Una serie de circunstancias políticas dilataron, por un lado, e hicieron impostergable, por el otro, la fundación de la IV a Internacional, que tuvo lugar el 3 de septiembre de 1938. La reunión duró propiamente un soto día, como una medida precautoria de clandestinidad frente a los ataques de la GPU —el servicio secreto de Stalin. Esto no impidió que estuviera presente en ella Mark Zborowski, alias Etienne, agente de la GPU, quien tuvo una participación decisiva en el asesinato del hijo de León Trotsky, León Sedov. Debido a las sospechas que ya recaían sobre él, fue llevado a la conferencia con infinitas precauciones y no se aceptó su reclamo de ser elegido miembro del Comité Ejecutivo Internacional de la organización. Los trabajos esenciales de la conferencia se realizaron, debido a todo esto, en diversas comisiones, que trabajaron durante un mes antes de la conferencia y en algunos casos incluso después de su realización. La conferencia de fundación de la IV a Internacional aprobó el Programa de Transición. Este programa no ha sido superado al cabo de su medio siglo de vigencia. El esfuerzo por construir la IV a Internacional data desde el mismo momento en que la llamada “oposición de izquierda” que actuaba en el seno de la Internacional Comunista, con vistas a reformarla, rompe definitivamente con ella, al caracterizarla como irrecuperable para el proletariado revolucionario debido a su alineamiento definitivo en el campo de la burguesía mundial. Los elementos de juicio que lleva-ron a esta conclusión terminante, absoluta-mente comprobada por la experiencia histórica ulterior, fueron la serie de traiciones cometidas por esa Internacional stalinizada al movimiento obrero mundial a partir de la entrega de la huelga general inglesa de 1926 y la revolución china de 1927, que habrá de culminar con la completa capitulación del partido comunista de Alemania y de la I.C. ante el ascenso del hitlerismo. Trotsky caracteriza al apuñalamiento desde adentro del proletariado de Alemania por parte del stalinismo como un acontecimiento de un alcance histórico similar y aun mayor a aquél que perpetrara la ll a Internacional socialdemócrata contra la clase obrera de los diversos países ál apoyar a sus burguesías en la primera guerra imperialista. Sacando todas las consecuencias de esta analogía política, León Trotsky proclama la necesidad de construir una nueva Internacional como Lenin lo había hecho en 1914. La derrota y aun el aniquilamiento del proletariado de Alemania constituía una quiebra de la columna vertebral del movimiento obrero mundial, lo cual abría el camino hacia la segunda guerra imperialista. Si la victoria de la revolución socialista en Alemania habla sido vista por Lenin y los bolcheviques como un paso decisivo en la definitiva consolidación de la Revolución de Octubre de 1917, el aplastamiento del proletariado de Alemania, realizado con el concurso activo del stalinismo, planteaba el peligro de la completa destrucción de las conquistas de esa revolución por la vía de la segunda guerra mundial. Al luchar por la regeneración de la I.C., primero, y por la IV* Internacional, después de 1933, León Trotsky plantea osadamente la defensa de la mayor conquista histórica realizada al cabo dé setenta años de desarrollo por parte de la clase obrera: el internacionalismo proletario, expresado en la acción común del proletariado mundial contra el capital y en la organización de un partido revolucionario de características mundiales. La esencia del marxismo, que no es otra cosa que la expresión consciente de las tendencias históricas del movimiento obrero, es el internacionalismo, como ya está inscripto en las palabras finales del Manifiesto Comunista de 1848: “proletarios de todos los países, uníos”. En 1933 y en 1936 León Trotsky plantea la creación de la IV a Internacional por medio del reagrupamiento de todas las fuerzas políticas realmente ligadas a la clase obrera de sus países y del movimiento obrero mundial, que reaccionan ante la debacle sin lucha de la I.C ante el nazismo. Estas organizaciones existen en forma independiente en Holanda, Alemania