Los trabajadores han propinado el domingo pasado un mazazo de tal magnitud a la burguesía y a su gobierno, que aun 72 horas más tarde de la impresionante victoria del No la mayoría de los políticos capitalistas no lograban digerir, y mucho menos asimilar, sus brutales efectos y consecuencias. A sólo un año de la fulminante quiebra de Alfonsín se vuelve a producir un verdadero terremoto político contra el régimen oficial. Esta vez tiene mayor proyección aun, porque pone en estado de coma al gobierno de la principal provincia del país y significa un ataque simultáneo contra los dos principales partidos patronales y contra el propio gobierno nacional. En el marco del agravamiento de la crisis económica y de la crisis internacional, semejante golpe abre sin ninguna duda un periodo de retroceso y de maniobras defensivas por parte de los explotadores y de grandes posibilidades de lucha de las masas. Albamonte y Moreau se unen La reacción política de la burguesía frente a la victoria del No se ha concentrado en un punto fundamental, que como de costumbre fue editorializado por el diario La Nación. La posición es que Cafiero no debe renunciar, que los mandatos constitucionales están para ser cumplidos o que “los políticos tienen que aprender que el voto adverso es una alternativa presente en la democracia”, esto según el recién llegado a la especialidad de derecho público, Ricardo Kirschbaum, de Clarín. Lo menos que puede decirse con relación a la solidez de los principios de esta posición, es que hace cien años el fundador de La Nación, Bartolomé Mitre, participó activamente de la conjura que llevó a la renuncia del presidente Juárez Celman, y que hace sólo cuatrocientos días todos los capitalistas juntos armaron con premeditación y alevosía la hiperinflación para provocar la caída inconstitucional del Presidente Alfonsín. ¡Y no hablemos de los reiterados golpes militares! Esta coincidencia en el rechazo a la posibilidad de la renuncia de Cafiero tiene un lado de perfidia que no deberla escapar a la percepción de ningún obrero avisado. Ocurre que al concentrar la atención pública sobre la figura del gobernador de la provincia, los “operadores” de la patronal pretenden desviar la atención del pueblo acerca de la responsabilidad política y de la derrota sufrida por el conjunto del PJ y de la UCR, de la Legislatura y Municipios de Buenos Aires y, por supuesto, del gobierno nacional. Al coincidir en la necesidad de que Cafiero siga hasta el 91, como la variante más favorable o indolora para la superación de la crisis, los burgueses argentinos pretenden por contraste convertir a Cafiero en el chivo emisario exclusivo para el caso de que la crisis política se declare en forma oficial y abierta. La posición de que los mandatos constitucionales deben cumplirse ha unido a los Albamonte con los Storani, a los Ricos con los Duhalde y a los Alsogaray con los Verbitskys y Lanatas. Los charlatanes de Página 12 deberían pensar dos veces antes de denunciar que “los extremos se Juntan", no sea que acaben escupiendo para arriba. Lo cierto, en definitiva, es que cerradas las urnas (¡en muchos casos de cartón) los “derechistas" y los “progresistas" se han unido en un frente de defensa del régimen cafiero-alfonsino-menemista y de sus partidos. Los partidos burgueses del No y del Si se han unido para birlarle al pueblo la victoria en las urnas y desconocer el mandato popular abrumador del último domingo para que Cafiero y todos los legisladores, intendentes y concejales que gobiernan con él, y que promovieron solidariamente el plebiscito, se vayan. Una crisis de conjunto Una proporción del 70% en el rechazo a la propuesta formulada en un plebiscito por el partido que gobierna la provincia de Buenos Aires, la Nación y 16 provincias, y por el partido mayoritario de oposición que gobierna las provincias restantes, es algo demasiado grande como para pretender que no plantea una crisis política de conjunto. En lo relativo a los trabajadores y a la clase obrera, estos se pronunciaron en una forma más contundente aún, a pesar del llamado de la burocracia sindical en todas sus alas a votar por el Si. En los distritos del gran Buenos Aires el No fue relativamente superior al expresado en los distritos rurales, como lo tuvo que reconocer Ámbito Financiero sin más remedio. El