El plan Cavallo debutó como corresponde a un plan de “estabilización”: con un tarifazo. Los boletos ferroviarios aumentaron un 35%; obras sanitarias un 29%; correo un 25%; el gas 10%; y un 20% la electricidad. Con la cortina de humo de la des-indexación de la economía y de la de-flación de precios, Cavallo le dio otro brutal empuje a la carestía; el asunto, como siempre, es deprimir los salarios. Es así como ya se calcula el costo de vida de abril en un 5% por encima del de marzo, que fue del 15%. Según los índices oficiales, las tarifas quedarán ahora un 70% más caras, en dólares, que en mayo del año pasado, una fecha que Cavallo ha utilizado como base del nivel de precios que debería tener su plan. En lugar de rebajas que mejoren el poder de compra de las jubilaciones y de los salarios, tenemos más carestía. Pero Cavallo sí les rebajó entre un 15 y 20 % a los grandes industriales y terratenientes el precio de la electricidad y en un 13% el gas oil. También anunció el inmediato pago de los reembolsos (devolución de impuestos) y de los bonos a los exportadores. El tarifazo al pueblo subsidia de este modo directamente los descuentos a los exportadores y grandes explotadores. La vuelta de los piratas del asfalto El plan “resurrección" le ha devuelto la vida a los piratas del asfalto. El peaje que fuera suspendido semanas atrás, debido a la conmoción pública que provocó su carácter de desfalco, acaba de ser reimplantando con una tarifa de ₳ 10.000 cada 100 kms. A cambio de una supuesta “rebaja” en el peaje, el Estado renuncia a percibir el canon o tributo que corresponde a la concesión (unos 100 millones de dólares anuales) y paga a su vez a los contratistas un subsidio de 57 millones de dólares anuales con fondos de Vialidad nacional. ¡Pero, aun así, es absolutamente falso que se haya producido una rebaja en el precio del peaje, como insisten en informar los diarios, siguiendo el libreto del ministerio de economía! No se dice que el peaje era de u$d 1,5 cada 100 km, lo que equivalía (con el dólar a 5.000 australes ) a 7.500 australes y que el dólar que se autoriza a cobrar ahora equivale a ₳ 10.000, lo que representa un aumento, y no una rebaja, del 33,3%. A esto se le debe sumar no solamente la eximición del pago del canon y el subsidio de los 57 millones de dólares anuales, sino la posibilidad de meter los beneficios en los bancos a un interés cuatro veces mayor que el internacional y con un dólar que no debería variar. Por eso el “club del peaje” manifestó una “enorme satisfacción” con la “reconversión” de los contratos. Piratas de cuatro ruedas El otro robo es el llamado acuerdo automotriz, pomposamente bautizado de rebaja de precios. Como informan todos los diarios, los precios de los autos quedaron congelados a los valores de fines de febrero último, luego de “una rebaja de precios en dólares ya producidas entre enero y febrero” (Clarín, 31/3), que había sido decidida por las empresas. Esta rebaja de precios en dólares había sido la consecuencia de un comienzo de guerra comercial entre los distintos pulpos con el objetivo de acaparar una porción mayor del mercado, que se ha ¡do achicando por la crisis. Esta batalla de los precios simplemente estaba reflejando la competencia de descuentos sobre el precio final, por parte de las empresas, que se está desarrollando también en Estados Unidos y que se está preparando en Brasil. El inicio de esta “guerra" por parte de Sevel fue llevando a un encadenamiento de rebajas que amenazaba con afectar fuertemente el conjunto de los beneficios de la industria. De manera que cuando Cavallo Intervino para congelar los precios de los automóviles, simplemente procuró impedir una competencia ruinosa para las patronales y fijar un precio de monopolio o concertado que esas patronales no querían o no podían imponer por sí solas. Estamos ante un principio de delito monopolístico orquestado por el Estado, que reemplaza las funciones de un cartel de pulpos capitalistas privados. Pero para “incentivar" a los capitalistas a quedarse en el nivel de tos precios de febrero, Cavallo les ha ofrecido una reducción del 17% de los impuestos que gravan a los automóviles, con lo que, cual prestidigitador, convirtió en beneficio de monopolio el perjuicio que la reducción de precios, motivada por la guerra comercial, había provocado entre los capitalistas. Como consecuencia de esto, los nuevos precios en dólares resultan extremadamente altos con relación a los internacionales, algo que habla mucho de la competitividad industrial que dice buscar Cavallo, quien además se ha comprometido a mantener este nivel de precios nada menos que hasta diciembre. Se logra así que el precio interno se conserve inmune con respecto a la caída de los precios internacionales de autopartes y automóviles, y con respecto a la calda de los salarios dentro del país. Este acuerdo automotriz condicionó naturalmente la prometida reducción de aranceles para importar automóviles, los que ahora quedarán mucho más altos, protegidos por un régimen especial. Por si toda esta estafa fuera poca, la promesa de Cavallo de introducir el reembolso o devolución del impuesto al valor agregado para las exportaciones que se hagan a un beneficio inferior al promedio, permitirá vender autos al exterior con la ventaja del colchón de beneficios que garantizan los elevados precios internos. Como ocurre con el peaje, los “menores” precios de los automóviles son en realidad más altos que, por ejemplo, en vísperas de la devaluación del austral, cuando éste estaba aún a cinco mil australes. Un VW Gacel valía en diciembre 18.700 dólares o 93 millones de australes, en tanto que ese precio es ahora de 14.700 dólares que representan 147 millones de australes. El aumento en australes es del 57%, igual