y España, o actúan como tendencias más o menos organizadas en diversos partidos socialistas de Europa, tos cuales conocen un acentuado giro hacia la izquierda a partir de 1934 como consecuencia de la amenaza fascista en sus respectivos países. Estos esfuerzos por construir la IV a Internacional fracasarán, sin embargo, por completo. Las limitaciones políticas de las organizaciones sobre las que se había depositado una expectativa de reagrupa- miento, se revelan como insalvables a la hora de pasar a la fundación de la Internacional y de una asimilación rigurosa del programa revolucionario. Los propios núcleos trotskistas pondrán de' relieve una enorme inmadurez política, que se puede explicar por su juventud y por su aislamiento de las masas. Cuando se decide la fundación de la IV a Internacional, en 1938, las condiciones políticas internacionales son así bien peores que en oportunidad de las tentativas que la precedieron. No solamente no se ha conquistado a ningún aliado, sino que el retroceso del proletariado mundial se acentúa catastróficamente con la derrota de las clases obreras de Francia y España, traicionadas ambas por los Frentes Populares impulsados por el stalinismo. Sólo 25 días después de la fundación de la Cuarta, fracasa en Francia un paro general, que transforma en definitiva la derrota obrera. El parlamento del Frente Popular se pondrá a la cabeza de la reacción política, expulsará de su seno al partido comunista y en 1940 entregará el poder al fascista mariscal Petain — títere de Hitler. Nunca en la historia una dirección obrera mundial fue creada en circunstancias tan brutalmente desfavorables, ¡aunque la lucha por la construcción de esa dirección siempre empezó bajo el imperio de las circunstancias más negativas! Lo demuestra la I a Internacional, fundada bajo las dictaduras de Napoleón III en Francia y de Bismarck en Alemania; la de la II a Internacional cuando aún se hacían sentir los efectos de la derrota de la Comuna de París, ocurrida en 1871; o de la III a Internacional, que se comenzó a poner en pie por un puñado insignificante de revolucionarios al comienzo de la guerra mundial y en medio de una ola pavorosa de chauvinismo aún dentro de las masas populares. Trotsky no disimuló las circunstancias: “Es en estas condiciones que se desarrolla la IV a Internacional". Si la fundación de la IV a Internacional tiene lugar en la fase más aguda del avance de la reacción por el planeta y de crisis en las filas trotskistas, ello se debe a que es concebida como una tarea de preparación de la vanguardia revolucionaria para atravesar la guerra mundial armada de un programa histórico (que ha asimilado teóricamente el significado de colosales derrotas) y para preparar a la clase obrera a las situaciones revolucionarias y a las revoluciones que engendrará la guerra mundial, y más allá de esto al nuevo ciclo de guerras y revoluciones que surgirá como resultado del fin del retroceso del proletariado mundial y de la crisis y descomposición de tos Estados capitalistas. El 3 de setiembre de 1938 no representa el momento mágico de la fundación de la Cuarta, esto porque ella se venía “fundando" desde hacía varios años y porque la conferencia que la proclamó no consideró con ello que la tarea estuviera concluida En la conferencia hubo delegados que cuestionaron la oportunidad de la fundación, pero olvidaban que la “oportunidad” ya tenía cinco años de demora. Alegaban que la nueva organización nacía así separada del movimiento obrero real, por lo tanto susceptible de una rápida degeneración política. Pero esto es una perogrullada, porque los “peligros" siempre existen. La IV a Internacional tendrá para siempre el enorme mérito histórico de haber pronosticado la vigencia de la revolución cuando para muchos se había entrado en la noche negra de la historia. Trotsky denunció alguna vez a aquellos que quieren medir los ritmos de la historia con la vara de su propia impaciencia. La revolución socialista no triunfó ciertamente al día siguiente del fin de la segunda guerra mundial, esto, aunque se hubiera producido desde 1943 el mayor ascenso