En un imperdible reportaje, el comandante sandinista Víctor Tirado definió recientemente (Sur, 22/3) con crudeza la estrategia política que ha llevado al FSLN a establecer el “pacto de gobernabilidad” con el gobierno derechista de Chamorro y, de un modo más general, la política sandinista que puso fin a la revolución nicaragüense. Las declaraciones de Tirado reducen a la nada las supuestas explicaciones que tienen por centro las tesis de que “perdimos por la crisis”, “nos derrotaron por el bloqueo o la agresión” u otras del mismo tenor. Tirado pone al desnudo que el FSLN ha impulsado una política concientemente capitalista en calidad de objetivo estratégico; una política de adaptación igualmente estratégica al imperialismo mundial; una política, en fin, que proclama, incluso como finalidad última, la coexistencia con los regímenes oligárquicos en Centroamérica y la necesidad absoluta de poner fin a la revolución dentro de Nicaragua. El planteo de Tirado expresa el punto de vista fundamental del FSLN y esclarece que la derrota electoral del sandinismo y el reemplazo del gobierno del FSLN por el de la contrarrevolucionaria UNO no altera los principios del régimen político existente en Nicaragua, pues este recambio sólo constituye una variante en la recomposición del Estado burgués iniciada por el FSLN. “Etapa necesaria” Tirado señala de entrada que lo que “Sur" denomina “el período que se abre con el ascenso de la derechista UNO”, es “una etapa necesaria”. Esta declaración es francamente extraordinaria porque equivale a desechar como factores fundamentales del ascenso de la UNO las circunstancias adversas que habrían obstaculizado el “proyecto" sandinista (guerra, bloqueo económico) y confesar, en cambio, que ese “proyecto” no era otro que el de extirpar al somocismo para entregar el poder político a la burguesía “nica” como clase. La rotunda caracterización de que el gobierno Chamorro no es un “accidente” sino una “necesidad” nos revela que la revolución sandinista se autoimpuso como límite de sus transformaciones el marco de la sociedad capitalista, en la que naturalmente el poder corresponde a los capitalistas. Claro que afirmar que el gobierno de la contrarrevolución es una “etapa necesaria” de la revolución, equivale a revelar que el objetivo último del FSLN era el estrangulamiento estratégico de la revolución. Esta línea de liquidación estratégica de la revolución nicaragüense fue formulada por el propio imperialismo (Carter, gobiernos europeos) desde el mismo 19 de julio de 1979. Todo esto alcanza y sobra para explicar el cogobierno actual de la UNO y el FSLN y la para muchos sorprendente situación del Ejército Popular Sandinista, que se ha constituido en el resguardo del actual régimen político y de las relaciones sociales capitalistas en las que éste régimen se apoya. “Etapa capitalista” Tirado va muy a fondo. Esta “etapa (es) necesaria” —dice—, de modo que no cabe interpretarla como aleatoria o accidental, o como un retroceso táctico en una guerra civil entre campos enfrentados por un antagonismo irreconciliable o principios históricos opuestos. Precisamente por esto Tirado puntualiza que la “etapa (es) capitalista", lo que significa que en Nicaragua está planteado como posibilidad el desarrollo económico y social, es decir el desarrollo de las fuerzas productivas en términos capitalistas y sólo en términos capitalistas. Basta mirar el mapa latinoamericano, sin embargo, para constatar lo contrario, que “la etapa” es de desintegración capitalista, es decir que es imposible un desarrollo general de las fuerzas productivas en este marco histórico social. El cuadro de América Latina es de regresión en todos los planos. Tirado no se limita entonces a hacer la apología del capitalismo, sino que con este pretexto hace objetivamente la apología de la descomposición capitalista. A partir de semejante posición, nada más natural que el comandante justifique los planes desintegradores del FMI que aplicó el FSLN y que ahora aplica la Chamorro. Pero justificar como una “etapa necesaria” estos planes lleva lógicamente a rechazar el combate huelguístico contra ellos, un combate que puede llevar a la huelga general, plantear la cuestión de poder y destruir la fatal “necesidad” de esta “etapa capitalista”. Claro que no hace falta sacar las conclusiones inevitables del planteo de Víctor Tirado, esto porque él mismo las dice con sus propias palabras. Para Tirado “en primer lugar hay que rescatar la economía”, naturalmente dentro del marco capitalista y por medio del gobierno chamorrista, es decir, a expensas de los obreros y los campesinos. “Luego”, dice “en un ambiente de paz y democracia se pondrán en juego todas las fuerzas sociales...”