¿La desintegración del internacionalismo obrero consciente, en los últimos cincuenta años, no refuta el acierto de la decisión de fundar la IV° Internacional? Esto es precisamente lo que sostienen sus detractores, quienes se ven obligados por esto mismo a declarar la caducidad de la revolución socialista, cuya preparación y cuya victoria presuponen una política proletaria internacionalista y la construcción de un partido revolucionario mundial. En los últimos cincuenta años, sin embargo, la premisa histórica del internacionalismo proletario se ha desarrollado a una escala nunca vista, tanto desde el punto de vista del desarrollo económico como político. La internacionalización de las fuerzas productivas ha alcanzado un nivel sin precedentes, entrando en una contradicción más aguda que en el pasado con los Estados nacionales. Esto se expresa claramente en la impotencia de los gobiernos imperialistas para evitar las violentas fluctuaciones de sus monedas, de los movimientos financieros y aun del intercambio comercial, y naturalmente en las constantes guerras y agresiones del imperialismo. El imperialismo norteamericano ha fracasado en su tendencia de imponer una reglamentación de la economía mundial a través del llamado “poder del dólar”. La consecuencia de esto ha sido la acentuación de las tendencias anárquicas del capitalismo mundial. La deuda externa confiscatoria impuesta a las naciones atrasadas es una de sus manifestaciones y no necesariamente la más extrema. La amplitud de la crisis mundial actual y la tendencia hacia su exacerbación tienen como una de sus causas fundamentales la incapacidad del capitalismo para superar el antagonismo entre el desarrollo internacional de las fuerzas productivas y los Estados nacionales. La reorganización mundial de la economía moderna sólo puede ser hecha por el socialismo, so pena de ingresar abiertamente en un período de barbarie. La vigencia histórica del internacionalismo se pone de relieve en otro hecho de importancia capital: el definitivo fracaso de la pretensión burocrática de construir “el socialismo en un solo país” La burocracia pretende ahora superar la impasse de la autarquía nacional abriendo la economía de sus Estados a la penetración del capitalismo mundial, lo cual a la larga deberá significar la liquidación de las conquistas sociales revolucionarias en esos países y hasta su transformación en semi-colonias financieras del imperialismo, como ocurre ya con países como Yugoslavia, Hungría y Polonia. En la URSS, en las naciones satélites y en los otros Estados obreros, el fracaso del “socialismo en un solo país” ha abierto un período de alcances revolucionarios, que encontrará su desenlace en la arena mundial. Para refutar la vigencia histórica del internacionalismo se ha señalado también la renovada aparición de los movimientos nacionalistas, incluso de carácter religioso o integralista. Pero una rápida ojeada al mapa de los cinco continentes permite ver que las soluciones estrictamente nacionales han sufrido reveses colosales en todos lados. En tanto el despertar nacional de los pueblos oprimidos es un factor de desintegración del imperialismo mundial y por lo tanto de impulso de la revolución mundial, incluyendo en esto al reclamo de autodeterminación contra la dominación totalitaria de la burocracia chauvinista rusa, el nacionalismo de contenido burgués o pequeño burgués ha hecho una amplia experiencia de fracasos en el intento de poner en práctica su programa de autonomía nacional. Los Estados nacionales dirigidos por los movimientos nacionalistas se encuentran en completa bancarrota económica y deben recurrir al socorro del imperialismo para hacer frente al movimiento creciente de los explotados de sus países. La decisión de fundar la IV° Internacional, ha sido un descomunal acierto que consistió precisamente en contraponer la vigencia del internacionalismo, es decir, del programa de la revolución socialista mundial y de su encarnación en un partido mundial, a la tendencia de desintegración del internacionalismo obrero provocada por inmensas derrotas de la clase obrera mundial y por el hundimiento y la traición, en un breve período de tiempo, de dos gigantescas organizaciones internacionales del proletariado mundial. De todas las tendencias políticas que vieron la luz como consecuencia de esta crisis de dirección de la clase obrera, solamente la representada por la IV° internacional mantuvo su vigencia como programa político, el cual se ha convertido en el hilo ideológico de la recomposición revolucionaria del conjunto del movimiento obrero internacional. Es falsa la suposición de que la fundación de la IV° Internacional fue prematura por no haber estado sustentada en una revolución victoriosa o en un amplio movimiento de masas. Lenin proclamó la vigencia de la III° Internacional mucho antes de la revolución de Octubre, apenas unos días después de la traición de la II° Internacional en 1914. El retraso en plasmarla en una organización definida puso en desventaja relativa al bolchevismo frente al reformismo internacional cuando la guerra mundial se transformó en una guerra civil y en una serie de revoluciones. Este retraso relativo llegó a amenazar la integridad revolucionaria del partido bolchevique, cuya dirección en el país colaboró durante un tiempo con el gobierno democratizante, o influyó indudablemente en la débil formación política de los partidos comunistas. Sino se hubiera fundado la IV° Internacional, precisamente en el marco de las gigantescas derrotas y traiciones de la época, la asimilación política de estas experiencias se hubiera pulverizado con el asesinato de Trotsky y la segundo guerra mundial. La IV° Internacional ha tenido una historia de crisis y hasta ha llegado a ser copada por una tendencia revisionista que evolucionó, junto con otras, hacia una estrategia democratizante, lo cual equivale al abandono del internacionalismo proletario. Pero sin la fundación de la IV° Internacional, la causa del socialismo hubiera retrocedido den años, al período anterior a la creación de la Liga y del Manifiesto comunistas de 