El “único partido de Izquierda que crece y que no conoce crisis” terminó sufriendo una escisión profunda y espectacular cuando aún no se había secado la tinta con que había sido escrita tan inoportuna como reiterada declaración. El partido de la “consulta a las bases” y del “socialismo con democracia” fue asimismo incapaz de garantizar los derechos políticos de la fracción que cuestionaba las posiciones (mayoritarias) de la dirección oficial. Esta crisis está relacionada con la aguda acentuación de la tendencia electoralista del Mas. Una de las expresiones de este hecho es el desmedido esfuerzo del Mas por llegar a cualquier acuerdo electoral, es decir, sin principios, que tenga por referente la candidatura de Zamora. Hasta el momento, la única limitación del Mas para rehacer el frente con los partidos que firmaron la “obediencia debida” en Semana Santa (Fral), en torno a la candidatura presidencial de Ricardo Molinas, y a la de Zamora a la primera candidatura por la provincia de Buenos Aires, es el temor a una segunda escisión del Mas. La esencia de la táctica electoral y parlamentaria del marxismo, sin embargo, consiste en propagar el programa revolucionario, desenmascarar el carácter de clase de la democracia burguesa y capacitar a los trabajadores para emprender la organización de la revolución proletaria. Sólo el afán de conquistar posiciones dentro del Estado como un fin en sí mismo, puede explicar los acuerdos sin principios-, de carácter nacionalista y democratizante, por parte del Mas, con direcciones que siguen una política, que tiene alcances internacionales, de defensa y apoyo de los regímenes burgueses y proimperialistas democratizantes de América Latina. La táctica política antisocialista del Mas (electorera) desenmascara el carácter distraccionista de su caracterización del momento político del país como revolucionario. La táctica electoral de un partido de izquierda pone siempre de relieve su posición de principios frente al Estado burgués —es decir que va más allá de las condiciones de una situación política determinada. La táctica electorera del Mas desnuda, desde el punto de vista estratégico, una política de integración a las instituciones del Estado burgués. Desde la formación del PST, en 1971, la corriente del Mas viene desarrollando una política sistemática en esta dirección. Entre 1973 y 1975 suscribió varios acuerdos políticos con los partidos patronales en defensa de la llamada “institucionalización”. En marzo de 1976 caracterizó que el golpe militar tenía por finalidad recomponer el proceso político democratizante, razón por la cual calificó al régimen de Videla como “la dictadura más democrática de América Latina” (“La Yesca”, “Cambio” y otras publicaciones del PST entre abril y agosto de 1976). El exabrupto correspondía a la distinción de principios que hacía toda la política burguesa del momento, incluido el stalinismo, entre Videla y Pinochet. La crisis del Mas no se desarrolla en un vacío político donde todo se medirla por las diferencias de opinión de sus afiliados y tendencias. Esta crisis tiene que ver directamente, por el contrario, con la nueva etapa de desbocado oportunismo político y electoral en que ha entrado la dirección del Mas. Internacionalismo En la polémica que la Tendencia Bolchevique Internacionalista (TBI), luego Partido de los Trabajadores por el Socialismo (PTS), libró contra la dirección del Mas en el marco del 3o congreso de éste, las cuestiones de principio, o simplemente las cuestiones de fondo, se presentan distorsionadas, cuando no están directamente ausentes. La posición oportunista del Mas frente al Estado burgués no es siquiera mencionada. En el documento que resume las posiciones del PTS, esta omisión pone limitaciones insalvables al conjunto de su crítica. Es lo que ocurre con el principal capítulo de acusación del PTS, que denuncia al Mas por el abandono del internacionalismo proletario. Este abandono se manifestaría en la ausencia de campañas internacionales de solidaridad por parte del Mas, y en la afirmación de su dirección (“Carta de Greco”) de que “...la discusión sobre Argentina y el Mas es la única discusión verdaderamente internacionalista que podemos hacer”. El PTS califica a esto de “nacional-trotskismo” y hasta denuncia que la falta de campañas en apoyo a los trabajadores de los Estados obreros