. Obviamente para Tirado, el “ajuste” fondomonetarista tendrá el inédito resultado de promover el bienestar general. De manera que la consecuencia del desarrollo capitalista no sería el de atentar contra las conquistas sociales de la revolución y agudizar la lucha de clases. No. Para Tirado la consecuencia sería crear el “ambiente pacífico y democrático” En este marco, el “juego de las fuerzas sociales" es definido por Tirado como la“competencia" entre el sector estatal y privado de la “economía mixta". Para Tirado la economía “estatal" triunfaría sobre la “privada” luego de su fracaso bajo el gobierno sandinista y cuando los planes FMI apuntan a la expropiación del sector “estatal" en beneficio del privado. A fuerza de hablar de economía “mixta”, los dirigentes del FSLN creen haber descubierto la “tercera posición” entre el capitalismo y el socialismo y fingen desconocer que la “economía mixta" no es más que un régimen de explotación y acumulación capitalista, en el cual el Estado cumple un papel de acumulación original para viabilizar el capitalismo a secas, que es siempre, en última instancia, una acumulación privada. Los dirigentes del FSLN conocen todo esto muy bien, y si ello no se revela en el plano de su comprensión teórica, sí se evidencia en el plano empírico, ya que bajo el gobierno sandinista el Estado subsidió sistemáticamente a latifundistas, ganaderos y exportadores como ocurre con cualquiera y vulgar “patria" financiera, agraria o contratista. La consecuencia de estos subsidios fue la inflación rampante. Así es como se ha “desarrollado” el capitalismo en Nicaragua y también como la "economía mixta” tuvo la oportunidad de revelar su “secreto” de expropiadora de los trabajadores en beneficio del capital. Los subsidios y la hiperinflación significan precisamente la expropiación de la fuerza de trabajo. Es sorprendente que luego de la experiencia sandinista de capitalismo, Tirado diga que para Nicaragua está planteada la opción entre un “capitalismo ‘salvaje’” o uno que tenga en cuenta reivindicaciones sociales. A esto ha quedado reducido el revolucionario sandinista, que ni siquiera percibe que el capitalismo “salvaje” es el único posible en las naciones sometidas. Sólo en los países imperialistas se produce alguna morigeración del “salvajismo” capitalista como consecuencia de los superbeneficios que produce la superexplotación de las naciones atrasadas. Es así que una decena de naciones se privilegian con el saqueo a las otras 9/10 partes de la humanidad. ¡Y aun, porque esto no incluye a los trabajadores inmigrantes en Europa y Estados Unidos (hindúes, turcos, pakistaníes, portugueses, yugoslavos, africanos, mexicanos y centroamericanos)! Socialismo, las pelotas Tirado va muy, muy a fondo. Tan a fondo, que la sospecha emerge: ¿No será que el FSLN llamó a elecciones aun sabiendo que perdía y hasta precisamente porque iba a perder? Es que para Tirado “se está cerrando el ciclo de las revoluciones antimperialistas”. Lázaro Costa se tendría que hace cargo de las doctrinas de Marx y Lenin “Hay que buscar otras opciones" —insiste. ¿Cuál? “...hacer la revolución coexistiendo con una política de paz con el imperialismo". Para esto es necesario naturalmente, que gobierne la Violeta. Esto es muy grave, y no tanto por “minucia” de que Tirado se ha pasado de la “economía mixta” a la política mixta que mezcla la revolución con la contrarrevolución, suprime a una y otra y nos deja con la vieja cháchara de la “armonía social”. Lo muy grave es que Tirado con su re clamo de “paz con el imperialismo" denuncia a la revolución como belicista hace la descomunal concesión de justificar las agresiones del imperialismo, le que no serían más que respuestas a la falta de “una política de paz” de los revolucionarios. ¡Pero Tirado, desde Robespierre (y hasta cierto punto desde Cromwell) la política de todos los revolucionarios, fue la paz! La “política de paz con Estados Unidos” que propone Tirado significa así capitular ante las exigencias del imperialismo para dejar a Nicaragua “en paz", lo que no significa más que sustituir la agresión abierta por la encubierta y la militar por la política y económica. Tirado plantea la