La civilización de la barbarie
El flamante gobierno de la “unión nacional” acaba de lanzar supertarifazos, superdevaluaciones y remarcaciones, que deberán ser pagadas por un pueblo cuyos estratos de pobreza extrema crecieron en un 150% en la última década Esto retrata por sí solo el carácter de la política económica del menemismo. Se aspira así a la completa desmoralización de las masas, como único y último recurso de sobrevivencia del gran capital en el marco de la crisis mundial capitalista. Es el programa de la barbarie capitalista lo que se ha puesto en marcha 18 millones de pobres Cinco millones de personas, alrededor del 40% de la población de la Capital y el Gran Buenos Aires , han sido calificadas por un organismo oficial, el Indec, como “pobres absolutos” — personas que no alcanzan el nivel mínimo de subsistencia. Este escalofriante nivel de pobreza en el conurbano bonaerense se destaca además por su abrupto crecimiento. El número de “pobres absolutos” se ha casi duplicado entre 1980 y 1987, ya que pasó del 20 a más del 35% de los hogares (La Nación, 3/7). Esta tasa de crecimiento de la pobreza es una de las más elevadas de toda la devastada América Latina. La investigación abarca hasta el año 1987, lo que deja afuera a los dos últimos años, en los cuales el ataque a las condiciones de vida de los trabajadores se ha multiplicado. El incremento descomunal de la desocupación y la literal “evaporación” del salario hacen de los porcentajes del Indec una pálida imagen de la realidad. Por otra parte, ésta es la situación que se presenta en la Capital y el Gran Buenos Aires. En Rosario, Tucumán, Chaco es infinitamente peor. “Pauperizados” El grueso de los “nuevos pobres” está conformado por personas que, pese a trabajar, no pueden sostener una canasta de alimentos básicos — bien inferior a lo que habitualmente se conoce como “canasta familiar”. Esto significa que menos aún pueden sostener sus gastos en educación y salud. Los así llamados “pauperizados” son ya un sector mayoritario de la clase obrera y llega incluso a la clase media. Se han triplicado entre 1980 y 1987 del 7% al 25% de la población. Pese a deslomarse trabajando, una cuarta parte de la población de la Capital y el Gran Buenos Aires no tiene para comer. El espectacular crecimiento de la “pauperización” es la evidencia más trágica de la colosal reducción del salario y, por sobre todo, de las jubilaciones y del salario mínimo, que es el que cobra una inmensa masa de trabajadores. El capitalismo es la barbarie Este impresionante incremento de la pobreza —y de sus secuelas inmediatas como aumento de la mortalidad infantil, de la deserción escolar y de la marginalidad social— va de la mano de un no menos impresionante crecimiento de los superbeneficios de los grandes capitalistas. Durante estos años, los grandes patrones fugaron más de 46.000 millones de dólares al exterior, mientras obtenían fabulosos subsidios y prebendas por miles de millones de dólares adicionales (“promoción industrial”, “festival de bonos”, etc.). Para no poner con una mano lo que robaban con la otra, los capitalistas dejaron de pagar los impuestos y llevaron a su propio Estado a la quiebra, con la finalidad de apropiarse directamente del patrimonio de las empresas públicas. Ha sido precisamente el dominio del Estado por la burguesía el que le ha permitido a los explotadores llevarse la bolsa sobre la base de la degradación histórica de las condiciones de vida del pueblo trabajador. El régimen democratizante ha actuado como la cubierta, apenas cosmética, de una maquinaria brutal y despótica de exacción de las masas trabajadoras, el Estado burgués. El capitalismo en su descomposición arrastra consigo al pueblo. La pauperización de la pequeña burguesía y de inmensas capas de trabajadores, la marginalización y lumpenización a que son arrastrados los "pobres sin esperanzas" son el espejo de la descomposición social y humana que engendra la agonía del capitalismo. Concientemente, el gran capital que lucha por su supervivencia en el marco de un régimen capitalista