La verdad sobre Chile
Toda la prensa mundial sin excepción se ha concertado para escamotear la amplitud de la victoria del NO en el plebiscito manipulado de la dictadura pinochetista. Se pretende con este segundo fraude disimular la profundidad de la descomposición del régimen criminal en un operativo completamente dictado por la necesidad de operar una transición “en orden” a un "pinochetismo sin Pinochet”. Es que el NO no sólo fue mayoritario en las barriadas obreras, o en las grandes ciudades. ¡También ganó en las zonas rurales aisladas, en las mesas de mujeres y jóvenes y aún en el residencial Barrio La Providencia (nuestro porteño Barrio Norte) (!!). La revelación de este desastre la tuvo que hacer el presidente de la Confederación de la Producción, Manuel Feliú, cuando aún no se han oficializado los resultados definitivos, para reclamar a la dictadura no jugar con fuego (Mercurio, 16/10). Esta es la situación de crisis mortal del régimen, que en el cuarto oscuro fue abandonado hasta por una parte de la burguesía alentada por la política “democratizante” (si se puede llamar así) del pinochetista Reagan. Las masas no necesitaron esperar los resultados, pues sus conclusiones políticas eran anteriores al NO e iban más lejos que la maniobra plebiscitaria. “¡A la calle para echar a Pinochet!” fue la consigna de conjunto que se opuso a los llamados del Comando del NO, de la Izquierda Unida y del PC a “festejar en los hogares”. Eran las dos de la madrugada del jueves 6 cuando “comenzó la hora de las multitudes" (Análisis, 10/10). Una muchedumbre se congregó en el centro santiaguino y al grito de “ya cayó” se dirigió a La Moneda (casa de gobierno). “Nadie los convocó, nadie dio facilidades, los llamados a los dirigentes opositores a retirarse no fueron oídos” (idem). Cada intento de llegar a La Moneda fue duramente reprimido, pero nadie quería irse. Al contrario, llegaban más y más manifestantes, los cuales desbordaron completamente el control policial. Al caer la noche, la dictadura tuvo que producir un apagón en toda la capital y desatar una brutal represión (que dejó tres manifestantes muertos) para contener a un pueblo anticipadamente traicionado por toda la “oposición política”. El salvataje democrático de una dictadura En la madrugada del 6, en una “sesión tormentosa y violenta”, el gabinete pinochetista renunció en masa. Durante toda la jornada, Chile careció de gobierno. “Nunca como en esas horas, la dictadura estuvo tan débil” (ídem). A toda prisa, fue montado un operativo de emergencia para evitar, como señalara Patricio Alwyn, presidente del Comando del No, “un salto en el vacío”. Dirigentes del NO mantuvieron "intensas negociaciones” durante toda la jornada con dirigentes de Renovación Nacional (principal partido del bloque pinochetista) y con el general Stange, miembro de la Junta Militar. En ellas el Comando del NO aceptó que la información conjunta del resultado electoral presentara una menor diferencia entre el NO y el SI, a cambio del reconocimiento inmediato del triunfo de la oposición. Crónica de Buenos Aires (8/10) señala que “se habrían traspasado hasta un millón de votos del NO al SI”. El '70/30” emergente de las urnas, que significaba la caída automática de Pinochet, fue convertido, con el asentimiento de la oposición, en un "57/43” para salvar al régimen. Se confirma así la caracterización que solamente Prensa Obrera en todo el ámbito internacional realizará el mismo 6 de octubre. Durante la crisis, la preocupación central de la oposición fue la de evitar la intervención de los explotados. Patricio Alwyn negó "enfáticamente” que reclamase la renuncia de Pinochet. "Esa es una exigencia de grupos minoritarios”, aventuró (Mercurio, 7/10) mientras decenas de miles de personas superaban el control policial frente a La Moneda. La oposición fue todo lo lejos que fue necesario para rescatar a Pinochet. “Alejandro Hales, presidente del