Los últimos balances de los bancos estadounidenses fueron calificados por la FIDC, la agencia estatal encargada de la garantía de los depósitos, como “los peores de la (última) década". En el último trimestre de 1989 — informa la FIDO— las ganancias de los bancos sufrieron "una dramática caída del 50%", mientras que “cinco de los diez más grandes bancos tuvieron pérdidas" (Gazeta Mercantil, 9/3).
Las ganancias bancadas cayeron —según la misma FIDC— por las previsiones realizadas por los préstamos incobrables al “Tercer Mundo” así como también por “la insolvencia de los deudores norteamericanos".
Entre estos “deudores" se encuentran las corporaciones que se financiaron con la emisión de bonos privados y las grandes constructoras inmobiliarias, que se han enfrentado a una sobreoferta de locaciones. “El monto de los bonos Insolventes de las corporaciones —informa el Wall Street Journal, 5/4— se cuadruplicó en el curso del año, de 1.300 a 5.700 millones de dólares”, mientras que la “caída (de las constructoras) puede revelarse como un peligro mayor para los bancos que sus préstamos al Tercer Mundo y al mercado de fusiones empresarias" (The Economist).
El Citicorp, el mayor banco yanqui, es un espejo de esta situación. Sus beneficios cayeron un 73% en 1989, mientras que sus créditos incobrables se sextuplicaron, alcanzando los 3.300 millones (International Herald Tribune, 18/4). El Citi es el mayor agente banca-rio en el mercado inmobiliario, donde sus créditos incobrables se han duplicado en 1989 “y seguirán creciendo” Lo mismo le ocurre con las fusiones empresarias, donde dos resonantes fracasos (el del pulpo minorista Campeau y el de la United Airlines) involucran “carteras problemáticas" que más que duplican sus acreencias con el “Tercer Mundo”.
Analizando la situación del Citicorp, The Economist concluye que su problema es “la falta de capital social (propio)” para hacer frente a la insolvencia generalizada de sus deudores, estimada en 6.400 millones de dólares, algo que lo condena a plazo fijo.
Precisamente, la “inadecuación de capital” del Citi llevó a los analistas de riesgo crediticio de Wall Street a degradar la calificación de su deuda. “La degradación del Citicorp —señala el Wall Street Journal, 20/4— es la de todo el sistema bancario norteamericano." En consecuencia, el valor de las acciones de los 35 principales bancos se ha reducido en 23% desde setiembre, equivalente a una cuarta parte de sus capitales, lo que acentúa su incapacidad estructural para superar la crisis.
“Vietnam financiero”
El derrumbe de los mercados inmobiliario y de fusiones empresarias también llevó a la quiebra a las compañías de ahorro y préstamo, cuyos depósitos están garantizados por el gobierno. Las pérdidas que le ocasionará a éste la liquidación de cerca de dos mil de estas compañías se estima ya en el orden del ¡billón y medio! de dólares. La “cuenta" podría costarle la reelección a Bush.
La “nacionalización" de las compañías de ahorro —informa el Washington Post, 2/5— ha llevado “el déficit estatal (de 1991) a los 180.000 millones y quizás hasta los 200.000 millones, cuando hace apenas tres semanas se lo calculaba en 121.000 millones”. El crecimiento del déficit fiscal desatará la crisis política, pues implicará mayores impuestos e intereses
Para el Wall Street Journal (2/4) la quiebra de las compañías de ahorro equivale a un “Vietnam financiero".
El fracaso de la desregulación
Frente al tembladeral financiero y “alarmado por las horribles dimensiones de la Inyección de recursos necesarios para salvar a las compañías de ahorro, el gobierno tomó una línea dura con los balances de los bancos’ (Gazeta Mercantil, 23/4). Los inspectores comenzaron a revisar detenidamente los balances y a exigir aumentos de capital en previsión de la incobrabilidad de los préstamos. Esto puso de relieve que la fragilidad de los bancos era aun mayor que la supuesta, porque los balances estaban “truchados” miles de millones de créditos insolventes no figuraban registrados como tales La revisión transformó muchas “ganancias” en cuantiosas pérdidas.
Recesión
La bancarrota financiera puede convertir la menor recesión en una depresión lisa y llana. La caída de la producción puede redundar en la quiebra generalizada de capitales.
“Los pedidos de quiebra (que) se incrementaron en un 34% durante el último trimestre" (Wall Street Journal, 6/4) traducen este peligro.
El motor de la tendencia económica declinante es la reducción de la tasa de beneficios empresarios, que ha caído del 11,7% sobre el capital invertido —en la década del 60— a apenas un 5,3% actual y que “se sigue desplomando" (Wall Street Journal, 2/4). “Demasiado capital a la caza de demasiados pocos negocios" resume un asesor financiero (Wall Street Journal, 22/3).
El enorme crecimiento del déficit fiscal y la “inflación” de capitales plantean un derrumbe del dólar frente al yen y al marco alemán, lo que desatará una “guerra comercial” de alcances mundiales.
Rapiña
Una parte de la crisis financiera será pagada por el pueblo estadounidense con mayores impuestos y reducción de los gastos sociales y subsecuentemente con desempleo y reducción salarial. La otra será solventada por las naciones endeudadas de América Latina y Europa Oriental, y la URSS.
Un dato llamativo es que uno de los escasos rubros rentables del balance del Citicorp lo constituyeron “los negocios en moneda local de los países subdesarrollados" (Gazeta Mercantil, 18/4), eufemismo que se refiere a las “privatizaciones", las bicicletas financieras, especulación contra la moneda local, hiperinflación y fuga de capitales. Otro dato revelador es que mientras el retorno de sus inversiones en los países desarrollados alcanzó, según el balance, apenas el 4,5%, en los países atrasados superó el 61%, ¡quince veces más!
En vista de su “inadecuación de capital”, el británico The Economist aconseja al Citi “vender sus activos”, algo que no se le ocurre para el inglés Midland Bank, aun con peores perspectivas que el Citi (The Wall Street Journal, 18/6/90).
La falencia de la banca yanqui señala los límites de las pretensiones de consumar una restauración “pacífica" y “ordenada” del capitalismo en Europa Oriental y la URSS. También aquí la perspectiva abierta por la penetración bancaria es la de las privatizaciones sin inversión y de saqueo, al estilo de las que ya conocemos en América Latina.
Las perspectivas del crack financiero aumentan la presión imperialista sobre América Latina, Europa Oriental y la URSS, preparando la emergencia de situaciones revolucionarias en todo el mundo.