El día lunes el título de tapa de todos los diarios fue el anuncio de que el Banco Mundial había otorgado créditos por 1.250 millones de dólares.
La pregunta implícita que suscita una novedad tan destacada es: ¿se estabilizan “el plan primavera” y la economía argentina? ¿La deuda externa ha dejado de ser un obstáculo para promover una corriente de préstamos externos? En fin: ¿Argentina ha salido de la pendiente hada abajo?
Emergencia
Los préstamos del Banco Mundial son, antes que nada, una operación de emergencia para enfrentar una situación de colapso financiero de las naciones endeudadas de América Latina. Testimonio de este colapso es la inflación mensual del 100% del Perú; la del 1.000% anual de Brasil (país cuya deuda pública interna en la actualidad es de 40 mil millones de dólares, en tanto que la externa supera los 120 mil millones); o la situación argentina, cuya deuda interna creció ¡1.200 veces! desde mediados de 1985 y es hoy de 92.000 millones de australes, por los cuales el Estado debe pagar unos 80.000 millones en concepto de intereses anuales.
En este marco Argentina ha dejado de pagar una parte de los intereses de la deuda externa, incurriendo en mora por cerca de mil millones de dólares.
La acción del Banco Mundial tiene que ver con esta bancarrota. Uno de los economistas norteamericanos con más injerencia en los asuntos de América Latina acaba de escribir: EI FMI se encuentra trabajando en un préstamo de 1.200 millones de dólares para Argentina, y el Banco Mundial espera anunciar dentro de poco un apoyo de 800 millones de dólares para el balance de pagos por los próximos doce meses. Estos dos mil millones de dólares de préstamos oficiales deberán permitir a los bancos (acreedores) recibir pagos por Intereses de Argentina de dos mil millones de dólares por encima de los nuevos préstamos (que otorguen esos bancos). (Jeffrey Sachs, en International Herald Tribuna, 27/9/88).
Esto quiere decir que el Banco Mundial, que es una institución de gobiernos, sale a poner la plata que los banqueros no quieren poner, para permitir el pago de los intereses de la deuda externa. En efecto, dice el articulista citado, “La asociación de los banqueros, el ‘Instituto of International Finance´, fue muy explícita con relación a la estrategia de los banqueros la semana pasada cuando le notificó al FMI que los bancos privados no contribuirán de aquí en más con nuevos fondos a los países en desarrollo, en cuya sustitución reclaman fondos oficiales” (ídem).
De esta manera, el préstamo anunciado por el Banco Mundial a Argentina aparece como una consecuencia de la caída del crédito internacional del país, es decir como una consecuencia de la situación de bancarrota de Argentina y de la negativa de los acreedores a financiar el pago de la deuda externa y las inversiones de capital.
El aislamiento económico internacional de Argentina se ha acentuado como consecuencia de toda esta situación. Al pasarte al Banco Mundial el fardo de evitar que los países' endeudados se declaren formalmente en quiebra, los bancos privados alcanzan varios objetivos simultáneamente. De un lado obligan a los consumidores de sus países, es decir, a sus propios trabajadores, a solventar con impuestos los préstamos del Banco Mundial a los países hipotecados. De otro lado, se cobran los intereses de la deuda externa por medio de esos créditos oficiales. La expropiación económica de los trabajadores de los países endeudados se extiende así, ahora, a los trabajadores de las naciones desarrolladas. Esta operación debe servir también para sacar de la bancarrota a un grupo de bancos norteamericanos muy poderosos, como el Bank of América o el Manufacturera Hannover, cuya quiebra hundiría al sistema financiero internacional. La acción del Banco Mundial y del FMI apunta naturalmente a elevar la cotización de los títulos de (adeuda externa que poseen los bancos acreedores, con lo cual se aumenta la ganancia contable de éstos y el precio de sus acciones en la Bolsa.
En síntesis, el gran anuncio es otro endeudamiento más con el imperialismo para pagar la inacabable deuda externa, que más que una deuda es un mecanismo político y económico de succión de las naciones oprimidas y de apropiación de sus recursos.
Ataque
El papel protagónico del Banco Mundial constituye un refuerzo de la presión política del imperialismo sobre las naciones vasallas, pues ahora es mayor la injerencia de los Estados imperialistas. El Banco Mundial va más allá que los bancos acreedores, ya que “ata" sus créditos no solamente al pago de la deuda externa sino al compromiso por parte de los Estados deudores de modificar “estructuralmente” sus economías. El sentido de esta modificación “estructural” es siempre el mismo: desvalorizar la producción y el trabajo nacionales para, naturalmente, abaratar su explotación y apropiación por parte del imperialismo.
“Si no hacen las reformas, no recibirán el dinero”, dijo el vocero del Banco Mundial, Frank Vogel. Por eso también el préstamo será desembolsado en cuotas, de modo que los banqueros verifiquen que las “metas" se cumplan: “150 millones el mes próximo; a principios de 1989, otros 350 millones y meses después, 200 millones de dólares más” (La Nación, 26/9).
Es así que el gobierno se comprometió a reestructuradlos principales bancos oficiales" y a eliminar los préstamos que son atribución del Banco Central. En reemplazo de la banca estatal y hasta de la central se deberá “facilitar el acceso del sector privado a los recursos financieros" (Clarín, 26/9). De esta manera se monopolizará más aun el crédito interno, ya ampliamente concentrado en favor de un pequeño número de capitalistas.