en crisis está rompiendo el “tejido social" de la Nación. El camino del capitalismo es el camino de la barbarie. La vida y la salud de los millones de hombres, mujeres y chicos, explotados hasta la desaparición, convierten a la extirpación del capitalismo en una tarea inaplazable. Tres millones de chicos anémicos “Casi la mitad de los chicos argentinos padece de anemia”, revela Clarín (3/7) al informar sobre una investigación realizada por el Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (CESNI). El estudio, cuyos resultados el matutino califica de “sorprendentes”, es una rotunda denuncia del sistemático y planificado ataque a las condiciones de vida de la población trabajadora que pilotean las grandes patronales y el Estado. La anemia es una enfermedad producida por la falta de hierro, a su vez originada en una dieta escasa en carnes, verduras y frutas. Es por lo tanto, el resultado directo de la subalimentación y desnutrición a que ha sido condenada la población laboriosa por la reducción del salario y la desocupación. Es sintomático que la proporción de niños anémicos detectados por el CESNI en el Gran Buenos Aires (46%) coincida casi exactamente con la proporción de “pobres absolutos” que reveló el Indec en una encuesta, también conocida recientemente, sobre la pobreza en ese distrito (44%) (Clarín, 5/7). Más de 1.500.000 pibes menores de 10 años que viven “por debajo del límite de subsistencia", y los millones que viven en el interior del país en las mismas condiciones, están condenados a convertirse en el pasto de las más variadas, y mortales, enfermedades. Una enfermedad social Los especialistas entienden que cuando una enfermedad como la anemia alcanza una escala socialmente significativa, su extensión, en el tiempo y en el espacio, está casi asegurada. “La anemia —explican— se realimenta a sí misma”. La anemia, ligada a la desnutrición y a la deshidratación, produce en los pacientes disturbios en la conducta, dificultades en el aprendizaje y debilidad física. Aun cuando la desnutrición pudiera superarse, sus efectos se mantienen durante un período muy largo. “El 70% de los chicos que sobreviven a la muerte por desnutrición tiene serios problemas de aprendizaje y conducta" señaló un especialista (Página 12, 6/7). La consecuencia será una clase obrera escasamente calificada, y por lo tanto mal paga, que serán los padres de una nueva generación de chicos anémicos. La actual barbarie capitalista es una hipoteca para todo el futuro desarrollo social de nuestro país. La anemia, además, produce debilidad frente a las enfermedades infecciosas y parasitarias. Por lo tanto, siempre está asociada al crecimiento de la tuberculosis, la diarrea, la hepatitis y la cianosis, tal como se verifica actualmente en los hospitales bonaerenses (ver Página 12, 6/7). Estas enfermedades que se consideraban casi extinguidas, y de hecho lo están en los países desarrollados, constituyen las principales causas de ingreso de pacientes a los hospitales en nuestro país y de muerte en el primer año de vida. La mortalidad infantil, lógicamente, se ha elevado notablemente en los últimos años, alcanzando sus picos más altos en lugares densamente poblados como La Matanza y Retiro. La continuidad de la explotación capitalista significa el regreso a la barbarie y a la Edad Media. La crisis de todo el sistema sanitario y hospitalario potencia enormemente la posibilidad de un estallido de epidemias generalizadas. Según el sindicato de Obras Sanitarias, “14 millones de argentinos carecen de agua potable, mientras que más de 21 millones carecen de cloacas” (Página 12, 6/7). Los millones que beben aguas contaminadas, los que no tienen cloacas ni servicios sanitarios están en la primera línea de fuego de las “plagas". Pero no son los únicos, todo el sistema sanitario está al borde del colapso por la falta de inversiones para mantenimiento y extensión. La destrucción del hospital público, (un ''ejemplo" fue la muerte de los bebés registrada hace pocos días en las Maternidades de Rosario) es la otra cara de la misma moneda.