El imperialismo mundial continúa descargando miles de toneladas de bombas y misiles sobre el pueblo iraquí en un genocidio “científicamente” planificado y “tecnológicamente” ejecutado. “Estimaciones de militares norteamericanos (no divulgadas oficialmente) elevan a 300.000 el número de civiles muertos (en los bombardeos)” (Folha de Sao Paulo, 23/1). Transcurrido ya un mes de guerra, es evidente que el objetivo fundamental de los yankis no es restituirle el trono perdido al reyezuelo kuwaití. La brutalidad de los bombardeos aéreos y la magnitud de los medios bélicos empleados revelan que lo que persiguen los yankis es la destrucción político-militar del Estado iraquí, y aún su desmembramiento. Este objetivo político -y no la supuesta pretensión de “ahorrar” vidas humanas- es lo que explica que Bush haya postergado la ofensiva terrestre y ordenado la intensificación de los bombardeos aéreos puesto que lo que se pretende no es expulsar al ejército iraquí de Kuwait sino destruirlo. Con insuperable cinismo, el Wall Street Journal señala que “a la luz de los acontecimientos en el campo de batalla, la guerra contra Irak está alterando sus objetivos”. El diario de los financistas yankis plantea que “está claro que la fuente de los problemas no está en Kuwait: está en Bagdad... Saddam es un pirata que debe ser neutralizado y no apenas mandado de vuelta a su cubil en el norte”. El Wall Street Journal reclama explícitamente que “cuando llegue la campaña (terrestre), esperamos que no haya santuarios ni ninguna necesidad de pausa en las fronteras de Kuwait”. El planteamiento de los banqueros de arrasar Irak y de ocuparlo militarmente coincide plenamente con el reclamo sionista de llevar la guerra al corazón de Irak, “golpeando al norte de Kuwait o más al oeste, cerca de Jordania... La ocupación de una porción de Irak podría servir —explica el ex-jefe del Estado Mayor israelí, el general Mordejai Gur— como base para crear una resistencia interna, fomentaría las deserciones y profundizaría las disidencias políticas o militares en el régimen de Bagdad, confrontándolo así con la perspectiva de la secesión” (Página 12, 10/2). Lejos de estar “autorrestringido”, el Estado sionista es un factor determinante en la orientación estratégica de la guerra. Con la ocupación de Irak, Washington impondría sus “soluciones” a todo el Medio Oriente: presencia militar imperialista permanente en Arabia Saudita y Kuwait, protectorado naval yanki sobre el Golfo Pérsico y las rutas de abastecimiento petrolero, liquidación de la cuestión palestina en el marco de un “acuerdo de seguridad global”, fortalecimiento de los regímenes reaccionarios de la región. Los objetivos que Washington persigue en Irak, sin embargo, no sólo tienen que ver con Medio Oriente. La victoria militar fortalecería al imperialismo yanki frente a los pueblos atrasados del mundo, frente a las masas de Europa del Este y la URSS, frente a sus rivales imperialistas y frente a los propios trabajadores estadounidenses. Este fortalecimiento le permitiría a Bush “lidiar” con la enorme crisis económica y financiera y la recesión que oprime al imperialismo, descargando los “costos” de la “recuperación” yanki sobre los trabajadores de todo el mundo y aún sobre las burguesías rivales. Es su propia crisis financiera y política la que empuja al imperialismo yanki a librar una guerra de exterminio contra Irak. Sólo los imbéciles y los hipócritas pueden repetir que la guerra contra Irak tiene por objeto “la defensa de la legalidad internacional”. División del trabajo Mientras arrecian los bombardeos y la masacre imperialista contra Irak surgieron —desde el campo mismo de la coalición imperialista— una serie de “iniciativas de paz”, en particular el promocionado viaje de Eugeni Primakov, enviado personal de Gorbachov, a Bagdad. Horas antes de despachar a su enviado, Gorbachov señaló que los operativos militares contra Irak estaban a punto de “exceder” los alcances de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. Estas declaraciones y las distintas “tratativas de paz” llevaron a la prensa internacional a tejer especulaciones diversas sobre “divergencias” y aun sobre la “ruptura” de la coalición imperialista. Es evidente que Francia, Alemania, Japón y la URSS tienen divergencias con Bush acerca de los acuerdos y las perspectivas de la post-guerra. Francia, Alemania o Japón, naturalmente, no pueden estar muy cómodos si las rutas de abastecimiento petrolero son monopolizadas por los yankis, sus rivales comerciales. Tampoco lo estaría la burocracia de la URSS con una enorme concentración de fuerzas yankis en los bordes de su convulsionada frontera sur (Armenia, Azerbaiyán). Pero estas “divergencias” no anulan su solidaridad de principios con la defensa del “orden” imperialista mundial —al cual están atados de pies y manos— cuyo mantenimiento exige hoy la derrota de Irak. Que no existe ninguna “divergencia” —y mucho menos una “ruptura”— en la coalición imperialista-burocrática a este respecto sino apenas una “división de trabajo” lo demuestra el contenido de la “propuesta de paz” gorbachoviana que no es otro que el retiro iraquí de Kuwait y su rendición sin condiciones. “No habrá paz sin desalojo de Kuwait” (El Cronista Comercial, 14/2) señaló el vocero de la cancillería soviética luego del regreso de su enviado a Bagdad. La burocracia soviética ha jugado un papel de primerísima importancia en la escalada imperialista en el Golfo Pérsico al votar las resoluciones de la ONU que autorizaron el uso de la fuerza militar contra Irak. Sus objetivos son los mismos que los de la aviación imperialista, en la cual se apoya para exigir diplomáticamente la rendición incondicional de Irak. “Moscú estimó ayer conveniente ‘garantizar la integridad territorial de Irak’... una cuestión que puede intervenir solamente después de que Irak haya mostrado su voluntad de retirarse de Kuwait” (El Cronista Comercial, 14/2). Pero toda esta cuestión de las “garantías” es pura hipocresía de los burócratas para esconder la exigencia de la rendición incondicional. El Kremlin no está en condiciones de garantizar nada por la sencilla razón de que necesita como el aire del apoyo político y financiero de los imperialistas frente a su imparable crisis. La propia burocracia soviética ha pretendido dejar en claro que, pese a las “tratativas de paz” (o quizás precisamente por ellas), no alienta ningún rasgo de “independencia” respecto del imperialismo. “Primakov negó que la URSS esté apartándose de su respaldo a la resolución del Consejo de Seguridad que autorizó el uso de la fuerza para lograr el retiro iraquí (y enfatizó que) Moscú mantiene su actitud de no retirar su apoyo a la coalición” (La Nación, 14/2). Gorbachov, pero también Bush, encuentran otro “mérito” decisivo para estas hipócritas “conversaciones de paz”: son una fenomenal punta de lanza para adormecer y desviar las movilizaciones de los pueblos contra la guerra imperialista que han comenzado a desarrollarse —en forma creciente— en todas partes del mundo. Las “tratativas de paz” —que incluyen el llamado a una Conferencia internacional después de la rendición iraquí— no son opuestas a los B-52 sino que son, apenas, su complemento diplomático, algo que el imperialismo ha sabido apreciar debidamente. El carnicero Bush acaba de recordar que “la URSS continúa siendo un sólido miembro de la coalición” mientras que su canciller, James Baker, “restó importancia a la presencia de las tropas soviéticas en el Báltico” (El Cronista Comercial, 11/2), un punto de extrema “sensibilidad” para la burocracia. Por la derrota del imperialismo Para todos los pueblos del mundo, la única solución verdaderamente democrática a la guerra en el Golfo es la derrota de la coalición imperialista-burocrática, detrás de la cual están alineadas todas las fuerzas de la reacción mundial, incluida