidos para asegurar la gobernabilidad del Estado en períodos de crisis, y de ningún modo para facilitar el acceso al poder de fuerzas políticas de contenido socialista que puedan emerger como consecuencia de la crisis política. No están al servicio de la soberanía popular sino de su negación. Por eso la tarea política fundamental es desenmascarar a los partidos patronales en todos los terrenos, intervenir en los procesos electorales y parlamentarios con el mismo fin y orientar por sobre todo la rebelión popular que va progresando en el país. Por Luis Zamora: Sólo con la movilización Nosotros reafirmamos nuestra posición de siempre: luchamos por ganar a la mayoría de los trabajadores y el pueblo para el programa de transformaciones revolucionarias que proponemos. Al mismo tiempo decimos que la experiencia histórica enseña que la movilización del pueblo trabajador es la única forma de lograr que sus derechos y voluntad sean respetados y que aquellas transformaciones puedan hacerse realidad. EE.UU. y sus socios nativos reiteradamente han recurrido a los golpes de Estado contra los gobiernos que no les gustan como el de Perón en el ’55 y tantos otros. El pueblo argentino enfrentó el golpe fusilador y nosotros defendemos a fondo su derecho a enfrentar todo golpe de Estado. El gobierno del presidente Menem, que aplica el programa de Alsogaray que obtuvo el 6 por ciento de los votos, encama otro modelo de estafa a la voluntad del pueblo trabajador. Nosotros apoyamos con todas nuestras fuerzas las huelgas y movilizaciones que contestan esa estafa. Porque creemos que sólo la autodeterminación del pueblo trabajador puede abrir una salida también enfrentamos durante décadas a los grupos minoritarios de iluminados que intentaron imponer por la fuerza su posición. Hemos señalado innumerables veces que no se puede llamar verdadera democracia a un sistema que priva a la mayoría de la población del derecho a la comida, a la educación, a la salud, a un sistema que mata de hambre a los jubilados y condena a obreros como Delgado a morir aplastado a causa de los negociados de la Galería Pacifico. No se puede llamar democrático a un sistema donde el único derecho de participación y control que se le reconoce a millones es el de votar presidentes cada seis años y que, encima, después no cumplen nada de lo que prometen. No es realmente democrático un sistema que admite la impunidad de genocidas como Videla o donde se balea a Pino Solanas por denunciar al Gobierno y a la corrupción. Al mismo tiempo distinguimos claramente las libertades democráticas existentes hoy en la Argentina de una dictadura. Es por eso que nuestro partido enfrentó a todos los golpes de Estado y hoy sigue comprometido en la misma posición. Como lo hemos dicho siempre, sólo un gobierno de los trabajadores apoyado en la movilización obrera y popular y con plenos derechos democráticos, políticos y sindicales, un socialismo con democracia en la Argentina y el mundo, es lo que permitirá una democracia plena y una vida plena para la humanidad.