Este documento es una respuesta a las afirmaciones efectuadas el día lunes 29 de mayo por el ministro de Interior, don Juan Carlos Pugliese, referidas a un conjunto de organizaciones políticas de izquierda y al Partido Obrero, que han servido de pie para una campaña de provocaciones de parte de los medios de comunicación gráficos y audiovisuales que responden claramente a los intereses de los grandes explotadores de nuestro país. Saqueo capitalista 1. En los últimos cinco meses se ha venido ejecutando una implacable política de saqueo del patrimonio nacional y de los medios de vida de los trabajadores por parte de un puñado de monopolios capitalistas perfectamente identificados, los cuales han conducido a la Nación al colapso económico y político y a la mayoría de la población a un estado de horrenda miseria. Durante estos cinco meses, los Bunge y Born y los Citibank que actúan en nuestro país han saqueado las reservas de divisas del Banco Central en el orden de los 3.500 millones de dólares, han maniobrado consecuentemente para llevar la cotización del dólar a más de 200 australes, han dejado de liquidar las divisas de exportación y han también dejado de entregar al Tesoro nacional los impuestos pagados por los consumidores en una proporción del 85% de lo correspondiente a los últimos cinco meses. Contra este saqueo de lesa patria y de lesa humanidad no se ha tomado ninguna medida do parto del gobierno nacional ni del parlamento, es decir de parte de la mayoría de los partidos políticos que defienden el presente orden capitalista. No se aplicó contra los monopolios capitalistas ninguna clase de estado de sitio y hasta se hizo gala de la decisión de liberar el mercado cambiario para que aquéllos pudieran continuar impunemente con la fuga de capitales. La hiperinflación actual ha sido perfectamente organizada por la banca internacional y por los "capitanes" nativos con la completa tolerancia del Estado en todas sus ramas institucionales. El Partido Obrero afirma que ha quedado planteada claramente la circunstancia para proceder al juicio político al Poder Ejecutivo, a ambas ramas del Congreso y al Poder Judicial. Esto exigiría, naturalmente, una nueva representación política nacional, opuesta a los intereses de los grandes capitales. La opinión pública todavía está esperando el cumplimiento del compromiso asumido por Ud. Dr. Pugliese cuando en su calidad de ministro de Economía afirmó a mediados de abril pasado que procesaría a los líderes institucionales de los grupos exportadores por la no liquidación de las divisas a las cuales están obligados por la ley argentina. Encubrimiento de la piratería capitalista 2. La hiperinflación desatada por el gran capital con la tolerancia y colaboración de todas las instituciones del Estado y de los principales partidos ha provocado una descomunal confiscación económica de la clase obrera y de la clase media. El salario ha caído en un 70%, algo jamás visto en la historia del país. Entretanto el lucro capitalista ha llegado a su punto más alto como lo prueban los beneficios bursátiles, los rendimientos de los títulos públicos con cotización en el mercado internacional, los superbeneficios de la exportación y de las superganancias de la industria alimenticia y farmacéutica. Estas circunstancias configuran la comisión de un gigantesco delito económico, contra el cual no se ha levantado ninguna voz oficial para condenarla ni se ha tomado ninguna medida para castigarla. No hay en las cárceles argentinas ningún verdadero saqueador de la Nación. Es esta clase capitalista saqueadora, que tiene depositados en el exterior unos 46.000 millones de dólares, fruto de una década de conspiración antinacional, la que acusa al pueblo desesperado de saqueador, como lo hace el ladrón que pretende disimular su delito, al grito de "al ladrón”. Las declaraciones de los funcionarios oficiales contra los partidos de izquierda y contra el Partido Obrero constituyen una clara maniobra de encubrimiento de la acción de la piratería capitalista, tanto nacional como internacional. 