En la nota anterior se desarrolló el análisis del gobierno obrero tal como lo plantea el Programa de Transición. En la nota que sigue se discute una interpretación “sui generis” de N. Moreno y P. Lambert, formulada en ocasión de la formación entre ambos de un Comité Internacional que duró escasos meses. ¿Cuál ha sido la experiencia histórica con relación a lo que estamos discutiendo, al cabo de cincuenta años? Nahuel Moreno (“La dictadura revolucionaria del proletariado", 1979) y el Comité Internacional (Tesis, 1981) sostienen que “Todas las revoluciones triunfantes se varios años de lucha en el marco de una dieron a través de ‘gobiernos obreros y campesinos'. Dicho de otro modo: partidos pequeño burgueses y burocrático-stalinistas como los de Mao, Tito, Enver Hoxa y Ho Chi-min o demócratas nacionalistas como el de Fidel Castro y el Che Guevara fueron los que rompieron políticamente con la burguesía y el imperialismo, tomaron el poder y llegaron hasta la expropiación de todos los explotadores". De aquí concluyen que lo que la lll caracteriza como una transición accidental (“no necesaria”) a la dictadura del proletariado, y lo que la IV calificó como "variante improbable”, fue la norma histórica. Las “tesis" del Comité Internacional (Moreno -Lambert) sostienen que “el más importante de los problemas que el programa de transición no previó ni dilucidó” (fue que las) direcciones pequeño burguesas burocráticas, contrarrevolucionarias se vieron obligadas por la movilización de las masas a romper con la burguesía, expropiarla y tomar el poder”. El defecto original de estas posiciones consiste en que pretenden clasificar la realidad histórica dentro de los moldes fijos del Programa de Transición en lugar de desarrollar este programa a la luz de un estudio ' nacionales existentes, real de la experiencia histórica. ¿Qué se quiere decir con eso de que, en China, Cuba, etc., hay “gobiernos obreros y campesinos”? ¿Que no existe una dictadura del proletariado en ellos? El desarme de la burguesía, el armamento de los obreros y de los campesinos, la expropiación del capital: ¿no define a un Estado Obrero, es decir a una dictadura proletaria? Al hablar de “gobiernos obrero-campesinos" que ya tienen cuarenta y treinta años de vida, se está dando una forma de necesidad histórica a lo que la lll y IV consideraban aleatorio y contingente. Es natural que, a partir de esto, tanto Moreno como Lambert hayan desnaturalizado la consigna y la tomen ya con carácter opuesto a la dictadura del proletariado, es decir democrático. Señalados en orden, los errores que se cometen son los siguientes: 1. El gobierno obrero y campesino de este o aquel partido, o en sus distintas combinaciones no designa a un régimen político autónomo o independiente sino las diferentes variantes en la formación de la dictadura del proletariado en él curso de la revolución y de la guerra civil. Una vez concluida ésta, sólo pueden haber sobrevivido la dictadura de la burguesía o la del proletariado. En Cuba, China, etc., ha sobrevivido esta última. 2. Las revoluciones de posguerra en China, Yugoslavia, Cuba, o Vietnam no tienen nada que ver con un viraje súbito de sus direcciones hacia la revolución. En todos los casos mencionados fue la culminación de una tendencia revolucionaria que ya tenía varios años de lucha en el marco de una revolución protagonizada por las masas. Es decir que esas organizaciones actuaban como el canal político de la revolución y adoptaban medidas que impulsaban la revolución. A través de esas organizaciones se vehiculizó, naturalmente que, en forma parcial, el proceso de la revolución permanente, cuya naturaleza fue formulada por el trotskismo y que sólo él podía plantear y ejecutar de un modo consecuente. Las revoluciones encabezadas por estos partidos quiebran el estrangulamiento contrarrevolucionario establecido por el stalinismo sobre el movimiento obrero mundial, expresando así un profundo realineamiento de éste por referencia a la etapa de grandes derrotas de la década del 30. Esto significa que se ha abierto una nueva etapa de la revolución socialista mundial, incluida la revolución en la URSS. La tarea de la IV Internacional es extraer las conclusiones de conjunto del cambio de etapa y ponerse a la cabeza del nuevo ascenso mundial, delimitándose de las tendencias de aquellos partidos a encerrarse en las fronteras nacionales y a crear una burocracia estatal; y la no menos grave tendencia de esos partidos a adaptarse al marco de las relaciones imperialistas internacionales existentes. 