Cuando el jueves pasado la Izquierda Unida decidió dejar de lado la realización de un acto el 1° de Mayo en un estadio de fútbol para convocar a una concentración en Plaza de Mayo, quedó planteada la posibilidad de una movilización política popular contra el gobierno menemo-fondomonetarista y sus ataques contra los trabajadores. Hasta ese momento Izquierda Unida venía llamando a Ubaldini y a la burocracia de la CGT a convocar un acto público, sin denunciar el sabotaje que ambos estaban impulsando contra las huelgas de fraternales, docentes y telefónicos, ni tampoco la “tregua” que habían pactado a partir del último documento del Consejo Nacional del Partido Justicialista. IU había olvidado el principio elemental de que para desenmascarar a la burocracia sindical y contribuir a la educación política de los trabajadores (si esa era la intención), se debía primero señalar la política anti-obrera de la burocracia y reclamarle la ruptura práctica, y de ningún modo verbal, con la burguesía y su gobierno. IU insistía en llevar adelante esa misma orientación con el "grupo de los 8”, sin importarle, para decir lo menos, que este sector hubiera también suscripto el documento del Consejo Nacional del PJ y que luego hubiera contribuido al quórum parlamentario que habría de permitir al menemismo ampliar el número de integrantes de la Corte Suprema con la finalidad de ponerla bajo su control. Izquierda Unida desarrollaba una política de adaptación a la izquierda pequeño burguesa del justicialismo y a la burocracia sindical ubaldino-miguelista, lo cual pudo ser verificado también en los congresos intersindicales de la Patagonia donde invariablemente hacía bloque con las burocracias sindicales contra los delegados de base o representantes de coordinadoras. En homenaje al rigor debe decirse que el Mas superaba ampliamente en estos menesteres a sus aliados e incluso que entraba en choque con ellos en algunas oportunidades. El llamado a una concentración en Plaza de Mayo no significó una modificación de esos planteamientos políticos. Aun ahora el Mas insiste en ofrecer a Ubaldini el cierre del acto en Plaza de Mayo, incluso cuando Ubaldini ha saludado la actitud de Menem de enviar al Congreso Nacional el proyecto de ley que deroga virtualmente el derecho de huelga. Es notable el extremo al que ha llegado el Mas en su adaptación a la burocracia, al punto que asume características reaccionarias, porque equivale a hipotecar la lucha contra el proyecto de anulación del derecho de huelga. Se verifica así la circunstancia de que cuando grandes contingentes obreros evolucionan hacia la izquierda como consecuencia del agotamiento del peronismo, se levanta en el campo de la izquierda una política que pretende una involución política de los trabajadores. De este modo, la convocatoria de IU a Plaza de Mayo plantea una situación clásica y reiterada en la historia política: la posición que se debe adoptar ante movilizaciones que tienen a su cabeza a direcciones inconsecuentes, democratizantes o incluso nacionalistas. El marxismo tiene una posición tomada con relación a esto desde 1848: apoyar toda movilización o lucha de clases contra el régimen de explotación u opresión Imperante, señalando al mismo tiempo las características de clase y las limitaciones políticas de sus direcciones, para contribuir de este modo a que puedan ser superadas por los explotados. El llamado a concentrarse el 1° de Mayo en Plaza de Mayo tiene un inconfundible carácter de movilización política que solamente pueden negar los necios. Únicamente los charlatanes pueden denunciar la pasividad de la burocracia y luego abstenerse ante un llamamiento que objetivamente moviliza a todos los golpeados por la política capitalista y que por lo menos suscita la simpatía de los que luchan cotidianamente contra ella. Cuando el gobierno y la burocracia procuran atomizar al movimiento obrero, el llamado a manifestar frente a la Casa Rosada sirve para reunificarlo y contribuye a su protagonismo como clase. Naturalmente, este aspecto puede ser revertido y contrariado por el carácter de la dirección que encabeza la movilización, que se quiere servir de ella para desviar a las masas de sus objetivos históricos independientes. Pero es precisamente la obligación de un partido revolucionario luchar para que esto no ocurra, mediante una política que ayude a las masas a superar los obstáculos políticos de las direcciones a través de