Inundaciones de barrios obreros en los "distritos" de Cafiero y Suarez Lastra
El domingo pasado, en sólo seis horas de lluvias, la provincia de Buenos Aires y gran parte de la Capital Federal quedaron bajo las aguas. En todos los partidos del conurbano bonaerense, sin excepción, miles de familias trabajadoras fueron brutalmente conmocionadas por las inundaciones.
La estadística de la inundación produce escalofríos: 175.000 hogares afectados, 5.000 evacuados, cuatro muertos, decenas de viviendas destruidas, decenas de miles sin luz.
Hipocresía y parasitismo
Estas inundaciones se repiten año a año con la exactitud de un cronómetro. Hace exactamente un año, el 26 de marzo de 1988, otras lluvias anegaron toda la provincia: los mismos barrios inundados, las mismas familias evacuadas El subsecretario de Acción Social bonaerense, Carlos Hurst, los ha llamado “los inundados permanentes”.
Estas nuevas inundaciones han puesto de manifiesto, en forma cruda y descarnada, el gigantesco deterioro de las condiciones de vida de los millones de trabajadores que viven en el Gran Buenos Aires. Pero por sobre todas las cosas han puesto de relieve la impotencia del justicialismo para darle una solución.
En un famoso debate televisivo, el candidato a gobernador Cafiero abrumó hace dos años al ex-candidato Casella con los detalles de un plan “ya listo para aplicar Inmediatamente” para erradicar “para siempre" las inundaciones. Cuando se produjeron las inundaciones del año pasado, se supo que del mentado plan ni siquiera se habían comenzado los estudios previos. Cuando las aguas bajaron, el ya gobernador Cafiero se mostraba en TV anunciando la canalización del río Reconquista. Sin embargo, el domingo pasado “los testimonios recogidos en la recorrida mencionaron reiteradas veces un nombre como el causante de las desgracias: el Reconquista" (La Nación, 10/ 4). Mientras tanto, “el agua llegó a una altura superior a los dos metros en barrios de Villa Maipú y Villa Lynch”.
En la Capital Federal, “Facundito” Suárez Lastra (intendente de Alfonsín y candidato de Angeloz) sonríe desde miles de afiches proclamando su amor por la ciudad. Sin embargo, “los problemas, como es habitual (!!) tuvieron que ver con los arroyos Vega, Maldonado y Medrano, ‘viejos conocidos' de los vecinos en estas ocasiones” (Crónica, 10/4). ¡En seis años de gobierno ha sido completamente incapaz de evitar que un hecho meteorológico se convierta en un desastre social!
¿No es esta una demostración palmaria de la incapacidad de los gobernantes patronales y de su obscena manipulación de las necesidades más urgentes de los trabajadores para expropiarles el voto?
Durante sus campañas prometen “el oro y el moro” con sus sonrisas, slogans vacíos y promesas. Pero una vez puesto el voto, se termina la demagogia, el poder real continúa —como antes de las elecciones— en manos de los banqueros, los especuladores y los patrones. Los inundados “permanentes” se eternizan bajo el agua.
La culpa no es de la lluvia
Las inundaciones son la consecuencia obligada de la organización social capitalista, que al convertir a la tierra en monopolio de unos pocos ricachones ha empujado a millones a los terrenos marginales, sin urbanización, sin agua, sin cloacas.
La burguesía no autoriza las inversiones-necesarias para superar esta situación porque tiene otras prioridades más lucrativas. Resolver el problema crónico de las inundaciones no es un buen negocio.
Peronistas y radicales compiten entre sí en cumplir este mandato al pie de la letra.
El camino es la lucha
Frente al desastre capitalista, la respuesta obrera debe ser la organización y la lucha.
“Un grupo de vecinos interrumpió el tránsito en la ruta 8, a la altura del km. 32,5, en jurisdicción de San Miguel, en protesta por las inundaciones que se produjeron en la zona” (La Razón, 10/4). Este es el camino.
El Partido Obrero llama a organizar la solidaridad activa con las familias inundadas y a levantar un programa de lucha para terminar con las inundaciones: expropiación de las tierras y viviendas en manos de los especuladores inmobiliarios; que el Estado se haga cargo de los salarios de los trabajadores afectados hasta recomponer sus necesidades mínimas y de la provisión de los elementos perdidos en el temporal (heladeras, colchones, etc.); impuesto a las grandes fortunas para financiar un plan de obras públicas (drenaje de terrenos, entubamiento de ríos y arroyos, rellenado de bajíos, construcción de defensas, cloacas, asfaltado y alcantarillado de barrios) y construcción de viviendas populares, bajo control de los trabajadores.
No habrá salida bajo la administración capitalista. Ante el desastre, es más necesaria que nunca la solidaridad activa con los inundados y la organización independiente de los trabajadores.