¿Cuál es la finalidad de la posición política asumida por la Izquierda Unida ante los acontecimientos de La Tablada? Aún hoy, cuando ya ha pasado más de un mes y resulta evidente que se perpetró allí una masacre premeditada con el objetivo de hacer avanzar las reivindicaciones de la camarilla militar, Izquierda Unida sigue justificando políticamente esa descomunal represión, cuya responsabilidad hace recaer enteramente sobre el MTP. Izquierda Unida salió a pujar con la derecha reaccionaria en la elección de los epítetos para condenar la acción de los asaltantes al cuartel, sumándose sin el menor reparo a la gigantesca histeria anti-izquierdista que el conjunto de los explotadores trató de desatar en el país. Una posición de este tipo no tiene nunca un carácter episódico. La justificación de cualquier acción represiva del Estado burgués contra sus víctimas, significa pasarse al campo de los explotadores, no importa cuán políticamente injustificada o equivocada sea la acción reprimida. La masacre de La Tablada fue perpetrada violando todas las normas del estado de derecho, pero esto fue pasado por alto por los “defensores de la democracia con justicia social”. La represión no estuvo basada en resolución judicial, no tuvo el carácter de defensa propia, no procuró la salida pacífica y hasta se impidió la rendición de los ocupantes. Imperó un estado de sitio no declarado. Es decir que no fue una represión cualquiera sino que tuvo el carácter de método de guerra civil. Entre la delimitación política de una acción foquista o aventurera y el apoyo de su masacre por el Estado, hay un largo paso que sólo lo franquean determinadas direcciones políticas. Es evidente que la dirección de Izquierda Unida sucumbió ante el pánico que le creó el terrorismo político-ideológico desatado por la burguesía. Aunque se tratara sólo de esto, sería suficiente como un síntoma de capitulación y aun de descomposición. Pero no es sólo esto. Los acontecimientos de La Tablada le sirvieron a Izquierda Unida para expresar una solidaridad de principios con el Estado capitalista y sus fuerzas armadas, lo que convierte en divergencias “tácticas” a los desacuerdos que pueda tener con los explotadores y sus partidos sobre la deuda externa o la política financiera. En La Tablada nada fue, por otra parte, episódico. Si el asalto representó un intento desesperado del MTP de salvar por otros medios su política democratizante en ruinas; y si la masacre fue para las fuerzas armadas y los partidos “democráticos" una forma de imponer por otros medios la reivindicación política del alto mando militar; la posición de Izquierda Unida estuvo dirigida a impulsar por otros medios su política de integración al Estado burgués. La preocupación absorbente de Izquierda Unida hace un mes era salvar su política electoral y sus posibilidades electorales. Esto ya nos dice que su estrategia no está fundada en el reforzamiento de la conciencia de clase del proletariado sino en el oportunismo y la falta de principios. Los dirigentes de I.U. no vacilaron en golpear políticamente a lo más avanzado y militante de sus cuadros, con el fin de ganar votos entre la pequeña burguesía susceptible al chantaje maccartista. Pero esto significa asumir la representación política de la clase media antirrevolucionaria. En los últimos días, al menos de parte del partido comunista, IU está procurando "rectificarse" un poco y para ello ha tomado como propias las denuncias del FRP sobre fusilamientos posteriores al cese del fuego. Sigue en pie, sin embargo, que IU no denuncia la masacre ejecutada durante 36 horas por el Estado contra un grupo reducido y acorralado, que ya estaba privado de todas sus posibilidades. Democracia y dictadura Es falso que IU consiga o incluso pretenda delimitarse del foquismo o de las acciones aventureras o aisladas. El tenor común de las posiciones de los distintos integrantes de IU es justificar esas acciones cuando están dirigidas contra las dictaduras, pero no así cuando tienen lugar en condiciones de un régimen constitucional. Tenemos entonces, por partida doble, una defensa política de las acciones que se realizan al margen de las masas y una defensa de principios del Estado burgués, que se pretende justificar con argumentos constitucionales. IU se delimita, no del foquismo, sino de la acción revolucionaria de masas. Es notable que IU