El gran acontecimiento de la semana pasada lo constituyó la enorme paliza que los fraternales ferroviarios le propinaron al gobierno menemista. Luego aunque la huelga fuera levantada con la satisfacción de las reivindicaciones, el gobierno se libró al ridículo espectáculo de disimular su derrota para aventar la crisis política potencial que ésta le plantea. Como el castillo de naipes de la política oficial tiene como único sustento el tiempo de descuento que el gobierno norteamericano y la banca internacional le han dado al gobierno para poner en vereda a los trabajadores, la victoria de los fraternales ha sido un rudo golpe que el menemo-liberalismo no termina de asimilar. La “confianza", la “credibilidad y el “reforzamiento de la autoridad del Estado", que no son más que eufemismos para ocultar la política de provocar una derrota estratégica de la clase obrera, han salido mal parados con la huelga ferroviaria. Después de nueve meses de política de desangre, el gobierno menemista sigue en la cuerda floja. Aún más significativa que la actitud oficial fue la complicidad de los grandes “grupos económicos" y de sus voceros, con esa política de disimulo. En lugar de denunciar la vacilación gubernamental, como lo han venido haciendo hasta ahora cada vez que Menem tuvo que echarse atrás frente a una lucha obrera, los “formadores de opinión” acompañaron en esta oportunidad la patraña oficial. El hecho revela debilidad por parte de los propios monopolios capitalistas ante el hecho de que carecen de una alternativa de recambio frente a la impotencia del riojano. La alternativa del acuerdo con Angeloz no prospera como consecuencia de la imposibilidad de superar los agudos enfrentamientos entre los diversos sectores capitalistas. La huelga de los fraternales ha servido para poner al desnudo la hondura de la crisis política. También llamativa, y por diferentes motivos interesante, ha sido la actitud de la prensa diaria enrolada en la izquierda frente al desenlace de la huelga de los fraternales. Los dos diarios de circulación nacional que la representan, “compraron” la versión oficial del desenlace de la huelga a pesar de que tenían una muy precisa información de que los despedidos habían sido reincorporados. Esta complicidad con el disimulo oficial les sirvió, a renglón seguido, para lamentar el “aislamiento” de los ferroviarios, una situación que sería Irreversible por un determinado tiempo y que justificaría la necesidad de otro tipo de acción y de otra política Toda esta posición revela la adaptación de la llamada centro-izquierda a la política oficial y a la inevitabilidad del "ajuste", algo que está perfectamente reflejado por el “grupo de los 8" diputados “combativos" del PJ y en la hostilidad de los Ubaldini y las Mary Sánchez a los movimientos de lucha y de huelga en todo el país. En esta misma vena capitula-dora de la prensa centro-izquierdista, Camayo y Tortosa, burócratas de la Unión de Trabajadores de Prensa, atribuyeron la apertura de La Razón nada menos que a la “solidaridad” de los Ubaldini, Ongaro u otros de la misma especie, que por supuesto no movieron un dedo para apoyar a los trabajadores que ocuparon el diario durante cuatro meses. Toda la burocracia es aliada del gobierno Los fraternales obtuvieron la victoria en oposición a la burocracia de su sindicato, la cual se había avenido a negociar los despidos y evitar la lucha. La huelga ferroviaria fue impuesta desde abajo y en tal medida fue la expresión del surgimiento de una nueva dirección. La dimensión de la política traidora de la burocracia quedó también revelada por los acuerdos de “paz social” por 90 días, firmados por APDFA y Señaleros, en momentos en que está en marcha una política oficial de privatizaciones, en que está vigente la suspensión de las paritarias y en que se anuncia una reglamentación del derecho de huelga por decreto. A través de estos acuerdos de “tregua”, que por su lado han aceptado también FOETRA Buenos Aires y CTERA, el gobierno consiguió evitar que su derrota asumiera las proporciones de una catástrofe política. De todo esto se desprende que no es cierto, como dicen algunos “sagaces" y “realistas", que el movimiento obrero no tenga fuerza para barrer con toda la basura hambreador, sino que es precisamente esa fuerza lo que más temen esos “astutos” consejeros y lo que los empuja a la defensa de la “fantasía" oficial. Hasta los “chicos” de las Universidades de El Salvador y Belgrano demostraron la hipocresía de los “realistas” de la resignación al propinar una descomunal derrota a los dos rectorados más reaccionarios del país, con lo que de paso desnudaron la bancarrota política de la FUA, que no ha movido un dedo para defender a la Universidad, a la educación, a los estudiantes y a los docentes. La envergadura de la apuesta política que puso en juego la huelga de los fraternales está perfectamente ilustrada por el hecho de que el gobierno ha vuelto a montar una provocación contra ellos, por la necesidad política imperiosa que tiene de