Para el movimiento obrero, la noticia más importante de la semana fue el acuerdo unánime alcanzado en el plenario del consejo nacional del partido justicialista. No tanto porque el plenario hubiera apoyado el “rumbo económico” del gobierno Menem-Alsogaray y hubiera llamado a una “tregua nacional”, sino porque esto fue suscripto también por el “grupo de los 8", como se denomina a los diputados que siguen la orientación del bloque sindical que dirigen Víctor De Gennaro y Mary Sánchez. Es así que en plena ofensiva antiobrera y “privatizadora", el ala “combativa” de la dirección sindical reclama una “tregua”, que va dirigida por sobre todo contra los trabajadores que se encuentran luchando contra la entrega de las empresas del Estado. El “precio” que tuvo que pagar el menemismo para obtener esta capitulación tan indecorosa fue puramente “filosófico”. Esto quiere decir que el documento que dará a conocer el PJ habrá de realizar, para satisfacción de “los 8”, una delimitación doctrinaria del justicialismo respecto al liberalismo, sin importarle naturalmente que la realidad los tenga por socios. Pero incluso esta concesión del menemismo al cafierismo y al grupo “de los 8” tendrá su contrapartida en el reconocimiento que también hará el documento de la necesidad de que el justicialismo “actualice" su “doctrina", que es como se denomina su adaptación a las privatizaciones con títulos de la deuda externa al 100 por 100 de su valor nominal. Para justificar esa “actualización” y sus propias volteretas ideológicas, Menem ha dicho, siguiendo a Perón, que “lo único permanente es la evolución” El presidente ha contrariado así su catolicismo filosófico, pues para éste la evolución y la relatividad no existen y lo único verdadero es lo absoluto e inmutable representado por Dios. Menem se ha colocado, con su cita, en la posición de un hereje, y para colmo de un hereje liberal y “progresista". Para el “progresismo” filosófico la aplicación productiva de los descubrimientos científicos debe permitir un desarrollo económico ininterrumpido y gradualmente armónico, sin tomar en cuenta las trabas propias de la organización capitalista de la sociedad ni la explotación de la clase obrera. Este “progresismo" es lo que pregonan Menem y Alsogaray con la entrega, la “privatización” y la liquidación de la legislación laboral, como antes lo hacían Alfonsín y sus “intelectuales”. Lo que Menem no sabe es que, además de la evolución existe la involución, como lo prueba entre otras cosas el hecho de que él y Alsogaray puedan ser gobierno. Lo permanente es entonces la contradicción entre la evolución y la involución, la oposición de los contrarios, la dialéctica, la lucha entre ambos y su superación, obreros o capitalistas, revolución o contrarrevolución, gobierno de trabajadores o Menem y Alsogaray. Para intervenir en esta lucha es necesaria una “doctrina” critica, revolucionaria, que de un lado penetre entre las masas y del otro eleve a las masas a la comprensión y ejecución de sus tareas históricas. Sepultar el 21 Es indudable que el llamado de todas las tendencias del PJ a una "tregua nacional" pretende sepultar las perspectivas abiertas por la jornada del 21, que protagonizaran especialmente los sindicatos estatales. El acuerdo entre el menemismo y "los 8", Cafiero mediante, culmina las maniobras iniciadas por Lorenzo Miguel desde antes del 21 para bloquear la posibilidad de una lucha de conjunto del movimiento obrero. En ocasión del cumpleaños del "metalúrgico" se puso en evidencia un principio de acuerdo de Miguel con José Rodríguez y Cavalieri para unificar a la CGT detrás del apoyo al gobierno. El planteo de la “tregua nacional”, que la casi totalidad de la prensa interpretó como un llamado al radicalismo, constituye por sobre todo la manifestación de una ofensiva política contra el movimiento obrero, para obligarlo a soportar resignadamente el "ajuste”. Los activistas sindicales deben esforzarse por asimilar el siginificado de estos acontecimientos. No existen sectores "progresistas” en la burocracia sindical. El degenarismo no representa una lucha consecuente contra la entrega debido a que tiene por límite su defensa del régimen social y político capitalista En las próximas semanas se va a acentuar la política de este sector "combativo” de la burocracia sindical para “poner en vereda" a las luchas