3. Hace ya cinco largos meses que todos los representantes oficiales del Estado reconocen que la desesperación a la que estaba siendo llevada la población concluiría con acciones en los supermercados y bocas de expendio de alimentos. Lo advirtieron públicamente tantas veces que el Partido Obrero la denunció en su momento como una verdadera instigación oficial. ¡Ustedes señor ministro, llegaron al extremo de ponderar la "paciencia" que tenía el pueblo con su propia miseria! ¿De qué se "sorprenden" entonces? Han tirado la piedra y ahora pretenden esconder la mano. La verdadera identidad de los que hoy, usted, señor ministro dama "agitadores" e "instigadores" ¡son ustedes mismos! Durante cinco meses y aún más en la actualidad, todos los representantes del Estado capitalista han estado pactando acuerdos con los verdaderos autores de la desgracia nacional, en los que se contemplan naturalmente los desmedidos intereses de éstos. En lugar de Investigar qué han hecho los Bunge y Born, los Citibank, los Macri, los Bridas y sus demás congéneres en el curso de estos cinco meses y en el curso de los últimos diez años, Raúl Alfonsín y Carlos Menem los procuran para instalarlos nuevamente en cualquier gabinete o gobierno futuro. Es inocultable que existe la intención de llevar al pueblo a una desesperación mayor que la inconcebible desesperación actual. Impotencia y complicidad de Menem 4. El 14 de mayo 17 millones de ciudadanos votaron, según vuestras propias palabras, señor ministro, en forma "ejemplar". ¿Qué los ha transformado dos semanas más tarde en partidarios de lo que ustedes denominan una "acción antisocial"? Una conversión tan gigantesca no la podría consumar jamás un "agitador" por "izquierdista” que se pretenda. Lo que ha ocurrido es que esas "elecciones ejemplares” no han servido más que para desenmascarar la completa impotencia política de quienes recibieron la adhesión mayoritaria del voto ciudadano —nos referimos al partido que usted representa y al del justicialismo triunfador. Pasado el comicio, el saqueo capitalista prosiguió imperturbable, con la circunstancia agravante de las 100.000 suspensiones y despidos producidos desde esa fecha. De parte del gobierno nacional se propugnaron varios planes económicos, todos los cuales tienen en común el despojo del pequeño ahorrista, las seguridades de pago de la deuda pública en manos de los grandes monopolios, la desvalorización aún mayor de la moneda, mayores impuestos al consumo y un descomunal deterioro salarial El justicialismo triunfante, de su lado, dedicó el tiempo a observar las diapositivas de uno de los principales responsables del caos actual y a prometerle a uno de sus hombres el futuro ministerio de Economía. La desesperación popular ha crecido en forma gigantesca. Mientras que en las naciones más capitalistas del mundo los funcionarios están obligados a cortar todos los lazos visibles que los unen a las empresas para las que trabajan, en Argentina asistiremos, inversamente a la entrega de los resortes del gobierno a una empresa completa. El Dr. Menem pretende subir, así, no de la mano de los 8 millones que lo votaron sino del puñado de responsables del caos actual. Si a esto se le suma que ha reclamado y apoyado la declaración del estado de sitio, resulta evidente que para consumar su política abandona el camino del pasaje democrático, o constitucional, del mando por el del golpe de estado cívico y militar. Esto significa que no procura orientar políticamente la protesta popular sino yugularla mediante el recurso a los poderes de excepción. El estado de sitio se aplica nada menos que a los ocho millones que votaron por Menem, toda vez que los protagonistas más masivos de los últimos acontecimientos son las barriadas donde el justicialismo obtuvo el 70 u 80% de los votos. Se ha declarado la proscripción política y la cárcel contra los que protagonizaron el voto que triunfó el 14 de mayo. La democracia burguesa pone de este modo a quienes no han comprendido las limitaciones insalvables de esta democracia ni el carácter de clase de los candidatos. Por una orientación política 5. Durante toda esta crisis y la campaña doctoral, el Partido Obrero puso todo su empeño en llamar al pueblo a producir una movilización política profunda, que necesariamente debía pasar por la huelga general Pusimos énfasis especial en llamar a no entrar en la provocación estimulada desde los medios oficiales en favor de acciones anárquicos y en particular los comercios de alimentos. Exhortamos repetidamente desde los espacios cedidos de la televisión "a pasar de largo por los supermercados” y a marchar con los reclamos a los centros de decisión política. Señalamos la responsabilidad fundamental de la CGT y de los sindicatos en tomar la iniciativa de una acción política reivindicativa de carácter colectivo. Pero la burocracia sindical que transitó durante varios meses por el gobierno radical, apoyando abiertamente sus planes, bloquea toda acción organizada y conciente de los explotados, esto porque respondió en todo momento a las