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Prensa Obrera N° 321

22 de enero de 1991 · 12 notas

Notas de este número

22 de enero de 1991
Buenos Aires: La lucha de los estatales recién comienza

La postergación en el pago de los salarios de diciembre desató una verdadera rebelión de los estatales bonaerenses. Durante una semana, los empleados públicos platenses paralizaron la administración provincial y ganaron las calles de la ciudad, abriendo una importante perspectiva para todo el movimiento obrero de la zona. La lucha Frente a la mora gubernamental, la burocracia de ATE y UPCN no tomó la menor iniciativa. Pero en tanto un nucleamiento de sindicatos estatales menores (AGEPBA) ensayaba una medida aislada (paro de 24 horas), diversas reparticiones resolvieron imprimirle un carácter activo a ese paro, concretando así una movilización callejera que reunió a 700 compañeros. Bajo esta presión, Agepba resolvió extender la huelga en 24 horas más. El movimiento comenzó a envolver a toda la administración provincial y en los ministerios las asambleas de base resolvieron plegarse y marchar sobre la Casa de Gobierno provincial. Dos días después, se producía una marcha de más de 3000 compañeros. Por primera vez, pararon masivamente todos los ministerios. Las burocracias de ATE y UPCN habían sido completamente sobrepasadas. Desbarranque cafierista y burocrático La lucha estatal ha desenmascarado a la “reforma del Estado con sensibilidad social” que el cafierismo — con apoyo del Pl y la democracia cristiana— viene ensayando en Buenos Aires. La mora en el pago de salarios integra un paquete de medidas contra los estatales y la población trabajadora: jubilaciones de oficio, congelamiento de vacantes, redistribución arbitraria de agentes, despidos de contratados. Con particular dureza se está golpeando sobre el hospital público, como lo demuestra la movilización que los médicos del conurbano iniciaron con simultaneidad a la lucha platense. El Estado cafierista no tiene “nada que envidiar”, en términos de bancarrota económica, a los Chubut, Tucumán o Jujuy, y por motivos similares: sólo un pulpo —Pescarmona— mantiene un crédito impago con el Banco de la Provincia que asciende a ocho millones de dólares. Mientras tanto, Cafiero tolera la descarada evasión impositiva de la oligarquía. Como en el resto del país, la miseria de maestros, médicos y empleados “financia” —Estado mediante— al gran capital. Esta “racionalización” antiobrera había sido pactada con todas las fracciones de la burocracia sindical —de menemistas a “degenaristas” en la “CUTE” (Comisión Única para la Transformación del Estado). Pero el cuento del “ajuste consensuado” sólo sirvió para maniatar a los sindicatos estatales ante la ofensiva cafierista. Por eso, la huelga debió abrirse paso a partir de las asambleas de base y de la elección de nuevos delegados, produciendo una verdadera revolución entre los estatales platenses. Luego, esta tendencia a superar la parálisis sindical en base a la autoorganización fue coronada con la constitución de la “Coordinadora Interministerial de delegados de base”, donde participan más de 150 compañeros. La perspectiva Todo Indica que esta gran lucha recién comienza. Cafiero ya anunció que pagará “desdoblado” el mes de enero, lo que fue repudiado por todas las asambleas estatales. En éstas, también se recogieron mandatos contra la miseria salarial y las cesantías. La oligarquía ha acentuado su “huelga general Impositiva” y presiona —junto a “liberales”, radicales y menemistas— para que todo el peso de la crisis fiscal recaiga sobre los trabajadores. Se vienen nuevos combates estatales, y es necesario que el activismo establezca las tareas y el programa a impulsar: Primero, extender la organización de los delegados de base a todos los estatales provinciales, hacia la constitución de coordinadoras zonales y de un congreso provincial de delegados que discuta un plan de lucha contra la racionalización cafierista. Segundo: si el gobierno no paga en término el mes de enero, preparar la huelga de todos los estatales. Tercero: rechazar el miserable aumento del 17% decretado por Cafiero: y reclamar un aumento de acuerdo a la evolución de la carestía en los últimos meses. Cuarto: contra el 'desgobierno capitalista —que no garantiza ni el pago de los haberes— imponer el control obrero sobre el Banco Provincia, para que no salga un solo austral mientras persistan deudas salariales. Si las futuras movilizaciones envuelven a los innumerables municipios y hospitales de la “primera provincia”, se transformarán sin duda en una gran lucha nacional. Los trabajadores de la secretaría electoral rechazan los despidos 370 trabajadores de la secretaría electoral de La Plata han sido despedidos. Ellos son parte de los 20.000 “contratados” que el decreto 2.476 de “racionalización” del Estado plantea echar como primera fase de una reducción de 150.000 estatales. Estos “contratados” hace 8 años que trabajan en la administración pública, lo que evidencia su carácter “permanente”. El hecho que fuera despedida la totalidad de la planta, revela el intento de aplicar la “flexibilización laboral” en el ámbito del Estado. Porque ahora ante las próximas elecciones, contratarán a nuevo personal pero en condiciones precarias: sin beneficios, ni derechos sindicales. El gobierno —contando con el apoyo de las burocracias sindicales—espera que no se plantee una resistencia organizada a sus planes antiobreros. Rodríguez (UPCN) ha dado su visto bueno a la racionalización menemista. ATE ha anunciado un “plan de lucha” consistente en... anteponer un recurso de amparo en la justicia. Los compañeros de la secretaría electoral de la Plata conformaron en asamblea una Comisión de Cesantes, e iniciaron un plan de concentraciones y movilizaciones, reclamando su reincorporación con plenos derechos. Estos trabajadores están participando de las concentraciones de los estatales de provincia en La Plata. “Organizar una Comisión Nacional contra las cesantías”, es el llamamiento que han lanzado. Corresponsal