Comando de Independientes por el NO, se introdujo en un Huáscar (carro policial) —ante la solicitud de los carabineros totalmente superados por la multitud (I!) —y llamó al público por altoparlantes a despejar el sector de La Moneda” (Análisis, 10/10). ¡La “oposición” ya ha encontrado en el tanque de los represores el símbolo de su política! Al día siguiente, 7 de octubre, el Comando por el NO organizó una concentración, pero, claro está, lejos del centro. Hasta un órgano del imperialismo francés tuvo que destacar que se “caracterizó por la total ausencia de discursos políticos” y que los manifestantes la denunciaban como “pura música" (Le Monde, 9/10). El acto “se transformó en amargura” para cientos de miles que habían llegado allí al grito de “¡que se vaya!” (ídem). “¡Grupos minoritarios!" La red de seguridad montada por la oposición, incluida la IU, y el oficialismo, logró salvar al régimen en su día más aciago. Por la noche del 6, Pinochet confirmó a su gabinete, desairando así una "esperanza” de la oposición. Los pinochetistas le prometieron un cambio ministerial para más adelante, lo que satisfizo totalmente a los “opositores”. El Departamento de Estado, la Iglesia, los empresarios y hasta el general Mathei, miembro de la Junta, felicitaron a la oposición por su “cordura”, lo que les permitía respirar aliviados. En las condiciones de la crisis brutal desatada por el alud de votos contra la dictadura, la burguesía y la izquierda democratizantes revelaron su impotencia, pero por sobre todo su carácter contrarrevolucionario. “Una nueva etapa” “El 5 de octubre fue un día maravilloso, terminó una etapa de la historia de Chile y empezó otra”. Esto lo declaró, no la viuda de Allende, sino de nuevo el pinochetista Manuel Feliú, presidente de la central empresaria (Mercurio, 16/10). El nuevo signo histórico tiene sus peculiaridades, claro. “Pinochet - señaló Feliú— no debe renunciar ni como presidente ni como comandante porque es el garante principal de este proceso (histórico). Hay que ser realistas” (idem). En el “realismo” que reclama el presidente de los empresarios coinciden la DC y hasta el stalinismo. “Con el triunfo del NO, la libertad debe volver cuanto antes, pero esto— aclaró V. Teitelboim, figura máxima del PC en Chile —no significa que Pinochet deba Irse esta noche o mañana (Mercurio, 9/10). Es que Teitelboim es también “garante” del proceso, más aún que Pinochet, y por eso se apresura a usar la frase de los manipuladores: "Hoy no se fía, mañana sí”. La pinochetista Renovación Nacional, el Comando del NO, la IU y hasta Feliú se reunieron de inmediato en la noche del 5 para reclamar la inmediata renuncia del Ministro del Interior, Sergio Fernández, responsable de la campaña por el SI, al que califican, sólo a él, de “provocador”. Precisamente, la “nueva etapa” comenzaría con "el cambio de gabinete que se haría efectivo la próxima semana” (La Época, 14/ 10). El reemplazante de Fernández sería un ex diplomático del régimen ligado a RN. Su función política fue definida por el “socialista” Núñez. “Ese nuevo ministro — señaló— vendrá con un plan político de apertura que permitirá a los integrantes de la Junta de Gobierno sentirse habilitados y convocados al diálogo, porque las Iniciativas nacerían del Poder Ejecutivo (es decir Pinochet mismo). El nuevo jefe de gabinete haría las veces de puente entre ambos poderes, lo que facilitaría la comunicación sin fricciones. El clima que genere puede abrir canales insospechables de entendimiento entre la oposición y la Junta” (Época, 14/10). El ministro “político” será la ficción que oficiará de intermediario entre la oposición democratizante, los partidos de derecha, la Junta Militar y... Pinochet. La función del nuevo ministre es ocultar que la sartén, y el mango también, siguen sólidamente en manos de Pinochet y de su clan en el Ejército. La negociación no tiene por objeto garantizar la retirada “pacifica” de la dictadura sino una continuidad digerible para las masas. “Bastaría -señaló Andrés Zaldivar, de la DC- que se designara un Ministro de Interior con plenos poderes para que el plazo para realizar las elecciones fuera Irrelevante... para la reforma electoral tampoco hay apuro” (Mercurio, 16/10). Para lo que sí hay “apuro” es para un entendimiento entre “opositores” y pinochetistas, de modo de fusionar a la maniobra demagógica con la represión en un sólido frente antipopular. Pinochet, que no renunciará ni a la presidencia ni a la comandancia, seguirá teniendo en sus manos los hilos de la “transición”, con la única salvedad de que deberá interpretar el papel de un "verdadero demócrata”. Esto, de paso, servirá para confirmar la veracidad de la tesis de que “de una dictadura siempre se puede salir”, lo cual alivia los dolores de entrar en ella, y la justifica. La oposición democratizante fue al plebiscito a derrotar las aspiraciones democráticas de las masas, no al pinochetismo. El Mercurio (13/10), por primera vez en 15 años, elogió su “cordura y racionalidad”. Elecciones a dos bandas En el paquete de la “transición negociada” ya ha comenzado a montarse el escenario electoral para 1989. Los sectores fundamentales de la burguesía chilena y el imperialismo se orientan, en principio, a repartir el esquema del plebiscito. Dos grandes bloques, los partidarios del SI, con eje en Renovación Nacional de una parte, los partidarios del NO, detrás de la DC, del otro. El oficialista El Mercurio se ha lanzado a una campaña para unificar a todos los partidos del SI. Renovación Nacional está embarcada a fondo en esta tarea, presentándose como el partido del “orden” y la “libre empresa”, y concediendo también el mismo carácter a la Democracia Cristiana. De aquí puede salir la variante de un “único candidato” presidencial. Voceros del propio imperialismo, por su parte, han hecho notar a la oposición la necesidad de presentar un candidato único. Larry Birns, del Consejo de Asuntos Hemisféricos, advirtió que “los políticos de Chile siempre han sido cortos de vista. Ello hace muy probable que haya tres candidatos de oposición, exactamente lo que desea Pinochet”. (El Mercurio, 9/ 10). La oposición tomó nota del consejo: El Comando por el NO anunció que “habrá un candidato único de la oposición” y que será un hombre de la DC. La burguesía se regocija porque “el país se encamina a una confrontación electoral a dos bandas, que podría conducir a la moderación de los esquemas y a augurar un futuro de estabilidad política, económica y social” (Mercurio, 16/10). La función política de las “dos bandas” es garantizar, mediante dos bloques sólidamente ligados al gran capital, la continuidad del “modelo económico". La polarización electoral detrás de los dos partidos burgueses tiene por objeto anular la polarización social, es decir, borrar a los explotados (y a las organizaciones en que se nuclean) de la vida política. La izquierda, tanto dentro como fuera del Comando por el No, ya declaró que se adapta a este escenario. “El PS Núñez, la Izquierda Cristiana, el MAPU, el PS Almeyda y el PPD de Lagos ya habrían prestado su disposición a apoyar a un abanderado democristiano" (Mercurio, 14/10). El stalinismo, por su parte, anunció que “estudiará su posible apoyo a un candidato único con espíritu constructivo" (Clarín, 15/10). Este “espíritu constructivo" ya lo había demostrado sobradamente bajo el gobierno de la U.P. La “negociación política” vía Ministerio de interior y el montaje de un escenario electoral antidemocrático en 1989 son la llave para abrir la discusión de reformas parciales a la Constitución de 1980. El general Mathei señaló que “podremos comenzar a negociar cuando veamos cómo se alinean los políticos, pero —aclaró— no aceptaremos cambios en el marco fundamental de la Constitución" (Clarín, 15/10). La derecha se ofreció como intermediaria, “siempre que no