defienda políticamente al terrorismo contra las dictaduras cuando la crítica históricamente más rigurosa contra éste fue formulada por Lenin en la Rusia zarista, caracterizándolo como un método y una política impotentes para acabar con la autocracia. Las dictaduras burguesas, aún más que las democracias, se basan en la atomización del pueblo explotado, algo que el terrorismo o la acción directa individual tienden a profundizar. El bolchevismo dejó una lección insuperable sobre cómo, aun bajo la más despiadada de las dictaduras, sólo la acción colectiva de los explotados puede tener un alcance positivo y revolucionario. El partido comunista reivindica tardíamente el asalto al cuartel de Moncada, por parte de Fidel Castro en 1953 con el argumento de que fue realizado contra una dictadura militar. Pero aunque Moncada ocupe un lugar destacado en la tradición de la revolución cubana triunfante esa acción fue un monumental fracaso político, que sólo sirvió para provocar una destrucción considerable del incipiente movimiento revolucionario. La historia le ofreció al reincidente foquismo castrista otras oportunidades de acción política, algo que no se presenta con frecuencia, y por eso pudo finalmente triunfar, no por un golpe aislado, sino por una insurgencia de conjunto de los explotados cubanos. Izquierda Unida traza entre la democracia y la dictadura, no ya una línea divisoria sino un verdadero abismo. Bajo la dictadura se justifica todo, incluso el terrorismo individual; bajo la democracia no se justifica nada, ni siquiera una acción revolucionaria de masas. En la democracia hay canales de participación, dice Vicente, es decir que no se deben construir otros canales que entren en colisión con el Estado burgués, incluso si ellos corresponden a la tendencia de las propias masas. Vicente defiende a la democracia, no por las posibilidades mayores que puede ofrecer para la educación y organización revolucionaria del proletariado, sino por la restricción y la limitación que impone a esa organización independiente de las masas, a través de las disposiciones constitucionales, legales, administrativas o judiciales, es decir por la obligación que exige de transitar por los "canales" despóticamente establecidos. Se trata de una defensa contrarrevolucionaria de la democracia burguesa. Se desprende de aquí que ante un golpe militar, la democracia sólo debe ser defendida constitucionalmente, es decir bajo la dirección de Menem y Alfonsín y con la compañía de los “mandos leales". Pero las dictaduras militares, contra las cuales IU “autoriza" incluso el terrorismo (lo que significa que lo privilegia, porque lo que sirve no requiere sustituto), no caen del aire. Antes de que la dictadura aparezca en la escena siempre hay una democracia. La dictadura significa que los “canales" de la democracia fueron impotentes para detener su caída. No sirvieron para parar el golpe pero sí para impedir que las masas lo hicieran en su lugar. Ahí está el ejemplo del 55, del 66, del 76 y de Semana Santa. Contra la dictadura, sí; contra la democracia, no. ¿Pero de dónde vienen las dictaduras? ¡Pues de las democracias! Los militares tienen el derecho a desarrollar dentro del Estado democrático todas las posibilidades para derribar a la democracia cuando ella se revele impotente para resolver la crisis del Estado, y ello está amparado por la Constitución y la ley, pero la izquierda debe esperar a que ello ocurra, y a que la encarcelen o le metan un tiro en la cabeza, para después proclamar su derecho a utilizar los canales impotentes del terrorismo. ¿Y cuál debería ser la finalidad política de la lucha contra las dictadura? ¡Pues el retorno a la democracia! - ya que es ella la que brinda los "canales de participación", etc., que desaparecerán como por encanto ante la primera e inevitable crisis política o revolucionaria. A esto se reduce toda la política de IU, que es un monumento al macaneo. IU, que no ha aprendido nada de Lenin, ni de Castro, tampoco aprendió nada del fracaso de Salvador Allende. En Chile no sólo existía un régimen democrático con sus respectivos “canales”, sino que el gobierno estaba en manos del equivalente a Izquierda Unida; es decir que existían teóricamente las mayores posibilidades de "participación”. El detalle es que el pueblo no tenía derecho a armarse, un privilegio que la Constitución reservaba