revolucionario conocido hasta el momento. Pero nadie puede dudar que el terreno de la revolución socialista se ha extendido a casi todos los continentes, incluso el gigantesco movimiento de la revolución política en los Estados obreros burocráticos, pronosticado como nadie por la IV a Internacional. Poner en cuestión la necesidad de la IV a Internacional es poner en cuestión la revolución socialista, que no se podrá realizar sino a escala mundial, como un movimiento políticamente consciente, por lo tanto, organizado en partido. Es necesario hoy reconstruir y reconstituir el trabajo iniciado hace 50 años mediante la delimitación política más clara. La segunda conferencia internacional Publicamos a continuación un extracto de la circular del Secretariado Internacional del movimiento por la IV° Internacional, relativo a la convocatoria de la segunda conferencia internacional que habrá de fundar oficialmente la IV a Internacional. El texto tiene fecha del 19de abril de 1938y fue redactado por Rudolf Klement. La circular expresa clara y brevemente algunas de las ideas fundamentales que inspiraron la lucha por la IV a Internacional. "No es ciertamente necesario explicar aquí la urgente necesidad de esta conferencia, vista tanto desde el ángulo de la experiencia vivida desde 1936 (1) como de los acontecimientos grandiosos que habrán de venir. Esta será en efecto probablemente nuestra última conferencia internacional antes de la guerra mundial y de los acontecimientos revolucionarios que ella deberá generar. Se tratará de que hagamos el balance de nuestra experiencia, de verificar, confirmar y precisar nuestro programa y nuestra política, de consolidar las bases ideológicas y organizativas de la IV a Internacional, a fin de que pueda jugar eficazmente el rol que la historia lé ha encargado. ¿Se tratará de que la conferencia “funde" la IV a Internacional? Esto es plantear ciertamente mal la cuestión. El proceso de formación de la IV a Internacional ha comenzado desde hace largo tiempo y no cesará antes de mucho tiempo. Es necesario en todo caso que aquéllos que luchan a través del mundo, por el programa bolchevique de la IVa Internacional construyan, consoliden, amplíen su organización internacional, adopten reglas comunes de conducta sobre la base de su programa común, apliquen en el plano nacional e internacional el centralismo democrático. ¡Que la segunda conferencia internacional sea un nuevo paso adelante en esta dirección! "La primera conferencia había encargado a algunos camaradas la elaboración de un proyecto de programa. Ahora bien, ese trabajo fue impedido por los acontecimientos. En su su lugar se entregará un proyecto de manifiesto programático análogo a aquellos con los cuales la III a Internacional se había contentado en los primeros años de su existencia”. (1) La “primera conferencia por la IV a Internacional” tuvo lugar a fines de julio de 1936 en París. La IV a Internacional y la URSS En mayo de 1940 tiene lugar en Estados Unidos la última conferencia de la IV a Internacional en vida de Trotsky, de cuya pluma saldrá el excepcional “Manifiesto sobre la guerra Imperialista y la revolución proletaria mundial”. Este documento actualiza el programa de la IV a Internacional cuando ya la guerra tiene varios meses de desarrollo. De aquí extraemos el capítulo sobre la “defensa de la URSS" que se publica a continuación. Su actualidad por referencia a los acontecimientos internos e internacionales que tienen hoy por protagonista a la Unión Soviética es altamente instructiva. La alianza de Stalin con Hitler -1- , que levantó el telón de la guerra mundial y condujo directamente al sometimiento del pueblo polaco, fue una consecuencia de la debilidad de la URSS y del pánico del Kremlin frente a Alemania. La responsabilidad por esta debilidad no recae sobre nadie más que sobre el propio Kremlin, sobre su política interior que creó un abismo entre la casta gobernante y el pueblo, sobre su política exterior que sacrificó los intereses de la revolución mundial a los de la clique staliniana -2- . La captura de la Polonia oriental, tributo de la alianza