Pero el juego es todavía más amplio. Los capitalistas que tengan deudas con la banca privada podrán cancelarlas al 20 o 30% de su valor (II), esto porque se les permite pagarlas con títulos de la deuda externa cuya cotización está en ese porcentaje. El Banco Central aceptará estos títulos de los bancos privados al 70% de su valor. De esta manera, la banca privada recuperará los préstamos, los capitalistas anularán sus deudas por chaucha y palitos, y toda la pérdida resultante será cargada al Banco Central (II).
Para “soportar" este desfalco, una parte de los préstamos del Banco Mundial irán al Banco Central (II).
A esto se lo denomina, sin rubor, racionalidad” y “eficiencia”.
El hecho de que, por medio de este procedimiento, una gran parte del dinero en circulación, emitido por préstamos, no vuelva al Banco Central, es altamente inflacionario, ya que transforma al crédito en un mecanismo de dirección única: los préstamos que no se cancelan tienen que afectar el valor de la moneda y su carácter de medio de pago.
La otra exigencia del Banco Mundial es la rebaja de aranceles a la importación para facilitar a los monopolios nativos e internacionales la integración de Argentina a sus circuitos de producción y comercialización.
Es por eso que toda una franja de los “capitanes de la Industria" apoya directamente esta reforma contra lo que diga Clarín, vocero opositor. La Nación (24/9) sostiene que “el frente industrial no tendría, por consiguiente, una franja de opositores frontales a la reforma tan poderosa y resuelta como algunas demostraciones podrían hacer creer". Las críticas que se oyen desde la UIA buscan obtener a cambio nuevas prebendas en materia impositiva, como las que obtuvieron la Petroquímica y la Siderurgia a principios de año cuando les aplicaron “concertadamente” a ellas la “apertura”.
La oposición patronal a la rebaja arancelaria ha quedado confinada a sectores medios y del interior del país, que no tienen vinculaciones directas con los monopolios y con las corrientes comerciales internacionales.
El préstamo del Banco Mundial pretende “cubrir" los menores ingresos que recibirá el Estado por la rebaja de los aranceles. Naturalmente que estos impuestos que se eliminan deberán ser reemplazados por otros. No hay que ser adivino para saber que la “reforma arancelarla" la pagarán los consumidores con nuevos impuestos.
Al “liberarse" las importaciones deberá aumentar la demandada divisas y por lo tanto la cotización del dólar. La industria nacional quedará “protegida" así de la competencia y tendrá más beneficios para exportar. La desvalorización consecuente del austral significa que se ha aprobado una política estratégica de reducción de los salarios.
Lógico, todo el plan es abaratar el trabajo nacional.
En el plan del Banco Mundial figura un punto explosivo: que Argentina admita cobrar sus exportaciones en títulos de la deuda externa. En este caso el predo de las exportaciones argentinas caería por debajo de la mitad, sin perjuicio naturalmente para los exportadores, que cambiarían esos títulos a un porcentaje considerablemente superior al Banco Central. Llegado a este punto, Argentina volverá en todos sus aspectos a la posición que tenía antes de 1810.
Permitir que la deuda externa pueda convertirse en australes al 70 u 80% de su cotización original, cuando en las Bolsas se cotiza al 20 o 30%, significaría desatar una inflación colosal y devaluar profundamente el austral. Esto es lo que ocurrirá con cualquier paso que se dé en esa dirección. La burguesía industrial está interesada en el negocio, porque ella ya ha comprado títulos de la deuda a bajo precio y porque le interesa la devaluación del austral para exportar.
Todo esto se impulsa cuando una investigación reciente del Banco Mundial y del FMI acaba de demostrar que la “conversión" o “capitalización" de (adeuda externa ha producido una expansión monetaria del 33% al 59% en los cuatro países más endeudados. (International Herald Tribuna. 27/9)
Endeudamiento y ataque a los trabajadores
Los créditos del Banco Mundial pretenden financiar este proceso de expropiación nacional El Banco Mundial pretende cubrir con un préstamo la caída de los impuestos a la importación, el menor superávit comercial y las pérdidas del Banco Central. De este modo, con más deuda externa se financia un proceso especulativo, parasitario y monopólico.
El gobierno no sólo se comprometió con las grandes “metas” sino hasta en los más mínimos detalles: “El gobierno emprenderá ajustes para mantener las tarifas en términos reales”. "Es Intención oficial ajustar tos precios relativos del gas y del gasoil". “El Poder Ejecutivo suscribirá el decreto de Petroplan" (entrega de las áreas de YPF a los pulpos privados). Lo que se llama un modelo de “obediencia debida” a la banca internacional.
El cumplimiento de este plan requiere la liquidación de la estabilidad laboral, la caída del salario y la pérdida de conquistas del movimiento obrero. Se avecina, entonces, un enorme paquete de "reestructuraciones" y “racionalizaciones" para desarticular al movimiento obrero, incrementar la explotación y reducir su nivel de vida. Es decir, un proceso de luchas tremendas.
A todo esto, Menem ha dicho: “okey". ¿O no?