haya modificaciones importantes da la Constitución” (Mercurio, 16/10). Los “opositores” aceptaron, desde ya, el compromiso. “La oposición —declaró Alwyn—reclama que se estudie el modo de hacer viable la reforma de la Constitución en el futuro (I), debido a que los cambios aparecen como imposibles (!) antes de la elección del Congreso (¡es decir, en 19891)" (Clarín, 15/10). Se encuentra aquí plasmada la “colaboración entre los partidarios del NO, los del SI y las FFAA” reclamada insistentemente por la Curia. Pinochet no jugó su última carta “Pinochet está derrotado y sabe que a plazo fijo 61 y toda su gente tienen que irse", declaró con mucha convicción el democristiano Gabriel Valdez (Clarín, 13/10). Lamentablemente, Valdez se cuidó de ponerle fecha a este “plazo fijo”. Pinochet, por de pronto, mantiene la presidencia y la comandancia del Ejército. Su Constitución se mantendrá vigente, por lo menos hasta 1989, y a través del ministro “político” mantendrá los hilos básicos de la “transición”. El dictador está en retroceso: ¿pero ha renunciado a dar su propia batalla? Pinochet sigue siendo un actor importante porque representa a dos fuerzas sociales importantes: a los comisionistas y agentes del capital financiero engordados a la sombra de la capitalización de la deuda externa y de las privatizaciones, y del ejército, orgánicamente pinochetista. La oposición reivindica precisamente este “modelo económico" y a las FFAA (“Instituciones de la patria toda”) para calmar a los soportes de Pinochet Con ello, fortalece la posición del dictador, quien aún conserva el margen de maniobra necesario para “pudrir” la “transición". No sería la primera vez. En 1983, abrumado por las masivas movilizaciones y las huelgas, Pinochet dio un paso atrás para dar dos adelante: nombró Ministro de Interior a Jarpa Reyes, que subió con la impronta de la “apertura”. Permitió la salida de diarios y revistas opositoras, el retorno de los exiliados y un funcionamiento semiilegal de los partidos. La oposición saludaba también entonces “el comienzo del fin” de la dictadura. La “primavera de Jarpa" fue sólo eso: una estación. Con una combinación de represión, provocaciones, alguna concesión y una mayor integración económica con el imperialismo, Pinochet regresó al primer plano... y se mantuvo cinco años más. La reedición de este camino no está definitivamente excluida, por la política de la “oposición". El imperialismo y la burguesía “seria" no creen en la factibilidad de una nueva edición de la maniobra de 1983, que podría llevar a Chile al “caos social”. Pero Pinochet aún no abatió todas sus cartas. La oposición burguesa y su ladera la IU, no advierten que al mantener todo el poder en Pinochet y en la camarilla militar, se someten a un nuevo aniquilamiento. Pinochet aspira a designar a su sucesor, como variante “de mínima” en su política. La Izquierda Unida, dominada por el stalinismo, está sólidamente integrada al dispositivo de institucionalización del régimen pinochetista. Ha renunciado a exigir la caída de la dictadura (“Pinochet no llene que irse hoy o mañana"), a denunciar la Constitución pinochetista (“no nos oponemos a las reformas constitucionales que signifiquen pasos en el camino de la democratización del país”, —dijo Teitelboim en El Mercurio, 15/10—,y se ha sumado a las nuevas elecciones plebiscitarías. La completa adaptación de la IU a la estrategia democratizante refleja no sólo la presión del imperialismo y de la burguesía chilena, sino también latirme determinación de la burocracia soviética de “estabilizar" el Cono Sur americano. La “izquierda” se ha colocado en el campo de la institucionalidad pinochetiana y de sus cuerpos armados. “Hay un consenso en la IU —declaró su presidente Aníbal Palma —de confiar en que las FFAA estarán a la altura de su responsabilidad histórica” (El Mercurio, 2/10). El baño de sangra del 11 de setiembre y quince años de dictadura militar