con Hitler y garantía contra este mismo Hitler, fue acompañada de la nacionalización de la propiedad semi-feudal y capitalista en Ucrania occidental y en la Rusia blanca occidental. Sin esta medida, el Kremlin no hubiera podido incorporar a la URSS tos territorios ocupados. La revolución de Octubre, estrangulada y profanada, hacía saber de esta manera que estaba todavía viva. En Finlandia, el Kremlin no logró llevar a cabo un sacudimiento social del mismo orden -3- . La movilización imperialista de la opinión pública “por la defensa de Finlandia”, la amenaza de una intervención directa de Inglaterra y Francia, la impaciencia de Hitler, que estaba obligado a apoderarse de Dinamarca y Noruega antes que las tropas francesas y británicas aparecieran en el suelo escandinavo, todos estos factores obligaron al Kremlin a renunciar a sovietizar Finlandia y a limitarse a un dominio de las posiciones estratégicas indispensables -4- . La población soviética, esto es incontestable, condenó violentamente la invasión de Finlandia. De todos modos, los obreros avanzados comprendieron que los crímenes del Kremlin no borraban de manera alguna la existencia de la URSS. La derrota de esta última en el curso de la guerra mundial significaría no sólo el derrocamiento de la burocracia, sino también la liquidación de las nuevas formas de propiedad, el hundimiento de la primer experiencia de economía planificada y la transformación de todo el país en un colonia, es decir, la entrega al imperialismo de recursos naturales colosales, que le permitirían sobrevivir hasta la tercera guerra mundial. Ni los pueblos de la URSS ni la clase obrera en su conjunto quieren semejante resultado. La resistencia opuesta por Finlandia a la URSS no fue más acto de defensa de la independencia nacional, a pesar de su heroísmo, que lo que fue ulteriormente la resistencia de Noruega a Alemania... No son de ningún modo superiores a los socialdemócratas suizos a la Robert Grimm -5- , los pequeños burgueses seudorrevolucionarios que creen que es posible determinar la estrategia proletaria en lo que se refiere a la defensa de la URSS según episódicos factores tales como el de la invasión del Ejército Rojo a Finlandia -6- . Fue extremadamente elocuente en su unanimidad y en su furor la campaña que lanzó la burguesía mundial en ocasión de la guerra fino-soviética; ni la perfidia ni la violencia anteriores del Kremlin habían excitado la indignación de la burguesía, pues toda la historia entera de la política mundial está escrita en términos de perfidia y violencia. Su temor y su indignación se despertaron ante la perspectiva de un sacudimiento social en Finlandia, idéntico al que provocó el Ejército Rojo en Polonia oriental. Lo que estuvo en cuestión fue una nueva amenaza para la propiedad capitalista. La campaña antisoviética, que tenía en todo un carácter de clase, reveló una vez más que la URSS, en virtud de los fundamentos sociales planteados por la revolución de Octubre y de los que depende en último análisis la existencia de la propia burocracia, sigue siendo un Estado obrero que espanta a la burguesía del mundo entero. Los acuerdos episódicos entre la burguesía y la URSS no modifican el hecho que, “tomada a escala histórica, la contradicción que existe entre el imperialismo mundial y la Unión Soviética es Infinitamente más profunda que los antagonismos que oponen a los diversos Imperialismos entre sí” ("La IV a Internacional y la guerra") -7- Numerosos radicales pequeños burgueses que, ayer nomás, estaban dispuestos a considerar a la Unión Soviética como el eje de las fuerzas “democráticas” contra el fascismo, han descubierto de repente, a partir del momento en que sus propias patrias eran amenazadas por Hitler, que Moscú —que no viene en su ayuda— persigue una política imperialista y que no hay ninguna diferencia entre la URSS y los países fascistas. ¡Mentiras! responderá todo obrero consciente. La burguesía aprecia esta diferencia social mejor y más profundamente que estos acróbatas radicales. Ciertamente, la nacionalización de los medios de producción en un solo país, y sobre todo