En un reciente número de su periódico, el Mas se proclama como el único partido de izquierda que caracteriza a la situación política actual como revolucionaria. Se quiere decir con esto que el Mas está a la izquierda de todo el espectro político argentino. Pero semejante pretensión revela la demagogia que preside a las “caracterizaciones” del Mas, pues lo que importa con relación a la situación política es que la caracterización sea correcta, o sea conforme a la realidad y de ningún modo que deba tener un carácter revolucionario. Es sintomático que el Mas insista en diferenciarse como el partido qué caracteriza a la situación política como revolucionaria en momentos en que ha iniciado negociaciones con el PC para formar un frente electoralista que será encabezado por notorios defensores del régimen político actual, se llamen Ricardo Molinas, Pérez Esquivel, León Rozichner, Néstor Vicente o Lisandro Viale —éste último redactor del programa común entre el PI y el PJ para las elecciones pasadas, el cual no fructificó en aquella ocasión pero es obvio que lo hará en la próxima. Un partido no es revolucionario por-que repita durante seis años seguidos que la situación es revolucionaria, convirtiendo de este modo en norma de existencia de la sociedad lo que sólo puede tener por definición un carácter excepcional. La situación revolucionaria permanente no es otra cosa que la negación permanente de la situación revolucionaria. Una situación revolucionaria plantea la revolución; si no fuera así estaríamos privando a las palabras de todo sentido. Pero el Mas no plantea la revolución sino un Frente electoral con los defensores del sistema político actual. La consigna fundamental de la revolución, la toma del poder por los trabajadores, “no es todavía” (ver documento del congreso del Mas) una consigna para pintar paredes o para los volantes”. Quien sostiene que la consigna fundamental de la revolución no sirve siquiera para estropear el frente de un edificio, no puede hablar nunca de una situación revolucionaria. Salvo, claro está, que abogue por una salida contrarrevolucionaria a la situación revolucionaria. El Mas considera inmadura la consigna del “gobierno, obrero y popular" porque, entre otras cosas, (no) han surgido organismos de poder obrero y popular”. No obstante, esto no propone crear ni llama a la creación de esos “organismos", reduciendo de este modo el programa a una enumeración de reivindicaciones, donde se omite decir a través de qué medios políticos el proletariado puede transformarse, él, en el sujeto histórico de su realización. Omitir la lucha por la creación de organizaciones independientes de las masas en lucha, equivale a sostener que los sindicatos y la burocracia harán la revolución, o a dejar abiertamente planteado que las reivindicaciones del programa pueden ser consumadas en el marco parlamentario. En su folleto “Noventa años del Manifiesto Comunista”, Trotsky dice algo elemental: “No puede haber programa revolucionario hoy sin soviets y sin control obrero”. Cuando el Mas repite obsesivamente que la situación es revolucionaria, mientras levanta el programa del Frepu, que defiende al régimen político democratizante y naturalmente no formula ninguna vía de desarrollo revolucionaria para la lucha de las masas; cuando ocurre esto, estamos ante la clásica política del tero: pegar gritos revolucionarios en un lado y poner huevos electoreros y democratizantes en el otro, los cuales son en última instancia, contrarrevolucionarios. Trotsky observó agudamente que en la época de la decadencia capitalista es difícil encontrar situaciones políticas estables, es decir, no revolucionarias. “Las características marcantes de nuestra época de capitalismo en decadencia son intermedias y transicionales: situaciones entre no revolucionarias y prerrevolucionarias, entre prerrevolucionarias y revolucionarias... o contrarrevolucionarias. Son precisamente estos estadios transicionales los que tienen una importancia decisiva desde el punto de vista de la estrategia política" (Adónde va Francia). Trotsky concluye que el “estratega político que es solo capaz de distinguir dos estadios, el revolucionario y el no revolucionario... no es un marxista sino un stalinista, que podría hacer las veces de un buen funcionario, pero nunca ser un dirigente proletario”. La función del programa político-es permitir