22 de enero de 1991
Pinochet se jubila: Izquierda aplaude el indulto

El acuartelamiento de las fuerzas armadas en diciembre pasado marcó la oposición del pinochetismo a una decisión que el conjunto del régimen chileno viene debatiendo intensamente: retirar a Pinochet de la comandancia de las fuerzas armadas. Pero el aislamiento político al que quedó confinada la asonada ha terminado por acelerar ese relevo. Sobre la dique pinochetista (los principales jefes de los “servicios” dictatoriales y su propio clan familiar) pesan múltiples denuncias de corrupción. Entre ellas, la de haber montado una financiera clandestina, cuyos altos “rendimientos” —provenientes del narcotráfico— sirvieron para financiar el aparato de represión contra los opositores políticos en el exterior. A cambio de poner un límite a estas investigaciones, el propio Pinochet se ha manifestado dispuesto “a conversar sobre su plazo de permanencia en el cargo” (Clarín 2/1). Pero para el conjunto del régimen político, el retiro de Pinochet debe producirse en un marco político preciso: el de “un acuerdo en marcha... consistente en la promulgación de una amnistía, simultánea a la difusión del informe final de la comisión que investiga los atropellos a los derechos humanos. Con ese acuerdo, Pinochet debería renunciar en abril próximo" (Clarín 2/1). Pinochet se iría, entonces, cuando sea establecido el indulto por adelantado de todo el aparato represivo, incluidos los "delitos económicos”. El escenario de este acuerdo es el Parlamento chileno, donde los diputados de la derechista “Renovación Nacional” han pactado con los partidos “democráticos” una reforma constitucional que habilita al presidente, a indultar a condenados políticos, que sería la contrapartida de la “amnistía”. El acuerdo parlamentario también incluye una “reforma laboral” que deja en pie la legislación de despidos y antihuelgas del pinochetismo. Colocando a salvo al cuerpo de oficiales, al “Plan Laboral” de la dictadura y a las privatizaciones, los explotadores han coronado —a través del gobierno Aylwin— el propósito de preservar sus conquistas y garantías más allá de la figura del anciano dictador. Para Aylwin, Jarpa y el propio imperialismo, el retiro dé Pinochet debe servir como blanqueo "democrático” de este operativo reaccionario. El “afán de investigar” las corruptelas de Pinochet no tienen otro propósito que el de forzar al ex-tirano a colocar su retiro a disposición. La condena de los otrora sostenedores del pinochetismo (Renovación Nacional) a la asonada de diciembre pasado, delata cuál es la política del gran capital: reconstruir una cúpula militar que —indulto mediante—proclame su “fidelidad a las instituciones”. La izquierda ante el retiro de Pinochet La izquierda ha presentado a las limitaciones del régimen actual como una consecuencia de la supervivencia de Pinochet, ocultando las bases políticas y sociales proimperialistas del régimen democrático. Para la izquierda —de socialistas a miristas— las posibilidades democráticas del gobierno Aylwin reposan en el “desplazamiento de Pinochet” de la jefatura militar. Es natural que el próximo retiro de éste sea presentado como una “victoria popular”. La izquierda que integra el gobierno actual (PS) o lo apoya (PC, MIR) se coloca, de este modo, en el centro del operativo reaccionario que tiene por artífices principales a la Iglesia, a RN y DC y al imperialismo.

22 de enero de 1991
Congreso del PC: Más de lo mismo

Luego de su reciente congreso, el PC está peor que antes, lo que no es poco. Las resoluciones adoptadas no hacen más que reproducir el empantanamiento político previo. El congreso respaldó la “Carta de los cinco Partidos Comunistas de América Latina”, dada a conocer en marzo del 90, en lo que, para Patricio Echegaray, es uno de los aportes trascendentes de este Congreso.¡Pero la Carta de los 5 saluda a la Perestroika, a la que caracteriza como una “renovación" del socialismo y no como lo que es, la forma camuflada de la política restauracionista de la burocracia del Kremlin! Por esto, al impugnar los “desvíos procapitalistas” de esta política, sus firmantes reflejan que han perdido la brújula, o más bien que nunca han tenido una. Los promotores de la Carta da loa 5 ofrecen al “tercermundismo" como la salida a la “crisis del socialismo”, cuando ese “tercermundismo” no existe, ya que no es posible la unidad de las clases de las naciones capitalistas oprimidas (es decir el seguidismo de las burguesías nativas) ni la unidad de los Estados de esas naciones contra el imperialismo. El Congreso soslayó el tema de la bancarrota sandinista, expresión del “tercermundismo” llevado hasta sus últimas consecuencias. La Carta de los 5 está en las antípodas del internacionalismo proletario (unidad política de la clase obrera mundial contra el imperialismo y sus peones democratizantes o “tercermundistas” y la burocracia contrarrevolucionaria). “Agrandar el frente” Otra de las “trascendentes” resoluciones del Congreso del PC fue “avanzar en un nuevo movimiento político frentista... superar la concepción de frente como suma de organizaciones políticas, como acuerdo superestructural que se traslada hacia la base social...” Es un error, dice, “considerar que lo que no se referencia explícitamente en el FP o en el FRAL no es parte de la construcción frentista”, pero al mismo tiempo hay que “evitar la captación del activismo por las propuestas de la centroizquierda”. (Propuesta, 22/12). En la perspectiva electoral y parlamentarista que plantea el PC, “ampliar el frente” es llevarlo a la centroizquierda. "Superar la concepción de frente como suma de organizaciones” es suplantarlo por las “personalidades” que se consideran a sí mismos los “representantes genuinos del pueblo”. El Congreso ha reflejado simplemente el inmovilismo en que ha caído el PC, como consecuencia del agotamiento del stalinismo. La presencia más raquítica que nunca del PC en las últimas movilizaciones es el signo elocuente del fracaso del 17 Congreso. Nuevo sur: Con los trabajadores, contra la patronal Desde hace un mes, los trabajadores del diario Nuevo Sur ocupan las instalaciones de la empresa reclamando la reapertura de la fuente de trabajo o, en último caso, el pago completo de sus indemnizaciones. Al momento de ser anunciado el cierre, el personal se enteró que los alquileres de oficinas y máquinas vencían a fin de año y que el conjunto de la documentación contable y operativa había sido retirada de la empresa. Es decir un vaciamiento en toda la línea y hecho en forma sigilosa. “Nuevo Sur” fue una creación del PC y el “grupo editor” depende política y financieramente de su dirección, relación que pretendió ser negada en una primera etapa del conflicto. Al momento actual, la empresa ha ofrecido un pago parcial de la indemnización por despido —7 salarios sobre los 11 que corresponderían— y la propuesta está en debate entre los trabajadores. El PO y la Lista Naranja han alentado y acompañado todas las manifestaciones de lucha de los compañeros de Sur y exigido una movilización de conjunto a la directiva ubaldinista de la UTPBA, que ésta, por supuesto, no ha querido impulsar. El CC del PC ha emitido una declaración en la que señala que se toma al partido —y a la izquierda—como “blanco de una campaña de agresión con motivo del cierre del diario” y que “tal criterio desplaza y oculta a los verdaderos responsables de la actual situación”. Antes, precisa que “la responsabilidad del cierre recae en el ajuste y la remodelación del país impulsada por el gobierno liberal-menemista” (Propuesta, 5/1/90). Pero: ¿quién “ataca a la izquierda”? Naturalmente que los dueños de Sur al echar a 180 trabajadores a los que ni siquiera quieren pagar las indemnizaciones correspondientes. Que la culpa la tenga Menem, solo se puede entender como expresión de que el PC creía que el peronismo haría una política “nacional y popular” y subsidiaría a Sur. Pero esta ceguera no la deben pagar los trabajadores.