3. Los ejemplos mencionados no son casos que ilustren la cuestión de la consigna de gobierno obrero y campesino y su relación con la dictadura del proletariado, tal como lo aborda el Programa de Transición. No se trata de gobiernos que toman el poder a pesar suyo y que deben encarar una guerra civil, sino que acaban de ganarla con métodos revolucionarios. La cuestión que sí se ventila acá es la cuestión de frente único con esos partidos en el curso de la guerra civil y, posteriormente, la lucha para que la revolución victoriosa se desarrolle sobre la base de la democracia obrera y el impulso a la revolución mundial. En este sentido internacional, que es el verdaderamente decisivo, esos gobiernos revolucionarios victoriosos son puntos de apoyo (no formas necesarias) que facilitan la revolución mundial, mediante la disgregación del aparato stalinista internacional. Pero para esto es necesario la lucha de la IV Internacional. 4. Finalmente es falso que como “norma” los partidos que se reclaman históricamente del stalinismo hayan hecho la revolución. Como “norma” la han traicionado: Francia (1944), Italia (1943-45), Chile (1973), Bolivia (1946,1952), España (1936/ 39), Portugal (1975), Francia (1968), Uruguay (1973) Guatemala (1954), Egipto (1955), Indonesia (1965), Argelia (1946-62), Indochina (1945,1954), Palestina 1936, 1948,1988) ... Es necesario, sin embargo, distinguir un partido stalinista del que está expresando la disgregación del stalinismo ante la revolución, en lugar de decir la enorme barbaridad de que la Revolución China fue el resultado de la victoria de un partido contrarrevolucionario. 5. Al identificar a la IV Internacional con el titoísmo o el castrismo, los revisionistas del tipo Mandel se transformaron en “nacional-comunistas” y en defensores de las tendencias burocráticas de los nuevos estados. Poner al maoísmo y al castrismo bajo el común denominador de “corrientes pequeño burguesas nacionalistas” y “burocrático-stalinistas” le quita a los conceptos y a las palabras toda significación. El maoísmo se puso a la cabeza de un movimiento de revolución agraria y se apoyó en las masas insurrectas contra el gobierno nacionalista, cuando Stalin planteaba pactar con el gobierno nacionalista y dejarle el poder. El castrismo rompió con la burguesía cubana y sólo aceptó entrar en La Habana al frente de una huelga general; desarmando al ejército y armando al pueblo. ¿Esta es la política de las direcciones pequeño burguesas nacionalistas? La confusión entre organizaciones revolucionarias y contrarrevolucionarias es sencillamente descomunal, lo cual no debe sorprender en quienes como Moreno dijeron que la Revolución Cubana era la "Libertadora” o como Lambert se negaron durante dos décadas a reconocer que en Cuba había un Estado obrero. No podemos identificar toda esta evolución del maoísmo y del castrismo con la variante “improbable" prevista en el Programa de Transición y compararla con lo que pudo haber sido la toma del poder por los mencheviques en julio de 1917, que no habría pasado de un corto episodio hacia su disgregación. El stalinismo cubano se opuso al castrismo desde la derecha, defendiendo el acuerdo con la burguesía democratizante y oponiéndose a la expropiación de la burguesía. Mandel, por su parte, armó una explicación “sociológica": “la victoria de la revolución yugoslava, china, cubana y vietnamita, con direcciones de origen stalinista o pequeño burgués... no podría repetirse en los países Imperialistas o en los países semicoloniales con una burguesía y un proletariado fuertemente concentrado” (Quatrieme Internacionale, octubre-diciembre 1980). Mandel coincide parcialmente con el CI (Moreno—Lambed) en las ilimitadas esperanzas que alberga en el nacionalismo pequeño burgués y en el “stalinismo" de los países débiles... Pero es justamente en los países débiles donde la historia de la posguerra ha confirmado con mayor frecuencia que el nacionalismo de contenido burgués y el stalinismo son incapaces de llevar a la revolución a su completa victoria (¡Bolivia! ¡Chile! ¡Argelia! ¡Irán! ¡Zimbawe! ¡Guatemala!). Las direcciones maoísta, castrista, etc., no sobrepasaron el estadio del “nacional-comunismo". Estas características “nacional-comunistas”, han tomado formas contrarrevolucionarias como los acuerdos de China con el imperialismo, su apoyo a Pinochet y a regímenes contrarrevolucionarios en Asia y África, o como en el caso de Cuba el apoyo a la intervención contrarrevolucionaria de las tropas rusas en Checoslovaquia y al nacionalismo burgués en América Latina. Todo esto demuestra el rol históricamente insustituible de la IV Internacional. Como decía la III Internacional, una verdadera dictadura del proletariado tiene lugar cuando se encuentra a su cabeza un partido verdaderamente comunista, es decir, un partido internacionalista. Por supuesto que el punto de partida es no confundir el rostro de la revolución con el de la contrarrevolución. La necesidad de la IV Internacional, de partidos trotskistas en todos los países surge de la necesidad elemental del factor consciente dentro del proceso revolucionario inconsciente. Como lo dijeron Marx y Engels hace 140 años en el Manifiesto Comunista.