hecho de que los explotados se hubieran expresado de esta manera, marca en forma inconfundible el repudio al gobierno nacional y a su política, es decir al régimen de Alchourrón, del Citibank y de los Alsogaray. La circunstancia de que una parte de la burguesía hubiera llamado a votar por el No, ha producido una enorme confusión política en algunas cabezas que se consideran a sí mismas las mejor pensantes del país. Esto ciertamente no le ha ocurrido a los trabajadores, que masivamente votaron por el No, y que no lo hicieron por cierto instigados por Albamonte, quien no recoge votos ni en las internas de la Ucedé. Pero es natural que cunda esta incomprensión entre personas de la pequeña burguesía charlatana o académica, que sufre de esa hinchazón mental que se confunde a menudo con intelecto y que es generada por un sedentarismo crónico, y por una incurable genuflexión. Ocurre que esta gente no logra nunca distinguir los elementos revolucionarios de una situación política determinada y por sobre todo no quiere admitir el alcance catastrófico de la crisis y del impasse capitalista. En el plebiscito del domingo, la burguesía y la clase media que siguen su orientación y sus consignas (incluida la mayoría de la burocracia sindical) votaron en forma dividida, en tanto que la clase obrera votó en forma unificada por el No. Las urnas registraron de este modo un fenómeno típico de las situaciones revolucionarias, aunque claro está que en una forma todavía poco desarrollada: la unión de los de abajo y la división de los de arriba Esto que los tontos presentaron como la “unión de los extremos" ha ocurrido siempre en la historia y seguirá ocurriendo. Un ala de la burguesía que siente agudamente el inmovilismo y empantanamiento de su régimen se vuelca parcialmente contra él con la pretensión de reformarlo, sin percibir que ya la crisis ha Ido muy lejos para esto y que esa ruptura solo la pueden aprovechar los trabajadores, aun inconcientemente, para llevar agua a su propio molino. Los que siempre se quejan para justificar su inacción de que los trabajadores están divididos mientras los explotadores se unen, no han logrado percibir el destello del fenómeno contrario que se produjo en la votación del cinco de agosto. Es por esto que aunque Alsogaray llamó a votar por el No, bien que sin esforzarse en ello en lo más mínimo (lo cual es de por sí significativo) la victoria del No es fundamentalmente una victoria contra el régimen menemista de Alsogaray. No es cierto que Alsogaray busque el “desguace" del peronismo. El peronismo es la única alternativa política inmediata que tiene el Estado burgués. De la alianza Menem-Ucedé quien ha quedado “desguazada” ha sido la Ucedé, que ha perdido la poca relevancia que tenía como fuerza política. Los Alsogaray han sacrificado la Ucedé al menemismo para obtener a cambio las comisiones por la “privatizaciones”, que siempre ha sido lo más importante para el ingeniero. La campaña solitaria de Albamonte, quizás apoyado por el comerciante-ganadero Samid, es una prueba del “desguace” de la Ucedé. El "desguace” del peronismo es algo que viene ocurriendo desde mucho antes de Menem, debido a su agotamiento histórico, y deberá tener como beneficiario al socialismo revolucionario y no al conservadurismo pequeño burgués y bancario. No es casual que la Ucedé se oponga a la realización de elecciones generales inmediatas y que reclame que Cafiero debe completar su mandato. Plebiscito, un búmeran contra el régimen burgués Los Cafiero y los Alfonsín pretendieron por medio del plebiscito ratificar un apoyo popular al co-gobierno peronista radical en la provincia y proyectarse para más allá del 91. Pusieron sobre el platillo el peso de la autoridad o tradición histórica de sus partidos, y por supuesto sus aparatos y finanzas. Sometieron al pueblo a la opción entre esta tradición o lo desconocido, entre la reformar o la Constitución “fraudulenta” del 34, entre la continuidad o el caos. De este modo, se valieron de la función política de los plebiscitos, que es precisamente la de chantajear a las nasas con el peligro del vacío político Indiscriminado e ilimitado. Los Cafieros, Alfonsinas, Lanatas y Verbitskys pretendieron desconocer durante toda la campaña que el plebiscito significa el reclamo de un cheque en blanco, y que por eso es el