orientaciones del candidato justicialista, a las presiones del gobierno y al reclamo de los grandes empresarios. Denunciamos a la burocracia de la CGT como la responsable principal por la completa inacción de los sindicatos en momentos tan graves para los trabajadores. El terreno que la burocracia corrompida no quiso canalizar en una acción político-sindical contra los explotadores, se ha desbordado naturalmente fuera de las organizaciones obreras. Los trabajadores y el pueblo están sufriendo en carne propia y de un modo por demás brutal las consecuencias de la demora histórica que ha tenido la tarea de extirpar el cáncer burocrático de los sindicatos. Las elecciones sindicales que se afanan por llevar a un pulpo imperialista al próximo gobierno, son las principales responsables de la desorientación de las masas y de la ciega búsqueda que éstas están realizando por encontrar un camino político de conjunto. Usted, señor ministro, ha calificado a los consignas políticas lanzadas por los partidos de izquierda como responsables por los sucesos que han tenido lugar en Rosario y en otros puntos del país. Está equivocado. Esos sucesos han sido ocasionados por la escasa penetración de las consignas políticas en el seno de las masas. La penetración compulsiva de un supermercado tiene limitaciones insalvables absolutas para la solución de los acuciantes problemas populares. ¡El cierre subsiguiente que puede ocasionar de esos comercios los agravaría hasta el paroxismo! Si para peor se tratara de un pequeño comercio, tal acción se convertiría en una victimización a otra víctima del saqueo capitalista actual. Pero el pueblo que así actúa no es un delincuente sino víctima de la delincuencia capitalista. Allí donde el PARTIDO OBRERO pudo lograr ser escuchado, la propuesta de este tipo de acciones fue superada en favor de otras que planteaban la movilización para que los poderes públicos satisficieran los reclamos existentes. La consigna política capaz de orientar a los explotados a una acción colectiva sobre el Estado y sus instituciones serviría para enfrentar la acción descontrolada de los monopolios saqueadores, imponer las reivindicaciones del pueblo y plantear un principio de reordenamiento al caos social que el gran capital ha provocado en el país. ¡Señor Ministro, la movilización política popular es la forma más alta de la democracia! Defender a las masas desesperadas 6. El Partido Obrero, tiene, además de las precedentes, otra gran divergencia de caracterización con usted, doctor Pugliese, y con todos los voceros y representantes del orden (o matar del desorden) actual. Los hechos producidos en los supermercados no constituyen una "acción" anti-social", sino por el contrario una reacción social contra la política de disolución social del capitalismo. Se trata, por supuesto, de una reacción primitiva y limitada, y por sobre todo de una rebelión todavía ciega. Pero es un anuncio de que el pueblo no admite ser víctima pasiva de la liquidación de su existencia y de sus familias. No debe ser reprimida sino reorientada. Repudiamos la represión que se ha ejercido sobre la población que se realiza como alternativa a la incapacidad para brindar solución a los graves problemas del pueblo y para colmo en defensa de los intereses y posiciones de la clase explotadora que está desintegrando a la nación argentina. El presidente electo, que ha apoyado esa represión, ha desnudado bien tempranamente la distancia social descomunal que lo separa del pueblo que lo votó hace dos semanas. La represión desatada no va a poner fin a la tremenda intranquilidad nacional, al contrario la va a acentuar. Los capitalistas hablan de hacer el "trabajo sucio" contra el nivel de vida de las masas delante de las narices de todos los funcionarios constitucionales, sin que éstos se mosqueen un poco, y hasta de llevar la hiperinflación hasta el final como condición de una hipotética estabilidad futura. Si ustedes reprimen en nombre de un programa semejante, díganos, señor Ministro, ¿quién encarna la subversión en este país? Abajo la Represión 7. El Partido Obrero repudia la declaración del estado de sitio. La repudia, en primer lugar, porque estamos en contra de cualquier suspensión de las garantías constitucionales y porque consideramos "trucha" viciada de defecto fundacional, a la Constitución política que la autoriza. Semejante Constitución es una proclama de principios contra la soberanía popular. Cuando la realidad social e histórica supera los marcos constitucionales, éstos deben ser removidos y no al revés, estrangular la