22 de enero de 1991
Fuera Gorbachov y la KGB del Báltico
Redacción

La crisis mundial no se detiene en las fronteras del Golfo otra de sus facetas es la ocupación militar de las naciones bálticas por parte de Gorbachov, atropello que forma parte de los entendimientos de la burocracia rusa con el imperialismo a nivel internacional. El respaldo político de Gorbachov a la guerra contra Irak y al Estado sionista está directamente vinculado al apoyo del imperialismo a la burocracia en lo relativo al mantenimiento de la integridad del Estado contrarrevolucionario soviético en el marco de la "perestroika", es decir de la política de desmantelamiento de la propiedad estatizada en la URSS. La derrota de Gorbachov por parte de las masas bálticas y del conjunto de la Unión Soviética no solamente impulsaría la revolución política en este país sino que asestaría un golpe al imperialismo mundial que agrede Irak. La mayor parte de los opositores imperialistas norteamericanos al desencadenamiento de la guerra en el Golfo, objetaron precisamente que esta guerra descuidaba la atención del imperialismo frente a la posibilidad de estallidos revolucionarios en la URSS. La denuncia exclusiva de la agresión yanqui en el Golfo traduce una posición nacionalista, esto porque la derrota del Imperialismo mundial solo puede lograrse con el concurso de la movilización revolucionaria de las masas de todo el mundo, en especial las soviéticas. En los tratados de Helsinki, de 1975, y en la reciente conferencia de seguridad europea fue firmada por todas las potencias imperialistas la garantía de intangibilidad de las fronteras de Europa, tal como quedaron definidas después de la segunda guerra mundial. Esto equivale al reconocimiento territorial del Estado soviético, claro que en el marco de las disposiciones de esos tratados, que defienden la propiedad capitalista y la liquidación del monopolio estatal del comercio exterior. Cuando Bush, Major o Mitterrand reclaman una solución “pacífica” al conflicto en el Báltico, lejos de estar presionando a Gorbachov lo están haciendo contra los movimientos separatistas y nacionalistas (pro-burgueses) de esas naciones, con el fin de que controlen los movimientos de masas y sus tendencias insurreccionales. Gorbachov y el ejército rojo y la KGB no ocupan el Báltico en nombre de la revolución socialista, ni siquiera en nombre de un régimen anti-capitalista usurpado por la burocracia, sino que lo hacen en nombre de una política de Integración al Imperialismo mundial y de liquidación de las conquistas sociales de la revolución de 1917. Los nacionalistas lituanos miran con envidia teñida de ignorancia al régimen capitalista sueco, pero los gorbachianos no se limitan a mirar sino que reclaman con desesperación el concurso del capital alemán para evitar una revolución política empujada por la desintegración económica. El separatismo báltico, que nace espontáneamente de las décadas de atropello de la burocracia stalinista, fue impulsado económica y políticamente por la burocracia de Gorbachov, que pretendía convertir a esas naciones en “zonas francas” de recepción del capital occidental, de acuerdo al modelo establecido en China con las zonas costeras. Gorbachov mismo admitió la posibilidad de una separación política debidamente negociada, que conservara el acceso militar soviético al Báltico y un derecho de tutela sobre los acuerdos exteriores de esos países. Nuevamente, se pretendía explotar la dependencia económica de esas naciones de las materias primas soviéticas, para convertirlas en un puente entre el capitalismo y la URSS. Pero la desintegración del régimen burocrático alteró los tiempos del separatismo báltico y extendió las tendencias separatistas a muchas otras repúblicas. Las deserciones del ejército rojo amenazaban con extenderse al conjunto del país. El caos económico se hizo tan completo que los "capitanes de la industria” partidarios del "mercado" exigieron a Gorbachov un “retroceso táctico” en lo tocante al desmantelamiento de la planificación burocrática. La crisis de abastecimientos y la desvalorización del rubio impulsaron a las repúblicas a establecer aduanas interiores y hasta establecer un comercio exterior autónomo para obtener divisas fuertes. En Ucrania ha comenzado a circular una moneda propia que está sustituyendo progresivamente al rublo. Ante esta situación, numerosos “reformistas” reclaman un “gobierno fuerte” y lo mismo han hecho importantes columnistas de la prensa occidental. Los pedidos de arreglo “pacífico" formulados por Bush, entre masacre y masacre en el Golfo, son solo una cortina de humo para permitir que Gorbachov pueda ganar tiempo. Se discute la posibilidad de una dictadura militar, pero no está claro si en apoyo a Gorbachov o a su rival Yeltsin, quien tiene mayor respaldo en las diversas repúblicas y que se ha pronunciado por el mantenimiento de la unidad del Estado Soviético. El capitalismo occidental ha puesto sus inversiones naturalmente en la congeladora, pero no por los ataques de la KGB sino por la cesación de pagos del Estado central. Así lo han dicho claramente el Deutsche Bank y el Dresdner Bank, los gobiernos se limitan a rubricar este hecho consumado. La acción contrarrevolucionaria de la burocracia de Gorbachov y de la KGB quedó patente hace dos semanas cuando un movimiento de masas de obreros separatistas y unionistas derribó al primer ministro de Lituania por declarar un aumento de precios en el marco de su “perestroika”. La acción de la KGB contra Lituania solo 48 horas más tarde sirvió para dividir al movimiento de masas que había superado sus diferencias nacionalistas a través de una lucha común contra la política pro-capitalista. El enfrentamiento entre el nacionalismo lituano y el centralismo gorbachiano no representa un choque entre regímenes sociales históricamente opuestos, sino dentro del mismo régimen burocrático y dentro de la misma fracción restauracionista. Debemos oponernos al atropello moscovita, no en respaldo al nacionalismo lituano sino en respaldo a la libertad del pueblo y de los trabajadores del Báltico, para que a través de ella puedan llegar a la conclusión, a través de la experiencia, de que la única salida es la unidad de la clase obrera de la URSS y del conjunto del mundo para establecer una verdadera dictadura proletaria y una auténtica sociedad socialista. Quién pone en peligro a la URSS Hace pocos meses se firmó un tratado de reducción de armas convencionales, que fue presentado como expresión de la abolición de la “guerra fría” en el mundo. La burocracia rusa dijo que aquél serviría para reducir sus elevados gastos en armamentos y para fortalecer la producción de bienes de consumo. En Estados Unidos se Comenzó a hablar de la declinación de la industria armamentista y de una era de “dividendos de la paz”. Pero ahora está claro que una disolución eventual de la OTAN y el “deshielo” en las fronteras occidentales de la URSS, ha sido evaporada por la gigantesca reconstitución con yapa del “bloque atlántico” en los confines sudoccidentales asiáticos de la Unión Soviética. La guerra del Golfo ha puesto sobre el terreno una gigantesca armada norteamericana, que pretende quedarse por largo tiempo con una sustancial reserva de armas nucleares. La guerra contra Irak, lanzada con el apoyo de la burocracia rusa, que ha jugado su sobrevivencia al apoyo económico capitalista y a la economía de mercado, ha servido para que el imperialismo tienda un nuevo cerco sobre la URSS. Es indudable que este hecho no se le ha escapado a los militares soviéticos ni a los servicios de seguridad, pero el asunto es que éstos se encuentran embarcados en reprimir a sus pueblos. La política de la burocracia pone en peligro a la URSS, la defensa de la URSS reclama el derrocamiento de la burocracia.

