A pocas horas de la realización del segundo turno de las elecciones presidenciales en Brasil, Lula tiene todas las posibilidades de derrotar a su adversario, Collor de Mello. Las diferencias de las intenciones de voto entre ambos se han reducido al mínimo cuando hace dos semanas daban una ventaja de doce puntos en favor del candidato derechista. Esta tendencia fue prevista en estas páginas apenas concluyó el primer tumo (ver Prensa Obrera N° 288). Para el corresponsal de La Nación el “pánico” ha tomado cuenta de la cúpula “collorida". Se puede decir que en Brasil se han combinado una serie de factores históricos y coyunturales que deberán permitir la victoria de Lula el próximo domingo. Los “aliados” La característica más importante de las tendencias electorales es que la candidatura de Lula ha atraído a los votantes que en la primera vuelta sufragaron por los partidos de la llamada "centro-izquierda" (Brizola, Covas, Ulysses, Freire), mucho antes de que ésta tomara la decisión de llamar a votar al Frente Brasil Popular, y que Lula comenzó a “morder” en el propio electorado de Collor y de los partidos “centro-derechistas” más allá de cualquier posibilidad que le pudieran ofrecer esos “centro-izquierdistas”. Este último aspecto es el que determina el carácter arrollador del ascenso en las intenciones de voto para Lula. Está equivocado quien piense que Lula pasó del 16% de los votos en la primera vuelta al 44% que le adjudican ahora las encuestas, como consecuencia del apoyo que ha recibido de los partidos patronales de carácter liberal o populista. El principal de esos partidos, el PDT de Brizola, demoró dos semanas en formular su apoyo, luego de haber intentado desprestigiar por todos los medios la candidatura de Lula. Brizola fue el autor del mote despectivo que popularizó a Lula en esta segunda fase electoral, cuando lo denominó un “sapo barbudo". Al mismo tiempo lanzó un violento ataque contra el candidato a la vicepresidencia, José Paulo Bisol, a quien acusó de "inmoralidad" en la obtención de crédito para su empresa agrícola. Está fuera de toda duda de que solamente después de que se pusiera en evidencia de que Lula conquistaba al electorado pedetista, Brizola se subió a las tribunas del FBP para apoyarlo. En el caso del PSDB, que candidateó a Mario Covas, las pruebas son aún más flagrantes, porque todavía hoy sus principales figuras rechazan a Lula y llaman a la “libertad de voto”. La dirección del PSDB planteó una oposición mortal a Lula cuando caracterizó al programa de la coalición FBP como "sovietizante” y enemiga del sistema constitucional. Los ex “izquierdistas” del PSDB calificaron a la reivindicación del FBP de una reforma agraria bajo la dirección de los trabajadores, como un planteamiento que erigía un poder político rival al representado por el Estado. Denunció así en el programa del FBP una política de guerra civil. Es evidente que el PSDB no fue un factor de ascenso de la candidatura de Lula, sino que, al revés, el ascenso de la candidatura de Lula obligó al PSDB y al PDT a declararle su apoyo. En las filas del PSDB tuvieron que movilizarse figuras fundamentales, como el intendente de Belo Horizonte, para hacer entender a su dirección que recusar el apoyo a Lula equivaldría a un suicidio político. Claro que esta crisis en el PSDB está vinculada a un fenómeno más amplio de diferenciación dentro de la misma burguesía, en la cual ha comenzado a destacarse un sector que caracteriza a la candidatura de Lula como una alternativa política, no ya viable, sino incluso conveniente. Precisamente este intendente de Belo Horizonte, Pimenta da Veiga, argumentó que “Lula es sincero cuando se declara dispuesto a discutir con nosotros todos los puntos de su programa de gobierno... (y) que muestra tener un programa de metas claras con espíritu desarrollista". Haciendo de la necesidad virtud, un sector de la burguesía comienza a poner de relieve que el programa del Frente Brasil Popular, en el que actúa el PT, no tiene un carácter ni revolucionario ni socialista, y que hasta presenta adecuadamente una política de desarrollo del capitalismo brasileño Dentro de sus naturales límites, el segundo turno electoral ha servido para hacer evidente el mecanismo fundamental de todos los frentes de conciliación de clases o “frentes populares". Estos debutan en condiciones de una intensa movilización popular que tiene como factor de reagrupamiento a un partido de trabajadores, y que como consecuencia de ello empuja a un segundo o tercer plano a los partidos patronales, incluso los más populares. El “frente popular” aparece entonces como un recurso final de la propia