burocráticos es una consecuencia de los compromisos del Mas con el PC de Argentina. De esta manera, el internacionalismo del Mas se habría transformado en rehén de sus Intereses o maniobras “nacionales”. Este planteo del PTS es, como denuncia, ’demoledor, pero no explica absolutamente nada. ¿Por qué los “Intereses nacionales” de un partido revolucionario deberían divorciarse de los intereses del internacionalismo proletario? La tesis de que no puede existir una política revolucionaria dentro de un país si la organización que la lleva adelante no actúa en el marco de una organización internacional, no aclara nada, sólo cambia de sitio el problema. En este caso el “nacional-trotskismo” podría ser reemplazado por un internacionalismo abstracto, que no constituiría ninguna guía para los partidos nacionales, los cuales serían llevados así a recaer en el nacionalismo. En la historia de la IV° Internacional luego de la muerte de Trotsky, se ha usado y abusado de la especie de que no puede haber partidos nacionales revolucionarios sin la construcción simultánea, por parte de éstos, de la Internacional. Pero esta tesis, esgrimida por los pablistas, los mandelistas, los healystas, los lambertistas y los morenistas, solamente sirvió para la entronización de la política y de los prejuicios nacionales de los partidos nacionales de Pablo, Joe Hansen, Mandel, Healy, Lambert y Moreno. Se podría demostrar casi matemáticamente que “la política Internacional” de todas estas “internacionales” no ha sido más que una traslación de sus miopías nacionales a las organizaciones de los demás países. En nombre de la IV a Internacional se instauró la dominación “urbi et orbi” de atrasadísimas sectas nacionales, que sufrían la presión de los prejuicios nacionales de algunos sectores de los aparatos políticos o de las masas influenciadas por éstos, de sus propios países. El PTS nos dice simplemente que el Mas sigue ahora un camino ya varias veces transitado por otros grupos con anterioridad. Pero nos ofrece como remedio volver a la misma concepción que ha producido, sin excepción, los resultados que hoy vemos en el Mas. El PTS no ha logrado, en su crítica, definir el contenido del internacionalismo proletario —sólo da vueltas en el tiovivo de lo nacional y lo internacional. Pero esta calesita no lleva naturalmente a ningún lado. El asunto es: ¿cuál es el único programa que corresponde al internacionalismo proletario? El documento-resumen del PTS transcribe una afirmación de Lenin, de las Tesis de Abril, pero sin comprender lo que allí se plantea. Dice Lenin: “existe una clase” y solo una de internacionalismo verdadero, y es trabajar abnegadamente para desarrollar el movimiento revolucionario y la lucha revolucionaria en el propio país (¡subrayado por Lenin!) y apoyar (con propaganda, solidaridad y ayuda material) esta lucha, esta y sola esta línea (ahora el subrayado es nuestro, J.A.), en todos los países sin excepción”. Este párrafo de las Tesis de Abril pone ciertamente el énfasis en la lucha del partido bolchevique en Rusia por la toma del poder por los soviets. Sin embargo, no tiene un ápice de nacionalismo, esto porque la “lucha” y “línea” contra la colaboración con la burguesía y por la toma del poder en Rusia, tiene un contenido internacional. Esta “línea”, y ninguna otra, debía ser apoyada en todos los países. En el apoyo a esta “lucha” y a esta “línea” en “todos los países” consistía el “verdadero internacionalismo” ¡aun cuando no hubiera, como no había en abril de 1917, una Internacional revolucionaria! Si Lenin hubiera razonado desde el punto de vista formal de la necesidad de pertenecer siempre a una Internacional ya existente, y no lo hubiera hecho desde el punto de vista del contenido “único” del internacionalismo, hubiera propuesto seguir en el II° Internacional para reformarla. Contra esta falsa tendencia “internacionalista” apunta la citada afirmación de las Tesis de Abril. ¿Cuál es, entonces, el contenido único del internacionalismo proletario en nuestra época, época de descomposición de) capitalismo y de guerras y revoluciones? Lenin lo dice clarito, por ejemplo, en su artículo “La Tercera Internacional y su lugar en la historia”: “El significado que hará época de la Tercera Internacional, Comunista, consiste en haber comenzado a efectivizar la consigna cardinal de Marx, la consigna