que esta situación transicional se pueda transformar en revolucionaria, para que la burguesía no la transforme en contrarrevolucionaria. Pero un programa que niega el gobierno obrero y las vías del gobierno obrero, y que en el acuerdo programático con el partido comunista reivindica, no la revolución, sino la “profundización de la democracia”; ese programa estrangula la iniciativa independiente de las masas y colabora en favor de un desemboque contrarrevolucionario a la presente situación transicional. El Frepu es la refutación completa de la afirmación de que el Mas caracterice a la situación como revolucionaria. Programa El programa es normalmente confundido con una serie de reivindicaciones políticas. Cualquiera puede darse cuenta, sin embargo, que las reivindicaciones deben salir de algún lado. La base de un sistema de reivindicaciones está formada por la caracterización del régimen social en su conjunto, las fuerzas históricas en presencia y las peculiaridades de la situación política. En ausencia de esta caracterización, las reivindicaciones de un partido no son más que slogans empíricos, aislados e inconsistentes. Esto explica porqué los frentes oportunistas tienen un largo catálogo de reivindicaciones, pero ninguna caracterización de conjunto. Esto le permite al Mas, por ejemplo, interpretar como su- prerrevolucionaria una reivindicación que su aliado, el PC, considera estrechamente democrática, o cambiar las reivindicaciones como se cambia de camiseta, sustituyendo el no pago de la deuda externa por la moratoria, o excluyendo la ruptura con el FMI, como muy concretamente lo hace el programa del Frepu. ¿Cuál es la caracterización entonces de conjunto del Mas? Aunque el programa del FP se distinguió por su “23 puntos”, tenía una brevísima introducción que hacía las veces de caracterización general. Allí se definía a la impasse histórica de la sociedad argentina como consecuencia de la “dependencia” respecto al imperialismo. De esto se desprendía un programa de reivindicaciones estrictamente nacionales, es decir, dentro de los marcos capitalistas. La caracterización de la “dependencia” significa, sin embargo, plantear la posibilidad de un desarrollo capitalista autónomo de las naciones atrasadas, es decir admitir como sujeto de transformación social a la burguesía o a una sustitución pequeño burguesa de ésta. El Mas firmó este programa con las dos manos; lo reivindicó luego que el PC armara al Fral, y lo mismo ha vuelto a hacer ahora el congreso del Mas. La conclusión es que la dirección y el congreso del Mas han vuelto a negar la madurez de las condiciones históricas de la revolución proletaria. ¡Y esta gente hace bombo con la “situación revolucionaria”!. Con la bandera de “liberación o dependencia”, el P.C. y el Mas se suman a la demagogia de la “revolución nacional” considerada en sí misma y no como un aspecto de la revolución socialista por intermedio de la dictadura del proletariado. La consigna de “liberación o dependencia” no tiene el más mínimo carácter revolucionario. Es que se limita a plantear la alternativa entre un desarrollo capitalista autónomo y la posibilidad de otro desarrollo, igualmente capitalista, de características no autónomas. pero si este último fuera a la larga posible, es decir si el imperialismo fuera un factor de desarrollo histórico, toda la cuestión de la liberación estaría fuera de lugar. El planteo del Frepu niega el carácter catastrófico de la explotación imperialista y por lo tanto la inevitabilidad de que surja de esa explotación una situación revolucionaria. “Liberación o dependencia” es una fórmula de demagogos que “amenazan” con la “liberación” para “negociar” con el imperialismo los términos de la dependencia, para servir así mejora la finalidad fundamental del desarrollo capitalista. ¡Esto explica perfectamente que el programa del FP no plantee la ruptura con el FMI, ni el desconocimiento de la deuda externa! Pero el PC y el Mas han ¡do más lejos que esto, pues apoyan, en nombre de la “moratoria”, el programa de los 26 puntos de la CGT, un programa profundamente antiobrero que plantea, no la “liberación” sino la “dependencia”!! Zamora acaba de plantear que el Mas está dispuesto a corregir una omisión del programa del FP, -que le fuera señalada ¡por el PC!, a saber, la ausencia de una consigna de poder. La reivindicación del gobierno obrero