La Perestroika y el Arte Kasimir Matevitch, un pionero del arte abstracto del 20 ha sido expuesto luego de 60 años en la URSS. La prensa internacional ha abundado en elogios sobre este hecho y, unánimemente, ha sido atribuido a la apertura “democrática", es decir, la perestroika. Refiriéndose al cine, el diario Página 12 (21/2/88) ya alentaba desde hace un año grandes ilusiones, y titulaba: la cinestroika; la censura soviética archiva las tijeras. No importaba que en la misma información se denunciara que más de dos decenas de films no podrían estrenarse; las tijeras se archivaban. Pero esta “democratización" esconde un aspecto sobre el cual poco o nada se viene informando, pero que es lo esencial en todo este proceso. El diario "La Nación" (12/ 1988) comenta que "los pintores rusos salen con ruido al ruedo internacional" al dar cuenta que se trasladó a la URSS la mecánica occidental (léase capitalista) de las ventas de arte". El propio ministro de Cultura, Vassily Zakharov "se sienta con un ejecutivo de la Sothebys para convenir las condiciones de remate" de los plásticos soviéticos. La gente de Sotheby's —agrega el diario de los Mitre— no esperan con esto engrosar las arcas de la empresa sino ampliar los alcances del mercado. La mercancía Que la obra de arte se ha convertido en una mercancía en la sociedad capitalista, ya es un concepto ampliamente reconocido aún por los estetas y sociólogos más romanticistas. Desde un origen, en el que tuvo una función primordialmente práctica, acentuando su valor de uso, con el correr de los tiempos históricos y las transformaciones económicas y sociales, su función pasó a mero valor de trueque, sin valor usuario, adquiriendo y acentuando un valor de cambio. Un esteta alemán, Han Heinz-Holz indica que "la obra de arte convertida en mercancía participa de todas las propiedades o características del comercio: se instituye un mercado de arte que depende del juego de la oferta y la demanda". Ahora bien, en este mercado de arte “no rige el sistema de mejora de la calidad frente a la competencia, y tampoco la de precios más competitivos”. Así las cosas, la creatividad del artista queda relegada a productos adaptados al mercado; se produce en función de las necesidades del mercado, es decir, es el mercado el que determina qué estilo, qué tendencia o qué artista pueda desarrollarse. El que no se adapta al sistema queda marginado o, también puede suceder, si un estilo nuevo cobra fuerza y vigor por sí mismo, el mercado lo absorbe rápidamente imponiéndole sus pautas, domesticándolo. En ese sentido el trabajador de la cultura se convierte en un trabajador enajenado, —su producto no le pertenece— y cabe destacar que todas las tendencias actuales han surgido para oponerse a los aspectos comerciales y mercantiles de la producción artística, pero, como en el caso del conceptualismo —por nombrar un ejemplo— han terminado siendo absorbidas. El mercado de arte El mercado de arte aparece poderoso y todo lo puede; nada escapa a su radio de acción. Pero en definitiva, ¿qué es este mercado al que ahora se incorpora la URSS? En otra nota de "La Nación" (23/12/88) se afirma que la pintura se ha convertido en un valor de Bolsa, en una especie de moneda mundial, y destaca que las obras de arte están cotizándose a precios desusadamente altos. ¿Por qué razón? Estas altísimas cotizaciones "se deben a la inmensa riqueza generada en los EEUU, Europa y Japón, a la debilidad del dólar y a los magros resultados que inversiones en bienes raíces, piedras y metales preciosos están produciendo". Cabe recordar que en 1987-88 obras de Van Gogh, Picasso, Monet y Johns totalizaron millones de dólares. Entonces, estos capitales excedentes, 'inversores', adquirieron obras de arte, pero no como valor de uso, sino como valor de cambio, pues las revenden obteniendo grandes fortunas. El mercado está formado fundamentalmente por las dos grandes "casas" de remates, la Christie's y la Sotheby's y por todo el sistema de galerías privadas; aquí es donde se impone y se determina la producción artística internacional. Por