22 de enero de 1991
La “posguerra” ya tiene sus acuerdos secretos: El estado sionista, actor principal

Solamente los incautos o los pillos pueden dar crédito a la especie de que el Estado sionista sería un protagonista secundario o alejado en la actual agresión imperialista contra Irak. Una de las mayores muestras de cinismo en la presente guerra es precisamente la campaña que presenta al ineficaz ataque de cohetes de Irak contra Israel como una “provocación" o a este último como una víctima inocente del conflicto. Se ha llegado al caradurismo de presentar a los sionistas nada menos que como “neutrales”. Pero el Estado sionista ha sido un factor tan decisivo en el desencadenamiento de la presente guerra que una semana antes de la agresión “multinacional” contra Irak el ministro de relaciones exteriores de Israel, David Levy, “dejó claro —según el corresponsal del Washington Post en Jerusalen (9/1)— que Israel prefiere sufrir un ataque de cohetes por parte de Irak a un arreglo político del conflicto”. Y la explicación que daba el ministro para esta clarísima como criminal posición era que “la mayor parte de las fórmulas para tal arreglo envuelven, directa o indirectamente, algún tipo de esfuerzo internacional para contemplar los derechos de los palestinos que viven en los territorios ocupados por Israel”. Para cualquiera que haya seguido con una mínima atención las polémicas en los Estados Unidos acerca de si debía apresurarse el lanzamiento de la guerra o continuar con el bloqueo militar, es bien conocido que el “lobby” (grupo de presión) sionista militó intensamente por el desencadenamiento de las hostilidades. Esto llegó a provocar un enfrentamiento abierto dentro del ala derecha del partido republicano, entre los fascistas William Safire (sionista) y Pat Buchanan (opuesto a la guerra). Con relación a la discusión acerca de tos objetivos de la guerra contra Irak, entre los partidarios de la “recuperación” de Kuwait y tos que abogaban por la destrucción político-militar del Estado iraquí, el Estado sionista se inscribió naturalmente entre estos últimos. Las operaciones militares de aniquilamiento de Irak, emprendidas por el imperialismo “aliado”, muestran que también en este punto triunfaron las posiciones sionistas. No se necesita ser demasiado perspicaz para comprender la línea política general del Estado sionista: el aniquilamiento de Irak dejaría a tos sionistas como árbitros absolutos de la fronteriza Jordania, país que contaba hasta ahora con la relativa “protección” de Saddam Hussein. A partir de aquí el Estado sionista podría imponer su “solución final” a la cuestión palestina, expulsando a los palestinos hacia la margen oriental del rio Jordán y ocupando así oficialmente la totalidad de la Cisjordania (margen occidental). El “New York Times” (20/1) pone, precisamente, en boca de un cientista político israelí, Yaron Ezrahi, la conclusión de que el desarrollo de la guerra “mina las promesas palestinas de que están preparados para convivir con Israel” y de que “aquí no hay futuro para una coexistencia”. Para el Estado sionista la guerra es un medio para modificar profundamente las relaciones internacionales actuales y posibilitar la liquidación política o física de la Intifada (levantamiento palestino) y expulsar a los palestinos de los territorios ocupados. Uno de los principales comentaristas del Washington Post, John Groshko, hace una apreciación similar al señalar que la guerra está “revirtiendo la extendida impresión de que Shamir (el primer ministro sionista) ha sido indebidamente duro e inflexible en el tratamiento del levantamiento que lleva tres años de los palestinos en la orilla occidental y la franja de Gaza”. A la luz de estos factores básicos resulta claro que la falta de respuesta del Estado sionista al ataque de cohetes iraquíes poco tiene que ver con la necesidad de evitar que su intervención pueda quebrar la alianza entre Estados Unidos y los Estados árabes en guerra con Irak. La ausencia de una represalia sionista está vinculada a las seguridades (secretas) que ha obtenido del gobierno norteamericano respecto a la aniquilación de Irak y al arreglo de la cuestión palestina en los términos sionistas — es decir mediante una nueva expulsión. El balance de los acontecimientos que han llevado a la guerra muestra el protagonismo principal y hasta dominante del Estado sionista. Porque no es casual que el obstáculo a la llamada "salida política" a la crisis haya estado dada por la negativa de Estados Unidos a aceptar la convocatoria de una “conferencia internacional” sobre Palestina, incluso sin fijarle una fecha definida. Los norteamericanos se declararon dispuestos a vetar cualquier resolución en este sentido, aun cuando ello pudiera llevar a la famosa ruptura de la alianza con los países árabes. Pero la negativa a aceptar la convocatoria sin plazo de esta conferencia estaba demostrando, a su vez, que un retiro iraquí de Kuwait no hubiera puesto fin a la crisis, toda vez que las tropas norteamericanas hubieran seguido en el Golfo como garantía político-militar para el Estado sionista. La ocupación militar del Golfo es un viejo objetivo norteamericano, al menos desde la guerra árabe-sionista del 73 y la subsiguiente crisis del petróleo. El ex presidente Carter concibió la formación de una Fuerza de Intervención Rápida para ocupar el Golfo, y esto aún más luego de la revolución iraní de 1979. Esta ocupación es el objetivo principal de la guerra. “Si la operación Tormenta del Desierto derroca a Hussein, dice Jim Hoagland del Washington Post (20/1) una fuerza de paz internacional podría ser desplegada en Irak y en Kuwait”. El sionismo ha jugado un papel tan determinante en impulsar la realización de este objetivo que, a pesar de todos los cuentos sobre su “perfil bajo” en la presente guerra o sobre su hostilidad con el régimen sirio, ha tolerado perfectamente que este último destruyera a sus rivales en el Líbano y asumiera el completo control del país, para desesperación del imperialismo francés que sostenía a tos adversarios cristianos falangistas de Siria. La razón para esta conducta del sionismo no es otra que el alineamiento de Siria en la guerra contra Irak y en la posible ocupación militar de éste. El régimen sirio acaba de manifestar su disposición de firmar la paz con Israel, un perfecto síntoma de que ya están consumados los acuerdos secretos para terminar con la Intifada y con los palestinos de Cisjordania y Gaza. Pero si estos acuerdos secretos explican la falta de represalias del Estado sionista contra Irak, también permitirán explicar un previsible raid militar sionista en caso de un agravamiento de la guerra. Porque no se debe dar por sentado de ninguna manera que el Estado sionista esperará el fin de la guerra para recién proceder a una nueva expulsión de palestinos, y de que ello no ocurra durante la guerra misma y a través de los procedimientos militares que forman parte de esta guerra. La hipocresía de los “formadores de opinión” de Occidente con relación al verdadero papel del sionismo en esta guerra no tiene parangón. Precisamente porque es un factor fundamental ha sido convertido en secundario. La relación establecida por el gobierno de Irak entre la crisis del Golfo y la cuestión palestina ha sido tachada de “piratería”. Solo atenúa el cinismo de las democracia occidentales la posición de la URSS de Gorbachov, que luego de autorizar la emigración en masa de judíos soviéticos para ir a poblar tos territorios ocupados por el sionismo, y luego de haber votado en el Consejo de Seguridad en acuerdo con Estados Unidos en lo referente a la no convocatoria de una conferencia internacional, ha saludado el “bajo perfil” del Estado sionista en la guerra del Golfo. Decididamente, el “comunista” Gorbachov y su KGB forman parte de la entente secreta con el sionismo para liquidar la cuestión de la autodeterminación nacional palestina.