burguesía para estrangular a la movilización popular dentro del marco burgués. Para esta política la burguesía se vale de la burocracia y de la pequeña burguesía que ha tomado la dirección de ese partido de trabajadores. No es para nada casual que la dirección del PT haya tomado en su momento la iniciativa de hacer un frente con dos partidos en descomposición (el PC do B y el PSd) para formar el Frente Brasil Popular, con lo cual brindó una muestra de sus intenciones “colaboracionistas" al conjunto de la burguesía nacional. Es así que el segundo de Lula es José Paulo Bisol, un mediano terrateniente “tupiquinimim”. Este FBP está proponiendo ahora a sus infieles “aliados" la formación de un gobierno de “corresponsabilidad", que estos por ahora han rechazado —una señal de que no quieren la victoria de Lula ni aún en las condiciones hasta aquí mencionadas, y de que se proponen plantear duras exigencias en el caso de triunfo. El congreso brasileño está dominado por el PMDB y el PSDB, y su renovación sólo está prevista para el año próximo. De modo que la burguesía no sólo cuenta con el aparato burocrático y militar del Estado sino con el propio parlamento. Al plantear la formación de un gobierno de "corresponsabilidad”, Lula delata que no piensa reclamar la disolución del congreso, lo cual es una violación de la voluntad popular que ha repudiado a esta mayoría parlamentaria en el primer turno electoral, y lo hará aún más en el segundo. Pero ni aún con ese gobierno de “corresponsabilidad” Lula tendría mayoría en el congreso, de manera que siguiendo su propia lógica debería llevar la composición de su futuro gobierno todavía más a la derecha. De este modo, la más gigantesca movilización electoral de masas de todo el continente, encabezada por un partido de trabajadores, deberá concluir en la formación no de un gobierno obrero independiente, sino de un gobierno capitalista. La deuda, siempre la deuda Brasil se encuentra en una crisis descomunal. Tres datos para resumirla: la deuda externa es de 140.000 millones de dólares y han dejado de pagarse los intereses bancarios; la deuda interna pública es de 160.000 millones de dólares; 60.000 millones de dólares de esta deuda interna se refinancian diariamente, estableciendo así un mecanismo formal de confiscación de los ingresos de los trabajadores, porque mientras las ganancias se contabilizan en títulos de indexación diarios los salarios se cobran en moneda corriente. Con referencia a la deuda externa el FBP plantea la moratoria, pero excluyendo de ella los créditos de corto plazo y el contraído con los organismos internacionales. Esta moratoria afectaría intereses por seis mil millones de dólares de los quince mil millones que Brasil paga todos los años. El planteo coincide casi punto por punto con la política del actual gobierno derechista. Ocurre que “la atracción del capital extranjero es uno de los objetivos de la política industrial del PT, ‘según revelan los asesores de Lula que están concluyendo el plan de gobierno’" (Jornal do Brasil, 3/12). Con esto se pretende “enfrentar los oligopolios existentes en el país, especialmente en la industria automovilística" (ídem). Se trata, indudablemente, de un programa “desarrollista”. El planteo que más ha sido comentado por la prensa brasileña, sin embargo, está referido al reconocimiento integral que el PT pretende hacer de la deuda pública interna, cuya mayor parte es propiedad de los bancos. El PT ha planteado la conversión de esa deuda en acciones de empresas estatales y hasta destinarla a recuperar la red caminera (Gazeta Mercantil, 28/11). Se trata, ni más ni menos, que de un programa de privatización ejecutado con títulos incobrables. Comentando estos planteamientos, el presidente del Banco Interatlántico no sólo expresó su satisfacción sino que fue más lejos aún. Con impecable razonamiento, dijo que una conversión de la deuda pública disminuiría los recursos para financiar los gastos del presupuesto, algo que sólo puede ser superado por aumentos de tarifas y de impuestos si no se recurre a la emisión monetaria que el PT rechaza (Gazeta Mercantil, 1/12). ¡Los anuncios sobre la política de deuda Interna del PT provocaron la euforia del mercado financiero! Hablando de sus "efectos benéficos", el mencionado banquero dice que el ofrecimiento de títulos a nueve meses de plazo, efectuado el mismo día en que se conoció la posición del PT, tuvo “un resultado excepcional”, “una venta record” (ídem). Este hecho equivale casi a un voto de la gran banca en favor de Lula, si se tiene en cuenta que el vencimiento de los títulos coincidiría con el gobierno de éste —que es