método fundamental de gobierno de los regímenes bonapartistas y autoritarios. Es también el régimen de gobierno de un sistema social que se encuentra en una crisis histórica. Que en tales circunstancias la ciudadanía bonaerense (el 40% del país) haya propinado una paliza tan descomunal al Si, plantea una crisis de fondo para el conjunto del régimen existente. Es un hecho que el presidente Menem no es un hombre que se caracterice por la formulación de juicios políticos o históricos profundas; de todos modos se ha superado a sí mismo en este terreno al afirmar que la derrota de sus aliados en el plebiscito se debió al método elegido. Es indudable que no reflexionó sobre el derrumbe electoral que hubieran sufrido justicialistas y radicales en una elección para constituyentes, en medio del actual derrumbe social de las masas. Si esta elección abierta se hubiese producido con un acuerdo de reforma constitucional pactado entre el PJ y la UCR, como el que finalmente salió, los votos del No hubieran ido enteros a la oposición, en tanto que los del Si se hubieran dividido entre varios partidos y partiditos. Y si la elección hubiera tenido lugar sin ese acuerdo constitucional previo, la puja electoral entre el PJ y la UCR, sumada a la malaria económica, hubiera terminado por desprestigiar a ambos partidos ante el electorado quizá más aún que lo que ocurrió el 5 de agosto. Esta es la situación típica de un régimen sin salida. Desconocen la soberanía popular Luego de haber pretendido obtener por medio del Si una reivindicación plebiscitaria y una proyección para los próximos años, los burgueses del Si, ahora con el apoyo de los del No pretenden negarle proyección política al repudio en las urnas. “El voto es de la gente”, dicen, como si sirviera para ser usado en casa. La descalificación multitudinaria del conjunto del régimen de gobierno provincial, sin embargo, obliga a la convocatoria inmediata a elecciones generales. El domingo 5 no se salvaron ni los intendentes. Las consignas democráticas Una convocatoria a elecciones generales inmediatas no plantea la posibilidad de un gobierno de trabajadores, incluso porque un auténtico gobierno obrero solo puede ser el resultado de una revolución social. Pero si plantea un desarrollo más amplio de la presente crisis política y de una experiencia política popular masiva. Aun sin desconocer que estamos en los marcos de la democracia burguesa, el principio de que el régimen que es rechazado por un voto popular debe Irse de Inmediato, es potencialmente revolucionario, porque significa aplicar dentro de determinados límites el derecho de revocación de las autoridades políticas y estatales. Este principio es insoportable para el Estado burgués, aun dentro de los límites actuales, como lo reconocía, con su idioma claro, el periodista Kirschbaum. Por un plan de lucha Pero la crisis que se ha abierto no tiene solo un alcance provincial, ni siquiera es propiamente una crisis provincial. El derrumbe social y político del país tiene que ver con la política y el régimen político nacionales. La gente no se muere de hambre por provincias sino en todo el país. El No del domingo ha abierto una crisis política de conjunto que se irá manifestando en forma progresiva. Esta crisis se da en el marco del agravamiento de la crisis Internacional y de una fenomenal crisis con las privatizaciones, que amenazan con convertirse en fiasco histórico y cuyas adjudicaciones el gobierno ha debido postergar. Pero la crisis de las privatizaciones, la inflación y las luchas salariales vuelven a plantear la posibilidad de la hiperinflación. Es necesaria entonces una política de conjunto del movimiento obrero —un plan de lucha y el desarrollo por medio de ese plan de las condiciones para una huelga general por las reivindicaciones de los trabajadores y de la independencia nacional. Los sindicatos van a ser necesariamente un escenario de primer orden de la etapa que se ha abierto. La burocracia sindical se ha quedado sin política y se encuentra a la deriva. Se abren nuevas oportunidades para formar una vanguardia obrera y conquistar la dirección clasista de los sindicatos. Agotamiento del nacionalismo burgués El plebiscito ha puesto de relieve algo que muchos comentaristas procuraron descalificar en los días siguientes: un principio de ruptura