22 de enero de 1991
Kuwait – Irak: La cuestión nacional en el Golfo Pérsico
Redacción

Kuwait no se distingue por ninguna especificidad nacional (ni tampoco étnica o lingüística) de los conjuntos nacionales más amplios que la rodean en el Golfo Pérsico, en especial de Irak. Su única "particularidad” es poseer, en sus escasos 14.000 km2, más del 5% de las reservas internacionales de petróleo. Es una creación estatal “ideal" del imperialismo, pues de este modo queda reducida al máximo la mediación política y social entre la explotación económica foránea y sus beneficios y las poblaciones autóctonas. El “estado” kuwaití perfeccionó con el tiempo esta modalidad política, al asegurar la “ciudadanía" solo a una parte reducida de su población (25%) y relegar a los trabajadores de los países extranjeros a la condición de “huéspedes" sin ninguna clase de derechos políticos. Kuwait ingresó a la época (y atropellos) modernos hacia fines del siglo pasado, cuando pasó a ser un protectorado inglés a pesar de pertenecer al imperio turco (otomano) y a su provincia de Irak. Gran Bretaña se protegía así de la penetración del imperialismo alemán y reforzaba con ello el control de las vías de acceso a la "joya "del Imperio: la India. Cuando luego de la primera guerra mundial se produce la desintegración del imperio otomano, Inglaterra otorgará la “independencia" a Irak, pero desgajándole el territorio kuwaití, al igual que lo hará con los otros “emiratos” del Golfo Pérsico. La “independencia" de Kuwait soto será otorgada en 1961 en medio de vivas protestas e intentos de invasión de parte de Irak. Un autor inglés hace una perfecta descripción de la función económica internacional de Kuwait: “Después de la segunda guerra mundial, dice M.A. Fitzimons en su libro "Imperio por medio de tratados" la producción de petróleo de Kuwait, controlada por una compañía compuesta de firmas norteamericanas e inglesas, se expandió enormemente. Las ganancias petroleras de Kuwait le proporcionaron uno de los ingresos nacionales por persona más altos del mundo y la transformaron en una notable fuente de capital para el Mercado de Valores de Londres”. Tenemos aquí, con la mayor economía de palabras, una acabada caracterización de la “nación" y del “estado" kuwaitíes. Lo que el autor no podía naturalmente saber es que más tarde Kuwait se convertiría en una compañía financiera internacional, con inversiones del orden de los 200.000 millones de dólares, colocados en acciones de empresas europeas, japonesas y norteamericanas; en un sistema de distribución y refinación propios de petróleo; y en innumerables aplicaciones banca-rías. Los dueños de esta compañía son tos emires de Kuwait, ni siquiera el “estado” kuwaití, de modo que es previsible que si el país es restaurado bajo una forma "constitucional", esa compañía sustituya cualquier vinculación jurídica con su propio “estado” por privilegios económicos. En estas condiciones es evidente que la ocupación y anexión de Kuwait por parte de Irak tiene un carácter nacional, pues absorbe una riqueza usufructuada por una minoría privilegiada en beneficio de un conjunto nacional afín más amplio, y debería extenderse a todos los emiratos del Golfo. La exigencia de “la condena política de la invasión de Kuwait por parte de Irak”, formulada por ejemplo por el periódico belga "La Gauche" (26/12/90), que dirige el “trotskistas" E. Mandel, equivale a defender las posiciones del imperialismo. La anexión de Kuwait por Irak es tan legítima como la anexión de los territorios belgas por parte de los ejércitos de la revolución francesa, de la cual no tenía ninguna diferenciación nacional, o la de los principados alemanes por Prusia en 1866 y en 1870. La condena política de la invasión iraquí debe hacerse, no por lo que tiene de nacional, y por lo tanto democrático, sino por lo que tiene de anti-nacional. El régimen iraquí ha encarado a Kuwait, no como parte de la nación, sino como un botín, pues la ha sometido a un despiadado pillaje. Esto nos está indicando que preveía negociarla con el imperialismo y de ningún modo asumir su defensa de principios. Al mismo tiempo expulsó a los trabajadores extranjeros (palestinos, egipcios), actuando como los emires o los califas. La anexión de Kuwait no se hizo por una vía revolucionaria sino militar y despótica, lo cual corresponde a un régimen que persigue implacablemente a los grupos nacionales internos (kurdos) y busca su asimilación forzosa. Un programa obrero y revolucionario frente a la anexión de Kuwait por Irak debe plantear la defensa de esta anexión contra el imperialismo mundial y el sionismo; la vigencia de las libertades democráticas y de las libertades nacionales, incluido el derecho a la separación de tos kurdos; el control obrero sobre las riquezas expropiadas a los emires; el armamento del pueblo; el reemplazo de la dictadura militar de Saddam Hussein por una Asamblea Constituyente.