una de las probabilidades electorales. La intangibilidad de los bancos cuestiona toda posibilidad de desarrollo independiente, el FBP no plantea, naturalmente, la nacionalización de los bancos ni la consiguiente anulación de la deuda pública, que tiene características usurarias y condena al país a la hiperinflación. Esto condena a la reforma agraria. El probable ministro del ramo de un gobierno FBP, explicó que ella afectará al 2% de los terratenientes y beneficiará a un millón de familias a un costo de diez mil dólares por familia. Como al mismo tiempo se pretende desarrollar una "política agrícola” de apoyo a la pequeña producción, es indudable que el programa agrario es, además de harto limitado, imposible de financiar. ¡Salvo que se permita aplicar los títulos públicos a la compra de tierras! A la derecha, dre...! Nada de todo esto ha escapado a la atención de la burguesía y al imperialismo. Ahora que existe la posibilidad de que Lula gane, se percibe un giro en sus filas. “Jorge Matoso, de los equipos económicos del PT, fue ayer a una reunión con la Fiat... sobre todo para tranquilizarla" (Gazeta Mercantil, 12/12). Naturalmente, el gerente del grupo sueco Asea-Brown Boveri dijo que “la coyuntura política impone un diálogo del empresariado con Lula" (ídem). César Maia, quien hubiera sido ministro de economía en un gobierno Brizola, y que es partidario acérrimo de la conversión de deuda externa y de privatizar, ya plantea “que el PDT está inclinado a participar del gobierno del PT" (G.G. 13/12). En el caso del antes mencionado intendente de Belo Horizonte: “Sólo el frente Brasil Popular puede hacer las mudanzas en profundidad que el país necesita” (G.G 1/12). Aunque “Collor es el preferido", ya “tengo oído a muchos empresarios que quieren votar a Lula", dijo Ronaldo Guedes, superintendente de Champion, industria norteamericana de papel y celulosa (G.G. 12/12). Las razones más generales para esta reevaluación que estaría haciendo la burguesía con respecto al resultado electoral, tiene un buen botón de muestra en un editorial de la Gazeta Mercantil (1/12). "La CUT, dice, central sindical que como todos saben está controlada por el PT, partido por el cual concurre a la presidencia el diputado Luiz Inácio Lula da Silva, determinó que los sindicatos afiliados evitasen radicalizaciones dentro de la lucha por mejores salarios, particularmente en las categorías que tienen paritarias en este mes, para no alterar el momento político y perjudicar a la candidatura petista. Está determinación, hasta prueba en contrario, está siendo seguida... (aunque esto) provoque una penalización del salario. En nombre de una perspectiva más amplia, esas direcciones sindicales y los trabajadores han sido capaces, al menos hasta el momento, de sacrificarse". Y la G.G concluye así: “En lo que hace a los señores empresarios, lo que se verifica es la completa remarcación abusiva de los valores de las mercaderías”. ¿No es notable, el planteo? Más consistente todavía es lo que describe un columnista del "Estado de Sao Paulo” (9/12), pues va más allá del tema de la capacidad de contener las luchas puntuales que podría tener la burocracia de la CUT. "Los cambios rápidos y las profundas modificaciones que se operan en el tejido institucional, dice el autor, describen un escenario que apunta a una marea de turbulencias, conflictos y presiones insoportables, en el caso de que Collor de Mello sea elegido. En los último años y en esta campaña electoral se diseminó la idea, considerada hasta ahora por las elites económicas como una abstracción de las elites intelectuales (!!!), de que el camino por la izquierda podría ser una opción”. Señala en esta dirección que el PT “penetró en la sociedad civil construyendo alianzas y tejiendo intereses”; que “Brizola y Covas están funcionando como diluidores del fermento en la masa”; que se "han amalgamado los llamados bolsones progresistas”. “Con este telón de fondo, dice el columnista, están establecidas las condiciones para la llegada al poder de un comando izquierdista. En este contexto, Fernado Collor (si ganase) tendrá dificultad para administrar la cuestión de la gobernabilidad” (!!! —una conclusión sensacional porque esto es lo que hasta hace poco se atribuía fundamentalmente a Lula). A Collor, agrega, “le falta cemento social"; “es un huracán que amenaza desinflarse"; “es poco probable que consiga dominar las presiones”. “Lula (en cambio) tiende a canalizar las insatisfacciones sociales. Hay una turba agitada; la violencia desciende de los morros y favelas. El candidato Collor está condenado al aislamiento en el poder; pasará un año en el