la experiencia. El llamado a celebrar un acto de oposición política el 1° de Mayo frente a la sede de gobierno significa un respaldo a las luchas en curso y refuerza su defensa contra el sabotaje de la burocracia; es también un acto de lucha contra la anulación del derecho de huelga. Apoyar esta manifestación de movilización política no fortalece las posiciones democratizantes si se adopta una posición clara, ya que es evidente que un éxito de la movilización contribuye a reclamar la profundización de las luchas y a la posibilidad de darle características clasistas y políticas definidas. A la luz del conjunto de sus posiciones políticas es evidente que para Izquierda Unida la movilización del 1° de Mayo es un medio de presión extremo para forzar un acuerdo o frente con el ubaldinismo y con las tendencias políticas que podrían girar en su torno, incluida la centroizquierda. A esto el PC lo llama el “bloque popular alternativo”. El Mas ya declaró que apoyaría una candidatura a gobernador de Ubaldini, con el argumento de que ella sería obrera; lo mismo haría, para el caso, su “rival”, el PTS. La colocación de la campaña por el acto bajo el signo de la “vereda de enfrente” traduce una política de colaboración de clases, esto porque en la “vereda de enfrente” se engloba, no al conjunto de los explotados, sino a sus representaciones políticas históricas, que en realidad están en la vereda menemista. La burguesía puede disputar entre sí por el carácter de las privatizaciones o aun sobre su conveniencia, pero todas coinciden en aplicar un poderoso “ajuste” sobre las masas. Desde Angeloz hasta la CGT de Azopardo y Estévez Boero, pasando por Cafiero padre y Cafiero hijo, toda la “vereda de enfrente” es partidaria del “acuerdo de gobernabilidad” que impulsan Bush y Todman. En la “vereda de enfrente” se mete al proletariado como remolque de la burguesía y aun del imperialismo. Es un crimen político contribuir desde la izquierda a esta confusión; por el contrario hay que separar a la clase obrera de la burguesía y convertirla en la dirección socialista de la única vereda de enfrente que conforman los explotados. Existe todo un método de manipulación política, el del Mas cuando exhorta a los radicales a venir con la “boina blanca” y a los peronistas “con las fotos de Perón y Evita”. Naturalmente cada trabajador vendrá como le venga en gana, pero hay que estimularlo a que venga con sus protestas y sus reivindicaciones y no invitarlo a que se cocine en su propio impasse político. El Mas se dirige a la gente como si ésta fuera disminuida mental y fuera incapaz de percibir los alcances políticos que tiene para ella su concurrencia a la movilización. El lenguaje también es política y en este caso es política reaccionaria. No se trata tampoco de convocar a la plaza del “no”, porque esto convierte a Menem en un árbitro político cuando en realidad es el representante estatal de los explotadores. No se trata de postular un tire y afloje entre el “sí” y el “no” para volcar las preferencias del presidente, al que también se pide que cumpla con un programa que IU, sin embargo, criticó en la campaña electoral. En lugar de política consecuente estamos en presencia de “marketing” electoral. Hay que estimular en las masas las tendencias que la impulsan a superarse, no las que las aferran a un pasado que las destruye. La movilización permite que la izquierda ocupe por un tiempo los primeros planos de la situación política, pero esto no significa que en el país se haya producido todavía una polarización. De un lado sería darle a la derecha un peso y una cohesión que no tiene, lo cual quedó patente en el acto de Neustadt, el cual como expresión de movilización política está a años luz de las protagonizadas por el peronismo, y que tuvo más las características de un cambalache que de una expresión de fuerza. Por otro lado todavía es lenta la evolución de las masas hacia una posición histórica propia o independiente; no existe aún una situación revolucionaria. La izquierda democratizante no pretende, por otra parte, constituirse en dirección política Independiente sino Integrar un frente popular o de colaboración de clases. La perspectiva que abrirá en lo inmediato la movilización del 1° de Mayo será un ascenso en el entusiasmo político de la vanguardia de los trabajadores y de la juventud. Y esto hay que fecundarlo por medio de la organización y de un programa socialista revolucionario.