PT Brasil: Calificado ayer de “incendiario” lo reclaman ahora como “bombero”
La espectacular victoria del Partido de los Trabajadores ha sacado a luz la enormidad de la crisis política de la “democracia” brasileña. El PMDB de Ulysses Guimaraes, presidente de la Asamblea Constituyente, y los partidos de la derecha fueron barridos. El PMDB, que había conquistado 22 de las 23 capitales estatales en 1986, quedó reducido a sólo cuatro intendencias en el lejano y rural Nordeste. En el marco de una campaña signada por la apatía popular (en San Pablo, el voto en blanco alcanzó el 18%, sin que organización política alguna lo propagandizara), el PT fue el receptáculo de un colosal repudio al régimen político existente. La brutal represión militar a los huelguistas de Volta Redonda produjo el vuelco que, en las últimas horas, volteó continentalmente a los partidos patronales. Crisis del régimen político La burguesía brasileña carece, hoy por hoy, de opciones “populares” propias. El conjunto de los partidos que controlan las instituciones del Estado, los Ejecutivos nacional y estatales y el Parlamento son absolutamente minoritarios. Las FFAA han quedado como el único sostén de! Estado dentro de un régimen “constitucional”. Aparece en carne viva la mortal contradicción del régimen democratizante, que dice gobernar en nombre de las “mayorías" pero que es, en realidad, una marioneta del gran capital y de las camarillas. La verificación popular de esta contradicción significa potencialmente el derrumbe completo de todo el régimen político. La flamante Constitución presidencialista promulgada hace apenas un mes, ha quedado desajustada con relación a la situación emergente de las urnas, que ha consagrado al PT como el mayor de los partidos brasileños. En este cuadro, el “respeto a la Constitución” que repiten todos los partidos, incluso el PT, es una pura y simple subordinación a un gobierno vaciado y a la tutela militar que opera detrás de esa hoja de parra impotente. El derrumbe de la “Nova República” reproduce en Brasil un fenómeno de alcance continental: la quiebra de las burguesías nacionales latinoamericanas, arrasadas por la brutal crisis económica, la presión imperialista y la resistencia de las masas. El descalabro del sistema de “partido único” en México, la volatización del gobierno de Alan García en Perú y el hundimiento del cogobiemo alfonsino—justicialista en Argentina son las expresiones más visibles de ello. Está situación de crisis extrema ha puesto en evidencia de inmediato las limitaciones insalvables de la dirección pequeñoburguesa del Partido de los Trabajadores de Brasil, en especial si se tiene en cuenta su arraigo en el movimiento obrero. Las preocupaciones de la burguesía La burguesía brasileña recibió “serenamente” el triunfo electoral del PT. La Bolsa, ese insuperable termómetro de los terrores y las certidumbres de la burguesía, se recuperó el jueves y subió el viernes, luego de un pequeño retroceso el miércoles 16. Las FFAA, por su parte, ocultaron bastante bien su preocupación por la victoria petista mientras la Iglesia, con sólidos lazos con la fracción mayoritaria del PT, se mostraba “feliz” por tos resultados. La prensa burguesa también disimuló el golpe que le significó la victoria del partido de Lula. Carlos Castello Branco, en el Jornal do Brasil (18/11) afirmó que “la victoria del PT tiene un significado positivo para la estructuración democrática del país”. O Estado de Sao Paulo (17/11) fue más lejos, al caracterizar que “el triunfo del PT es oportuno, necesario, hasta Imprescindible”. Que esto lo digan los mismos que hasta hace poco tiempo calificaban al PT de “subversivo” y “anticonstitucional”, no deja de ser ilustrativo. El tono de la prensa patronal revela el rol que la burguesía asigna al PT (y a la CUT) en la crisis política que esa misma prensa caracteriza como “prerrevolucionaria”. “El PT sube para canalizar la protesta” editorializa O Estado de Sao Paulo (17/11). “Aunque hoy esté en la oposición al gobierno federal y a las administraciones estatales, (el PT) forma parte de aquel establishment que el elector pretende destruido” (O Estado de Sao Paulo, 17/11). Como se ve la preocupación patronal no es el PT, a cuya dirección democratizante considera integrada al Estado. Lo que preocupa a la