naturalmente “nuestra” burguesía argentina y su presidente. Sólo la derrota de los yankis y sus aliados puede abrir el camino a una paz justa, que tenga en cuenta las aspiraciones de independencia nacional de los pueblos árabes. Cualquier otra paz que no esté basada en la derrota del agresor imperialista reforzará la opresión sobre los pueblos árabes y de todo el mundo y será una fuente de sufrimientos enormes para los explotados de todo el planeta en beneficio de un puñado de chupasangres. Una paz de estas características sería el anuncio de nuevas e inevitables masacres y guerras. Como se “auto-restringe” Israel Mientras la prensa mundial alaba la supuesta “autorrestricción” del Estado de Israel y hasta se conmueve por su “sacrificio” de no tomar represalias inmediatas contra Irak por sus ataques, el Estado sionista ha lanzado una masiva escalada militar contra el sur del Líbano que no tiene nada que envidiarle a los raids imperialistas contra Bagdad. “En lo que podría llamarse ‘la guerra de una semana’, Israel respondió con una masiva escalada, a un ataque con misiles de corto alcance cerca de su frontera norte. El ataque israelí se produjo en crecientes oleadas: artillería, luego fuego naval, luego ataques aéreos y finalmente asaltos terrestres apoyados por los helicópteros. Por lo menos 12 libaneses murieron, incluido un niño de 12 años, según informes provenientes del Líbano. Este es el mayor desplazamiento militar en el sur del Líbano desde hace dos años” (Clarín, 13/2). En el lenguaje de las granadas y las bombas, el Estado sionista ha desmentido una tras otra todas las tonterías que se difunden sobre la “no beligerancia” y hasta sobre la “neutralidad” de Israel. El ataque sionista tuvo por objeto golpear a los palestinos del sur del Líbano exactamente en el momento en que renacen en Israel los temores a un resurgimiento de la “intifada" palestina en Cisjordania y los territorios ocupados. Pocos días después del ataque sionista, los palestinos de los territorios ocupados convocaron a una huelga general de tres días en repudio a la masacre imperialista al refugio civil de Bagdad. Durante la jornada preparatoria de la huelga general y durante la propia huelga se produjeron violentos enfrentamientos entre los palestinos y las tropas sionistas. La represalia sionista contra los campamentos palestinos y las ciudades del sur del Líbano coincidió también con la visita a Washington del Ministro de Defensa israelí, Moshe Arens, en la cual discutió con Bush “la eventual revisión del papel militar de Israel” (Clarín, 12/2). “Acaso, para Jerusalén y para Washington — por distintos senderos— ha llegado el momento del replanteo. Así, el perfil bajo israelí pasaría a formar parte de una leyenda, de un dato cierto para el archivo” (Clarín, 13/2). Israel se apresta a entrar “oficialmente” en la guerra, algo que no debería extrañar ya que para el Estado sionista la guerra es el método más directo para liquidar la cuestión palestina, anexar definitivamente los territorios ocupados y expulsar de ellos a los palestinos. El sionismo prepara la inmigración de un millón de judíos rusos para ocupar “civilmente” los territorios ocupados y para utilizarlos como fuerza de choque contra el pueblo palestino. Este es el verdadero rostro de los “acuerdos humanitarios” entre la burocracia soviética y el imperialismo. La liquidación de la cuestión palestina está en el centro de la preocupación israelí, antes, durante y después de la guerra. Una masacre minuciosamente preparada El imperialismo está llevando a cabo una sistemática “operación masacre” contra el pueblo iraquí a la que la frondosa “guerra sicológica” de las agencias noticiosas imperialistas ya no logra ocultar. En menos de un mes de guerra, los bombarderos de los “civilizados” yankis, británicos y franceses “han tirado más tonelaje de explosivos que entre 1939 y 1945”. “En Bagdad, la nube de los incendios —no más benéfica que