que sintetiza el desarrollo centenario del socialismo y del movimiento obrero, la consigna que está expresada en el concepto de la dictadura del proletariado”. En la carta que enviara para formar la I.C., Lenin invitaba sólo a “quienes están por la revolución socialista ahora y por la dictadura del proletariado”. Sobre la base de la dictadura del proletariado y del régimen soviético, la revolución de Octubre inició el camino de la construcción de una República internacional. La Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas ya no correspondía más a la forma del Estado nacional; sus principios de unión federativa de consejos obreros no eran otros que los de la futura República Socialista mundial. La dictadura del proletariado: he ahí el principio del internacionalismo proletario. Programa ¿Qué es lo que caracteriza, sin embargo, a la totalidad de las tendencias políticas internacionales de izquierda, en la actualidad, si no es su rechazo teórico y práctico de la doctrina de la dictadura proletaria? No sólo el stalinismo y la socialdemocracia, sino todas las corrientes “trotskistas” sin excepción, incluida la morenista, han abjurado de la dictadura proletaria o la han borrado de su programa y de su propaganda. Se han pasado así al campo del reformismo o de la “renovación” staliniana. En la tendencia democratizante que domina el panorama mundial, confluyen desde el imperialismo hasta cualquiera de las variantes que se reclaman de la IV° Internacional. Esto no autoriza a hablar de que todos formen un “frente contrarrevolucionario mundial”, pero sí de la completa capitulación ideológica de la izquierda de cualquier color. La IV° Internacional no puede ser reconstruida sin el restablecimiento de la “consigna cardinal de Marx” como la llamaba Lenin. (Claro que esto no tiene nada que ver con la caricatura de repetir “dictadura del proletariado” sin ton ni son y en cualquier clase de situaciones). La posición democratizante del Mas sobre el Estado se encuentra formulada en el programa del Frepu y en su propio programa. El programa del Frepu postula, por ejemplo, un frente electoral ‘‘como alternativa a la crisis”. Esto es evidentemente un piadoso lugar común; la único “alternativa” a la “crisis” del capitalismo es la revolución socialista. Sostener abiertamente el punto de vista del FP no sólo marca una degeneración política completa; es además incompatible con una “línea” y una “lucha” internacionalista en todos los países. El PTS, sin embargo, no ataca nunca el programa del Frepu, y aboga él mismo, en su prensa, por un frente “electoral”, como una alternativa “clara”. En el programa del tercer congreso del Mas se propugna una Asamblea Constituyente que “culmine en la socialización de los medios de producción y de cambio”, constituyéndose esto en la más descarada negación de la revolución proletaria y de la dictadura proletaria como única aproximación práctica a la sociedad socialista. En lugar de desenmascarar la falsa pretensión de soberanía de las instituciones parlamentarias bajo el Estado burgués, y mostrar su sometimiento al capital, el Mas hace su elogio y convierte a la reunión parlamentaria de los explotadores y explotados en el camino para la “socialización”, concepto equívoco que puede significar tanto la expropiación del capital como su rescate económico progresivo a través de nacionalizaciones sucesivas con indemnización (lo cual es una utopía). Es que en el programa del Mas no se plantea la expropiación del capital, salvo en forma condicional, para el caso de que éste no repatrie los fondos que tiene depositados en el exterior. Esta posición frente a la expropiación del capital sirve para mostrar que, por nacionalización de la banca y del comercio exterior, el Mas entiende una medida parcial dentro del marco de las nacionalizaciones burguesas "por utilidad pública” que prevé la Constitución. ¿Qué clase de internacionalismo puede propugnar un partido que levanta semejante programa? Obviamente podrá organizar algunas o varias campañas de solidaridad, pero nunca impulsar la ruptura con el Estado burgués, ni la oposición de la dictadura del proletariado a la dictadura burguesa y de los soviets al más democrático de los parlamentos. El Mas plantea la “moratoria de la deuda externa” —es decir que reconoce los títulos de los acreedores, convalidando la mayor