Unión Soviética: “Ortodoxos" y “reformistas" se juntan contra las huelgas obreras
Es indiscutible que la situación en la Unión Soviética es francamente revolucionaria. Las esferas del poder están paralizadas, el caos económico crece sin encontrar barreras y las masas se desplazan hacia acciones de lucha que cuestionan al conjunto del sistema político burocrático. Los acontecimientos de la URSS son una prueba de que su destino no va a ser decidido por ningún plan sacado de las academias sino por la más áspera lucha de clases. Para dar pasos fundamentales hacia la restauración capitalista la burocracia y el imperialismo tendrán que derrotar primero ampliamente a la clase obrera. Sin embargo, la característica fundamental de la situación política consiste en el gran ascenso de la clase obrera y la reconstrucción de sus organizaciones independientes. Tal como lo previmos en la edición pasada de PO la situación creada por la huelga minera ha comenzado a evolucionar hacia una huelga general. ¡Quién se acuerda del referéndum que “ganó" Gorbachov hace tres semanas! La chispa de este proceso la desató el alza de los precios (del 100 al 400%) que entró en vigencia a principios de abril. La URSS está en la hiperinflación; la emisión monetaria de los tres primeros meses ya ha superado lo proyectado para todo el año. A partir de aquí la huelga minera se extendió a nuevas regiones, en especial en Ucrania, donde una buena parte de los trabajadores seguía trabajando debido a la desmoralización que les provocó la falta de resultados de la huelga de 1989, pero en especial por el trabajo de zapa que realizaron los sectores llamados “reformistas”, que en principio se dicen opuestos a Gorbachov. Uno de los principales epicentros de la nueva etapa huelguística es la ciudad de Minsk, capital de Bielorrusia. Aquí también, sin embargo, “los dirigentes opositores suspendieron una generalizada huelga industrial el jueves por la noche” (Washington Post, 12/4), luego de que las autoridades aceptaron iniciar una ronda de negociaciones. El diario norteamericano afirma también que “las revueltas obreras no son un fenómeno aislado y en muchos aspectos resultan más amenazadoras para Gorbachov que la defección del conjunto de los intelectuales liberales urbanos hacia su rival Yeltsin”. En efecto, la gran característica de la situación política es la entrada en masa del proletariado en la escena política, con sus huelgas, sus sindicatos independientes y sus comités de huelga. Un intento de Gorbachov de “truchar" una representación de mineros siberianos para conseguir la firma de un acuerdo salarial que levantara la huelga, fue violentamente desbaratada por las bases mineras, en una demostración impresionante de la tendencia al doble poder que se desarrolla en la URSS. Cualesquiera sean las limitaciones de la política de los mineros y obreros en huelga, son los únicos que merecen el nombre de soviéticos (que quiere decir “comités de delegados"), por sus métodos y organización. La propagación de las huelgas obreras ha tenido un efecto fulminante sobre el conjunto de la situación política. Como se vio más arriba, los “reformistas” pasaron a ocupar el primer plano en la labor de frenar el movimiento, luego de haber coqueteado con él y hasta de haber procurado imprimirle la orientación política. Ivan Silayev, por ejemplo, nada menos que el primer ministro de la Federación Rusa de Yeltsin. declaró que el plan económico que acababa de presentar al parlamento “no tendrá posibilidades de éxito si los mineros no retornan al trabajo” (Financial Times, 28/3/91). La tendencia de los huelguistas a seguir la orientación política de la burocracia “reformista” (restauracionista) de Yeltsin ha sufrido en consecuencia un duro golpe. La experiencia obliga a los trabajadores a plantearse la independencia política de todas las fracciones de la burocracia. Otra consecuencia de la tendencia a la propagación de las huelgas ha sido la decisión del “soviet" de Rusia de otorgar plenos poderes a Yeltsin, el cual podrá gobernar por decreto a partir de ahora y por tiempo indefinido. Todos los “demócratas" del mundo son, según