los temibles gases tóxicos— sencillamente ha oscurecido el sol” (Clarín, 14/2). El criminal bombardeo de un refugio civil en un barrio residencial de Bagdad — que dejó más de 1.000 muertos, la mayoría mujeres y niños— es la mejor expresión del carácter conciente de este genocidio. “Un misil dirigido contra el edificio dio en la entrada anulando cualquier posibilidad de salida a sus ocupantes. Cuatro minutos después, el segundo misil agujereó su techo, de tres metros de espesor, y estalló en el interior del refugio” (ídem) "La precisión del ataque habla a las claras de que esto no fue improvisado” reconoció el vocero militar yanki en Arabia Saudita, el general Neal. “Hemos atacado este refugio desde el inicio de la guerra” señaló el vocero de la Casa Blanca (Clarín, 14/2). Esto basta para demostrar la plena conciencia que tienen los imperialistas del genocidio que llevan a cabo. Los yanquis no podían desconocer — satélites espías e “inteligencia” mediante— lo que afirmó el propio corresponsal de la yanqui CNN en Bagdad: “no era visible que hubiera” (en el refugio) ninguna actividad militar" (La Nación, 14/2). Hipócritamente, los voceros imperialistas argumentan que “no sabíamos que había civiles. De saberlo no hubiéramos bombardeado”. ¡Mentira! El bombardeo, en realidad, fue planificado y sistemáticamente ejecutado, precisamente, exactamente, porque había civiles, porque había niños y mujeres. El corresponsal de la CNN dijo que era conocido “que los habitantes del vecindario”—pero solo las mujeres, menores de edad y los ancianos— habían tomado la costumbre, desde el comienzo de la guerra de ir a pasar la noche en el refugio antiaéreo” (La Nación, 14/2). A su vez, todos los periodistas que recorrieron el refugio destruido “dijeron que a todas luces la estructura se empleaba como refugio de civiles, y que no habría elementos que hicieran pensar que tenía algún uso militar" (Clarín, 15/2). El portavoz militar británico, por su parte, señaló que la masacre de Bagdad sería, apenas, “un trágico error” (ídem). El bombardeo a la población civil es la regla: el mismo día del ataque al refugio civil en la capital iraquí, una cuadrilla de cazabombarderos aliados atacaron e incendiaron vehículos civiles en los cuales decenas de refugiados civiles se dirigían a Jordania! Allí —según informa Clarín (14/2)— murieron más de sesenta civiles de nacionalidad jordana. La noticia mereció apenas un pequeño recuadro en las páginas interiores de los diarios. La TV yanki, por ejemplo, bautizó con el nombre de “carpet bombing”(bombardeos de alfombra) el “modus operandi” de la aviación imperialista, lo que significaba, simplemente, que se “bombardean grandes áreas sin blancos específicos” (Página 12, 10/2). Las regiones sometidas a este tipo de bombardeos reciben el expresivo nombre de “killing zones” (zonas asesinadas). Toda la estrategia militar imperialista está diseñada para la masacre. Después de autorizar la utilización de los “superbombarderos” B-52 para ataques masivos, el carnicero Bush autorizó el uso de explosivos super-sofisticados y de un poder destructivo fenomenal: las llamadas “fuel air explosive” y las BLU-82. Las primeras dispersan en el aire una bruma inflamable que arrasa todo lo que encuentra a su paso. Las BLU son las mayores bombas del arsenal yanki: 7.500 kilos de explosivos (equivalente al peso de un camión cargado, cuatro veces mayores que las bombas usadas hasta hoy) que destruyen toda señal de vida en un radio de 6 cuadras. Su detonación “tiene un impacto similar al de una pequeña explosión nuclear” (Clarín, 13/2). El congresal republicano Dan Burton, por su parte, reclamó el uso de armas nucleares contra Irak, algo que “en zonas claves del poder de decisión norteamericano no es radicalmente desechado” (Clarín, 12/2). ¿“Bombardeos quirúrgicos"? ¿“Objetivos militares”?. No; lo que los imperialistas persiguen es un “buen” genocidio que ponga a Irak de rodillas.