confiscación de los trabajadores en toda la historia por parte del capital. Esto constituye una defensa de la continuidad jurídica del Estado con respecto a los actos de la dictadura militar. El nacionalismo del Mas no sólo consiste, como pretende el PTS, en que privilegia “su” revolución y “su” partido, en oposición a la solidaridad con otros pueblos, sino esencialmente en haber abandonado el objetivo estratégico internacional del proletariado. Al margen de su contenido fundamental, la dictadura proletaria, la discusión sobre internacionalismo vs. nacionalismo se reduce a una discrepancia entre diferentes nacionalismos: el del país en cuestión y el de, o los de que dominan la estructura organizativa internacional, o quieren dominarla, o están insatisfechos sobre cómo es manejada, según la propia óptica de cada grupo. El Frepu En la amplia exposición que contiene el documento del PTS, no se hace una sola referencia al Frepu ni a su. programa. Sin embargo, ahí están expuestas las reivindicaciones que son incompatibles, sea con el internacionalismo proletario, sea con una política de apoyo a las luchas revolucionarias de los pueblos. Este programa recibió la bendición de Moreno» como también es de él la tesis (así lo dice el documento del PTS) de “que el Mas (es) prioridad para la LIT-CI”. El punto 21 del programa del Frepu plantea la reivindicación de “una política exterior independiente y de paz con todos los pueblos del mundo que luchan por su liberación”. Como se puede apreciar, allí donde se hubiera esperado “apoyar con propaganda, solidaridad y ayuda material” (según la cita de Lenin) a “los pueblos que luchan”, el Frepu promete una política “Independiente” (¡de esos mismos pueblos!) y “de paz” (es decir de neutralidad frente a la lucha de esos pueblos). ¿Qué otra cosa es esto sino la cándida exposición del real contenido de la política internacional de la social-democracia, del eurocomunismo y de la burocracia rusa? El solo hecho de expresarse en términos de “política exterior” es revelador. La “política exterior” supone el sistema de Estados del orden capitalista actual, pero para los explotados su tarea internacional es derribar esos Estados mediante la solidaridad entre los pueblos. La “política exterior” de un Estado obrero debe estar subordinada a la política revolucionaria internacional de la clase obrera. Es cierto que semejantes planteos nunca podrían tener cabida en un frente específico con un partido stalinista. Pero en un caso así, lo que corresponde es abstenerse de multiplicar las reivindicaciones y las definiciones, circunscribiéndolos a puntos precisos, reducidos y claros. Pero como el Frepu no es un bloque circunstancial de lucha, sino una “alternativa” de características electorales a la “crisis”, es inevitable que formule un programa de “gobierno” conforme a su naturaleza parlamentarista. De esta manera, el programa del Frepu se transforma en el verdadero y único programa del Mas. Mientras el PTS no se pronuncie sobre este programa, o mientras siga haciendo suyos sus planteos, su crítica al “nacional-trotskismo” del Mas carece de base de sustentación. Ninguna corriente internacionalista puede tener un programa nacionalista y democratizante en su propio país. Es curioso que el PTS considere como una expresión de internacionalismo el slogan de la “segunda independencia”. Si esto fuera así el conjunto del Frepu se habría pasado al internacionalismo. En realidad, el slogan de la “segunda independencia” expresa el callejón sin salida del nacionalismo pequeño-burgués que cree que es posible alcanzar la independencia “económica” en la época Imperialista. Este slogan corresponde a las fantasías autárquicas del nacionalismo, que pretende una especie de “capitalismo en un solo país”, como el que creyó poder construir el dictador Francia en el Paraguay de la primera mitad del siglo pasado. Recientemente, los abogados de la “segunda inde-pendencia” se volcaron a una causa diferente —la del Nuevo Orden Económico Internacional bajo la égida de las Naciones Unidas. En esta nueva versión, el imperialismo dejarla de ser tal para colaborar con el desarrollo autónomo de los países atrasados. El slogan de la “segunda independencia” traduce una crítica nacionalista al imperialismo; es todo lo contrario del internacionalismo proletario, el cual sostiene que la emancipación