sólo a la camarilla militar. El gobierno de Allende era, en este aspecto, absolutamente constitucional, y no permitía otros “canales” armados que los establecidos. El resultado fue una feroz masacre y una feroz dictadura de más de quince años. Allende se valió de las fuerzas armadas para desarmar al pueblo, y aunque ello le costó la vida, sirvió para salvar al único Estado que Allende reconocía como propio, el burgués. ¡No hay militarización! El Mas transita por el camino de Allende, pero sin llegar a los talones de éste, pues el Mas lo hace desde el llano. Desde el primer momento el Mas se ha opuesto a la consigna de "abajo el COSENA" Aún hoy la propaganda y la agitación del Mas no dicen una sola palabra de lucha contra el Consejo de Seguridad Nacional. Los campeones de la “participación democrática" no se molestan por esta alevosa injerencia de la camarilla militar en la política del Estado. Es que según el Mas (SS 14.2) no existen posibilidades de militarización, ni de "intentos” de ella, como si la lucha contra un acto de militarización estuviera condicionada a las diversas posibilidades de desarrollo de esta militarización. Sólo alguien que esté completamente entregado a los explotadores puede, sin embargo, no ver que el régimen constitucional alfonsiniano ha nacido ya con un grado extraordinario de militarización, el que desciende directamente de la dictadura militar. El cuerpo de oficiales de ésta está intacto y Zamora dice que no hay posibilidades de militarización. La camarilla militar impone el punto final y la obediencia debida y los “socio-trotkistas” afirman que no hay posibilidades de militarización. Los servicios de inteligencia siempre estuvieron funcionando a pesar de carecer de autorización legal y el Mas pretende vender el monumental buzón de que vivimos en una democracia no militarizada. Esta tesis es una miserable justificación teórica" de su alineamiento con los “carapintadas" y de su vergonzante apoyo al COSENA. El PC. en cambio, ha comenzado a criticar tardíamente a éste para disimular sus posiciones frente a La Tablada, pero sin sacar, por supuesto, una conclusión más general, a saber, que incluso el más democrático de los Estados burgueses es una refinada maquinaria de opresión del pueblo. El ultimátum de capitulación política, dirigido a IU por todos los representantes políticos "democráticos” e instituciones del Estado, ha obligado a la dirección del partido comunista a desenmascararse por completo. Durante tres años se ha venido jactando de haber elaborado una “estrategia de poder” que lo habría "renovado” por completo. Esta “estrategia de poder” ha quedado claramente expuesta ahora en los siguientes términos: dentro de la ley todo, fuera de la ley nada; bajo las dictaduras se puede hacer cualquier cosa pero con la finalidad de volver a la democracia y someterse a sus “canales". I.U. no llega a defender consecuentemente al sistema democrático contra la reacción; lo que hace es justificar con argumentos constitucionales su defensa del Estado burgués en general. Para la IU la Constitución y la ley son entidades que están por encima de las clases, que se imponen como norma obligada de conducta para todas ellas. La burguesía, sin embargo, viola cotidianamente su propia ley mientras exige a los oprimidos que la cumplan. Radiografía de IU Podemos contestar a la pregunta formulada al principio, diciendo que la finalidad de la política de Izquierda Unida ante los sucesos de La Tablada no fue delimitarse del foquismo o el terrorismo sino proclamar su solidaridad de principios con el Estado. No critica al foquismo sino a la posición revolucionaria frente a la democracia burguesa. No defiende las libertades democráticas para que los explotados puedan elegir libremente su camino de lucha, sino que justifica la represión y la militarización burguesas cuando las luchas no transitan los “canales” que le ha asignado la burguesía. Defiende al foquismo cuando sirve de auxiliar al democratismo burgués en situaciones de dictadura militar en crisis. IU es una versión, caricaturesca por supuesto, de la Unidad Popular chilena. No ha vacilado en golpear la tradición y las convicciones de los militantes de izquierda y aun del peronismo, alineándose con una represión ejecutada por los autores de 30.000 desapariciones. Hay una sola izquierda, revolucionaria; es el Partido Obrero.