burguesía brasileña es el derrumbe del sistema político, el descomunal agravamiento de la crisis económica y la movilización de las masas. La patronal brasileña aún no ha definido una “salida” a la realidad política abierta por las elecciones (¿frente popular? ¿golpe militar preventivo?). Pero es precisamente por causa de esto que quiere lograr “un pacto social” que permita “ganar tiempo hasta encontrar soluciones más eficaces” Por esta vía ha logrado que se levanten las huelgas de Volta Redonda y de los petroleros a cambio de un aumento salarial que un burócrata derechista calificó de “ninharia” (irrisoria). Las limitaciones del Partido de los Trabajadores A las pocas horas del terremoto político que provocó con su victoria en San Pablo, Luiza Erudnina, del ala izquierda del PT, declaró que “no venimos a hacer una revolución socialista en el municipio. Este es un país capitalista y lo que queremos es modernizar el capitalismo” (O Estado de Sao Paulo, 19/11). Ya algunos patrones han comenzado a planear sus pequeños (y grandes negocios) a la luz de la “modernización” de Erudnina: “el presidente del Consejo de Corredores Inmobiliarios de San Pablo dijo que el clima del sector era de expectativa” ante tos anuncios de la futura alcaldesa paulista de lanzar un plan de viviendas. Más significativa aún fue la exposición de Plinio Arruda Sampaio ante los ejecutivos de la Ford, la Volkswagen, la Mitsubishi, la General Motors y el Lloyd's Bank, quienes entre otros, se reunieron en el “exclusivo" Encuentro Nacional del Forum Mundial de Economía realizado en San Pablo. Ante los pulpos, Plinio declaró solemnemente que “el PT es un partido legal, firmó la Constitución, sabe que vivimos en un régimen capitalista y, por eso, gobernará dentro de la ley” (Jornal do Brasil, 20/11). En un perfecto inglés, el dirigente petista, “resumió en una frase el lema mágico de la futura administración petista: ‘We’ll negotiate' (‘vamos a negociar’) lo que fue recibido con aplausos por un público que nunca antes escuchó al PT” (Jornal do Brasil, ídem). La dirección del PT y de la CUT por su parte, jugaron un activo papel para obtener el levantamiento de la huelga petrolera. El propio Lula telefoneó al Ministro de Minas, Aureliano Chaves, quien lo invitó a “asumir desde ya su responsabilidad”. A las pocas horas, Jair Meneguelli, presidente de la CUT negociaba con el ministro el levantamiento del paro, declarando posteriormente que “hay un 70% de posibilidades de llegar a un acuerdo" (O Estado de Sao Paulo, 19/11). Mientras todo esto sucedía, el diputado del PT, Luis Gushiken mantuvo una reunión con Sarney, que fue públicamente negada por la directiva petista. El PT no ha firmado el pacto social en vigencia por la sencilla razón de que esto habría dificultado su función apaciguadora de las luchas. Sin la hipoteca de firmar el “pacto social” la burocracia de la CUT conserva más autoridad para frenar las huelgas. Aun así, después de los comicios, “el presidente de la CUT, junto con el PT, el PDT y los dos PC (soviético y albanés) estudian las bases de una especie de programa económico de emergencia para llevar al gobierno y los empresarios para formalizar un entendimiento que permita derrumbar la Inflación” (O Estado de Sao Paulo, (19/ 11). El PT, potenciado por las elecciones, pretende un “nuevo” pacto social, una “nueva versión" del mismo recurso político patronal contra las masas. Para desgracia de la burguesía, sin embargo, el parasitismo del capitalismo mundial, la crisis de la deuda externa, la bomba de tiempo de la deuda interna y el hundimiento del régimen político no se resuelven con “pacto social". Tampoco el apoyo del PT-CUT significa que la clase obrera brasileña se dejará amordazar. La clase obrera y tos explotados brasileños han votado al PT, en oposición al régimen político burgués en su conjunto. La integración abierta de la dirección del PT a este régimen, con su “pacto social”, su “respeto” al capitalismo y su postergación de los reclamos de las masas, producirá— al calor del agravamiento de la crisis económica— una diferenciación política en la vanguardia obrera, lo cual plantea la construcción de un Partido Obrero Revolucionario, tal como lo dicen los trotskistas brasileños, la Organización Cuarta Internacional, que militan dentro del PT.