Todos recordarán la paliza que recibió el gobierno a manos de los fraternales en diciembre del 89, cuando frente a un “quite de colaboración” por el salario respondió con 300 cesantías y luego de tres días de paro tuvo que reincorporar a todos los compañeros.
Sin embargo, aquel triunfo fue traicionado por la dirección burocrática del gremio, que a los pocos días terminó firmando un acuerdo salarial de miseria. Como decían los compañeros: "...gracias a la intervención de Ubaldini cambiamos cesantes por salarios”. Desde hace cuatro meses los fraternales venimos “con la sangre en el ojo” por esa entregada de la directiva, cuatro meses de movilizaciones contra la privatización y por el salario (22/1, 20/2, Circunvecina de I. White, coordinadoras, movilizaciones en los pueblos, trenes de la resistencia).
En estos cuatro meses se ha procesado una maduración del activismo y de las bases y se ha acrecentado el abismo que los separa de la burocracia. La política de ésta fue de fracaso en fracaso, tratando de conciliar lo inconciliable; empiezan por justificar su cobardía en la fortaleza del gobierno y terminan por tener más miedo a las bases que al gobierno No podían ni querían embarcarse en una lucha profunda.
La cuestión salarial ya no daba para más, la estrategia “negociadora” no dio resultados. Luego de la movilización del 21 de marzo casi un centenar de activistas y delegados fuimos a "entrevistarnos” con nuestros directivos para exigirles un plan de lucha en serio y repudiar el levantamiento del paro ese mismo día. Durante dos semanas, ejecutivos y activistas desfilaron por la Sede Central para realizar un “seguimiento” de las tratativas. Toca esta infernal presión determinó, frente a la negativa patronal y gubernamental a recomponer salarios, que la CD largara un plan de lucha que empezó el 3 de abril con un paro de 24 horas.
No le quedaba otra, tenía que hacer algún “parito” para intentar luego recobrar algo de autoridad, retomar el control, tener algo de oxígeno para maniobrar frente a las bases.
Como intentando una revancha, quizás envalentonado por la “Plaza de Neustadt”, el gobierno respondió nuevamente con cesantías —en esta ocasión no fueron ni masivas ni generalizadas a todos los FFCC, para dividir mejor el gremio.
Cómo surge la huelga
La CD planteaba esperar hasta el lunes a las 24 horas para poder negociar. Pero la seccional Olavarría del Roca, que tenía cuatro despidos, "pateó el tablero”: una asamblea de 84 compañeros votó “paro por tiempo Indeterminado” hasta la reincorporación de todos. Tómese en cuenta que Olavarría era una seccional considerada “directivista” , es decir alineada con la burocracia, y se tendrá una idea de la profundidad de la maduración que se está operando entre los fraternales y que no se circunscribe al conurbano.
A las 17 horas de ese sábado 7 se conoció la solidaridad de Flores con igual actitud. La CD trató de evitar que se extendiera el conflicto, imploraba para que se levanten las medidas: “...por favor, muchachos”; envió a un directivo a Olavarría para gestionar el levantamiento. Pero a medianoche del sábado una asamblea de más de 100 compañeros en Olavarría ratificó unánimemente seguir con el paro y —quizá sin saberlo— definían con la firmeza demostrada el paro de toda la línea Roca y luego del Sarmiento. A la 1.00 hs. del 8/4 dejaron de correr todos los trenes de ambas líneas.
Una asamblea histórica
Las seccionales del Gran Buenos Aires quedamos en encontrarnos en nuestra sede al día siguiente para exigir a los directivos el cumplimiento de sucesivos mandatos de Congresos y Juntas de Presidentes: en caso de represalias de la patronal por medidas de fuerza se responderá con paro por tiempo indeterminado.