nacional de las naciones oprimidas sólo será posible con el derrocamiento del imperialismo en alianza con el proletariado de las metrópolis opresoras. El marxismo opone al imperialismo el socialismo mundial, no la utopía reaccionaria de las autonomías económicas nacionales. Es realmente sorprendente que una corriente política que pretende estructurarse con absoluta fidelidad al internacionalismo obrero, haya llegado a la posición contraria —la más pura demagogia nacionalista. La IV° Internacional tiene un slogan históricamente superior al de la “segunda Independencia”: los Estados Unidos Socialistas de América Latina. Es común al documento del tercer congreso del Mas y al documento del PTS la nula referencia que hacen al Frepu y al programa de éste. Es sorprendente cómo un congreso partidario pudo deliberar sin entrar a considerar la única cuestión que le preocupaba. La omisión del asunto Frepu ha convertido al congreso del Mas en una cáscara vacía, y en una perfecta maniobra de vaciamiento político. En el Mas y en el PTS se tiene al programa del FP nada menos que como revolucionario y hasta se lo considera una “victoria”. Después salió el programa del Fral más o menos con las mismas características, pero sin la necesidad de aportes “trotskistas”. Lo que parece impresionar a éstos es la cantidad de nacionalizaciones que propugna el FP, aunque no anule la deuda externa, ni plantee romper con el FMI, ni reivindique la expropiación de la vital industria de la salud. Pero hasta la Unión Democrática tenía su buena dosis de “nacionalizaciones”, y éstas (como ya se ha dicho) están contempladas en la propia Constitución. Es que la “nacionalización” es una forma del desarrollo capitalista a la que han apelado todos los gobiernos burgueses sin excepción, esto cuando la intervención del Estado en la economía es necesaria para superar una crisis que el “mercado” es incapaz de doblegar. Ni qué decir que el costo de esta intervención lo pagan en forma indirecta los consumidores, y los trabajadores. Por todo esto, precisamente, el programa de fundación de la IV° Internacional se vio obligado a precisar a diferencia que había entre su reivindicación parcial de “expropiación de ciertos grupos capitalistas” y la “consigna reformista bien vaga de “nacionalización’”. La diferencia, dice Trotsky, consiste en que 1) “nosotros rechazamos la indemnización”; 2) “alertamos a las masas contra los charlatanes del Frente Popular que, mientras proponen la nacionalización de palabra, continúan siendo en los hechos agentes del capital”; 3) “llamamos a las masas a contar sólo con su propia fuerza revolucionaria”; 4) “ligamos el problema de la expropiación al del poder de los obreros y de los campesinos”. Solamente en estas condiciones, la “nacionalización” es un arma de lucha contra el gran capital y el imperialismo; en caso contrario es un arma actual o potencial dirigida contra la revolución proletaria. En el documento del PTS se alerta contra el peligro de que surja un Frente Popular que paralice la revolución, sin percatarse que el programa del FP es precisamente el de ese Frente Popular. Los dirigentes del Mas y del PTS, así como también sus bases, parecen con-vencidos de que el Frepu es nada menos que un frente proletario, esto por tratarse de una alianza entre organizaciones obreras. De este modo, por mayores que sean sus defectos es un fenómeno progresivo. También se llegó a decir que era un “frente independiente de trabajadores peronistas”. Ahora el Mas propone reconstruirlo, pero sin trabajadores peronistas, y el PTS reclama un frente electoral “socialista”, incluyendo a todas las fuerzas del Frepu. La confusión alcanza aquí ribetes inimaginados, porque si los 23 puntos del FP son revolucionarios ¿por qué condicionar la formación del frente a un programa socialista? La propia expresión programa o frente “socialista” es confusa, porque no se sabe si se trata de un programa de transición hacia la revolución socialista, o de un programa “socialista” parlamentario o electoral. Pero un frente entre partidos cuya base social sea la clase obrera no es necesariamente un frente obrero, puede ser un frente burgués. Esto depende de la política del frente. Así como hay partidos obreros que son burgueses por su política —el reformismo y el stalinismo—, lo mismo puede ocurrir con los frentes. Eso depende del