supresión de la revolución, el fin de las “revoluciones antimperialistas”. Es lo que está haciendo FSLN en Nicaragua. Está claro entonces que en febrero pasado no se produjo un “tropiezo electoral" sino el cumplimiento de una definida estrategia política. Por todo esto Víctor Tirado puede decir en el reportaje de Sur, (que es una transcripción del cable enviado por la muy sandinista Agencia Nueva Nicaragua) una monumental contraverdad histórica: “pienso que la autodeterminación y la soberanía se pueden mantener dentro de la democracia electoral dentro del marco del mundo capitalista desarrollado”. ¡Qué tal! Pero el comandante va más, mucho más lejos aún, porque se anima a decir que para pasar de una sociedad de explotadores “a otra de igualdad es necesario el desarrollo económico... incluso... el apoyo económico externo que se dé en los próximos años a esta nueva administración". Es decir que la Chamorro es necesaria y que si no hubiera tenido la posibilidad de ganar las elecciones habría sido necesario fabricarle la victoria electoral. Víctor Tirado deja entender con bastante claridad que la victoria electoral Chamorro —UNO pudo haber sido hasta montada por el propio FSLN. Sus palabras no permiten tergiversación, sin Violeta no hay “ayuda” y sin ésta no se podría pasar a la sociedad de “igualdad” (que es una definición precapitalista del socialismo). ¡Si el imperialismo es el motor del desarrollo, he aquí al FSLN rindiendo el homenaje supremo al capitalismo “salvaje y a sus sacerdotes rioplatenses: Menem, Alsogaray y Neustadt! Menos mal que el “ñoqui" Neustadt no se enteró de la entrevista a Tirado, aunque es probable que de haberlo hecho los conceptos de Tirado hubieran superado su capacidad de discernimiento. ¿La culpa la tiene la URSS? Como cualquiera se puede imaginar, hasta el periodista sandinista que entrevista a Tirado se sorprende. Entonces le señala al Comandante que sus conceptos son bien “diferentes” a los del FSLN de hace diez años. Tirado lo admite, aunque la más elemental confrontación entre el “programa de reconstrucción” de Nicaragua de 1979 y lo que el FSLN dice hoy, permitiría mostrar las coincidencias. ¡No en vano ese programa fue la base del primer co-gobierno con Violeta Chamorro en 1979-81! De cualquier manera, Tirado explica esta supuesta mutación del FSLN, apelando al comodín de moda: “en ese entonces, dice, teníamos la ayuda del campo socialista”. Tirado también agrega como causas de su supuesto cambio de opinión y de política el “desgaste” de los trabajadores (sin señalar qué política los “desgastó") y la “subestimación” de la “democracia electoral". Al cabo de una década, el directorio del FSLN descubre, Tirado mediante, que hubiera podido ahorrarse la insurrección y despojarse de Somoza con una papeleta electoral. ¡El juicio de la historia sobre la más grande insurrección popular de todos los tiempos en América Latina, será evidentemente otro! ¡Pero al menos la culpa la tiene la URSS! El instinto o el juicio apresurado llevarían a contestar por sí, pero la respuesta es no. Tampoco en esto Tirado y el FSLN tienen razón. ¡Proclamamos a la URSS, no culpable! Es que la caracterización de Tirado se las trae. “Antes” el “campo socialista” ayudaba, ahora no. ¿Por qué se ha producido este cambio? Porque los regímenes de ese “campo” se han debilitado, responden los sandinistas y democratizantes argentinos. ¿Y por qué ha ocurrido esto? Porque la estatización de los medios de producción, prosiguen, se demostró inviable y porque los trabajadores y las nacionalidades se han levantado contra la burocracia. El “colectivismo" y los obreros de la URSS han “jodido” al FSLN. ¡Otra cosa era con Brezhnev! ¡Qué bueno cuando el ejército rojo masacraba en Berlín, Budapest y Praga! ¡Entonces sí el “socialismo" tenía posibilidades en América Latina! ¡Si al menos Gorbachov invadiera lisa y llanamente Lituania, Letonia y Estonia! Entonces quizás podríamos volver a cambiar de opinión, retornar a las afirmaciones de una década atrás y hasta volver a “subestimar” la “democracia electoral”. Pero las cosas son, lo lamentamos por Tirado, al revés. La burocracia rusa ha tenido como política invariable confinar las revoluciones a sus marcos nacionales y presionarlas para que tengan una “política de paz con el imperialismo", como lo propugna en la entrevista el comandante. La “ayuda del campo socialista” estuvo siempre condicionada a esta estrategia, cuyo resultado inevitable fue