limbo político. Una victoria de Lula puede incluso disminuir el caudal de efervescencia social”. Todo lo transcripto mide el grado en que en Brasil se está formando una situación revolucionaria. La derecha carece de estructura de partidos, mientras la burocracia sindical y la pequeña burguesía del PT han conseguido ponerse a la cabeza de la primera etapa de la evolución política de las masas y estructurar un frente de colaboración de clases. A los ojos de un sector de la burguesía grande el PT aparece como el único factor de defensa del Estado, lo cual su dirección reconoce abiertamente. En un reportaje en Página 12 (13/12) se le pregunta al secretario general de la CUT “¿cómo se expresa dentro del PT la hegemonía de la clase trabajadora?”, un tema por demás pertinente porque la correcta caracterización del PT es esencial a la comprensión de la situación política y de las posibilidades de la clase obrera, del proletariado (no los trabajadores en general). El dirigente responde: “Es una hegemonía política e ideológica, no numérica, que se garantiza mediante la participación...” Esta respuesta refleja que la vanguardia obrera no dirige el PT. No es mayoría en la dirección, aunque la base del PT es un 90% obrera, campesina o plebeya, y su ideología democrática no corresponde a los intereses históricos específicos del proletariado. El entrevistado dice que en Brasil está planteada “la cuestión ciudadana” y la “democracia universal”. “El voto universal, dice, es el clímax de la democracia obrera”. El secretario general de la CUT, que sabe naturalmente muy bien que el trabajador brasileño es un paria sin derechos, no ha percibido sin embargo que la “ciudadanía", es decir la conquista de los derechos individuales, es una pura abstracción, una ficción, que parece acercarse más a la realidad en los países desarrollados que en los atrasados, pero que en ningún lado elimina la condición de explotado del obrero ni su negación como individuo por el Estado, en tanto que maquinaria burocrática de opresión política. La conquista de los derechos formales de los explotados pasa por la revolución socialista, no por la democracia universal, pero por medio de la revolución socialista se superan también los límites históricos del derecho individual La dirección pequeño burguesa del PT se fue reclutando con el tiempo entre los izquierdistas transformados en intelectuales del sistema, de sus universidades y fundaciones. Los dirigentes del PSDB son un calco social de los dirigentes intelectuales del PT. Además se ha instalado una burocracia obrera, formada en las últimas dos décadas, así como una fuerte corriente controlada por la Iglesia, cuyo sector progresista es el más convencido de que la revolución socialista en Brasil tiene fecha marcada si no se operan transformaciones sociales populares en el marco capitalista. Recientemente se han sumado al tren, aprovechando la formación del FBP, elementos abiertamente pro-capitalistas, en especial en el campo económico. Por ejemplo, el más probable ejecutor de una reforma agraria en un gobierno Lula sería un ex funcionario del Instituto de Reforma Agraria de los gobiernos derechistas. A través del actual gobernador de Pernambuco, Miguel Arraes, se está desarrollando una negociación con la camarilla militar, que llevaría al general Ururahy Neto del comando militar del Nordeste, al ministerio de Defensa o de Ejército. Las masas brasileñas han protagonizado una experiencia de movilización electoral que para un minoría de ellas ha sido verdaderamente intensa. Pronto van a descubrir las limitaciones políticas de las ilusiones engendradas por esta experiencia. La mentalidad de las masas, ni tampoco la de los activistas, ha sido verdaderamente modelada por el PT, el cual carece de la solidez que antaño tenían los partidos stalinistas que emprendían la política del frente popular. Por esto fue muy importante que una vanguardia de la clase obrera, los trotskistas de Causa Operaria, participaran con vigor de esta experiencia electoral para traducir en ella el antagonismo de clase fundamental del país y no para diluir ese antagonismo en la fraseología democrática. La de Lula es una candidatura objetivamente pequeño burguesa que los obreros sienten subjetivamente como propia de su clase. Presentar un programa que permita impulsar consecuentemente esa aspiración difusa de los explotados, esa ha sido y es la tarea de los revolucionarios, delimitándolo del programa capitalista del PT y de la dirección de este. Estos son los problemas políticos que plantea una victoria de Lula, que esperamos que el pueblo de Brasil haga realidad el próximo domingo.