y popular le daría una mejor “tónica”, según Zamora, a la campaña electoral. En una palabra, el guisado está insulso, metámosle más condimentos. Un programa pequeño burgués no se puede reparar a fuerza de revoques “socialistas”. Para partidos como el PC y el Mas, que tienen tres y hasta cuatro programas políticos diferentes —el suyo, el del FP, el del Fral y el de la CGT—, puede parecer muy natural sacar y poner fichas del tablero. Pero el procedimiento es inmundamente oportunista. Semejante conducta política delata al impostor. A fuerza de tantos programas, el Mas y el PC no tienen, en realidad, ninguno. ¿Por qué sorprenderse que estén dispuestos a aceptar cualquiera? La concepción política de “liberación o dependencia”, y reivindicaciones que de aquí desprenden, son incompatibles con el “gobierno obrero”, pues la primera supone el mantenimiento de la sociedad capitalista y el segundo es la fórmula política de la transición al régimen socialista. Agregar el gobierno obrero a un programa burgués o pequeño burgués es darle una envoltura socialista a un programa no socialista o antisocialista. Los marxistas deben desenmascarar estos intentos manipuladores de la pequeña burguesía, la cual repite folklóricamente el slogan del “socialismo nacional” o de la “patria socialista” para mejor disimular sus objetivos antiproletarios. La cuestión del régimen democrático En definitiva, el programa del Mas (es decir el de su Congreso, el del Frepu y el de la CGT) no parte del agotamiento histórico del capitalismo ni de los límites Insalvables de las tentativas nacionalistas en las naciones atrasadas. Esto lo caracteriza definitivamente. Admite, por el contrario, sí, las posibilidades históricas del capitalismo mundial y las propias del capitalismo nativo. Para el Mas está en desarrollo en Argentina nada menos que una “revolución democrática”, es decir la mayor expresión de desarrollo histórico de que es capaz la burguesía. Hay un párrafo memorable en el documento del Mas, que prueba su incapacidad para caracterizar la decadencia capitalista. Es cuando dice que “la crisis económica” (es) insoluble, en lo inmediato, dentro de los marcos capitalistas” (pág. 6, columna 1°). ¿Y en lo “mediato”? ¿Es evidente que ninguna crisis tiene solución “en lo inmediato”? porque en tal caso no sería una crisis. “En lo inmediato”, la crisis no tiene solución ni bajo un gobierno obrero, el cual deberá partir de los límites materiales y sociales del régimen que lo precedió. Decir lo contrario es confundir al gobierno obrero, que debe actuar en una situación catastrófica, con las posibilidades momentáneas de un cambio de gabinete. Pero si en lo mediato la crisis si encuentra solución en los marcos capitalistas, está excluida la posibilidad de victorias revolucionarias generales y la consolidación de las revoluciones que se produzcan en algunos países. El capitalismo puede, de una u otra manera, salir de la crisis económica, es decir, coyuntural, pero no de su crisis histórica, la cual consiste en el agravamiento de su tendencia a romper sus propios límites mediante la guerra, la superexplotación del tercer mundo, la contrarrevolución en los estados obreros y la degradación, incluso, de sectores crecientes de las metrópolis imperialistas. El texto del Mas da una definición económica y no histórica de la crisis capitalista; coyuntural y no de conjunto; episódica y no de tendencia. El partido de la “situación revolucionaria” no tiene una caracterización, entonces, de la decadencia capitalista, la cual es la premisa ancha de la revolución mundial. El Mas es un caso extremo de palabrerío revolucionario y contenido político reformista. De aquí nace la confusión que suscita en los demás, y por supuesto que, en sus propias filas, lo cual no obsta, sino que explica, que los democratizantes y los stalinistas lo requieran para armar un frente político derechizante. El otro aspecto que hace a la caracterización programática del Mas es su posición’ frente al presente régimen político. El texto del Mas es incapaz de decir siquiera una sola vez que el actual régimen democrático es contrarrevolucionario o, más vulgarmente, proimperialista y factor de estrangulamiento y de represión de la -acción histórica independiente de los trabajadores. Para el Mas, “el obstáculo del régimen burgués contrarrevolucionario” fue superado con la caída de