más duras que están librando los trabajadores y por descabezar a sus dirigentes auténticamente combativos. En el plenario justicialista, no fue Menem sino "los 8" los que tuvieron que hacer el “sacrificio” de la "autocrítica". En efecto, “los 8” reconocieron haberse equivocado cuando no contribuyeron a formar quórum en el parlamento para que pudiera aprobarse la ampliación de la Corte Suprema. El ala "combativa” se apresta, entonces, ni más ni menos que a refrendar el copa-miento judicial que necesitan los Alsogaray para sortear cualquier litigio que se presente con motivo de las privatizaciones. ¡Qué aporte que están brindando estos “soldados" de la causa "nacional y popular” a la política del remate nacional! Todas estas “matufias” no le aportan a sus autores el premio consuelo de poder asegurar la unidad del justicialismo. La banca internacional está poniendo a su propia gente en la conducción del Estado sin importarle los “derechos adquiridos” de los “viejos luchadores". La “tregua nacional” es una “tregua" que se ha dado el justicialismo a sí mismo en un momento peligroso para el Estado capitalista que todos defienden por igual. Pero mientras el peronismo se agota en sus propias reyertas y en el encubrimiento de la entrega, la crisis capitalista y la de todos sus partidos sigue despertando a una nueva perspectiva política a miles de luchadores. Los pliegos de Entel No ha sido ajeno a esta reaproximación dentro del justicialismo las modificaciones introducidas a las condiciones para la privatización de Entel. Pero esto simplemente demuestra la enorme “sensibilidad” de las distintas fracciones justicialistas a los intereses en juego y su total desinterés para luchar contra la privatización. La venta de Entel viene generando una enorme disputa capitalista, principalmente entre los bancos acreedores y los proveedores de la empresa. Los primeros han estado reclamando que los dólares que el Estado reciba por Entel se utilizaran para comenzar a pagar los intereses atrasados de la deuda externa; los proveedores, en cambio, han exigido que ese dinero fuera a pagar las deudas contraídas con ellos. El enfrentamiento fue tomando proporciones de crisis política, que amenazaban no ya la licitación de Entel sino la política general del gobierno. Los Alsogaray han estado representando a los banqueros y Angeloz y la UCR a los proveedores. El nuevo pliego fue negociado con el embajador norteamericano, a pesar de las protestas de la banca acreedora. Un asesor de Alsogaray hija, R. Zinn, ya habría presentado la renuncia con motivo de estas divergencias. El destino del dinero de la privatización no quedó decidido, ya que el nuevo decreto se lo adjudica a la educación y a la salud, es decir que patea la pelota para adelante. Este choque entre la banca extranjera y los capitanes de la industria es la causa por la que no se ha llegado al "acuerdo nacional” con Angeloz que viene reclamando el gobierno norteamericano. A raíz de esto, Bush habría planteado, según Clarín, un acercamiento con los capitanes nativos en la búsqueda de un entendimiento. Como esto aún no se ha logrado, los choques que puede generar el nuevo decreto sobre Entel amenazan de nuevo la precaria estabilidad del dólar. La “tregua nacional” que propone el PJ significa que los gremios estatales ven como "positiva” la modificación de los pliegas de Entel, así como las que se introdujeron en los casos de Aerolíneas y Ferrocarriles. Pero ninguna de estas modificaciones altera nada esencial en lo que hace a la entrega a precio vil del patrimonio estatal a la banca. Advertimos entonces acerca de la posibilidad de que los gremios ubaldinistas y los que siguen a ATE respalden los nuevos pliegos y pasen a frenar la resistencia popular contra la privatización. Al mismo tiempo señalamos la posibilidad de un rápido agravamiento de la crisis política como consecuencia de la oposición de los bancos a las nuevas condiciones. La perspectiva de una ofensiva de la banca acreedora, anunciada en principio por el Banco Mundial (Clarín, 1/4), hace menos admisible que el movimiento obrero respalde la política de entrega “atenuada" del gobierno. Los trabajadores debemos aprovechar cualquier profundización de la crisis política para debilitar a cada una de las alternativas capitalistas, para lo cual es necesario actuar con independencia de todas ellas. El