el estrangulamiento de la revolución. La oferta de la “ayuda" en reemplazo de una lucha internacional contra el imperialismo es obviamente contrarrevolucionaria, porque no se puede pretender que el progreso social e histórico de una revolución dependa indefinidamente de que la “banque” otro Estado. No es entonces la nueva situación mundial y de la URSS, sino la “vieja" estrategia de los “viejos" tiempos la que llevaba a las revoluciones nacionales a contradicciones insuperables, que nunca podrían remediar, como no lo remediaron, ni las “rectificaciones" cubanas, ni “los saltos adelante” chinos, ni “las grandes zafras”, y que las llevaba a caer, más o menos explícitamente, bajo la dependencia del imperialismo. Gorbachov, naturalmente, ha proseguido y profundizado esa vieja política. Esto es lo que ha cambiado, claro que hasta cierto punto, como consecuencia del desmoronamiento de los regímenes burocráticos, de las libertades conquistadas por las masas y del despertar político del proletariado soviético, porque ahora la burocracia rusa tiene menos condiciones, si es que tiene alguna, para imponer su política contrarrevolucionaria al movimiento obrero o antimperialista del resto de los países. Esto ha debilitado al imperialismo mundial, del cual la burocracia es asociada, y hasta ha reducido su margen para desatar la guerra contra las revoluciones victoriosas, porque además no puede justificarlas ante su opinión pública popular en términos de “seguridad nacional" (“peligro soviético") y porque compromete sus posibilidades de demagogia liberal ante los pueblos del este y de la URSS. Podrá dar cuenta, claro, de un impotente Noriega o de un Galtieri, pero no de una revolución. Hasta ahora el imperialismo podía partir a la guerra contra los pueblos sin alterar su régimen político “democrático” interior, pero de aquí en más solamente podrá emprender una política de guerra civil hacia el exterior, fascistizándose, es decir, partiendo hacia la guerra civil contra su propio proletariado. La URSS no es culpable. Aun con sus limitaciones, el ascenso del proletariado soviético ha abierto una enorme brecha en el muro de la política mundial dominada por los Estados imperialistas, a los cuales se ha aliado estratégicamente la burocracia stalinista rusa. Esta brecha es la consecuencia de un proceso histórico de fondo, la creciente desintegración del capitalismo mundial, que se manifiesta brutalmente en el “tercer mundo”, pero también en “el este”, donde el desmoronamiento de la burocracia ha dado paso, no a “un nuevo orden”, sino a una serie de crisis revolucionarias sin paralelo en la historia. Y aun en el “oeste”, como lo indica la serie de crisis financieras que lo sacude, sin paralelo en la historia, y como lo revela la caída del nivel de vida de amplios sectores populares de Estados Unidos, Gran Bretaña o Francia. La dirección del FSLN ha asumido ante esta crisis histórica mundial, una posición contrarrevolucionaria, porque ve en el alzamiento de las masas del este a un enemigo y en los burócratas acosados y quebrados a sus amigos Cede así ante las presiones desesperadas del imperialismo, que pugna por cabalgar sobre una crisis mundial que no tiene condiciones de resolver y que sus propias cabezas pensantes tampoco creen posible resolver por un largo período. Señala con el dedo a la URSS pero se refiere, no a la burocracia cuya política acepta, sino al proletariado soviético que ha vuelto a entrar al escenario mundial como clase luego de sesenta años. IV° Internacional La gran enseñanza de la experiencia sandinista es que las armas no resuelven la ausencia de un programa revolucionario, no ya nacional sino internacional. Enseña que es necesario un partido obrero perfectamente delimitado de los planteos democratizantes y que la explotación de todo lo regresivo y reaccionario que contienen las ilusiones democráticas (defensa del régimen estatal burgués, por “constitucional”) lleva a la bancarrota. Ninguna organización logró en los últimos tiempos el gigantesco desarrollo del FSLN, y ninguna tuvo la excepcional ocasión de poder respaldar un programa democrático burgués con una autoridad revolucionaria que ganó en el marco de una guerra civil. Por eso la bancarrota política del FSLN anticipa el futuro de los que pretenden emularla en sus características oportunistas. La historia no ha encontrado todavía el sustituto al partido obrero revolucionario en el plano nacional e internacional.