Golfo Pérsico: Las enseñanzas de la bancarrota nacionalista Redacción
En los anales de la capitulación del nacionalismo burgués ante el imperialismo, la bancarrota de Saddam Hussein tiene características históricas. Llevó al pueblo iraquí a una guerra contra el imperialismo mundial, sin dar ninguna batalla, en ningún plano, ni político, ni militar, ni social, contra el imperialismo. Durante más de un mes, Irak fue bombardeada sin miramientos por las principales potencias del mundo, sin que el líder iraquí pasara de las invocaciones a Alá y Mahoma. Nuevamente, las masas han debido pagar la aventura nacionalista con una masacre perpetrada sin límites por el imperialismo. Aventura nacionalista La invasión de Kuwait por Irak tuvo un carácter aventurero, demagógico y sin perspectivas. El PO distinguió de entrada el carácter progresivo de suprimir un Estado rentístico (petrolero), criatura del imperialismo, por parte de cualquier Estado oprimido, del carácter aventurero de la invasión militar do Hussein. Cuba, por ejemplo, tiene enclavada en su territorio una base norteamericana y no por eso es políticamente acertado invadirla, lo cual sería un pretexto para el ataque imperialista contra Cuba en su conjunto. En oportunidad de la guerra de Malvinas, el PO —que reivindica la soberanía argentina sobre las islas y que en la guerra contra la Flota británica luchó por la victoria argentina— siempre consideró una aventura la ocupación militar de Galtieri. La ocupación de Kuwait fue un intento por desviar y detener las contradicciones y crisis del régimen iraquí, insuperables para el nacionalismo burgués, y que son el resultado de la enorme deuda externa, de “bancal” un estado militar-parasitario, de mantener la opresión sobre las masas. Todo esto agravado por la caída del precio internacional del petróleo en una acción orquestada por los pulpos petroleros junto a los emires de Kuwait. Como régimen nacionalista y opresor, Hussein llevó adelante la invasión de Kuwait con métodos de rapiña y pillaje, pisoteando a las masas y nacionalidades de ese enclave y buscando, al mismo tiempo, llegar a un acuerdo con el imperialismo. En lugar de abolir la monarquía, otorgarle los derechos políticos a los trabajadores (en su mayoría inmigrantes), minar las posiciones de Turquía e Irán por medio de la declaración de autodeterminación de los kurdos, llamar a una Asamblea Constituyente y plantear una Federación democrática del Medio Oriente, Hussein llevó a Kuwait los métodos que aplicaba en Irak. En los seis meses que tuvo a Kuwait bajo su control, se dedicó al pillaje, a las bravuconadas internacionales y a proclamar su adhesión a una conferencia internacional sobre la cuestión palestina, cuando todas esas “conferencias” han servido para enterrar a los palestinos. Una vez desencadenada la guerra, Hussein dejó bombardear miserablemente al pueblo iraquí, mientras de boca para afuera seguía con sus bravuconadas. El imperialismo y los gobiernos serviles han presentado la victoria de los “aliados” como una proeza de la “civilización”. Se trató de un acto colonialista, una masacre sin resistencias, para defender el monopolio imperialista sobre el petróleo. Cien mil misiones aéreas, más de 200.000 muertos en su mayoría civiles, es el saldo de la barbarie reputada de “civilizadora”. Es absolutamente falso que en algún momento de la guerra el imperialismo yanqui se haya empantanado, como sostuvo el Mas (S.S. n° 364, 31/1) avalando la “inteligencia” militar de Hussein o que “las 20.000 incursiones aéreas y las armas ‘inteligentes’ del imperialismo no han podido quebrar la resistencia de lrak...” (ídem) ocultando la parálisis militar iraquí. Mientras el pueblo iraquí era bombardeado, Hussein no hizo nada salvo buscar permanentemente preservar a la Guardia Republicana, por ser el principal sostén del aparato del Estado, como se demuestra ahora que es utilizada para la represión interna. Ahora que el carácter también artificial del Estado iraquí aparece en su lado reaccionario (ante los levantamientos de las minorías oprimidas), el imperialismo lo preserva y se orienta a que el Ejército iraquí imponga una solución a la guerra civil. Se ve cuánta importancia tenía para Hussein no “jugar” al Ejército en la guerra contra el imperialismo. Tanto o más grotesco resulta la observación de que “contra todas las predicciones de la prensa imperialista que... sostenía que Saddam Hussein había elegido mal el momento para desencadenar el conflicto del Golfo, los hechos de los últimos seis meses están confirmando que éste tuvo razón”, como escribió el PTS (boletín de emergencia n°1), minimizando el genocidio imperialista y caucionando la aventura y las bravuconadas de Hussein. El papel clave de Gorbachov Aunque cierta prensa presenta a Gorbachov como “marginado” en la crisis del Golfo Pérsico, o con un papel reticente, el burócrata jugó un papel de primer orden. La burocracia de la URSS dio un apoyo total a la coalición imperialista, de la que formaba parte. Es falso que esta conducta se haya debido a su crisis interna, puesto que eso significaría que Gorbachov llevó adelante una política contraria a sus intereses, lo cual no es cierto. La burocracia de la URSS, en el