una revancha. Los trabajadores que el gobierno niega haber reincorporado han sido puestos ahora “en disponibilidad" por 30 días, luego de lo cual se promete la reincorporación definitiva. Es evidente que el gobierno quiere dejar prendida la mecha de una nueva provocación, para reemplazar la que le fallara hace quince días. En medio de este descomunal sabotaje, y aun traición, de la burocracia sindical ubaldinista a los más serios intentos del movimiento obrero por quebrar la política antinacional, Izquierda Unida convocó a Ubaldini a encabezar un acto para el próximo 1° de Mayo. Lo que podría ser legítimo como una política para comprometer a una burocracia sindical ante los ojos de las masas exigiendo que cumpla su papel de dirección, se transforma en una indisimulable capitulación cuando esa burocracia y todas sus fracciones se encuentran traicionando en forma práctica y abierta, una lucha obrera decisiva. El llamamiento de IU encubre la traición del ubaldinismo y revela la enorme adaptación de IU al ala “izquierda” de la burocracia y del justicialismo, los cuales se han destacado por su formidable incapacidad política. No es casual entonces que la Coordinadora Ferroviaria, donde IU tiene la principal representación, no haya hecho nada durante la huelga de los fraternales, ni siquiera sacar un volante en su apoyo. Al lobo, al lobo ¡Qué verdadero es aquello de que Dios ciega a quien quiere perder! Es que, como conclusión de la huelga de fraternales, al gobierno no se le ocurrió mejor idea que anunciar que reglamentaría el derecho de huelga. Sonoro, el planteo suena, sin embargo, más a una bravuconada que a una amenaza, cuando se tiene en cuenta que el Estado posee ya un arsenal enorme de recursos legales y extralegales contra las huelgas, que igualan y hasta superan a una reglamentación del derecho de huelga. Los menemistas se dan manija entre ellos en otro esfuerzo por disimular su debilidad política objetiva. La "amenaza" contra el derecho de huelga que el Estado viola todos los días, es una munición que se brinda a burócratas y centro-izquierdistas para que la esgriman como chantaje contra los trabajadores. En la presente situación nacional la huelga no es un ataque contra el “derecho de terceros”, como repite la monserga oficialista, sino un medio de defensa de toda la comunidad, que los obreros ejercen con su propio riesgo. Es el arma fundamental contra la confiscación capitalista de los Citibank a toda la población que trabaja. El espectáculo de la familia trabajadora que no podía tomar el tren a Neuquén, debido a la huelga, donde pensaba conchabarse como empacadora de frutas, es todo un símbolo del significado de la huelga y de la lucha, cuando se tiene en cuenta que en esa provincia y en Río Negro los galpones de empaque estaban ocupados en ese momento por 14.000 obreros, en su inmensa mayoría mujeres. El peligro no es que el gobierno reglamente un derecho de huelga que no existe y que es ejercido en la práctica solo allí donde se impone la voluntad soberana de los trabajadores, que son los dueños de sus propios métodos de lucha. El peligro estriba en la confianza en la burocracia y en la confianza en los izquierdistas que se adaptan a la cobardía política y a la estrategia entreguista de la burocracia sindical. Para superar ese peligro hay que formar una nueva dirección, es decir, un partido obrero revolucionario. Purgante sin sabor Lo que mejor retrata el impasse estratégico del gobierno es el resultado de la gestión de Erman González ante el FMI, de donde volvió con una mano delante y otra detrás. No hay créditos, no hay “retorno de capitales", no hay “reducciones de deudas”, ni aspirinas ni cataplasmas. El imperialismo plantea la expropiación lisa y llana del país para ir pagando la deuda externa. El gobierno “popular de mercado” ha sido conminado a aumentar los impuestos al consumo, a cerrar empresas estatales y bancos, a declarar en bancarrota a las provincias, y a producir con todo esto el famoso “superávit” que permita pagar los intereses de la deuda externa a los bancos, pues los otros intereses, al FMI, al Banco Mundial y a los tenedores de títulos, se pagan y se han pagado religiosamente aun en lo más crudo de la hiperinflación. Como se puede apreciar, luego de 15 años de retroceso, la catástrofe nacional ¡ni siquiera ha comenzado! Ámbito Financiero se atrevió a decir que Neustadt pudo juntar gente el pasado 6 de abril porque el “ajuste" ¡aún no se siente! Esto resume toda la perspectiva del programa oficial. Asistimos a un agudo proceso de descomposición capitalista — no al “nacimiento de un nuevo país”. El espíritu de remate que caracteriza a la política capitalista está provocando la virtual parálisis de los servicios básicos, al punto que la oficina económica de la Unión Industrial (FIEL) tiene que hablar de un abandono administrativo por parte del Estado. Semejante catástrofe plantea una lucha histórica gigantesca que requiere el re-agrupamiento revolucionario de la vanguardia de la clase obrera.