Cerca de 400 compañeros “ocupamos" nuestra casa, la sede central de La Fraternidad, para obligar a nuestros directivos a que larguen el paro a nivel nacional: en una improvisada asamblea ocho directivos tuvieron que bancarse los insultos y recriminaciones de las bases y debieron fijar cada uno su posición en favor del paro. Cuando uno de estos "dirigentes” dijo: “a mí nadie me va a presionar”, varios lo quisieron linchar y rápidamente otro directivo le murmuró por lo bajo: “pedí perdón porque si no nos matan a todos”. El pobrecito pidió disculpas: “perdónenme, me expresé mal porque soy un negro bruto, estoy con el paro”. Al carnero Beber, de la Tracción Eléctrica, luego de comprometerse con el paro, varios compañeros se la juraron en caso de no ir del dicho al hecho. Astiz, el carnero traidor del Sarmiento, fue vapuleado por sus bases, que lo denunciaron pública mente ante el plenario por haber levantado el paro en la seccional Me chita del interior.
Los directivos estaban arrinconados contra una pared, rodeados, sin escape, patéticamente solos frente a sus representados. Éramos cientos contra ocho, pero no una turba enardecida, ciega, sino compañeros muy “calientes” y a la vez muy concientes de todas las traiciones y bicicleteadas de las que eran responsables esos “dirigentes”.
Surge una nueva dirección
El domingo y el lunes los directivos —en su mayoría ubaldinistas— hicieron campaña para levantar el paro “para poder iniciar negociaciones”. “El Ministerio de Trabajo no nos recibe hasta que no se levanten los paros”, decía la burocracia. “El paro se levanta cuando reincorporen a todos los cesantes”, respondían los compañeros. El lunes al mediodía resuelve parar la seccional Retiro del San Martín, más tarde la seccional Castelar —eléctricos del Sarmiento, y varias seccionales del Mitre tenían planteadas asambleas (Rosario, San Martín, Latinoamérica) para sumarse al movimiento.
La CD informa que se había llegado a un preacuerdo: se levantan las cesantías en el mismo momento que se levantan las medidas. Sin embargo este preacuerdo del lunes nunca se cumplió, dado que a los cesantes no se les permitió reincorporarse. Esto lejos de debilitar la huelga, la extendió. Al no permitir tomar servicio a los despedidos, las seccionales retomaron el paro por tiempo indeterminado, ahora en las seis líneas. Este se cumplió masivamente con excepción de tres seccionales dirigidas por mafiosos a sueldo de Triaca (pero incluso en esas seccionales hubo un grupo importante de valientes compañeros que adhirieron y militaron por el paro).
Los ferroviarios en general y los fraternales en particular, llevamos muy adentro la huelga del 61 (42 días), los compañeros más jóvenes nos hemos nutrido, hemos crecido escuchando a los “viejos” hablar de la huelga del 61... las persecuciones, el heroísmo, la solidaridad, los carneros, la militarización. Los viejos y muy especialmente los jóvenes nos comenzamos a preparar para llevar adelante otra gran huelga, como la del 61. El martes a la noche y el miércoles por la mañana varias seccionales organizaron “ollas populares” con víveres donados por el pueblo, se realizaron colectas para el fondo de huelga en las filas de cobro de la UF. Hay que destacar el aporte de estos compañeros, a quienes les pagaron una boleta suplementaria para azuzar la división y hacer sentir que la obsecuencia sindical vale más que la lucha.
A diferencia de la CD que lisa y llanamente se borró, con el supuesto argumento de la “persecución policial”, el activismo y los nuevos dirigentes de las seccionales asumieron la tarea de organizar, coordinar y orientar la lucha. El miércoles por la noche una importante reunión de la Circunvecina resolvía la edición de un boletín de huelga nacional, la realización de una marcha y otras actividades.
A medianoche, cuando la directiva informa del levantamiento del conflicto con todos los cesantes adentro, varias seccionales desconfían. Pero el jueves todos los cesantes estaban trabajando y habría un preacuerdo salarial. La condición era el silencio para que el pueblo no se entere del triunfo fraternal y de la nueva paliza que le pegamos a quien declaró: “me cortaría las manos antes de reincorporar algún ferroviario”.
Queda planteado para todo el activismo de LF realizar un balance de esta lucha, extraer las enseñanzas y prepararnos para sacarnos de encima a estos “dirigentes”, llevar a la conducción de LF a quienes han demostrado en la lucha que son fieles a la clase.