programa y de la lucha que entable. A partir de este criterio fundamental el Frepu es un frente pequeño-burgués reformista, porque su programa es democratizante. En cambio, una guerrilla de origen pequeño-burgués que arma a los obreros y a los campesinos es, en primer lugar, un movimiento revolucionario, y, en segundo lugar, puede llegar a convertirse en una fuerza proletaria si su programa político evoluciona hasta sus últimas consecuencias. Lo notable de todo esto es que el PTS, que no ha manifestado ninguna diferenciación política con el Frepu, cita la siguiente afirmación de Trotsky, del 5/1/1934: “Las alianzas prácticas duraderas con los dirigentes reformistas, sin programa definido, sin obligaciones concretas, sin la participación de las propias masas en las acciones militantes, constituyen la peor forma de oportunismo”. El Frepu es una variante agravada de todo esto, porque tiene además un definido programa reformista. Es decir que no basta repetir como un loro “es un frente obrero” sino que hay que distinguir al frente oportunista (burgués) del revolucionario. Morenismo Con la crisis del Mas fracasa otra “tentativa” de “reconstruir” la IV° Internacional. El largo período de dominación del reformismo y del stalinismo en el movimiento obrero mundial han determinado una aguda regresión de la política revolucionaria. Cincuenta años después de fundada la IV° Internacional, quienes se reclaman sus herederos apoyan el democratismo burgués más vulgar y algunos hasta han renunciado directamente a su parte de la herencia. Algunos apoyan al eurocomunismo; otros, en Francia, reclaman el restablecimiento de la IV° República anterior a De Gaulle; otros más, en Estados Unidos, consideran vencida la “etiqueta” de trotskista. Moreno, por su lado, le enseñó a bailar a sus sucesores el minué de la “democracia con justicia social”, entre otras cosas, por supuesto. Las posiciones de la LIT-Mas no se diferencian de las que levantan otros sectores que se reclaman trotskistas. El morenismo no fue nunca una comente independiente en el plano internacional- Desde siempre giró en la órbita de alguna fracción internacional ya existente. Sus escisiones respondieron siempre a luchas de posiciones de aparato dentro de las distintas tendencias en que se dividía el llamado movimiento trotskista. Cuando por fin creyó haber adquirido mayoría de edad, fundando la LIT, el morenísimo no hizo otra cosa que copiar letra por letra tas posiciones impresionistas de la corriente lambertista de Francia, con la cual el PO había roto en 1977. La situación revolucionaria permanente, el carácter contrarrevolucionario de todo el mundo, el frente contrarrevolucionario mundial, el frente obrero liberal, la Asamblea Constituyente, el gobierno obrero liberal o parlamentario —todo esto es de cosecha lambertiana. El PO lo puso de relieve cuando Lambert y Moreno anduvieron juntos en 1979-60. No estamos, por lo tanto, en presencia, de la crisis mortal de una “Internacional” sino de la pinchada de globo de una ficción, sostenida por medios burocráticos. La reconstrucción de la IV a Internacional es en primer lugar, una tarea de programa, que deberá encarnar en movimientos y partidos reales. La lucha por este programa es la línea de desarrollo del internacionalismo proletario. Este ha sido siempre el punto de partida de la organización de las internacionales precedentes. Marx disolvió la Liga Comunista en 1851 y la I a Internacional luego de la Comuna de París, cuando advirtió que el retroceso del movimiento obrero mundial las convertiría en sectas históricamente contrarrevolucionarias. Lenin rompió con la II° Internacional y fundó la III°, y Trotsky hizo lo mismo con ésta para fundar la IV®, para mantener viable la lucha por la revolución proletaria mundial, es decir, el programa marxista. Es éste, y no los artificios burocráticos, el que concentra la continuidad histórica del proletariado con conciencia dé clase. Después de cincuenta años de redactado el programa de Transición, y casi un siglo y medio después de la elaboración del Manifiesto Comunista, no basta con declarar la fidelidad a sus planteamientos, es necesario entablar una lucha política y práctica en su defensa, y construir sobre la base de esta lucha partidos revolucionarios que puedan plantearse de un modo efectivo la reconstrucción de la IV° Internacional.