1848. En oposición a los impresionistas que renuncian al internacionalismo, y capitulan así ante el capital, es necesario estudiar y asimilar las lecciones de las crisis y de los retrocesos políticos que sufrió la ludia para construir la IV° Internacional, y trabajar por su reconstrucción. La táctica del militarismo revolucionario En el Programa de Transición. Trotsky caracteriza claramente la naturaleza de la segunda guerra mundial que se estaba por desencadenar. “La guerra Imperialista es la continuación y la exacerbación de la política de pillaje de la burguesía. La lucha del proletariado contra la guerra Imperialista es la continuación y la exacerbación de su lucha de clase. El comienzo de la guerra cambia la situación y parcialmente los procedimientos de la lucha de clases, pero no cambia ni los objetivos ni la dirección fundamental de la misma. “La burguesía imperialista domina el mundo. Es por esto que la próxima guerra, en su carácter fundamental, será una guerra imperialista. El contenido fundamental de la política del proletariado internacional será, en consecuencia, la lucha contra el imperialismo y su guerra. El principio fundamental de esta lucha será: ‘El enemigo principal está en nuestro propio país´ o: ‘La derrota de nuestro propio gobierno (imperialista) es el mal menor’.” El programa examina también el hecho de que la guerra envolverá a los países oprimidos y a la URSS. Por este motivo, señala que “el deber del proletariado internacional será el de ayudar a los países oprimidos en guerra con los opresores. Este mismo deber se extiende también a la URSS, y a todo otro Estado Obrero que pueda surgir antes de la guerra o durante la guerra. La derrota de todo gobierno Imperialista en la lucha contra un Estado obrero o país colonial es el mal menor”. Claro que el proletariado debe llevar a cabo esta tarea con “sus métodos, es decir con loa métodos de la lucha de clases internacional (agitación a favor del Estado obrero del país colonial, no rotamente contra sus enemigos, sino también contra sus aliados pérfidos; boicot y huelga en ciertos casos; renuncia al boicot y te huelga en otros, etc.)”. Pero, dice Trotsky, “sin dejar de sostener al país colonial y a la URSS en la guerra, el proletariado no se solidariza, en ninguna forma, con el gobierno burgués del país colonial ni con la burocracia termidoriana de la URSS. Al contrario, mantiene su completa Independencia política Unto frente a uno como frente a la otra”. En función de esta política, este mismo capítulo sobre “La lucha contra el Imperialismo y contra la guerra”, plantea un conjunto de reivindicaciones: “Abolición completa de la diplomacia secreta; todos los tratados y acuerdo* deben ser accesibles a cada obrado y campesino. “Instrucción militar y armamento do los obreros y campesinos bajo el control inmediato de comités obreros y campesinos. “Creación de escuelas militares para la formación de oficiales salidos de las filas de los trabajadores y escogidos por las organizaciones obreras “Sustitución del ejército permanente, es decir del cuartel, por una milicia popular en ligazón indisoluble con las fábricas, las minas y los campos”. Dos años más tarde, el “Manifiesto sobre la guerra Imperialista y la revolución proletaria mundial", conocido como “Manifiesto de Alarma o Emergencia”, aprobado por la Conferencia extraordinaria de la IV Internacional, en mayo de 1940, desarrolló aún más estas ideas. Los obreros deben aprender el arte militar “La militarización de las masas se intensifica cada día que pasa. Rechazamos la grotesca pretensión de suprimir la militarización por vacuas protestas pacifistas. Todas las grandes cuestiones serán decididas en el próximo futuro con las armas en la mano. Los obreros no les tendrán miedo a las armas: al contrario, aprenderán a servirse de ellas. Los revolucionarios no se separan del pueblo durante la guerra más de lo que harían durante la paz. Un bolchevique se esfuerza en convertirse no solamente en el mejor sindicalista sino también en el mejor soldado. “No aceptamos que la burguesía lleve a los campos de batalla, a última hora soldados carentes de entrenamiento o entrenados por la mitad. Exigimos que el Estado le brinde inmediatamente» a tos obreros y a los desocupados la posibilidad de aprender a manejar el fusil, la granada, la ametralladora, el cañón, el avión, el submarino y otros Instrumentos de guerra. Son necesaria» escuelas militares especiales, que funcionen en ligazón con los sindicatos, de manera que tos obreros puedan convertirse en especialistas calificados del arte militar, capaces de asumir puestos de comando. ¡Esta guerra no es la nuestra! “Al mismo tiempo, no olvidamos ni por un Instante que esta guerra no es la nuestra. En oposición a la H y a la III Internacional, la IV Internacional no edifica su política sobre la suerte de las armas de tos Estados capitalistas sino sobre la transformación de la guerra Imperialista en guerra dril, una guerra de los obreros contra los capitalistas, sobre sí derrocamiento de las clases dominantes de todos los paisa», sobre la revolución socialista mundial. La» derrotas en el frente, la destrucción de los capitales nacionales, la ocupación de los territorios, la ruina de los Estados Individuales, no representan, desde este punto de vista, más que trágicos episodios en el camino que lleva a la reconstrucción de la sociedad moderna. “Independientemente del curso de la guerra, cumplimos nuestra tarea fundamental: explicamos, a los obreros la oposición irreconciliable entre sus Intereses y los intereses del capitalismo chorreante de sangre; movilizamos a los explotados contra el imperialismo, Impulsamos la unidad de los obreros de todos los países beligerantes y neutrales; llamarnos a la confraternización de obreros y soldados en cada país así como la confraternización de los soldados con los soldados del lado opuesto del frente; movilizamos a las mujeres y a los jóvenes contra la guerra; continuamos una preparación constante, persistente, Infatigable de la revolución en los talleres, fábricas, pueblos, cuartetos, en el frente y en la flota.”