ejemplo, grandes empresas japonesas están apostando y comprando obras impresionistas y de Picasso, pero, al mismo tiempo se está revalorizando a movimientos más recientes como la “action painting" (Pollock) y el pop art (Warhol y Johns). Primero fueron los árabes cuando el barril del petróleo estaba en su cénit, luego algunos argentinos en la época de la plata dulce (nuestra Amalita Fortabat pagó 7 millones de dólares por un Turner) y desde hace dos años, por la caída del dólar, españoles, italianos y sobre todo japoneses son los que marcan el ritmo del mercado. Para tener una idea más aproximada del proceso que comentamos, en el ejercicio 83-84 el total facturado por la Christie's fue de 200 millones de dólares. En noviembre de 1987, en una semana de ventas, se superó esa cifra. Pues bien, a este sistema se integra formalmente la URSS, aunque en rigor, se trata de una integración al circuito internacional del arte, pues ya desde 1986-87 comenzaron a funcionar en Moscú galerías privadas, como en cualquier país capitalista Esta “integración" de la mano de Gorbachov, no significa otra cosa que un nuevo intento de la burocracia stalinista y renovadora de adaptarse cada día más al capitalismo y apunta a una inserción mayor del arte soviético en el sistema de "libertad" del mundo occidental. La perestroika o la "democratización" es, en suma, la vía que exige el imperialismo para introducir sus capitales y sus productos y romper todo tipo de planificación económica en el estado obrero burocratizado e incorporar definitivamente a la URSS en el sistema capitalista. Si durante los inicios de la revolución bolchevique el arte ruso se expandió como nunca antes, en la medida en que la revolución desataba y liberaba las energías creativas, con el advenimiento del Termidor soviético se proscribieron las organizaciones independientes de los artistas y los movimientos que se consideraban adversos al "realismo socialista". Malevitch, concretamente, fue prohibido promediando la década del 20 y artistas como Maro Chagall, Kandinsky y otros debieron emigrar. Todo el futurismo, constructivismo, suprematismo y arte abstracto fueron borrados de un plumazo, porque "las masas no podían comprenderlo". Desde entonces, de un régimen de libertad artística (a pesar de que sus manifestaciones no fueron comprendidas por Lenin ni por Trotsky) se pasó a un régimen de totalitarismo, imponiéndose a sangre y fuego el denominado "realismo socialista". El artista sólo podía producir lo que el Estado dictaba y nada más. Eisenstein debe modificar su “Octubre" para borrar las imágenes de Trotsky; Maiacovsky termina suicidándose, y los plásticos, anulados completamente. Ahora, en vez del Estado burocrático, decidirá el "mercado". Pero el mercado, como acabamos de ver, se rige por los intereses exclusivos de los capitalistas ¿Ello implica mayor libertad a los artistas, una democratización? De ninguna manera: sólo los críticos o periódicos democratizantes se gastarán en elogios pero ocultarán religiosamente las leyes del mercado de arte. En resumen, el artista seguirá produciendo con independencia de su criterio creativo: ahora, en la URSS, galeristas y capitalistas determinarán el estilo y las tendencias. Desde este punto de vista el rescate de Malevitch tiene que ver con dos fenómenos, por un lado exhibir a un plástico de renombre internacional preparando su futura cotización en el mercado y por el otro, se debe a la propia situación en la URSS donde el clima de lucha de las masas obliga a la burocracia a desempolvar a artistas y revolucionarios censurados y prohibidos. Pero ello no es una concesión democrática sino una conquista de las masas. Precisamente, profundizando ese camino de lucha los trabajadores soviéticos podrán producir la revolución política y evitar el proceso de regeneración capitalista en curso. En este nuevo marco, como en el 20, toda libertad para el arte, toda libertad a los artistas!! Esta revolución política, como en el 17, desatará y liberará nuevamente las energías creadoras. Jorge Figueroa (Regional Tucumán) 1/2/89