en un país atrasado como la URSS, no asegura aún la construcción del socialismo. Pero es capaz de reforzar las condiciones favorables al socialismo, a saber, el desarrollo planificado de las fuerzas productivas. Dar la espalda a la nacionalización de los medios de producción con el pretexto de que no asegura en sí misma el bienestar de las masas, equivale a condenar a la destrucción una fundación de granito con el pretexto de que es imposible vivir sin techos ni paredes. El obrero consciente sabe que una lucha victoriosa por la emancipación total es inconcebible si no se defienden las conquistas ya adquiridas, por modestas que sean... -8- La IV a Internacional no puede defender a la URSS sino con los métodos de la lucha de clases revolucionaria. Enseñar a los trabajadores a comprender correctamente el carácter de clase del Estado, imperialista, colonial, obrero y las relaciones internas que existen entre estos tipos de Estados así como sus contradicciones internas, permitirá a los obreros sacar conclusiones prácticas para toda la situación dada. Llevando a cabo una lucha incansable contra la oligarquía de Moscú, la IV a Internacional rechaza categóricamente toda política susceptible de ayudar al imperialismo contra la URSS. La defensa de la URSS coincide en principio con la preparación de la revolución proletaria mundial. Rechazamos absoluta-mente la teoría del socialismo en un soto país, ese producto cerebral del stalinismo ignorante y reaccionario. Sólo la revolución mundial puede salvar a la URSS para el socialismo. Pero la revolución mundial conduce inevitablemente a la expulsión de la oligarquía del Kremlin. 1.- El 23 de agosto de 1939 se firma el primer pacto germano-soviético que abrirá el camino al "reparto “de Polonia entre Hitler y Stalin. El 28 de setiembre se firma un nuevo acuerdo, el que contiene un “protocolo secreto “que delimita nuevamente las respectivas “esferas de influencia”. 2.- Los medios de comunicación soviéticos de los últimos meses y semanas de este ano 1988se han referido extensamente a la responsabilidad de Stalin en la indefensión en que se encontraba la URSS en vísperas de la segunda guerra mundial. Las caracterizaciones de la IV Internacional ya no son objetadas hoy por nadie. 3.- El 5 y el 10 de octubre de 1939 se firman respectivamente los pactos letón- soviético y lituano-soviético, por medio de los cuales estos países ceden bases a la URSS. Afines de octubre. Ucrania occidental y Bielorrusia son anexados a la URSS, comenzándose la reforma agraria. El 13 de noviembre la URSS da un ultimátum a Finlandia para que ésta permita la instalación de bases soviéticas. El 30 se produce la invasión. A principios de diciembre Estados Unidos declara el “embargo moral” contra la URSS y el 14 la Sociedad de las Naciones la excluye de sus filas por "agresión". 4.- El 5 de febrero de 1940 los aliados deciden ayudar a Finlandia con hombres y armas. El 12 de marzo la URSS firma la paz con Finlandia. El paralelo entre la ocupación de Finlandia y la de Afganistán, en 1979, se impone obligadamente. 5.- Robert Grimm (1881-1958) fue un socialista suizo pacifista. 6.- Los maoistas, por ejemplo, han abandonado la caracterización de la URSS como "país socialista" y su defensa del imperialismo, a partir de "factores episódicos" como los choques entre Mao y el Kremlin entre 1960 y 1964. 7.- Sobre la posibilidad de un frente contrarrevolucionario permanente entre la URSS y el imperialismo, ver serie de artículos referidos al Congreso del Mas, publica-dos en P.O. entre abril y julio de este año. 8.- La actualidad d» esta afirmación salta a ¡os ojos cuando la burocracia de Gorbachov aboga por un "Socialismo de Mercado" y la abolición del monopolio del comercio exterior y de la planificación, como una respuesta al fracaso económico y al despilfarro de la gestión burocrática. El texto tiene en mente aquí, sin embargo, a una fuerte escisión que se produciría en el movimiento trotskista, precisamente en esa fecha, con una corriente que reclamaba abandonar la caracterización de la URSS como Estado obrero y su defensa respecto al imperialismo.