22 de enero de 1991
Las masas contra la guerra
Redacción

La movilización internacional contra la guerra imperialista es aun extraordinariamente débil y está centrada principalmente en torno a consignas pacifistas. El pacifismo coloca en un mismo plano histórico el retiro del imperialismo del Golfo y una capitulación o derrota de la nación iraquí. El pacifismo no tiene por objetivo la derrota del imperialismo mundial, la que debe ser conquistada por medio de la acción convergente del combate militar iraquí y la acción de los explotados del mundo entero, en especial de los países imperialistas. De un modo general, los dirigentes pacifistas tienen en vista la explotación política y electoral de la opinión pública de sus países, sin perjudicar de ningún modo el esfuerzo político-militar del imperialismo. De cualquier manera, el sentimiento pacifista de las masas puede ser la envoltura transitoria de un sentimiento más profundo de características anti-imperialistas. Esta posibilidad se manifiesta por ejemplo en un slogan muy común en Estados Unidos: “no blood for oil" (no al derramamiento de sangre para defender a los monopolios petroleros, sería la traducción política exacta). Los revolucionarios marxistas deben participar en los movimientos pacifistas de masa, con la obligación, además, de señalar las limitaciones de la política pacifista. Un lugar especial en los movimientos pacifistas lo ocupan algunos partidos comunistas, por ejemplo el italiano, que apoyan una acción internacional contra Irak, el bloqueo por ejemplo, pero sin llegar a la guerra. El carácter de este pacifismo es inequívocamente pro-imperialista. Otra variante del pacifismo es la encarnada por los “trotskistas” de la variante Mandel, que condenan la anexión de Kuwait por parte de Irak y le niegan a ella un contenido nacional cualquiera. Con tal posición los mandelianos rechazan la política de colocarse en la trinchera militar de Irak contra el imperialismo, con la obligación en tal caso de denunciar la política burguesa y despótica del régimen de Hussein y luchar por un gobierno obrero y campesino. En los cinco meses que ha llevado el bloqueo Imperialista y en la semana transcurrida de la guerra, ha estado completamente ausente una acción de la Coordinadora del Encuentro de los Partidos y Organizaciones de izquierda de América Latina. Estos partidos temen, en su mayoría, entrar en choque con la opinión pública democratizante de la clase media de sus países, la que mucha veces es, además, pro-sionista. La neutralidad en una lucha tan decisiva en su alcance internacional como la guerra del golfo, equivale a una renuncia completa a luchar contra el imperialismo. El movimiento de lucha más importante en la actual etapa ha sido protagonizado en la vital Turquía, país clave en el dispositivo bélico del imperialismo, y no ha sido impulsado en forma directa por consignas referidas a la guerra sino por la presión implacable de la lucha de clases interna. El 4 de enero último cien mineros con sus familias iniciaron una larga marcha para reclamar aumentos salariales y no pudieron ser detenidos por la policía ni por el ejército. De inmediato, el régimen videliano de Ankara fue sacudido por un paro de 24 horas resuelto por las centrales sindicales; enseguida comenzaron huelgas metalúrgicas en el marco de la lucha por las convenciones de trabajo. Algunos observadores internacionales admiten que este movimiento de masas, que ha sido respaldado por los dos partidos patronales tradicionales de Turquía, en una expresión de la descomposición del régimen de ese país, puede terminar con el gobierno encabezado por Ozal. Esta posibilidad sería sencillamente revolucionaria con referencia a lo que ocurre en el Golfo. Turquía es una nación musulmana sensible a los atropellos del imperialismo contra los pueblos árabes. Otro registro importante ha sido el de España, donde la semana pasada se produjo una huelga general de dos horas por el retiro de las naves de Felipe González del Golfo. Las bases militares de la Otan en España proveen información esencial para las operaciones militares imperialistas contra Irak. Alcances revolucionarios puede tener la movilización de millones de personas en Pakistán, con un régimen político inestable. La posibilidad de insurrecciones parciales en Pakistán, país que está en la boca de entrada del Golfo Pérsico y que tiene algunas decenas de miles de tropas peleando junto a los yanquis, ha llevado a algunos observadores a prever un cambio de frente del régimen pakistaní en el conflicto, si éste se prolongara más allá de lo esperado por los estados mayores. Alemania es otro lugar donde han habido importantes manifestaciones, en algunos casos sumando doscientas mil personas. En este país el pacifismo es apoyado por círculos de la burguesía imperialista que caracterizan que la guerra del Golfo dará al imperialismo norteamericano una tutela sobre el europeo, y que la catástrofe económica que resultará de la guerra podría comprometer las posibilidades de penetración de Alemania en Europa del este. En Estados Unidos, el movimiento pacifista prepara una manifestación nacional contra la guerra para el próximo viernes 26. Según los comentaristas, aunque aún es débil, el actual movimiento se distingue del que tuvo lugar durante la guerra de Vietnam por tres características: ha aparecido desde antes del inicio de las hostilidades, tiene un importante aporte de los sindi catos y es notoria la presencia en él de la clase media tradicional. El imperialismo puede ser derrotado —no importan los rayos infrarrojos, los rayos láser, las armas químicas o nucleares, como ya ocurriera con Francia en Argelia, con Inglaterra en Afganistán y con los yanquis en Playa Girón y en Vietnam. Todo depende del despertar y de la conciencia de las grandes masas.

22 de enero de 1991
Por la derrota del imperialismo
Redacción

El imperialismo mundial ha añadido un nuevo jalón a su larga cadena de crímenes contra los pueblos oprimidos. Los medios de comunicación internacionales presentan la agresión imperialista contra Irak como un acontecimiento circunscripto o desvinculado de cualquier antecedente histórico manifestando con ello la indudable pretensión de escamotear la verdadera raíz de esta guerra, que no es otra que la opresión política y la explotación económica de las naciones débiles y económicamente atrasadas por un puñado de Estados capitalistas desarrollados. Son incontables las masacres de la Gran Bretaña "democrática" contra los pueblos árabes o contra la India, Afganistán o China, y no menos impresionantes las perpetradas en el curso de éste y del pasado siglo contra los pueblos de África. Los motivos han sido siempre proceder a la “colonización” de esos países o defender el colonialismo ya establecido. Qué decir del “ilustrado” imperialismo francés que masacró sistemáticamente a las naciones del norte de África o a los pueblos de la península indochina. Cuba, Santo Domingo, Guatemala, Colombia, Haití, Granada, Nicaragua, Panamá han sido testimonios de la acción del imperialismo yanqui, que luego extendió sus agresiones militares al resto del mundo, como el caso de la histórica guerra de Vietnam. Los que hoy se desgarran las vestiduras por la posibilidad de una guerra química de parte de Irak, son los mismos que vienen aplicando desde hace medio siglo una política de terror y asesinatos contra el pueblo palestino, que no dudaron en rociar con napalm al pueblo vietnamita y que tienen un arsenal de armas químicas impresionante (Estados Unidos, Israel). A pesar de esto y de las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, no ha faltado el tonto que haya vuelto a afirmar que el control democrático de su opinión pública impide a Estados Unidos realizar una política de masacre. Y esto cuando el imperialismo norteamericano tiene hoy apuntadas contra Irak 980 ojivas nucleares de corto, medio y largo alcance, instaladas en las bases de Turquía, en seis portaviones y en 25 navíos de batalla y submarinos, sin mencionar las armas atómicas de Inglaterra, Francia e Israel; solamente este último posee doscientas bombas atómicas. No es la opinión pública la que controla al imperialismo sino al revés. La guerra contra Irak demuestra el completo sometimiento de las llamadas instituciones democráticas a la dominación de la burguesía imperialista. La cobertura televisiva de la guerra no es otra cosa que un gigantesco operativo de desinformación y de intoxicación ideológica. Basta para comprobarte el gigantesco escándalo que se armó con motivo de los seis cohetes iraquíes que fueron lanzados contra el territorio israelí, y que no provocaron más que treinta heridos, en circunstancias en que la aviación imperialista hacía dos mil incursiones diarias contra Bagdad en un verdadero operativo de aniquilamiento. Es una vieja triquiñuela ideológica atribuir las responsabilidades de la guerra al llamado “país agresor” o caracterizarla a partir del factor accidental que la detonó. Semejante procedimiento apunta a encubrir el conjunto de circunstancias históricas vinculadas al estallido. Irak sería así el responsable de la guerra por su ocupación de Kuwait, lo que constituye (ni qué decirlo) un cómodo expediente para dejar de lado tres cuartos de siglo de saqueo económico de los países árabes por parte del imperialismo. Simplemente no se ha investigado aún cuánto debe su “prosperidad” el capitalismo mundial y en particular los Estados imperialistas a la gigantesca explotación económica de las naciones petroleras árabes. La acumulación de capital de un reducido grupo de monopolios se ha fundado en la expoliación más completa de los pueblos oprimidos. Es por este motivo que la “agresión” de un Estado oprimido contra el imperialismo tiene un contenido histórico democrático, en tanto que la “defensa” imperialista contra esa “agresión" es reaccionaria en toda la línea. Esta caracterización general no queda alterada para nada por el hecho de que a la cabeza de la nación oprimida que se enfrenta al imperialismo se encuentre también un opresor de su pueblo, un representante de la burguesía local o un dictador inescrupuloso. Y esto es así porque la opresión política en las naciones atrasadas, como ocurre también con su atraso económico y cultural, es un producto, en última instancia, de su falta de independencia nacional y de su expoliación por parte del capital financiero internacional. Por todo esto, como en Malvinas (Galtieri), como en Panamá (Noriega), como en Libia (Gadafi), como en Vietnam, la posición de todo demócrata consecuente debe estar con la nación oprimida contra el imperialismo. Solamente la derrota de éste puede llevar a una perspectiva de paz justa, que tenga en cuenta la aspiración de independencia nacional de Irak y de los pueblos árabes. A esta derrota del imperialismo se debe llegar por medio del concurso de los trabajadores del mundo entero y en primer lugar de la clase obrera de los países imperialistas. Cualquier otra paz que no esté fundada en la derrota del imperialismo mundial solo sería la consecuencia de una derrota de la nación oprimida o de una capitulación de sus dirigentes. Sería una paz imperialista, fuente de sufrimientos aún más pavorosos para los explotados de las semicolonias y de mayor expoliación en beneficio del capitalismo internacional.

