Pocos minutos después de la firma del “acta acuerdo” entre la UOM, el Ministerio de trabajo y Acindar, Carlos Leoni, directivo de la empresa, agradecía a Lorenzo Miguel y a Piccinini la “buena voluntad” demostrada durante las negociaciones. Ese mismo día, la “solución del conflicto de Acindar” motivaba que la semana bursátil culminara “en un marco de gran animación y firmeza” (La Nación, 12/5). Los capitalistas reconocían, de este modo, que le habían impuesto a los sindicatos de Villa su programa de “reestructuración” contra los intereses de los trabajadores. El “acta-acuerdo” está confeccionada a la medida de las pretensiones patronales de expulsar a más de 1000 trabajadores e imponer la más cruda superexplotación (“flexibilidad’). “Cada uno deberá ser el sindicato” El acuerdo establece que el reingreso a la fábrica se hará de modo gradual, “conforme a las necesidades operativas y del mercado y dentro del programa de modalidades y métodos de trabajo ya explicitados en el establecimiento” (La Capital, 10/5). Unos pocos centenares retomarán sus puestos en las próximas semanas, mientras que el grueso permanecerá suspendido. Con el ingreso “progresivo" la empresa podrá reorganizar a su gusto la planta, conforme a las normas del trabajo “flexibilizado”. El acuerdo plantea “el respeto al convenio colectivo de la UOM”, pero voceros patronales ya han aclarado que el convenio “no impide que los operarios cumplan con más de una función en la planta” (Clarín, 11/5). La existencia de miles de suspendidos constituirá, por otra parte, una formidable presión para forzar a cada trabajador a “flexibilizarse". Como el acuerdo establece una “paz social” de 180 días (hubiera debido decir “angustia y zozobra social”), el sindicato queda maniatado para dar una respuesta de lucha a las miles de provocaciones cotidianas que la patronal produce en la fábrica. Esto fue reconocido por el propio Piccinini en la asamblea general realizada en Villa: “de ahora en adelante cada compañero será custodio del convenio” —el sindicato se toma licencia, o “no esperen del sindicato o de los delegados lo que cada uno deberá defender desde su puesto de trabajo”. Piccinini declaraba, de ese modo, el fin de la UOM-Villa como instrumento de defensa colectiva de los obreros. “Desde hoy, el sindicato vivirá en cada trabajador”, concluía, con envidiable consecuencia, quien meses atrás se había manifestado a favor de convenios y sindicatos por región o por empresa. ¿Retiros... voluntarios? El acuerdo plantea la apertura de una lista de retiros voluntarios, como venía siendo reclamado por el sindicato, pero no por los trabajadores. Pero el retiro voluntario significa la aceptación, por parte del sindicato, de la existencia de "puestos de trabajo sobrantes". Es por lo tanto, un indisimulado aval a la imposición de los “nuevos métodos de trabajo”, aunque —como los propios dirigentes de Villa lo señalan— estos no aporten otra “innovación” que no sea la de “producir un 30% más de acero por trabajador, a costa de su salud y seguridad”. Piccinini afirma que con la aplicación de este sistema se irán tantos trabajadores como despidos reclama la empresa. El acta condiciona el sobrante de personal a las “necesidades del mercado", lo cual puede significar mucho más de mil cesantes y limitar el reingreso de compañeros a unas pocas centenas. Juan Alemann (hombre de la dique de Martínez de Hoz- Aufranc), acaba de plantear que Acindar debe llegar a su producción actual “prescindiendo de los 2/3 del personal”, ¡es decir, de 2000 compañeros! En la asamblea general, Piccinini anticipó que la empresa “pondrá trabas al retiro del personal que le interesa conservar, y presionará para el retiro de otros compañeros”. Los retiros serán, por lo tanto, un programa de despidos encubiertos. Pero la patronal prepara, para dentro de unos meses, cesantías lisas y llanas hasta satisfacer sus “necesidades operativas y de mercado”. Después de los 180 días Aunque el acta plantea la “rotatividad" de las suspensiones, aclara a la vez que “el personal excedente que en los primeros noventa días no pueda ser reubicado continuará percibiendo el subsidio" que se establece para los suspendidos. Admite, de este modo, que para una parte del personal no regirá tal “rotatividad” y quedará definitivamente sin "ubicar”. Es, naturalmente, el que será despedido al término de la vigencia del “acta-acuerdo”. Para la patronal, esta “espera” constituye un negocio redondo, pues Cavallo acaba de prometerles a los “capitanes de la industria” la fijación de topes indemniza-torios en forma perentoria. Para la patronal, el subsidio de dos millones a cada trabajador durante seis meses, será jugosamente “compensado” a la hora de las cesantías, cuando podrán pagarle una “bicoca” en concepto de indemnización a trabajadores con 10 o 15 años de antigüedad... Para contribuir a financiar esta pérfida maniobra, Cavallo-Menem tiraron por la borda todo el “discurso antisubsidios” y pro “economía de mercado”: parte del subsidio a los suspendidos será solventado por el propio Estado. Los trabajadores en su conjunto “contribuirán”, de este modo, a “bancar" la “reorganización” antiobrera de Acindar. “Sí, nosotros bancamos a la empresa” Ha trascendido menos, en cambio, que otra parte del subsidio será afrontado... por los propios trabajadores de Acindar. El acta establece la “consolidación” de todas las deudas salariales en seis millones y medio de australes... lo que implica una “quita" de hasta cuatro y cinco millones para toda una franja de trabajadores. Este punto del “acuerdo” despertó vivas críticas entre los obreros de Villa. “¡Si, compañeros —admitió Piccinini en la asamblea general— nosotros bancamos a la empresa!”