se puede apreciar, iguales. Yeltsin obtuvo los plenos poderes a pesar de no contar con mayoría en el parlamento, debido a que las huelgas precipitaron a su campo a un sector del partido comunista, que ha formado un nuevo bloque con el nombre de “comunistas democráticos”. Como bien lo dice el corresponsal del Financial Times en Moscú. “Yeltsin justificó esas medidas (los plenos poderes) como necesarias para sacar a la sociedad de la crisis y para evitar, suspender y hacer cesar las huelgas'. Pero al final de cuentas fue la crisis la que le permitió obtener la mayoría (en el parlamento)”. Lo mismo dice el International Herald Tribuno (6/4): “Claramente perturbado por la intranquilidad social y laboral, la legislatura ampliada de la República Rusa votó abrumadoramente el viernes el otorgamiento de poderes de emergencia a Boris Yeltsin”. De manera que las intenciones políticas de establecer alguna especie de dictadura, que se le atribuían con razones a Gorbachov y a la “línea dura”, han sido tomadas como propias por la “línea blanda”, “reformista” o “democrática”. Naturalmente que no se trata simplemente de una dictadura asentada en una represión directa contra las masas, que ningún sector de la burocracia podría hoy llevar adelante. Se trataría más bien de un intento bonapartista, el cual exige capacidad para chantajear a un sector del aparato estatal, de un lado, con el peligro de una revuelta obrera y a la clase obrera del otro, con la amenaza de un golpe del ejército y de la KGB. Esto explica que en los últimos días se hubieran intensificado las gestiones para hacer un pacto entre Yeltsin y Gorbachov, algo que es virtualmente imposible porque en un régimen bonapartista el árbitro no pueden ser dos personas. Lo que podría ocurrir es que Yeltsin dé temporariamente un paso atrás para permitir que Gorbachov pueda enfrentar las huelgas, mientras él, por su lado, anuda un acuerdo político con las fuerzas armadas. La tendencia Soyuz, de la “línea dura", viene abogando desde hace un tiempo por la formación de un “comité de salvación nacional", compuesto por todas las tendencias de la burocracia, que sustituiría a los parlamentos y gobernaría por decreto. Estos “comunistas ortodoxos" propugnan un “modelo Pinochet" para la URSS, que sería el único capaz de introducir “las reformas de mercado" (Clarín, 10/4). Todo esto ratifica nuestra tesis de que todas las tendencias de la burocracia son restauracionistas. En el plano de la política exterior, el comité de salvación nacional seguiría una política de “aislamiento" y de “introversión” hasta acabar con la crisis interna. El nuevo status alcanzado por Yeltsin plantea la posibilidad de que también se agote por el camino del fracaso, como ya le ha ocurrido a Gorbachov. Es lo que temen sus asesores, que trataron de disuadirlo de aceptar los plenos poderes. Una disgregación de la tendencia reformista significará producir una aguda polarización política. Las posibilidades de un golpe militar se podrán acrecentar si la asimilación política de toda la actual experiencia, por parte de los obreros más combativos, es insuficiente y lenta. En la URSS, la cuestión del partido revolucionario, del partido bolchevique, pasa a ser cada vez más la cuestión decisiva. El único as que Gorbachov tiene en la mano es el respaldo del imperialismo. Es el único garante comprobado de los acuerdos internacionales ya firmados. Es quien ha conseguido la ratificación de los acuerdos de unificación de Alemania por parte de todas las corrientes. Lo mismo ocurre con las condiciones criminales que la ONU ha impuesto a Irak en el golfo. “Si Gorbachov es derrocado como consecuencia del caos económico, dicen analistas alemanes citados por International Herald Tribune (23/3), el marco alemán y la bolsa de Francfort van a sufrir mucho”. ¡Y cómo! La URSS y varios otros Estados entrarían en completa cesación de pagos por un largo período. En vísperas del 1° de Mayo es necesario que la clase obrera del mundo les muestre a los obreros soviéticos que ellos son sus únicos aliados. Pero para eso deberán liberarse primero de sus propias direcciones contrarrevolucionarias.