22 de enero de 1991
Tucumán: El interventor de los banqueros
Redacción

El gobierno intervino los tres poderes, invocando el caos político e institucional que existiría en la provincia. La expresión más visible de la crisis política es la rebelión de los jubilados, que reclaman el pago de salarios adeudados desde octubre, y la de los estatales, por retrasos que llegan a noviembre. Los capitalistas, entretanto están en “huelga" impositiva y previsional desde hace mucho tiempo al punto que la provincia recauda el 10% de sus ingresos. Mientras casi la mitad de la población activa está desocupada o subempleada, el grueso de los gastos del presupuesto provincial se los lleva el pago de intereses de la deuda pública, que según el saliente ministro de economía alcanza a los 2,5 billones de australes —más de 400 millones de dólares— (La Gaceta, 15/1). La bancarrota financiera llevó al gobierno a extremar la emisión de bonos, que hoy constituyen el 30% de la masa circulante de dinero y cuya convertibilidad es cada día más precaria. La crisis ha sacado a luz la feroz lucha entre los grupos capitalistas entablada en la provincia. El gobierno Domato ha sido ejecutor de un colosal desfalco del Banco Provincia en beneficio de pulpos azucareros, varios de ellos en quiebra, y citrícolas. La cartera de créditos del banco fue derivada a préstamos a “algunas empresas azucareras y a otras que no lo son por montos multimillonarios y sin tomar las debidas garantías que aseguraran la recuperación” (La Gaceta, 21/12). Luego Domato propició una “moratoria” tributaria —rechazada en la Cámara de Diputados —“que hubiera equivalido a la condonación de deudas por unos 20 millones de dólares en favor de unas cien compañías, entre ellas los ingenios azucareros que ni siquiera en los años de bonanza pagaron los impuestos” (declaración de Néstor Varela, diputado del PJ). El rescate de los grupos en quiebra se enfrenta en parte con los reclamos de una “reconversión azucarera” que deje en pie “solo a los más eficientes, tanto a nivel industrial como cañero”, como ha reclamado la Fundación de Tucumán (que agrupa a los grandes intereses azucareros, industriales y financieros de la provincia). De este sector es también la iniciativa de privatizar la banca oficial. Se trata de un objetivo de larga data del Banco Mundial y la banca imperialista respecto a las provincias, pues con ello lograría concentrar en sus manos el ahorro interno y tomar por el cuello a las burguesías y oligarquías del interior. El busismo y el “Fujimori” Ortega tienden a alinearse en función de la lucha de camarillas. El busismo, que proclama todos los días su ataque a la “corrupción de la dirigencia”, avaló los créditos a los ingenios quebrados como una de las pocas medidas “rescatables” del gobierno Domato y se opuso luego a la publicación de las empresas que recibieron créditos del Banco Provincia. La intervención: más de lo mismo El interventor Aráoz viene a ejecutar lo peor de la política de Domato: el congelamiento salarial, la ilegalización de las huelgas, el despido en masa de trabajadores estatales, el desmantelamiento de tos ingenios, la “racionalización” de la banca estatal. La llegada del nuevo gobierno ha abierto la expectativa sobre el pago de los salarios adeudados, pero ni siquiera esto está garantizado. Por todo esto ninguna “tregua” tiene sustento. Pero la “tregua" con la intervención es, sin embargo, el programa común de todos los partidos patronales. Bussi planteó “compartir la determinación presidencial”, la UCR señaló que “es la hora de la serenidad de juicio y responsabilidad”, las fracciones del PJ acompañarán al enviado menemista (La Gaceta, 16/1). Una de las razones que motivó la intervención fue “eludir un tardío debate parlamentario que las circunstancias no aconsejan” (ídem) por lo que tos chanchullos que podían salir a luz en caso de prosperar el “juicio político” a Domato serán cuidadosamente tapados. Por otra parte, la intervención procurará negociar desde una posición de fuerza con Fuerza Republicana que hoy encabeza las encuestas y había logrado inclinar el Poder Judicial de la provincia en favor de la “nueva” Constitución del 90, hecha a la medida del bussismo. ¡Abajo la intervención! ¡Huelga general por el pago al día e indexado y un seguro a todos los desocupados! Ni Bussi ni Palito: frente de trabajadores.

22 de enero de 1991
Tierra del Fuego: Gobernador nuevo, “ajuste" viejo
Redacción

Menem resolvió destituir a su “soldado" fueguino, el gobernador Martín Torres, a quien meses atrás había colocado en el “cuadro de honor" de los gobiernos provinciales que “cumplían con el ajuste”. Pero ahora parece que no lo cumplía tanto, porque se plantea un nuevo “ajuste", que el desprestigiado Torres no tiene condiciones para imponer. Un antecedente de este “ajuste” acaba de registrarse en Rio Grande, donde el intendente Martínez decretó una “racionalización” que cesantea al 10% del personal municipal y que mantiene el congelamiento salarial. Al mismo tiempo, a partir de la reciente reducción de aranceles para la importación de productos electrónicos se ha producido otra ola de despidos de trabajadores metalúrgicos recientemente “contratados”. Según el secretario de prensa de la UOM Río Grande, las empresas “solicitaron esta desregulación” (Tiempo Fueguino, 22/12) porque “pasarán a ser de productores a importadores”, con lo cual “los únicos perjudicados serán los del sector trabajador”. El Mopof y Menem Torres intentó resistir el relevo apelando a la “soberanía de la constituyente”, pero fracasó cuando “la bancada mayoritaria del MOPOF dejó entrever que apoyaría la destitución” (Página 12, 16/1). El Mopof se ha convertido en la punta de lanza del nuevo gobernador, que trae en sus valijas un “plan de racionalización del aparato administrativo de la provincia” (Clarín, 17/1).