ideológica y política de la clase obrera con los partidos “populares" de contenido burgués. Al rechazar la autoridad de esos partidos e incluso el planteo programático de ellos, expuesto en el proyecto de reforma, los trabajadores que votaron por el No declararon a su manera la caducidad histórica de estos partidos. Es el nuevo comienzo de un giro de principios de los obreros más avanzados y de las masas. Los que defendieron el proyecto de reforma como la última palabra en materia de organización del Estado y de los derechos políticos, ahora no quieren ver el contenido ideológico del rechazo que está presente potencialmente en los explotados. Allá ellos. No quieren ver que el Partido Obrero, y hasta cierto punto el conjunto de la izquierda defendió el No desde un punto de vista clasista, y que en esta medida ya existe una amplia vanguardia que votó por el No con posiciones francamente revolucionarias. Algunos comentaristas se regodean con la tesis de que una votación del 70% es obligadamente heterogénea, por lo cual ésta no tendría ningún alcance, ya que expresaría posiciones opuestas que se anulan entre sí. Tonterías. El voto fue heterogéneo en general, pero el de la clase obrera, no. De lo que se trata es de darle una perspectiva, no al 70% de los votos, sino al 80% de los obreros y trabajadores que votaron No. El 70% de los votos de repudio expresa, a su vez, heterogéneamente, el impasse político e histórico del régimen actual, entre aquellos que no pueden seguir gobernando como hasta ahora y los que tampoco aguantan seguir explotados como hasta ahora. Alternativas de hierro Si el gobierno y sus aliados pretenden desconocer lo que ha ocurrido el 5, la crisis se agravará aún más. A la política antipopular en curso se agregarán para profundizar la crisis, la pérdida de autoridad del gobierno ante los obreros y ante los capitalistas y la lucha feroz que se entablará dentro de todos los partidos. Los últimos días de Alfonsín van a ser un poroto al lado de los últimos días de Cafiero y, potencialmente, de los de Menem. La crisis se ha abierto: el reclamo democrático es que se respete la soberanía popular y haya elecciones generales en forma inmediata. El reclamo de los trabajadores es un plan de lucha de los sindicatos y de la CGT, que prepare la huelga general. El planteo que el PO dirige a los compañeros más concientes es que hay que construir y reforzar al partido revolucionario. Las tareas del comando del No Con motivo de la campaña del plebiscito se formó un Comando del No entre diversos partidos de izquierda, que tuvo el indiscutible mérito de caracterizar a la reforma como reaccionaria y contribuir do este modo a afirmar un punto de vista revolucionarlo por el No. De esta manera, el Comando del No se delimitó de la centro-izquierda que defendió el Sí en nombre del “constitucionalismo social” y de la burocracia sindical y del grupo de los 8 que pretendieron, en especial este último, ver en la reforma un contenido progresista desgajado del régimen entreguista e indultador, tanto de Menem como de Cafiero. Pero fuera de lo dicho el Comando del No no existió en la práctica, ya que no elaboró un programa de acción ni protagonizó una movilización política. La izquierda democratizante concibe al frente como un instrumento electoral, y no quiere sacar todas las conclusiones de las diferencias con la centroizquierda y el grupo de los 8, es decir de las contradicciones insalvables de la “vereda de enfrente”. La victoria del No y el agravamiento de la crisis plantean, sin embargo, enormes responsabilidades al Comando, que tiene la obligación de abrir una perspectiva. La nueva situación que se ha creado ha acentuado la distancia política con la centroizquierda, que defiende la continuidad de Cafiero y del régimen provincial sin importarle el repudio producido en Buenos Aires. El Partido Obrero llama al Comando del No a exigir elecciones generales inmediatas en Buenos Aires y un plan de lucha y la huelga general a los sindicatos y a la CGT. Para impulsar esta campaña el PO propone que el Comando del No convoque a asambleas en todos lados para ir a una Asamblea Popular Nacional. Para dar arranque a esta campaña el PO plantea un acto público central en la capital y en todas las provincias. Hay que machacar sobre caliente sobre esta oportunidad histórica.