no le han enseñado nada. La "Izquierda” ha hecho en Chile un descubrimiento típicamente alfonsiniano o menemista. “Los elementos Involucrados en crímenes —sostiene Palma— son un sector minoritario y no creo que las FFAA estén por ampararlos" (idem). Palma obviamente no cree en dios, pero su respeto por el Estado burgués es religioso. La burguesía no está resentida con la izquierda Zaldívar, DC, luego de reivindicar el papel del PC bajo Allende, señaló que “es necesario conversar con los dirigentes del PC, plantearles las posiciones, hacerles ver lo que el país espera de ellos para que su conducta no sea sancionada” (El Mercurio, 2/10). Fronteras afuera, en Buenos Aires y en Washington, se discutía la necesidad de “separar al PC del MR y del FPMR para sumarlo al centroderecha y al centroizquierda, al tiempo que se buscaba una actitud disuasiva de Castro para el FPMR” (Página 12, 7/ 10). A estas “señales" Volodia Teitelboim respondió: “hemos influido para que los sectores populares asumieran responsablemente (!) el triunfo del NO” (Mercurio, 6/10). La “responsabilidad” como se sabe siempre requiere de un gendarme que la asegure. La vigilia de los explotados Los explotados chilenos protagonizan desde hace tiempo una excepcional movilización. Desde 1983, han salido a la calle en “jornadas de protesta", huelgas generales y “cacerolazos” que han convertido a la dictadura en un anacronismo. Las multitudes que se congregaron en los actos del NO y la gigantesca movilización post-plebiscito son los hitos más cercanos de esta lucha. Ahora, ante todas estas maniobras políticas de “los de arriba”, los explotados trasandinos observan y analizan, agazapados; la situación, evalúan tendencias y partidos, preparan las condiciones políticas para un nuevo salto. El ánimo de sus sectores más avanzados lo dio un dirigente poblacional en la marcha del 6. “Hemos venido —señaló— porque no queremos que Pinochet siga un año más y, por lo tanto, la única negociación que aceptamos es la de miles de chilenos en las calles, defendiendo su decisión de no más Pinochet ahora" (Análisis, 10/10). En estas condiciones, el PO le plantea a la vanguardia revolucionaria de Chile la formación de un partido obrero revolucionario, organizado clandestinamente en fábricas, fincas y barrios, enérgicamente delimitado de la izquierda democratizante. El principio estratégico de este partido debe ser la lucha por el gobierno obrero y campesino, es decir la dictadura del proletariado. La consigna democrática más importante en la situación actual es al derrocamiento de Pinochet y la convocatoria de una Asamblea Constituyente libre y soberana. En el curso de la lucha inevitable que plantea la descomposición del régimen, el partido deberá impulsar la formación de “comités" y el desarrollo de los que ya existen, en empresas, barros y fincas. La lucha armada contra la dictadura deberá aún madurar en el seno de las masas para convertirse en insurrección popular. Un planteamiento foquista sería un lamentable retroceso para el proceso revolucionario chileno, porque simplemente no se puede forzar desde afuera la evolución política de las masas. Una tentativa semejante solo serviría para abortar la necesaria tarea de diferenciación de la vanguardia revolucionaria respecto a la izquierda democratizante que marcha atrás del Comando del NO. El planteo foquista adolece en Chile del defecto adicional de que levanta un programa "patriótico" que no supera los marcos democrático-burgueses, es decir que no corresponde a la estrategia del gobierno obrero-campesino. La solidez del planteo de construir un partido obrero revolucionario cuenta en su favor con la evidencia de que una experiencia democratizante en Chile tiene menos vigencia y alcances que en Argentina o Uruguay, donde está completamente agotada. La perspectiva del periodo en su conjunto es la revolución proletaria, de los explotados del campo y la ciudad.