22 de enero de 1991
Catamarca: Menem trata de salvar a Saadi
Redacción

Si los asesinos de María Soledad Morales continúan en libertad, ello no solo se explica por la complicidad del clan Saadi, sino también por los sólidos lazos que lo unen a la “dique” menemista. Que Mera Figueroa revistaba como asesor “ñoqui” del gobierno de Saadi ya es oficial. Lo mismo pasa con la noticia de que otros altos funcionarios nacionales — como los subsecretarios de Interior y de Defensa— integran la primera fila del clan catamarqueño. También acaba de revelarse que Saadi habría aportado no menos de dos millones de dólares a la campaña electoral del actual presidente. Es natural, en este cuadro, que Menem se haya apresurado a salir ahora al socorro de Saadi en el momento crucial en que la Comisión de Esclarecimiento local se disponía a hacer públicos los nombres de los culpables y de otros involucrados. Con el envío de Patti a Catamarca y el nombramiento de un nuevo juez, Menem consiguió postergar estas revelaciones y llevar las “actuaciones” oficiales a fojas cero. De paso, ha puesto en marcha un operativo de blanqueo sobre el torturador de Pilar. Patti ha anunciado que iniciará una “nueva investigación", cuando ya los culpables tienen nombre y apellido. Por su parte, el nuevo jefe fue designado con el “consenso".... del propio Saadi. Maniobra electoral Pero conciente de las limitaciones que tienen estas maniobras dilatorias, Saadi ha anunciado la posible anticipación de las elecciones provinciales. Pretende desplazar así el centro de la crisis política que gira en torno a la caída del régimen provincial por medio de la acción de las masas. La UCR, el peronismo renovador y los saadistas desplazados del gobierno, encabezados por el diputado Marcolli, han aceptado la maniobra. A pesar de estas maniobras de Menem, Saadi y la “oposición”, las marchas se han extendido a las principales localidades del interior provincial. En la marcha semanal de la capital catamarqueña, han resonado otras apremiantes reivindicaciones populares: entre ellas, el enfrentamiento al plan de racionalización que ya ha dejado a 4.000 estatales cesantes. Por su parte, los estratos medios y bajos de la policía local han denunciado la complicidad de sus jefes con “la corrupción y el crimen”, al tiempo que formulaban un reclamo salarial. Algunos familiares de María Soledad y sus abogados han planteado la intervención federal al poder judicial o, directamente, al conjunto de la provincia. Ignoran de este modo las conexiones entre el gobierno nacional y Saadi, y la complicidad de hecho del primero con la falta de esclarecimiento del crimen. Para encarcelar a los asesinos, es necesario hacer públicas las conclusiones de las investigaciones realizadas por la Comisión de Esclarecimiento y reclamar el desmantelamiento del Estado Saadista, expulsando a sus personeros de los tres poderes del gobierno, investigando sus fortunas y castigando a ladrones y criminales. Para esto es necesario convocar en la provincia y todas las localidades a una Asamblea Popular. Solo así se conquistará la democracia.

22 de enero de 1991
Menem, peón de la Esso y de la Shell
Redacción

La presencia de naves argentinas en el Golfo es un acto de cipayismo completamente especial. No hay ninguna evidencia de que hubiera sido reclamado por el gobierno norteamericano y los indicios apuntan más bien en sentido contrario. Ningún estado latinoamericano tuvo una actitud similar, a pesar de que la mayoría de ellos son protectorados yanquis. El Pentágono ha entrenado a los ejércitos vasallos del sur para la contrainsurgencia y la represión del narcotráfico, no para “pelear” en Asia. Por sobre todas las cosas ha evitado que en América Latina se desarrollen las fuerzas navales. Los océanos son un coto exclusivo de los anglo-yanquis; lo demuestran la experiencia de Malvinas y la decadencia de las marinas de Argentina y de Brasil. También es curioso que el riojano se lanzara al “rally” del Golfo Pérsico, cuando se piensa que el "lobby" sionista no lo representa el partido justicialista sino la Unión Cívica Radical y el partido socialista democrático, ambos partidarios del imperialismo yanqui, del bloqueo a Irak, pero al mismo tiempo adversarios del envío de las naves. La colectividad judía en Argentina no ha roto sus relaciones con los radicales, ni mucho menos, en respuesta a la posición de los Alfonsín y de los Storani —más bien se diría que la apoya. Al sionismo no le interesa trasladar el conflicto del Medio Oriente a la Argentina, lo cual sería una oportunidad para la penetración de la OLP. Por eso aquí pide “paz” y en el Medio Oriente la guerra. El estado y el ejército sionistas han procurado adoptar por norma un “bajo perfil” en América Latina, donde sus operaciones de respaldo a los escuadrones de la muerte en Guatemala, a loa contras en Nicaragua e incluso al grupo de Medellín y a narcotraficantes panameños, solo trascendió de un modo excepcional. Aunque Cavallo aseguró que el envío de las naves pretendía revertir en 180° la historia de la diplomacia argentina frente a Estados Unidos, Bush no pareció entenderlo así cuando denunció a un familiar de Menem y financista electoral del presidente por delito de corrupción económica. Muchos pensaron que el incidente le iba a costar la cabeza al arquitecto de la “nueva diplomacia”, el canciller menemista. El régimen menemista se puso en la ingrata situación de un cipayo despreciado por sus amos. Disipadas las falsas impresiones, todo indica que la política exterior argentina responde a los intereses de un clan específico de los explotadores instalados en el país y no a una política general del imperialismo yanqui. Ese clan es la “patria menemista”, formada por quienes han acaparado los principales negociados y privatizaciones —y últimamente los dos grandes beneficiarios de la “apertura petrolera”, la Esso y la Shell. Tanto una como la otra son partidarias del aniquilamiento de Irak, de la reconstitución de Kuwait y de la “desregulación petrolera” internacional para acabar con el cartel de la OPEP, y con sus otros competidores, y monopolizar por completo el mercado integral del petróleo. Esta es una de las razones fundamentales de la guerra contra Irak, que al cabo de un tiempo deberá provocar una nueva alza de los precios del petróleo en manos de los principales pulpos. Las posiciones conquistadas por la Esso y la Shell en Argentina son tan extraordinarias que han colocado a los productores contratistas en sus manos y han logrado el desmantelamiento de YPF, Perez Companc y Bridas se han negado a renegociar sus contratos de explotación con YPF para no quedar bajo la dependencia de las refinadoras extranjeras. Siguiendo un procedimiento que se está empleando en Estados Unidos, los pulpos pretenden quedarse con el comercio minorista de naftas, las estaciones de servicio. Las grandes compañías internacionales pretenden también bajo su control las reservas del Atlántico sur, como medio de regular la oferta del combustible. La próxima entrega de las “áreas centrales” de YPF, pondrá de relieve el crecimiento de las “hermanas” del petróleo en el mercado nacional. Al enviar las naves al Golfo y respaldar ostensiblemente a los Estados Unidos en la guerra, Menem ha tomado partido por las compañías internacionales contra cualquier posibilidad de coalición de estados nacionales en defensa de sus recursos energéticos. Argentina se va convirtiendo de este modo en un simulacro de Kuwait, es decir un estado títere de un puñado de bancos y petroleras. Es la lucha en tomo a este negocio lo que ha dividido a “nuestros” diputados, no la necesidad de la lucha internacional contra el imperialismo mundial. Por todo esto la consigna del retiro de las naves del Golfo es apenas un planteo verbalista, que no altera ni la guerra imperialista ni la dominación imperialista del país. El antiimperialista se manifiesta cuando plantea la confiscación del imperialismo —de sus bancos, petroleras y socios, y por el no pago de la deuda externa. Una lucha por estas consignas plantea la cuestión del poder —del poder de los trabajadores.