a la inflación enero-marzo, pero como además las patronales dejan de pagar impuestos a razón de dos mil dólares la unidad y pagan salarios un 15% inferiores a tos de diciembre, el resultado es que han logrado mantener el precio en dólares, a un nivel que es entre dos y tres veces superior al internacional. ¡A esto habrá que acrecentarle ahora la reducción de la tarifa de electricidad para la industria! Subsidio a Telefónica y Telecom Las tarifas telefónicas entran en el plan Cavallo con todas las garantías. No solo porque el pulso telefónico supera ya ahora los niveles internacionales, sino, además, porque seguirá aumentando como consecuencia de la inflación de marzo y de la que venga. Por el acuerdo de privatización, el abono y pulso telefónicos se indexan por la variación del dólar y del costo de vida, con la expresa salvaguardia de que si se elimina la indexación, “el Poder Ejecutivo compensará en forma equivalente a las sociedades citadas, según corresponda” (Clarín, 31/ 3). ¡Si se congela el precio del pulso, habrá un subsidio para el Morgan y el Citibank! En esta misma línea, Cavallo ha repartido en el lapso de unas horas más de 1.000 millones de dólares a la gran burguesía. El plan que pretende corregir el crónico “déficit fiscal" debuta con un festival de eliminación y devolución de impuestos como si el Tesoro desbordara de plata. Este cálculo de subsidios no incluye la evasión de los impuestos recientemente sancionados (se calcula una evasión de 200 millones de dólares solamente en el impuesto a los activos.) Estafa Todos las denuncias efectuadas hasta aquí - ya las habíamos señalado en PO, la semana pasada, cuando acertadamente caracterizamos al plan de Cavallo de “otra gran estafa”. Lo mismo hace una declaración que está distribuyendo el Partido Obrero. Este plan vuelve a organizar el subsidio a los capitalistas por parte del Estado, y de ningún modo constituye una suerte de “emancipación” del capital respecto al arbitraje, la protección y la garantía económico-política del Estado. El Estado no puede, naturalmente, ofrecer al capital una riqueza que no tiene, ya que no es fundamentalmente un productor de bienes. Para que el Estado subsidie al capital, primero tiene que obtener los medios de esos subsidios, expropiando a los trabajadores a través de impuestos, tarifazos y el incremento de la deuda pública —la cual genera inflación y futuros impuestos. El nuevo plan otorga también al Estado atribuciones para la emisión clandestina de dinero, ya que se autoriza esa emisión con el recaudo de que la cancelación de esa emisión tenga lugar antes de que la información llegue al público, o cuando tenga como contrapartida bonos impagables emitidos por el gobierno. La prueba de que son impagables es que se rescatan, amortizan o cancelan con la emisión de nuevos bonos. El plan vuelve a refutar a todos los teóricos izquierdistas o centroizquierdistas que pretenden que en el país ha surgido una “nueva burguesía” (Perez Companc, Sevel, Techint) que no necesitaría del “socorro” del Estado para competir con el capital extranjero. Nada más falso que esto, como lo demuestra el hecho de que los subsidios aumentan paralelamente al hundimiento fiscal del Estado. Este plan también refuta la especie de que la crisis capitalista no existe, toda vez que la bancarrota económica afecta al Estado solamente pero no al capital privado. Pero la crisis fiscal tiene su causa, en realidad, en la crisis de conjunto del capitalismo, el cual no solamente no logra financiar a su Estado sino que necesita crecientes subsidios de éste; no solamente no logra aumentar su tasa de beneficios con relación al capital invertido (a pesar de la creciente explotación de los obreros), sino que necesita además que el Estado intervenga para confiscar los ingresos de tos trabajadores a través del crecimiento expropia-torio de tos impuestos y del mecanismo brutal de la hiperinflación. El Estado y el capital ocupan niveles diferentes en la estructura de la sociedad, pero no por ello dejan deformar una totalidad, y aún más cuando el capital ha reclamado o aceptado una creciente intervención económica del Estado. La bancarrota fiscal es una bancarrota capitalista y aun doblemente capitalista, porque si la quiebra de un capitalista privado puede ser circunscripta, y esto no ocurre siempre, a sus proveedores, clientes, deudores y acreedores, la bancarrota del Estado constituye un fenómeno de alcances generalizados, que no solo afecta el funcionamiento mismo del capitalismo sino también la cohesión de la burocracia encargada de defender al Estado contra los trabajadores. En los considerandos del proyecto de ley aprobado por el Congreso, Cavallo caracteriza a la crisis económica como una consecuencia de la caída de la demanda de consumo. Esto último es cierto pero la caracterización es falsa, esto porque el consumo viene cayendo por la caída de la producción (lo cual produce desocupación y menores salarios); la producción cae por la caída de las inversiones y la no utilización de las instaladas; y éstas caen por la caída de la tasa del beneficio industrial y por la insolvencia de grandes sectores capitalistas y del Estado. Cavallo entiende, a partir de esta apreciación, que las “bicicletas” y subsidios podrían reactivar la producción y superar la crisis presente. En realidad esta superación no es posible hasta que no se liquiden a los acreedores y deudores afectados por la insolvencia económica, lo cual traerá aparejado un incremento enorme de la miseria actual, en particular en el llamado “tercer mundo”. El camino menos doloroso es la confiscación por parte de los trabajadores del impotente capitalismo, para proceder a una completa reorganización social en beneficio de tos que producen, trabajan y crean.