evolución de la primera en nombre de los principios constitucionales superados. Paro el Partido Obrero repudia el estado do sitio porque nuevamente ha sido dictado por decreto y porque se pido que éste sea "ratificado" por el Congreso; queda establecida así una grosera violación de la Constitución, a saber, que el Poder Ejecutivo puede declarar el estado de sitio aún en período de sesiones del parlamento. No nos cabe ninguna duda de que se sigue en esto un cuidadoso método político que coloca poderosos recursos de excepción en manos del presidente, de modo de fortalecer las características represivas y totalitarias del Estado en todo el próximo proceso político de la crisis. El Partido Obrero se opone al estado de sitio de hoy como ya se opuso en 1985. La razón más importante, sin embargo, de nuestra oposición al estado de sitio es que su implantación significa agregar a todas las potestades represivas y coercitivas que tiene el estado la supresión de los derechos políticos —asociación, reunión, manifestación, huelga, expresión pública- es decir, la supresión de la libertad política, la cual es sin embargo hoy más necesaria que nunca para darle una salida nacional y una salida popular a la catástrofe desatada por la clase de los grandes capitalistas y por el agotamiento del régimen social capitalistas. Cuando resulta más necesario que el pueblo pueda deliberar y adoptar conclusiones colectivas, para, de un lado, comprender la naturaleza de la actual situación y, por el otro, encontrar la vía genuina de su superación, la aplicación del estado de sitio apunta en el sentido inverso —bloquear la libre evolución de la nación y del pueblo. El sentido de la declaración del estado de sitio es provocar la intimidación pública, con la ingenua creencia de que semejante procedimiento pondrá fin a la intranquilidad popular. Al revés, agregará nuevos motivos de intranquilidad. Poner en manos de un gobierno débil, como el que usted forma parte, doctor Pugliese, el estado de sitio, es una colosal irresponsabilidad. “Lo que natura non da, Salamanca non presta”; el estado de sitio no le resolverá a su gobierno su incurable y definitiva impotencia política. Sí crea un marco autoritario para el traspaso del mando al presidente electo, que debuta como coautor de su propio estado de sitio. El sentido último de la maniobra es convertir a la transmisión del mando en un acto de características golpistas, que coloque al próximo presidente por encima de la voluntad de quienes lo votaron y que lo autorice a gobernar en nombre de una emergencia nacional cuyos términos ya son definidos en favor de los Bunge y Born y de la amnistía militar. Por la movilización política a fondo 8. Seguramente, usted no recibió nunca, doctor Pugliese, una réplica tan extensa a las irresponsables acusaciones que vertiera en la noche de ayer contra la izquierda y contra nuestro partido. Pero la razón de esto es muy clara: es que mientras usted exige la tolerancia que ya es físicamente imposible, del pueblo desesperado con el régimen social y político presente que hunde a la nación esgrimiendo como última razón el código penal y el estado de sitio, el Partido Obrero está obligado a desenmascarar la situación histórica impóstele del capitalismo y de su Estado, y a abrir por este medio, es decir, por medio de la comprensión de esta situación, una vía de salida para las masas explotadas del país y para la Nación Argentina como comunidad independiente y soberana. Proponemos una movilización política, sí. Que se aumenten los salarios y jubilaciones un 200%. Que se establezca un sueldo y jubilación mínimos de 25.000 australes, a pagar e indexar en forma semanal. Que se entregue la mitad de ese mínimo a todo trabajador o joven desocupado. Que se establezca un programa de emergencia para entregar alimentos y medicamentos a precios accesibles o aún en forma gratuita. Que se reocupe a todos los despedidos y suspendidos en los últimos días. Que se desconozca toda la deuda contraída con los grandes capitalistas y se pague a los pequeños ahorristas. Que se confisque las tenencias de todas las empresas por los montos de impuestos adeudados a valor actual. Que se estatice la banca y el comercio exterior bajo control obrero. Para lograr estas reivindicaciones reclamamos la convocatoria de un parlamento obrero, con delegados elegidos en todas las empresas, que tome la dirección de la movilización popular y elabore un plan económico y político. Que se impulse la huelga general por estas reivindicaciones. La salvación del pueblo es la ley suprema.