FMI “non presta” Desde antes del 8 de julio se le viene vendiendo a Menem el buzón de la ayuda en dólares que nunca termina de aparecer. Primero fue Bunge y Born, luego Alsogaray. La sanata se volvió a repetir en las últimas semanas con el anuncio de una "inminente" ayuda del FMI. Pero el FMI ha postergado la posibilidad de un acuerdo hasta fines de mayo, lo que en la situación argentina equivale a un siglo. ¿Por qué? Ocurre que para el FMI las previsiones del presupuesto fiscal de 1990 están “dibujadas” y de ningún modo corresponden a la realidad. El déficit seguirá siendo alto y el FMI quiere un superávit para poder pagar la deuda externa sin emitir australes. Las privatizaciones están empantanadas por conflictos capitalistas y tampoco se logra un acuerdo nacional. En una reciente interpelación en el senado norteamericano, el secretario del Tesoro de Estados Unidos dijo que Argentina estaba “en observación”. Esta es la exacta situación de precariedad del gobierno y de sus planes. El FMI se permitió reclamar nuevos impuestos, más corles de gastos, más despidos, más privatizaciones y por sobre todo el cierre de los bancos de provincia De lo contrario, dice, las cuentas no cierran. La situación, a la luz de esto, es insostenible. Con semejante cuadro general, el justicialismo pretende mecer al movimiento obrero en la cuna de la “tregua nacional”. ¿Estabilidad? ¡Las pelotas! El retroceso del dólar y de algunos precios en las últimas semanas hizo que más de uno se preguntara si con el otoño no había llegado la estabilidad. Pero este fenómeno ya se había producido luego de la “híper” de mayo-junio y de diciembre pasados cuando los precios retrocedieron algunos peldaños con relación a su descomunal suba anterior. Estas reducciones de precios ponen en evidencia los brutales beneficios que los capitalistas obtuvieron con la "híper", en especial en los alimentos y en los medicamentos, y que en su mayor parte conservan. Por eso se ha constatado un aumento de los precios medidos en dólares. Pero semejante “estabilidad” se ha obtenido por medio de una caída sin precedentes de la producción, de la virtual desaparición del crédito y de una enorme caída de la capacidad adquisitiva de la población. El FMI considera, sin embargo, que esto es insuficiente si se tiene en cuenta que el gobierno debe pagar los intereses de los Bonex en las próximas semanas y de que la banca acreedora reclama que se le comiencen a pagar los intereses atrasados. Para comprar los dólares para estos pagos, el Banco Central emitió en las últimas tres semanas cerca de tres billones de australes, lo cual nuevamente ha dejado una masa de dinero en circulación que no encuentra canalización ni hacia la inversión ni hacia el crédito. Fue de esta forma como se gestó la última “híper”, al devolver el Banco Central casi las dos terceras partes de los depósitos a plazo fijo que supuestamente debía haber canjeado por Bonex. Cuando pague los intereses de estos Bonex, el Banco Central se habrá quedado sin los dólares pero con los tres billones de australes aun circulando por el mercado La posibilidad de un retomo a la híper está condicionada a la “tregua” que han dado los acreedores en función de los prometidos planes de privatización y de cesantías masivas Por eso la crisis que han experimentado estas privatizaciones y las renuncias de los asesores de Alsogaray amenazan con voltear la estantería. La precariedad económica es tan aguda que el gobierno no sabría qué hacer con el superávit comercial previsto para 1990, que sería de 7.000 millones de dólares. Es que un ingreso semejante de divisa significaría emitir unos 35 billones de australes y aumentar la base monetaria unas ocho veces. No es entonces la falta de capital sino su exceso lo que ensombrece la situación del capitalismo en Argentina. Horizonte La perspectiva que se desprende de este vuelo de pájaro sobre la situación nacional es que deberá profundizarse la crisis del gobierno y del régimen político, en el marco de una catastrófica situación económica y de enormes presiones del capital internacional. La política de “tregua" no tiene futuro pero a ella están obligados a recurrir quienes se oponen a una salida fuera de los marcos del capitalismo. Es necesario tomar conciencia del carácter prerrevolucionario de la situación nacional y desarrollar el partido obrero.