Galtieri. (Moreno, “1982”) El nuevo régimen es una vía libre para la revolución socialista. La defensa política del Estado burgués democrático está expresamente efectuada en el programa del FP. Es cierto que los diversos “programas” del Mas no son completamente ¡guales entre sí, pero esto hace más destacable la coincidencia entre ellos. La “defensa de la democracia con justicia social” que levanta el FP, es el grito de “guerra” que convoca precisamente a los Molinas, Viale y sus cofrades. Cómo no habría de ser así si la “justicia social” es la consigna típica del reformismo burgués y aún del clericalismo, los cuales procuran “corregir los abusos” de la explotación capitalista. La “justicia social” supone la desigualdad y los antagonismos sociales; sin estos no hay necesidad de “justicia social". El programa del Frepu es, por este motivo, un manifiesto de defensa del ‘capitalismo. Es un acta unilateral de garantías democráticas que se ofrece al capital. Sobre esta base, sobre esta concepción, se asientan las 23 reivindicaciones del Frepu, es decir del Mas. La defensa del régimen político actual, o la admisión de que puede ser el canal de transformaciones anticapitalistas, es una ilusión criminal. Entre la acción histórica de las masas y el Estado burgués en cualquiera de sus variantes políticas, existe un antagonismo irreconciliable. Es por eso que la democracia burguesa y dentro de ella el frente popular, el frente de conciliación de clases, el Frepu desarrollado, son un recurso último del imperialismo contra la revolución proletaria. En oposición a toda la capitulación "democrática” consideramos vigente la tesis de Marx cuando afirma que “no es suficiente que la clase obrera se apodere de la máquina del Estado para ponerla al servicio de sus propios fines”. Debe destruirla y poner en pie un nuevo estado adaptado a las condiciones de la dominación política colectiva de la clase obrera. "Tato" Pavlovsky, inimitable Jorge Altamira Solo un psicoanalista y dramaturgo podía superar todo lo que los políticos del Partido Obrero pudieron haber escrito sobre el Mas. ¡Y en qué pocas palabras! En “Solidaridad Socialista” (11/5) Pavlovsky no solo nos traduce en conceptos la realidad del objeto, sino que nos revela el propio espíritu de la cosa. Es decir “l’ esprit du Mas”, o sea la “unión de la estética y de la política”. Para Pavlovsky el Mas en general y Zamora en particular han “(roto) en pedazos el lenguaje caduco del realismo socialista”. Una conquista estética, suponemos, que correrá un serio peligro si fructificaran las “negociaciones” de Zamora, el del porte griego y Echegaray, el koljoziano. La cámara de Pino Solanas, que el “Tato" invoca para filmar esa quiebra del lenguaje, podría terminar registrando en el celuloide una escena más afín al carácter, tanto de Pino como del “Tato”: la celebración de las segundas nupcias democratizantes entre el stalinismo y quienes, tan anticipadamente (oh! “Tato”, perdón), se consideran el ombligo deja revolución mundial. Pero el “Tato” llega a la cima de su breve opúsculo cuando enmendando a Eva Perón y a Don José de San Martín dice: “el socialismo será moderno... o no será”. Esto rompe, sin duda, todos ios prismas del lenguaje. Felipe González, Mitterrand o Giussani no lo hubieran podido expresar nunca de mejor manera. Ciertamente, un socialismo “moderno” solo es posible en “democracia”. ¿O acaso hay algo más antiguo que la conspiración contra el Estado burgués, su policía y sus escuadrones de la muerte? La modernidad bien entendida tampoco es concebible sin la televisión y sin las tandas publicitarias. Por eso al lado de un buen político es necesario un buen director de cine y hasta quizás un director de teatro. Pero por sobre todo un “manager” electoral. Las ocupaciones de fábrica, la insurrección proletaria, la reconstrucción de la Internacional, —estas cuestiones, más que antiguas, históricas, cómo entran en la gaveta de la “modernidad"? La fórmula de Pavlovsky resume la política de la dirección del Mas. El socialismo, que “no será" si no se moderniza, tiene estilo, y el estilo es el hombre. La única duda que nos queda sobre este destello descriptivo del feroz oportunismo del Mas y de la verdadera psicología arribista de sus dirigentes, es si Pavlovsky lo logró a fuer de Ingenuidad o de inocencia, o es consecuencia de un calculado planteo político.