. Los dirigentes de la UOM afirman que, en el peor de los casos, el “acuerdo” ha servido para postergar la ofensiva de las cesantías masivas. Pero el acta establece un programa riguroso de desmoralización y quebrantamiento de la cohesión obrera, que facilitará los despidos que se vienen. El acta-acuerdo, es, en definitiva, la entrega sin condiciones de los metalúrgicos de Villa a la voracidad de los López Aufranc. ¿"Asamblea"... o ultimátum a los trabajadores? Como vaciaron la lucha de Acindar ¡Traición! Al resolver el lock-out y los despidos masivos, la patronal de Acindar declaraba un ultimátum a los trabajadores: la fábrica sólo sería reabierta en los términos establecidos por la patronal (cesantías, trabajo flexibilizado). Lejos de revelar fortaleza, el lock-out constituía una maniobra desesperada para conseguir una mayor superexplotación obrera y el auxilio del Estado. En estas condiciones, la política del sindicato debía partir del rechazo del ultimátum patronal, y de la reincorporación sin condiciones de los 3.000 compañeros dentro de la fábrica, como condición para cualquier negociación ulterior. La UOM-Villa aceptó, en cambio, todos los términos del ultimátum y tomó a su cargo la aplicación del mismo contra los obreros. “O este acuerdo, o el abismo”, fue la política de Piccinini ante los obreros de Villa. El resultado de la asamblea general del sábado 11 —donde los trabajadores aprobaron esta acta-acuerdo—, fue forjado por medio de un “cuidadoso proceso” de vaciamiento de la lucha. Hace dos semanas, la UOM-Villa levantó los piquetes que bloqueaban el ingreso de los jerárquicos a la planta, sin que la patronal hubiera retrotraído en lo más mínimo su ofensiva. Al mismo tiempo, iniciaba una negociación secreta, es decir, a espaldas de los trabajadores. Con el correr de los días, la concurrencia a las carpas apostadas en la puerta de la fábrica comenzó a mermar, como consecuencia de que habían perdido su función esencial (el bloqueo a la planta). Los trabajadores llegaron, así, inermes y desmovilizados a la asamblea donde fue aprobada el “acta-acuerdo”. “El acta sólo puede ser aprobada o rechazada en su totalidad”, aclaró Piccinini al comienzo de la asamblea general. Este ultimátum se descargó de modo implacable sobre trabajadores que llevaban dos meses sin cobrar, y a quienes no se les presentaba la menor alternativa en términos de lucha. Sin embargo, a pocos kilómetros de Villa, la CGT-San Lorenzo resolvía en ese momento un paro activo por los mismos reclamos que levantan los obreros de Acindar. Piccinini-Miguel La asamblea contó con la presencia de Lorenzo Miguel, quien subió al estrado del brazo de Alberto Piccinini y tuvo el privilegio de dirigir las “palabras finales” a los trabajadores. La “salida” de Acindar fue prohijada, codo a codo, entre el “centroizquierdista” de Villa y su antiguo verdugo. En la paritaria metalúrgica, Miguel está negociando reajustes salariales a cambio de la “flexibilidad”: Acindar será un precioso antecedente en este sentido. Hace algunos meses, la patronal pretendió hacerle firmar a cada trabajador un compromiso de aceptación de los métodos “polivalentes” de trabajo, lo que fue rechazado masivamente por los obreros. Ahora —y según informó la UOM en la asamblea de este sábado—, el “acta-acuerdo” deberá ser suscripto individualmente por cada compañero, como condición para su reincorporación. El “papel” que nadie firmó meses atrás, contará ahora, para su firma, con el aval de Piccinini y de Miguel... Piccinini ha jugado toda su autoridad sobre los obreros de Villa para la imposición de esta salida pro-patronal. Se abre, por lo tanto, un período decisivo para la superación del sindicalismo centroizquierdista en Villa, lo que exigirá del activismo una férrea delimitación en todos los terrenos respecto de los Piccinini y sus aliados políticos. Nuevo ataque contra el PO El patrullaje ideológico de Picci "Demócrata" kagebista En la tarde del domingo 5 de mayo, militantes del PO realizaban una jornada de venta del periódico “Prensa Obrera” en el barrio villense de El Palmar. En eso estaban cuando a bordo de la camioneta del sindicato un grupo de integrantes de la UOM se lanzó violentamente sobre ellos, agrediéndolos de palabra y físicamente, para sustraerles los periódicos partidarios. “Ahí están, son ellos”, declararon cuando “interceptaron” a los compañeros del PO. El encuentro no era casual, sino el fruto de una labor de medido “patrullaje”, al estilo de los lopezrreguistas y la KGB. ¿Será que el acercamiento al miguelismo le ha permitido a Piccinini “asimilar” los peores métodos del matonismo sindical? Reclamamos el pronunciamiento de todas las organizaciones obreras y democráticas sobre este tipo de acciones que comienzan a tornarse sistemáticas contra el activismo y la izquierda en Villa.