último período, fue deshaciendo los acuerdos que había montado con los regímenes nacionalistas-militares de Medio Oriente en crisis y bancarrota y abrazando directamente a las monarquías reaccionarias y al Estado sionista. Así como tuvo que desembarazarse de los regímenes burocráticos de Europa Oriental, ante el total empantanamiento de éstos, en Medio Oriente la burocracia rusa se realineó con el imperialismo en función de desbrozar el camino al crédito imperialista mundial. Que ésta es la política de la burocracia, y no una política exclusiva de Gorbachov, se revela en que toda la burocracia apoyó este curso pro-imperialista. Durante decenas de años, los stalinistas sostuvieron que tos Estados burocráticos de Europa Oriental eran un factor de defensa de la URSS y actuaban como estados “tapones” contra el imperialismo. Del mismo modo presentaron los acuerdos con los regímenes militar-nacionalistas del Tercer Mundo como un auxiliar de la lucha antiimperialista y de la propia defensa de la URSS. Todo esto se reveló una ficción y así como tos Estados burocráticos se desbarrancaron como fruto de la crisis interior, los regímenes nacionalistas se hundieron como resultado de sus contradicciones internas insalvables. Ante esta realidad, la burocracia giró hacia las posiciones del imperialismo, anudando los lazos políticos con la reacción mundial mediante los llamados “acuerdos regionales”. Gorbachov fue una pieza clave en la llamada política de “tregua”, que no fue otra cosa que minar toda posición de resistencia al imperialismo. Gorbachov con su “mediación” contribuyó a la total desmoralización y desbande iraquí, y al mismo tiempo intentó preservar al Estado y al ejército iraquíes como factores de opresión interior. Por este rol de la burocracia, tanto The Economist (un vocero imperialista “duro”) como The New York Times (“blando”) saludaron la posición de Gorbachov. La situación actual La victoria imperialista significa otra gran golpe a la cuestión nacional palestina. Los intereses sionistas han salido fortalecidos. Eliminado Irak como estado militar, Israel ha quedado como la “dueña” del Medio Oriente. Es absolutamente falso que EE.UU. e Israel discrepen estratégicamente sobre la cuestión palestina. La formación de un Estado palestino soberano, incluso sobre una parte de Palestina, está descartada. En el mejor de tos casos podrá existir alguna suerte de administración (municipal) supervisada por Israel. Shimon Perez, del partido Laborista, que se supone de la línea “blanda”, propone anexar Cisjordania y dejar a los palestinos sobre Jordania. Inclusive sectores de la izquierda sionista (Marek Atter) propone que el rey de Jordania abdique y se expulse allí a los palestinos. Complementariamente la guerra ha desnudado el mito de la nación árabe, es decir que existirían intereses comunes ya no sólo entre explotadores y explotados sino entre sus distintos componentes burgueses. La disgregación del “mundo árabe” ha llegado a un punto culminante. La victoria militar imperialista, sin embargo, representa una salida de crisis puesto que el imperialismo mundial buscaba un reordenamiento menos crítico de las relaciones internacionales. Por eso un sector del imperialismo insiste en que fue un error invadir Irak y que había que mantener el bloqueo naval y comercial para producir un tránsito ordenado en Medio Oriente, ya que la guerra obliga ahora a operar en medio de una descomunal crisis. Por un lado está la guerra civil en Irak, la cuestión palestina continúa sin solución, el Medio Oriente en su conjunto aparece “desestabilizado” y se abre una etapa de descomposición generalizada que extiende la crisis mundial en momentos en que el imperialismo carece de recursos para hacerle frente. Así como fracasó la “liberalización” ordenada de los Estados burocráticos, en Medio Oriente la guerra introdujo un factor colosal de crisis en la “pax americana” que se estaba orquestando junto a la burocracia rusa. Adicionalmente, la guerra del Golfo Pérsico provocó un desbarranque en la política de la burocracia rusa: lo que pretendió ser un retiro equilibrado y ordenado tanto en Europa del Este como en Medio Oriente, ahora tiene que ser llevado adelante en, medio de una catástrofe político-social, en un caso, y militar, en el otro. Además, la burocracia de Gorbachov ha debido pagar el precio de aparecer como segundona del imperialismo, avivando la crisis interna en la URSS. Discutir el balance de la guerra Ante la miserable debacle del nacionalismo burgués, hay quienes dicen que tenían razón Fidel Castro, Lula y los democratizantes y centroizquierdistas que se declararon neutrales en la guerra. ¡Menos que nunca! ¿Qué autoridad tienen estos sectores cuando no supieron ver, más allá del aventurerismo de Hussein, los intereses generales de las masas de Medio Oriente, hoy millones de veces agravados por la masacre y la victoria del imperialismo? El neutralismo pacifista ha sido una rueda auxiliar del imperialismo, que pone de relieve el carácter pro-imperialista de los movimientos de dirección democratizante o centroizquierdista. La vanguardia obrera, juvenil, y antiimperialista de todo el mundo debe discutir el balance de la guerra del Golfo Pérsico.